La historia de la Caperucita gris y el lobo felón, un cuento no apto para niños

La historia de la Caperucita gris y el lobo felón, un cuento no apto para niños

7 months 2 weeks ago
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El pasado 13 de septiembre los representantes del Partido Popular en el Parlamento Europeo convocaron el debate sobre un asunto que deja en entredicho el nivel de la política que rige el destino del viejo continente. Con una guerra que desde hace años está destruyendo vidas, recursos y futuro a no muchos kilómetros de la sede europarlamentaria, la discusión convocada se enfocaba a la revisión de la normativa sobre el estado de conservación de los lobos en territorio europeo. De aprobarse, la iniciativa daría marcha atrás a una política de protección medioambiental de la que Europa ha hecho un estandarte de primera magnitud a nivel mundial. Un paso inusitado que ha tomado por sorpresa a grupos científicos y ecologistas. Primero por los criterios que apuntan a la rareza de este tipo de rectificaciones por parte de la euro-cámara y en particular porque, de concretarse la iniciativa, se teme que su resultado llevaría a la desprotección de una especie en recuperación. 

En contraposición con aquellos que respaldan el replanteamiento desde el punto de vista de la peligrosidad de los lobos debido al crecimiento del número de la especie, varias voces exponen argumentos con basamento científico en contra de la reevaluación de la disposición protectora. El biólogo español Javier Talegón, investigador relacionado con la temática de la recuperación de la población lobuna en la península ibérica, se remite a la literatura científica que desmiente la eficacia de medidas de ese tipo, que más bien conducen a una desestructuración del funcionamiento de los lobos obligando a que estos escojan presas fáciles, como el ganado. Talegón afirma que “la muerte de los miembros de una manada hace que se dispersen los supervivientes y que, conscientes de su debilidad, no ataquen a los animales salvajes que forman parte de su dieta natural, sino a otros más indefenso". La tesis se confirma en un trabajo publicado en Plos One en 2014 mostrando como en Estados Unidos la caza de los lobos en algunos estados (Idaho, Montana y Wyoming) trajo como consecuencia el aumento de ataques al ganado ovino y vacuno, de acuerdo con estadísticas. 

Sin embargo, el motivo de este retroceso no hay que buscarlo en las protestas de los granjeros que desde hace un tiempo reclaman contra las leyes que restringen la caza dirigida a proteger su ganado de la acción predadora de los cánidos. La clave sobre el repliegue la sugiere Luis Planas, ministro de agricultura, pesca y alimentación del gobierno español en funciones, destacando el relieve de la propuesta que llega de la mano de “una persona tan importante como es la presidenta von der Leyen.” Y aquí comienza este cuento que trae a la memoria aquel que recuperó Charles Perrault de narraciones milenarias para elaborar la versión que tantas generaciones infantiles han conocido como Caperucita Roja y el Lobo Feroz. La historia que nos remite a la narración infantil, y que en este caso es real, se remonta a septiembre del 2022. Justo un año atrás de esta agenda encaminada a reconsiderar la protección al lobo europeo. Por aquellas fechas uno de la especie perdió el rumbo en una propiedad campestre de Hanover para zamparse un ejemplar de pony. Si fue una desgracia para el caballito convertirse en presa de su atacante, peor fue la suerte de su “asesino” y todavía mayor la que en consecuencia espera a sus congéneres por la decisión homicida de aquella noche fatal. Ocurrió que la hembra de pony nombrada Dolly era nada más y nada menos que la mascota preferida de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Unión Europea. Peor no la pudo liar el lobo que desde ese momento protagoniza una saga llena de detalles absurdos, dignos de figurar en un guion fílmico de reminiscencias berlanguianas. Una investigación en toda regla que recurrió a verificar la identidad del criminal mediante el ADN recuperado en las heridas de su víctima, asignó un fichaje “policial” que incluyó al implicado en una lista de búsqueda y captura  y organizó un operativo dirigido a darle muerte. Pero el astuto GW950m (identidad asignada por el fichaje policial) se las ingenió para evadir las balas de sus persecutores, quienes terminaron ultimando a un inocente que confundieron con el fugitivo. Es fácil confundir a un lobo por otro. Desde entonces el prófugo se ha convertido en una especie de leyenda, algo así como un Robin Hood lobuno, odiado por unos y admirados por otros. Destacan en ese segundo grupo los ambientalistas que le bautizaron con el nombre más apropiado de Snowy. No obstante, tanta fortuna puede estar llegando a su fin porque Snowy, o GW950m, no podía saber que su expedición cinegética terminaría por conducirle a la misma “boca del lobo" desde el momento en que se adentró en la propiedad de una celebridad tan ilustre y de paso tan vengativa. Y es que Úrsula a diferencia de la cándida niña del cuento infantil, se revela como una personalidad bastante gris, quien, tras esa aparente fisonomía delicada, sonrisa cálida y alcurnia aristocrática, puede resultar ser mucho más feroz y letal que el cuadrúpedo al que declara la guerra. De las comparaciones se podrían sacar argumentos absolutorios para el pobre Snowy. 

