Rehenes de odios, violencia y del síndrome Nemo

Rehenes de odios, violencia y del síndrome Nemo

7 months 13 hours ago - 7 months 13 hours ago
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Juzgará entre las naciones, y hará decisiones por muchos pueblos. Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.  Isaia:2.4
La macabra función de la muerte torna nuevamente al escenario israelí, una plaza en la que de alguna manera su impronta nunca ha dejado de estar ausente. Los hechos ocurridos al amanecer del 7 de octubre iniciaron una terrible jornada con el cobro de miles de vidas inocentes y que amenaza con escalar a una crisis de consecuencias impredecibles para un mundo que ya tiene la salud fuertemente dañada por tantos conflictos que suceden sin parar. 

El ataque terrorista a territorio hebreo protagonizado por milicias de Hamas y los asesinatos cometidos de manera inexcusable contra civiles durante la sorpresiva incursión, crearon las condiciones propicias para una réplica que los organizadores del operativo no debieron ignorar ocurriría. Si condenable fue su acción, no menos puede decirse de las imágenes que ellos mismos trasmitieron. Una madre embarazada muerta y su vientre abierto en canal mostrando el feto sin vida, niños decapitados y ancianos ultimados a sangre fría, no puede justificarse por los atropellos cometidos contra el pueblo palestino que estos criminales dicen representar. Una crueldad que tampoco puede decirse sea inédita, como manifestara el presidente norteamericano, “espantado” ante la atrocidad. Convivimos con esa realidad desde el momento de cobrar plenitud de razón en el mundo al que nos ha traído el misterio de la vida. Los nacidos en los albores del 60 las vieron llegar desde Vietnam. La masacre de My Lai quedó como símbolo de una saga, que lejos de desaparecer se hace cada vez más barbárica en nuevos episodios. La guerra de los Balcanes, los bombardeos contra Belgrado, Irak, Afganistán o las ejecuciones perpetradas por los combatientes del Estado Islámico crucificando mujeres y hombres cristianos a la vez que quemaban vivos a sus hijos, encerrados en jaulas de hierro, son algunos ejemplos recientes. Tal vez Biden no vio esas secuencias, pero existen. 

Muchas consideraciones y criterios se levantan en apoyo de las partes envueltas en este capítulo, uno más en una larga data del enfrentamiento que viven las poblaciones asentadas en el estado israelí desde casi el mismo instante de su creación. Mientras la mayoría de sus belicosos vecinos han ido modificando posturas hacia el antiguo enemigo, llegando a aceptarle al punto de restablecer relaciones, las cosas no han cambiado mucho en la compleja convivencia entre palestinos y judíos dentro del territorio que comparten. La beligerancia entre ambos grupos provoca choques sangrientos que dejan secuelas de dolor y desconfianza difíciles de curar, sobre todo si los extremismos religiosos y nacionalistas se confabulan para abrir las heridas que no terminan de cicatrizar. Es lo que ocurre cuando se desconocen los derechos de un pueblo a vivir en dignidad y soberanía, se mantienen medidas y restricciones propias de un sistema de apartheid contra una población determinada y se les humilla con imposiciones enarboladas desde consideraciones que lindan con el racismo y la superioridad de mentalidad neocolonial. Sin entrar en el juego del derecho de Israel a vivir en su tierra histórica como nación, tampoco se puede ignorar el que le corresponde a los que han vivido en ella por siglos. Llama la atención como no pocas voces, incluso desvinculadas a este problema, simplemente desde su percepción religiosa restringida por una interpretación literal de las Sagradas Escrituras, afirman el privilegio del derecho de unos sobre otros invocando citas bíblicas, dejando a un lado la esencia del mensaje evangélico contenido en los dichos de Jesús o en los mismos profetas del Antiguo Testamento.  (Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Ez 36:26 )

