A propósito de la Navidad.

Padre Alberto Reyes                                       A propósito de la Navidad.

                                              P. Alberto Reyes 

                                         Evangelio: Lucas 2, 1-14    

San Lucas coloca el nacimiento de Jesús en el contexto de un censo imperial. ¿Qué motivaciones tenía un censo de este tipo? Dos: dinero y poder. El censo buscaba determinar cuántas personas podían pagar impuestos y cuántos hombres había para la guerra. Allí pone su seguridad el emperador.  

Ante esto, Dios presenta a un niño, que va a proponerse como camino, verdad y vida, como piedra angular, como aquel que promete estar con nosotros todos los días, hasta el fin de este mundo.  

Muchas cosas pueden dar seguridad y estabilidad a un ser humano: familia, amigos, salud, dinero, bienes materiales, relaciones sociales Ninguna es negativa en sí misma, pero ninguna es sólida en sí misma y, de hecho, todas pueden fallar.   

La Navidad es la irrupción de un Dios que, en forma de niño, nos ofrece su mano, la certeza de su presencia, para andar los caminos de la vida. No es un Dios que viene a decirnos que no tendremos nunca dificultades, problemas o sufrimientos. No le hagamos decir a los Evangelios lo que los Evangelios no dicen. Dios nunca ha prometido una vida fácil y sin tropiezos a sus discípulos. Dios ha prometido estar, permanecer, alentar, convertirse en nuestra fuerza, alimentar nuestra esperanza en todo momento y situación.

 La Navidad es el Dios que viene para que conozcamos su amor por nosotros y, desde ese amor, construyamos una vida con sentido.

 

 Y es una oferta para todos, seas como seas y hayas hecho lo que hayas hecho. Por eso, la primera revelación es a los pastores, a los cuales hemos idealizado pero cuya realidad era muy dura. Malolientes, incultos, despreciados por su sociedad. Estaban privados de derechos civiles, no podían dar testimonio porque se les consideraba personas falsas, con fama de ladrones y de violentos. El Talmud, código civil y religioso para los hebreros, llega a decir: Si se te cae una oveja en el pozo, hay que sacarla, pero si cae un recaudador de impuestos o un pastor, déjalo allí.   

Por eso los pastores se asustan, porque desde siempre habían escuchado que Dios los rechazaba, porque habían aprendido a creer que ser pastor significaba ser impuro y estar lejos de Dios y que serían ellos los primeros en ser echados fuera cuando llegara el Mesías. Por eso el ángel les dice: No teman, porque a ustedes, precisamente a ustedes les ha nacido un Salvador.  

En el libro del Éxodo, Dios manda a Moisés, por tres veces, a hacer un censo del pueblo, pero nunca utiliza el verbo contar, sino otro que significa levantar la cabeza. Cuando Dios le pide a Moisés que haga un censo, lo que le dice es: Haz levantar la cabeza de la gente. Y esto es la Navidad, el Dios que dice: Tú tienes rostro, el rostro que yo contemplo. Muéstramelo, no estés encorvado, levanta el rostro porque tú eres mi imagen, y seas como seas, hagas lo que hagas, yo vengo para ti, yo vengo a ofrecerte mi mano, y como te amo, cada vez que levantes el rostro y me busques, allí estaré.

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