2023 se despedirá sin nada que celebrar

Miriam LeivaLas familias cubanas están menguadas por la desbandada al exilio en busca de oportunidades de mejoramiento económico y libre despliegue de sus capacidades

Los alimentos son utilizados por el gobierno de continuidad para avasallar al pueblo. El hambre aprieta a la mayoría de los cubanos, mientras los niños y los ancianos llevan la peor parte. Los tiempos en que se lograba obediencia otorgando derecho a comprar un refrigerador u obtener el pasaporte y el permiso de salida han expirado. La fuerte demanda social está en ciernes.

Para eludir sus responsabilidades, los máximos ejecutivos han aportado a esta época los “módulos”, y han comprometido a las autoridades locales con las comercializaciones de pequeñas cuotas de los productos agropecuarios usualmente deficitarios y a elevados precios, de acuerdo con las disponibilidades autóctonas de carne de res, puerco, arroz, frijoles y otras producciones para las fiestas de fin de año.

Los módulos de venta son un subterfugio del gobierno de continuidad para no tener que cumplir los compromisos que se establecerían al incluir los productos en la libreta de abastecimiento, en realidad de racionamiento, lo que reconoció el viceprimer ministro Alejandro Gil hace tiempo. Con ellos se eliminó el desplazamiento de la población desde lugares distantes, incluso de otras provincias, los durmientes en las aceras, las multitudinarias colas, las reyertas con eventual participación de la Policía, y los grupos de prevención de acaparadores, muchos de cuyos integrantes estaban confabulados con los malhechores.

Progresivamente, en los módulos han disminuido las cantidades de pollo, aceite, salchichas, picadillo, detergente, jabón, champú y cigarros. Incluso el pollo estadounidense se dejó de vender en octubre, noviembre y diciembre, y no parece que será restituido. La población tiene que recurrir a los elevados precios de las mipymes bien surtidas que proliferan en los barrios, y las ventas en los parques y esquinas directamente de los contenedores, que se comenta podrían ser de la empresa estatal.

Las usuales cuotas adicionales de productos por las fiestas de diciembre desaparecen, cuando quedan pendientes las entregas de arroz, frijoles, huevos, café y otros productos desde octubre, con notoriedad en las provincias orientales, por carencia de dinero para importarlos o la posible prioridad a otros designios gubernamentales. El Gobierno de La Habana anunció las ferias de fin de semana y las ofertas de restaurantes, como medio para evadir la venta por cada núcleo familiar correspondiente a los módulos de los miles de núcleos compuestos por algo más de dos millones de personas.

 

Además, con las inundaciones ocasionadas por las torrenciales lluvias de los días 12 y 13 de diciembre, las pequeñas producciones de viandas y hortalizas habaneras fueron dañadas. Por su parte, las provincias que usualmente abastecen la capital tienen compromisos para ofertar productos adicionales a su población.

Cienfuegos anunció las ventas de los módulos de carne de cerdo, arroz y muchos otros productos por núcleo. La restitución de los bocaditos de puerco asado, el pan con lechón que se vendía en todas partes de Cuba hasta hace muchas décadas, fue una gran noticia. Villa Clara publicó anunció la oferta de arroz y frijoles por núcleo familiar el 5 de diciembre. Matanzas comunicó que venderá tres libras de carne de res. Otras provincias están a la zaga, posiblemente debido a las bajas producciones, en lo que sobresalen las orientales.

La libreta de abastecimiento no será eliminada, según publicaron las autoridades, pero cada mes se posponen las entregas, pues supuestamente los bancos no han aceptado los pagos o los barcos no han llegado. Finalmente, las autoridades han tenido que reconocer que no poseen solvencia, y los ejecutivos a niveles locales han narrado en televisión cómo gracias a las mipymes, recibieron la harina para hacer el pan de la cuota y otros productos esenciales.

La mayoría de la población se alegra de poder comprar un pedacito de carne de res o de puerco en Cuba, donde había casi tantas cabezas de ganado como habitantes en 1959. Hoy los cubanos se esfuerzan para poder pagar los elevados precios de los módulos y otras formas de compra, con salarios y pensiones miserables, sin la suficiente alimentación diaria. El 2023 se despedirá sin nada que celebrar, con las familias menguadas por la desbandada al exilio en busca de oportunidades de mejoramiento económico y libre despliegue de sus capacidades.

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