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TEMA: El Fetichismo no forma parte de nuestra Constituciòn

El Fetichismo no forma parte de nuestra Constituciòn 24 Mar 2018 11:34 #10455

Espabìlese y marche por su vida junto a los estudiantes que encabezan nuestro “swat team” en esta primavera del 2018:
www.elnuevoherald.com/opinion-es/article203589159.html
"Hagan lio", como dice el Papa Pancho...
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El Fetichismo no forma parte de nuestra Constituciòn 07 Mar 2018 00:26 #10429

Es indiscutible el éxito que ha caracterizado a los EEUUA, como nación, durante sus 241 años de existencia. Y es razonable suponer que gran parte de ese éxito se debe a la solidez de las bases institucionales, los cimientos, que le dieron aquellos a quienes llamamos nuestros padres fundadores.

Pero comienza a ser cada vez mas evidente la erosión de esos cimientos. Y es que un marco institucional como el que diseñaron nuestros primeros “constitucionalistas”, abierto a todo tipo de cambios según sea la interpretación que de los textos constitucionales realice el Poder Judicial –uno de los tres poderes entre los cuales dividieron, sabiamente, el ejercicio del poder- esta supuesto a cambiar, y a erosionarse (según la perspectiva de los unos y los otros) a medida que cambia. Y es esa flexibilidad la que explica, en buena medida, la solidez de nuestras instituciones.

Por eso siempre me han parecido infantiles los argumentos de quienes insisten en atenerse a interpretaciones estrictamente literales de los documentos fundacionales de nuestra nación.

Solo para empezar por el mero principio, como es debido, de haber sido necesario atenerse a una interpretación estrictamente literal de la Declaración de Independencia, que el 4 de julio de 1776 proclamó la igualdad y la libertad de todos los hombres (sin excepciones), la emancipación de los esclavos hubiera sido su consecuencia inmediata, con una ley aprobada el 5 de julio de 1776.

Y una semana después hubiera sido el turno de la ley de Sufragio Universal del 14 de julio de 1776 (don’t save that date, Frenchies…).

Y la mismísima Segunda Enmienda a la Constitución, que defienden a rajatabla nuestros servidores públicos (y privados) de intereses especiales, es un clarísimo ejemplo tanto del sistema evolutivo que nos regalaron los constituyentes al fundar nuestra nación, como del absurdo infantilismo de quienes postulan una interpretación estrictamente literal de todos esos textos.

Hasta hace diez años, se entendía que la Segunda Enmienda no protegía sino un “derecho colectivo” a portar armas –para el funcionamiento eficaz de una milicia bien armada-, pero nuestra Corte Suprema, en el 2008, transformó ese derecho colectivo en derecho individual, con su fallo (5 votos contra 4) en el caso D.C. vs. Heller.

Esa concepción de la Segunda Enmienda como confiriendo a cada individuo el derecho a portar armas se vio robustecida en el 2010 por otro fallo (también 5 votos contra 4) de la Corte Suprema en el caso McDonald vs Ciudad de Chicago, pero las divergencias en la fundamentación de los 5 votos a favor enturbiaron aun mas el panorama en torno a esta controversial enmienda constitucional, y son muchos los aspectos de su implementación que aun no han quedado claros.

Y esa frecuente falta de claridad (¿y de seguridad?) jurídica, esa incertidumbre, en este y en muchos otros campos, es uno de los muchos aspectos de nuestro orden constitucional que la mayoría de nuestros conciudadanos no conocen bien, y que, por no conocerlos bien, no valoran cabalmente dicho orden constitucional, que enmarca tanto a nuestro ordenamiento jurídico en general, como a nuestro sistema político en particular.

Dado que son nuestras propias instituciones las que facilitan esos cambios frecuentes y, a veces, poco claros y/o empapados de fluidez –nuestra Constitución y sus enmiendas cambian con mas frecuencia que las de ninguna otra nación en el mundo- es todavía mas ridículo aferrarnos a algunas de ellas como si fueran inmutables. Pero la polarización que consume hoy a nuestra sociedad nos impide ver esa realidad.

