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TEMA: ¿Es Trump un agente ruso?

¿Es Trump un agente ruso? 11 Ago 2016 19:48 #9506

  • César Vidal
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No se trata de una pequeña acusación.


Me causa no poco pesar señalarlo, pero la actual campaña presidencial en Estados Unidos se está caracterizando por una enorme suciedad. Hace apenas unas horas, me lo comentaba en Washington un auténtico veterano insistiéndome en que, en más de cincuenta años, no había visto una situación semejante. La verdad es que es raro el día en que Donald Trump no es asociado con Hitler o el KKK o Hillary Clinton no es relacionada con cualquiera de los archienemigos de Estados Unidos. En apariencia, en estas elecciones se enfrentan alguien al que, muy inexactamente, se denomina populista, con una persona de dilatada trayectoria política. El primero, en teoría, no debería ni siquiera haber alcanzado la nominación y, sin embargo, disfruta de un respaldo popular que lleva a pensar que el pugilato durará hasta el último día. La segunda lleva provocando odios y entusiasmos desde hace décadas. En ese juego de golpes y contragolpes, Michael J. Morell, un experimentado e importantísimo antiguo cargo de la CIA, ha afirmado que Donald Trump es un agente ruso.

No se trata de una pequeña acusación. En noviembre del año pasado, por ejemplo, fue puesto en libertad Jonathan Pollard, una analista de inteligencia de la marina que espió a Estados Unidos por cuenta de Israel. Para remate, algunos de esos secretos americanos pasaron de Israel a la URSS de una manera que afectó gravísimamente la seguridad nacional. De manera comprensible en relación con una de las personas que más daño ha causado a Estados Unidos, en 1987, Pollard fue condenado a cadena perpetua. Los sucesivos gobiernos israelíes suplicaron un indulto al presidente de Estados Unidos, indulto que fue rechazado por un presidente tras otro por lo que llevó casi treinta años alcanzar esa meta. Ciertamente, no es cuestión baladí espiar contra Estados Unidos. Por eso, yendo, pues, al fondo de la cuestión: ¿es Trump un agente de Putin? Si se tienen en cuenta los antecedentes históricos hay que conceder que, en teoría al menos, no es imposible. Hace veinte años, por ejemplo, publiqué en mi libro Las brigadas internacionales la documentación que demostraba cómo la esposa de Robert Oppenheimer había sido reclutada en 1937 por el NKVD, el antecedente directo del KGB, de tal manera que la Unión soviética tuvo a una espía en la cama del padre de la bomba atómica. Su caso no fue, lamentablemente, excepcional y, de hecho, en el mismo libro, recogía más casos de espionaje soviético en territorio de Estados Unidos. Más recientemente, en el curso de la crisis ucraniana, salió a la luz el exabrupto de una importante diplomática estadounidense afirmado su deseo de que – cito literalmente – “se joda la Unión Europea”. La realidad es que Rusia tenía un magnífico servicio de inteligencia en la época zarista, siguió teniéndolo durante el período soviético y nada lleva a pensar que su calidad haya bajado durante la presidencia de Putin. Ahora bien: ¿es verosímil que Trump sea un agente de Putin? Sinceramente, cuesta muchísimo creerlo. Especialmente, cuando no ha aparecido ni una acusación al respecto – no digamos una sola prueba – con anterioridad.

Los únicos puntos, bien escasos, de supuesta verosimilitud en esta peculiar campaña contra el candidato republicano son que Trump, efectivamente, pensó realizar negocios en territorio ruso – algo más que comprensible dadas sus actividades empresariales – y que el papel de halcón en estas elecciones no lo representan ambos candidatos o, de manera especial, el republicano, sino todo lo contrario. Una y otra vez, Trump se ha manifestado opuesto frontalmente a la globalización y considera que América debe colocarse por encima de los intereses de ciertas élites que abogan en favor de ese proceso. Para Trump, la globalización – gracias, entre otras razones a los tratados de libre comercio – perjudica a Estados Unidos. Hillary Clinton sostiene puntos de vista totalmente opuestos. Incluso se podría afirmar que ferozmente contrarios.

Igualmente, el candidato republicano cuestiona la utilidad de perpetuar el funcionamiento de una organización como la NATO concebida para mantener un equilibrio en Europa contra la URSS, pero que no está dando precisamente muestras de eficacia en su lucha contra el terrorismo. Hillary Clinton ha respaldado, por el contrario, operaciones de la NATO que han sido cuestionados incluso por sus más firmes partidarios.

Finalmente – y esto seguramente incomoda a determinados lobbies como el armamentístico – Trump no encuentra razones suficientes para que los contribuyentes americanos paguen una factura militar que, en todo caso, debería descargarse de una manera más proporcional sobre los hombros de los aliados. La realidad es que Estados Unidos es un defensor convencido de la economía de libre mercado, pero esa defensa presenta excepciones como es el caso del gasto militar que transcurre de acuerdo a principios más que acentuadamente keynesianos.

Cuando se tienen en cuenta estos aspectos cuesta no llegar a la conclusión de que, de una visión semejante a la de Trump, difícilmente habrían derivado el apoyo que Hillary proporcionó al golpe que los nacionalistas ucranianos dieron en 2014 y mucho menos las sanciones impuestas a Rusia también impulsadas por la señora Clinton. Esos son hechos objetivos. Sin embargo, de ahí a concluir que Trump es un espía ruso media un verdadero abismo. Aparte de la sintonía que Trump pueda sentir con alguien que se ha caracterizado por mantener una línea de gobierno firme y no determinada por injerencias externas como Putin, la realidad es que su programa entronca con una tradición norteamericana que considera que antes que dedicarse a arreglar problemas en el exterior hay que solucionar los del interior; que tiene dificultad – como los Padres fundadores, dicho sea de paso – en aceptar la existencia de alianzas de larga duración y más si son militares y que prefiere comerciar a guerrear en la seguridad de que de lo primero suele sacarse siempre un beneficio más seguro que de lo segundo.

Naturalmente, una visión opuesta es igualmente respetable y no cabe duda de que el partido republicano – con excepciones como Ron Paul – lleva sosteniéndola desde hace décadas. Pero de ahí a ser un espía ruso… En fin, tal y como van las cosas, prepárense a escuchar estos días que Hillary Clinton lleva recibiendo dinero islámico y financiando yihadistas desde hace décadas.
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