El ataque del 7 de octubre está marcado por muchas circunstancias e interrogantes . No pocas voces dentro de Israel acusan a las autoridades políticas y militares de abandono y cosas peores, denuncias que algunos podrían pasar por contenido conspirativo, pero que no están exentas de lógica razonable. No es casual que la acción fuera planeada para el día en que los judíos celebraban la fiesta de Simjat Torah y que además coincidiera esta con el cincuentenario de la guerra del Yom Kippur. No debía ser sorpresivo algún tipo de actividad combativa tomando en cuenta el simbolismo de la fecha. Otro aspecto no menos interesante es que el sistema de defensa e inteligencia israelí haya fallado de manera tan aparatosa siendo casi anulado por una operación elemental que no pudo ser contenida ni detectada por la sofisticada red fronteriza completada en 2021 al costo de cientos de millones.  A lo anterior se suma la demora de respuesta a la incursión agresora. Reportes periodísticos destacan opiniones críticas, como la pancarta colgada en el kibutz de Kfar Aza con la frase “¡Vergüenza!”. O las expresiones de una ciudadana sobre las 27 horas de angustia vividas en espera de rescate: “En realidad no sé dónde estaba nuestro Estado”, dijo, haciéndose eco de la ira y el desconcierto de muchos israelíes sobre cómo pudieron haber sorprendido al país y tomarlo desprevenido. “Nos abandonaron”, dijo, y añadió con amargura: “Estaban en Twitter. Ahí es donde estaban”.

No puede dejar de mencionarse detalles del concierto Supernova que transcurría a 5 kilómetros de la frontera con Gaza, y que fuera el punto neurálgico donde la acción terrorista cobró la mayor cantidad de víctimas fatales y secuestrados, incluyendo muchos extranjeros que participaban de la función. Las preguntas incomodas se repiten sobre la celebración de un acto masivo a tan poca distancia de una de las fronteras más candentes del planeta. Las interrogantes se avivan cuando se conoce que la sede del festival estaba planificada en otro lugar, pero dos días antes problemas organizativos determinaron su reubicación en el sitio fatídico. El medio Haretz recoge las declaraciones de uno de los directivos del concierto reconociendo la existencia de cierta preocupación porque ocurriera el lanzamiento de algún misil pero que nunca imaginaron la llegada de escuadrones palestinos disparando a bocajarro. 

 Se abren interrogantes en torno a las razones que llevaron a Hamas a lanzar un ataque, que en principio puede parecer terrible humillación para sus enemigos, pero que a corto plazo redunda contra sus posiciones, supervivencia como grupo político, reconocimiento internacional y lo que es peor aún contra la población inocente que ellos representan como gobierno en la franja sitiada. Se habla mucho del paso inédito dado entre Arabia Saudí e Israel para establecer relaciones diplomáticas. Es de esperar que, de ser Gaza reducida a escombros como ya está ocurriendo, esa acción afectaría cualquier tratado con los sauditas. Pero poco se han puesto en contexto las relaciones restablecidas entre la monarquía de Riad y la teocracia chií que gobierna Irán. La pregunta tendría que ahondar sobre cuál de estas movidas tendría más implicaciones negativas como para decidir una salida extrema en busca de malograr el paso reconciliatorio, incluso al precio de una guerra destructiva. Aquí las dudas planean por igual sobre ambas partes enfrentadas. Si a los de Hamas les interesa evitar el acercamiento saudita a Jerusalén, a su contraparte les pudiera significar poco grato la solución amigable negociada con Teherán. Que el reconocimiento de Arabia Saudí se frustre por ahora no pareciera ser un problema grave ya que Israel ha vivido y crecido como nación sin el reconocimiento y las buenas relaciones con el poderoso país árabe. 