Es absurdo buscar la salida de este atolladero a través de figuras o personalidades de nuestra política –que si el presidente, que si el senador- cuando el problema no pasa por ellos y sus deficiencias, sino por la corrosión de nuestro sistema político, que es el escenario donde esas figuras están condenadas a actuar. No tiene sentido enfocarnos, por ejemplo, en nuestro joven senador Marco Rubio, a la hora de buscar esa salida. El problema no es lo que diga o haga el senador Rubio.

En mi humilde opinión, el corrosivo mas importante es el papel que juega el dinero en el funcionamiento de nuestro sistema político, pero entiendo que haya quienes lo vean distinto y se enfoquen en otras soluciones; la mía seria erradicar el dinero de la política.

Ni siquiera es novedad –ni tiene por que ser un impedimento- que “los unos y los otros” estén tan polarizados como lo están hoy, mientras todos tomemos conciencia que es el sistema el que está llamado a cambiar.

Tenemos un sistema político incapaz, en su estado actual, de producir leyes que reflejen la voluntad de las grandes mayorías, ni mucho menos leyes que se opongan, con el "arma" del sentido común (atado, como Dios manda, al bien común), a los intereses de quienes financian ese sistema político.

Estamos en manos de una minoría que se protege, a punta de billete, de los "abusos de la mayoría". Ese mecanismo de defensa de una minoría enquistada en nuestra democracia dolarizada es una de las grandes “virtudes” que le celebran a diario a nuestro moribundo "sistema político" los tremendos pensadores mayameros que defienden su status-quo "Anti" desde su cofradía del prefijo "liber". Me refiero a los negadores del bien común, a los aduladores de la desigualdad y de la intolerancia, en fin a quienes, para preservar “sus” derechos, nos quieren convencer de que no somos una Democracia sino una República, y de muchas otras tonterías de la misma estirpe.

Frente a esa minoría, alguien como Marco Rubio esta virtualmente inerme, en la misma situación que el oficial Peterson ante la balacera en Parkland, llamado a enfrentarse con un asesino armado con un arma de guerra y munición ilimitada a riesgo de su propia vida -su propia vida política, en el caso de nuestro joven senador, que depende del billete de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

Lo que hace falta es un "swat team"; y "nosotros, el pueblo", somos ese "swat team".

Pedirle peras al olmo, o genitales a quien los tiene firmemente agarrados por el NRA, no nos llevará a nada si no respaldamos a nuestros "representantes", (o nos los llevamos de encuentro, al derribar las puertas de ese sistema político corroído por el dinero) actuando como un "swat team".

Pero para actuar con eficacia, todo “swat team” que se precie tiene que valerse de toda la información pertinente al escenario en el cual va a irrumpir. Y en nuestro caso, esa información no es otra que nuestra propia historia como nación, que, tristemente, pocos de nosotros nos interesamos en conocer, ni tan siquiera a grandes rasgos. Y esa historia nuestra es la de nuestras instituciones, que tampoco conocemos sino a desgano –mas allá de los ocasionales brotes de patrioterismo acompañado del agite de banderitas.

Esa historia de nuestras instituciones cuyo conocimiento es una herramienta vital para formar parte del “swat team” –que no llevará armas de guerra, les aclaro- nos describe con lujo de detalles como nuestras leyes se mueven hacia uno y otro extremo del espectro ideológico según sea la interpretación que de las mismas (y de nuestros documentos fundacionales) hacen los jueces. Y esas interpretaciones cambian porque a los jueces, en muchos casos, los designan políticos que se dicen nuestros “representantes”, solo que también representan los “intereses especiales” (y no tan especiales, a veces vulgares) de quienes financian sus campañas.

Por eso, la próxima vez que alguien le diga que tal enmienda no permite tal cosa, o exige tal otra, no dejé que lo manipulen por ignorante: si quienes habrán de colorear nuestro ordenamiento jurídico durante los próximos años a través de nombramientos judiciales son nuestro tremendo presidente y su entorno, es predecible que terminaremos en manos de muchas “tremendas cortes”.

Espabílese! Infórmese, entérese, que le puede ir la vida en ello, como quedó demostrado en Parkland…
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