La realidad de los trabajadores migrantes

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Hoy nos encontramos en un mundo donde millones de personas buscan un lugar donde puedan vivir con dignidad lejos de sus países natales, donde los gobiernos no les brindan a sus pueblos unas condiciones de vida que les permita a las familias, a los padres y a los hijos, vivir dignamente, trabajar por un salario justo, educar a sus hijos, tener un techo seguro, un cuidado de la salud universal, en fin, tener la oportunidad de dignamente y en libertad crecer y desarrollarse y no verse forzados a emigrar, en muchos casos arriesgando sus propias vidas en las travesías.

Sin embargo, otros millones de personas se ven obligadas emigrar por situaciones creadas por regímenes que no respetan los derechos fundamentales de la persona humana en lo político, lo económico, lo social y lo cultural, inclusive, algunos se ven obligados a hacerlo para salvar la propia vida, como sucede actualmente en muchas partes del mundo.

Según el papa Francisco: «Entre las causas más visibles de las migraciones forzadas contemporáneas se encuentran las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria. Los migrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación. Para eliminar estas causas y acabar finalmente con las migraciones forzadas es necesario el trabajo común de todos, cada uno de acuerdo con sus propias responsabilidades».¹

Una gran mayoría de estas personas que han sido forzadas a emigrar, cuando llegan a los países de destino, no necesariamente entran con un estatus legal. Algunos lo logran bajo el estatus de refugiados, otros, solicitando asilo político, y otros, por haber sido reclamados bajo el concepto de reunificación familiar por familiares ya establecidos en el país de destino. Sin embargo, un alto porcentaje vive, años tras años, como «indocumentados» en un limbo legal Junto a estos millones de migrantes se encuentran los llamados «trabajadores migrantes», personas que vienen a los países de destino bajo contractos de trabajo con empresas nacionales aprobados por regulaciones gubernamentales que existen en los países de esas empresas. Pero, a diferencia de los que se ven forzados a emigran definitivamente, en el caso de estos trabajadores migrantes, ellos regresan a sus propios países con los recursos que han acumulado durante su estancia y se mantienen a la espera del próximo contrato.

Este fenómeno de los trabajadores migrantes se da mucho en los países industrializados, donde la demanda de mano de obra, especialmente mano de obra no calificada, ha aumentado. Como resultado, millones de trabajadores y sus familias viajan a países distintos al suyo para encontrar trabajo. En los últimos años se han realizado esfuerzos considerables para obtener datos fiables y comparables sobre la migración laboral, pero ha sido imposible hasta para la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, la OIT ha publicado estimaciones mundiales y regionales según las cuales actualmente hay aproximadamente 244 millones de trabajadores migrantes, donde las mujeres representan la mitad de estos.

La gran mayoría de los observadores señalan que, sin duda, los trabajadores migrantes contribuyen a las economíasMigrantes en El Paso. Abrl 2023. de sus países de acogida; tomando nota de que las remesas que envían a sus casas para ayudar a sus familiares también ayudan indirectamente a las economías de sus países de origen. Sin embargo, la propia OIT ha señalado que los trabajadores migrantes «a menudo se benefician de una protección social inadecuada y son vulnerables a la explotación y la trata de personas». Para muchos de los observadores, los trabajadores migrantes calificados sufren menos situaciones de explotación, pero al marcharse, privan «a los países en desarrollo de la valiosa mano de obra necesaria para sus propias economías».

No obstante, hoy en día hay una gran diferencia entre los migrantes que son forzados a abandonar sus paises por las razones expuestas inicialmente y los trabajadores migrantes a los que acabamos de hacer referencia, desde la posibilidad de encontrar trabajo y de las condiciones del trabajo que logran encontrar. Esto lo hemos podido apreciar aquí en los Estados Unidos de América, por las noticias diarias de la radio y la televisión sobre el tema y la situación de los que tratan de llegar a este país en la búsqueda de poder vivir en libertad y con dignidad.