Sobre el gobierno de Netanyahu se enfocan otras motivaciones. Una es la política extremista incentivada por sus aliados más radicales en el poder. Un editorial publicado en el periódico Haaretz, argumentó que: “El primer ministro, que se enorgullece de su vasta experiencia política y su sabiduría irremplazable en asuntos de seguridad, no identificó en absoluto los peligros a los que estaba conduciendo conscientemente a Israel al establecer un gobierno de anexión y desposesión”. Netanyahu, añadió Haaretz, adoptó “una política exterior que ignoraba abiertamente la existencia y los derechos de los palestinos”. Otro aspecto sobre el que se llama la atención es la polémica reforma judicial que recortaba poderes a la Corte Suprema, rechazada por la sociedad civil israelí y que ha ocasionado numerosas protestas, así como una fractura en la sólida unidad nacional que llegó a los estratos militares. Meses antes pilotos retirados de la fuerza aérea dijeron que no iban a presentarse en su servicio de reserva si Netanyahu seguía avanzando con la reforma judicial. La acción de Hamas ha arrinconado el tema de las reformas y ayuda a recomponer las rupturas provocadas por su implementación. Las imágenes de la matanza terrorista socorrieron la deteriorada posición de Netanyahu y de paso alimentaron como nunca el ciclo de susceptibilidad y violencia entre palestinos e israelíes. Esto con la comprensión de la mayor parte de las naciones que no pueden menos que declararse a favor del derecho de Israel a defenderse. Todo lo anterior serviría para explicar la reacción de Jerusalén a las advertencias que recibiera de fuentes exteriores, en primer lugar, de los servicios de inteligencia de Egipto, cuyo director puso en conocimiento a la parte israelí que algo fuerte e inusual iba a ocurrir según una información que involucraba a Gaza. Según su testimonio, el general Abbas Kamel llamó a Netanyahu días antes de los sucesos, pero quedó sorprendido ante la indiferencia que apreció en sus interlocutores. 

Queda la parte más sensible del momento encaminado convertirse en problema humanitario de solución irremediable y que la respuesta armada puesta en marcha anuncia será “difícil de digerir”. La secuela de muerte y destrucción que ha iniciado la movilización militar israelí da sus primeras señales con denuncias sobre la utilización de fósforo blanco en bombardeos. Acciones que forman parte inherente en la historia de este contencioso pero que indudablemente profundizará el dolor de los que lo sufran y sembrará nuevas semillas de odio. El historial del comandante Mohammad Masri, conocido como Mohammed Deif tras unirse a Hamás, y que ha sido identificado como el cerebro del operativo desencadenante del problema, recoge un dato lúgubre en su biografía. Su esposa, su hijo de siete meses y una hija de tres años murieron durante un ataque aéreo israelí en 2014. No es justificación para lo ocurrido, pero no puede ignorarse el daño y las secuelas de esa pérdida en la psicología del que las padece. Basta ver el reflejo de espanto, terror y ausencia de llanto en los rostros crispados de las criaturas que pasan el mismo trance en esta ocasión. Mutiladas en sus cuerpos o peor aún en sus almas, huérfanas por la violencia de la guerra, ellas podrán convertirse en semilleros del rencor vengativo que termine por germinar mañana. Una de las novelas más famosas del prolífico escritor Julio Verne, toca este tema a través de su personaje principal. Veinte mil leguas de viaje submarino, no solo nos lleva a incógnitas aventuras en un sumergible movido por energía eléctrica, una de las muchas premoniciones del genial autor de aventuras que en esta obra no solo describe a sus lectores el adelanto de la era nuclear y su empleo en la locomoción naval. El capitán Nemo, aparte de recorrer las profundidades marinas con afán de investigador científico, daba un uso adicional a su entrañable Nautilus. A modo de ariete mortal, las manos de Nadie (significado del sobrenombre en latín del personaje) clavaba la estructura de su nave en las entrañas de cuanto barco de bandera inglesa se cruzaba en su ruta. La narración describe al ser humano en una dualidad de franca inhumanidad, acompañando a sus víctimas en el viaje agónico que terminaba en el lecho abismal donde reposarían sus restos. La razón de esta actuación la explica Verne en La Isla Misteriosa, donde reaparece Nemo, ya anciano, para contar a otros personajes el origen del rencor revertido contra el imperio que en su natal India le había arrebatado autoridad, propiedades, dignidad, familia y amigos, haciendo que el príncipe Dakkar se transformara en un ser lleno de odio contra los que causaron su desgracia. Una narrativa de lo que bien pudiera ser un anticipo del terrorismo moderno, con historias cotidianas parecidas que se repiten en el trasfondo de cada escena de guerra, como las que estamos viendo hoy mismo en Israel y Gaza. 




























 
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