El lobo en definitiva cometió un acto acorde con su naturaleza. Actuó por instinto y no con alevosía. Diferente a como lo hacen los bípedos que hablan de la amenaza que suponen los de esa especie para los seres humanos. Son ellos los que han arrasado el habitad natural del lobo al punto de casi extinguirle, igual que han hecho por diferentes motivos con otros animales a los que han dado caza sin piedad ni comedimiento. La mayoría de las veces por diversión o para complacer extravagantes gustos pagados por bolsillos exclusivos. Llegado el momento a algunos les remuerde la conciencia y tal vez de manera sincera emprenden acciones para enmendar el daño causado a la biodiversidad.  Los que tienen capacidad y posibilidades de influir en la toma de decisiones promueven proyectos encaminados a recuperar lo que se ha destruido, no pocas veces casi de manera irremisible. Pero en algunos casos basta un percance como el sucedido a la señora presidenta de la Unión Europea para que se imponga la mala fe que algunos llevan en sus genes y terminen actuando en función de su problema, mostrando el rostro que caracteriza a las élites gobernantes. 

Bruselas y von der Leyer han desmentido que la recomendación hecha por la presidenta de revisar el estatus de protección para los lobos sea una cuestión personal, en la que pesa más el rencor de la sugerente que la preocupación por la amenaza que pudiera significar la reaparición de las manadas de lobos. Pero la realidad parece desmentir los dichos.  Llegando a este punto habría que plantearse la cuestión sobre quienes son el verdadero peligro para Europa y el resto del mundo. Si un grupo de animales irracionales que en ocasiones matan para comer y no por placer -y que raras veces han protagonizado ataques contra humanos-, o aquellos racionales que promueven guerras, destruyen ecosistemas, ponen en práctica políticas con trasfondo egoísta en detrimento de millones de sus congéneres y traicionan acuerdos o pactos sin sopesar las consecuencias de sus acciones. Esto mientras aseguran que trabajan por el bien común. Añádase la manera en que muchos de ellos mienten, manipulan o se involucran con oscuros intereses al costo que sea, incluso si ello conlleva a la desaparición y la pobreza absoluta de naciones enteras. Todo en aras de las peores ambiciones como es el deleznable comercio de las armas, causante de buena parte de la destrucción del planeta al que dicen están comprometidos salvar. Los lobos en su pleno estado de existencia salvaje no son capaces de significar ni siquiera una milésima fracción de lo peligroso que resultan no pocos de sus rivales de dos patas. Una realidad que urge evaluación efectiva en los diferentes foros de poder que pueden y deben tener como premisa poner barreras definitivas a ese peligroso accionar que afecta a toda la Humanidad. Pero mientras ese deseo utópico se concrete, el cuento tradicional de la Caperucita seguirá siendo una historia recurrente para nuevas generaciones infantiles en sus hogares. Con ella tal vez les llegue de la mano aquel estribillo que el personaje canturreaba de camino a casa de su abuelita: - Quién le tiene miedo al lobo, miedo al lobo, miedo al lobo...feroz. Sería conveniente que esos niños aprendan pronto la moraleja que encierra el cuento de marras y que los adultos les expliquen que ni es el lobo tan feroz ni temible como le pintan. Hay mucha gente en el mundo que le superan con creces en maldad y ferocidad. Es a estos a los verdaderamente hay que temer, sobre todo si son los encargados de dirigir sus destinos. 
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