 En los últimos dos años, cientos de miles de seres humanos cruzaron la frontera sur de los EE. UU. La gran mayoría sin la correspondiente documentación para entrar legalmente. Muchos fueron deportados de inmediato, a otros se les permitió su entrada, en algunos casos trasladándolos temporalmente a centros de detención, pero dándoles unas clasificaciones bajo la vigente Ley de Inmigración de este país, que no incluye el permiso de trabajo, algo tan necesario para un recién llegado, que no tiene a nadie aquí. Inclusive, a los que pueden demostrar «miedo creíble» y solicitan «Asilo Político», en la práctica, tienen que esperar más de 180 días para que puedan obtener de las autoridades de inmigración el permiso de trabajo. Sin que estas propias autoridades expliquen cómo y de qué estas personas van a vivir por los primeros seis meses sin que sean una carga pública.

Hoy en día, estos cientos de miles de migrantes que han llegado a los EE. UU. en los últimos tiempos, en particular los indocumentados, solo encuentran trabajo principalmente, y si lo encuentran, en los sectores de mano de obra no calificada, como en la construcción, la agricultura, la jardinería, y en el sector de los servicios. Muchas veces lo encuentran por referencias de amigos y familiares. Inclusive, hay familiares que les dan trabajo en sus empresas o negocios corriendo el riesgo de meterse en problemas legales.

En los últimos días, se a puesto de moda hablar del «E-Verify», el sistema de verificación del estatus migratorio para el empleado, que se ha aplicado desde hace décadas para empleados federales. En la Florida, se utilizaba desde el 2020 para empleadores privados con proyectos relacionados con el gobierno y acaba de aprobarse para todos los empleadores privados con más de 25 trabajadores, según el boletín «El Inmigrante Trabajador» publicado en New York: «El gobernador de la Florida, Ron DeSantis, firmo una ley hace unos días que, entre otros requerimientos, obliga a todos los empleadores privados en el estado con más de 25 trabajadores a que usen la aplicación E-Verify, a fin de constatar que los aspirantes a una plaza laboral poseen estatus legal».²

La Ley firmada por el gobernador de la Florida, no solo implica la reglamentación forzada del sistema «E-Verify», sino también otras medidas claramente anti emigrantes con amenazas hasta de encarcelamiento. La aprobación de la Ley de DeSantis ya ha tenido serias consecuencias: muchos trabajadores con un estatus migratorio irregular han abandonado sus puestos de trabajo por temor o han sido informados por sus empleadores que no pueden seguir trabajando con ellos. Es de público conocimiento que, de inmediato, uno de los sectores más perjudicados ha sido el de la construcción. Esto que está aconteciendo ha creado un vacío en los sectores de empleo que se verán más afectados, pues, por un lado, el índice de desempleo es el más bajo de la historia, y a los trabajadores nativos no les interesa este tipo de empleo, que históricamente y en gran medida han llenado los migrantes, tanto los que se encuentran bajo el programa de «Trabajadores Migrantes» como los indocumentados.

Una gran parte de los trabajadores inmigrantes no son protegidos por las leyes laborales de los EE. UU., incluyendo a los «trabajadores migrantes». Estos deberían ser amparados según los Convenios de la OIT: Convenio sobre los trabajadores migrantes (revisado), No. 97 de 1949³ y el Convenio sobre los trabajadores migrantes (disposiciones complementarias), No. 143 de 1975.⁴ Lamentablemente, desde que se fundó la Organización Internacional del Trabajo, los EE. UU. no ha firmado, ni ratificado, ningún Convenio de la OIT.

Para los que tratan de sobrevivir sin tener un permiso de trabajo, la situación no es diferente, ya que los empleadores se aprovechan, en una gran mayoría de los casos, de los trabajadores que están indocumentados. Ahora, los empleadores en la Florida son amenazados por la nueva Ley, que «establece multas para los empleadores de hasta 10.000 dólares por cada empleado sin permiso de trabajo y su licencia de operación puede ser revocada por el estado». ⁵ Esta amenaza puede implicar en muchos casos, por un lado, no dar empleo a los que se encuentran en una situación irregular migratoria o, si le dan empleo, explotarlos al máximo, con salarios por debajo de los mínimos establecidos, con exceso de horas laborables, sin días de descanso, en fin, sin derechos de ningún tipo. Un ejemplo de esta explotación se ve en el caso de las y los trabajadores domésticos, que no cuenta con ninguna protección social ni amparo legal.

