The Economist: La farsa electoral de Maduro; la secuela

Para los pocos que no lo sabían, fue un espectáculo convincente. El 25 de marzo, el presidente Nicolás Maduro apareció exultante en la sede del Consejo Nacional Electoral en Caracas para presentarse como candidato a las elecciones presidenciales de Venezuela, previstas para el 28 de julio.

Por: The Economist

En el exterior, se congregó una multitud supuestamente espontánea de partidarios -el convoy de autobusesMaduro que los trajo a la ciudad quedó oculto a la retransmisión de la televisión estatal-. Dentro, el candidato, vestido con un chándal blanco con los colores de la bandera venezolana, saludó a los funcionarios electorales antes de pronunciar un encendido discurso, en el que describió a su oposición como un grupo de oligarcas nepotistas. Su mujer y su hijo, ambos políticos influyentes, estaban sentados en primera fila. “El pueblo tiene el poder”, declaró el presidente.

Pero no es así. Si lo tuviera, Maduro ya no estaría en el poder. El impopular autócrata ha supervisado una desastrosa recesión que ha provocado la emigración de alrededor de una cuarta parte de la población en la última década. Su gobierno continúa solo porque ha pisoteado la democracia de Venezuela. Su anterior reelección, en 2018, fue una farsa, en la que fue fundamental impedir que muchos líderes de la oposición se presentaran. La contienda de este año será una repetición.

 En una lucha justa, el presidente se enfrentaría a María Corina Machado. Machado, conservadora y crítica con el gobierno desde hace tiempo, obtuvo un aplastante 93% de los votos en las primarias de la oposición celebradas en octubre. El año pasado, una encuesta le dio un 70% de apoyo, frente al 8,3% de Maduro. Pero el Tribunal Supremo, controlado por el régimen, le ha prohibido ejercer cargos políticos durante 15 años. Para superar este obstáculo, el 22 de marzo la ex diputada y la coalición de partidos que la apoyan presentaron un candidato alternativo para sustituirla.

Su candidata era Corina Yoris, de 80 años, distinguida profesora de filosofía. Abuela de siete hijos y con tres hijos emigrantes, su historia podía resonar en casi todo el país. Y había otra razón por la que parecía una elección inspirada: seguramente incluso el régimen de Maduro, con su reputación de crueldad, dudaría en encarcelar a una abuela afable...

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