Esta situación de los «trabajadores migrantes» y los trabajadores sin documentación que les permita trabajar legalmente, no es solo un mal en los EE. UU., este panorama se ve en casi la totalidad de los países industrializados del primer nivel e, inclusive, en países que se encuentran en vías de desarrollo, que, al carecer de una fuerza laboral nacional suficiente para las necesidades del país, importan mano de obra, abriéndoles las puertas a los contrabandistas de seres humanos. Tenemos que evitar que «tantos hombres, mujeres y niños sean víctimas de ilusiones peligrosas o de traficantes sin escrúpulos». Estos países, estos gobiernos, estos empresarios, según sea el caso, no reconocen los derechos que tienen los trabajadores, plasmados en el Artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.⁶

Desde hace ya algunos años, muchos hemos comenzado a promover el derecho a que los seres humanos no se vean forzado a emigrar. Derecho que no está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos ni en otras declaraciones sobre los derechos de la persona humana. El papa Francisco, en su mensaje a la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de este año, une su voz a este justo reclamo: «Es necesario un esfuerzo conjunto de cada uno de los países y de la comunidad internacional para que se asegure a todos el derecho a no tener que emigrar, es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en la propia tierra. Se trata de un derecho aún no codificado, pero de fundamental importancia, cuya garantía se comprende como corresponsabilidad de todos los estados respecto a un bien común que va más allá de los límites nacionales. En efecto, debido a que los recursos mundiales no son ilimitados, el desarrollo de los países económicamente más pobres depende de la capacidad de compartir que se logra generar entre todas las naciones. Hasta que este derecho no esté garantizado —y se trata de un largo camino— todavía serán muchos los que deban partir para buscar una vida mejor».⁷

En su mensaje, el papa Francisco también nos recuerda palabras del Evangelio: «Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25,35-36). Para el papa Francisco, «Estas palabras resuenan como una exhortación constante a reconocer en el migrante no sólo un hermano o una hermana en dificultad, sino a Cristo mismo que llama a nuestra puerta. Por eso, mientras trabajamos para que toda migración pueda ser fruto de una decisión libre, estamos llamados a tener el máximo respeto por la dignidad de cada migrante; y esto significa acompañar y gobernar los flujos del mejor modo posible, construyendo puentes y no muros, ampliando los canales para una migración segura y regular. Dondequiera que decidamos construir nuestro futuro, en el país donde hemos nacido o en otro lugar, lo importante es que haya siempre allí una comunidad dispuesta a acoger, proteger, promover e integrar a todos, sin distinción y sin dejar a nadie fuera».⁸

Este mensaje pastoral del papa Francisco nos obliga, tanto en los países de origen como en los países de destino, a ayudar y sostener en la medida de nuestras posibilidades a todos aquellos que sufren en su interior las consecuencias negativas de la emigración. Pero sus palabras nos dejan claro que tenemos que seguir ayudando y luchando por el trato digno de los migrantes y sus familias, pero luchamos también para que no exista la emigración de aquellos que solo quieren para ellos y su familia «vivir con dignidad en sus propios países y se garantice así el derecho de todo ser humano de no verse forzado a emigrar».

**Siro del Castillo es autor y activista, especializado en asuntos de inmigración y de sindicalismo obrero. Es miembro de la junta editorial y frecuente colaborador de El Ignaciano.

Bibliografía.

1.- Mensaje del santo padre Francisco para la «109ª Jornada mundial del migrante y del refugiado 2023», Roma, San Juan de Letrán, 11 de mayo de 2023.

2.- «El Trabajador Inmnigrante.com”, New York 11 de mayo de 2023

3.- Migration for Employment Convention (Revised), 1949 (No. 97)

4.- Migrant Workers (Supplementary Provisions) Convention, 1975 (No. 143)

5.- «El Trabajador Inmnigrante.com», New York 11 de mayo de 2023

6.- La Declaración Universal de Derechos Humanos | Naciones Unidas

7.- Mensaje del santo padre Francisco para la «109ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2023», Roma, San Juan de Letrán, 11 de mayo de 2023

8.- Mensaje del santo padre Francisco para la «109ª Jornada mundial del migrante y del refugiado 2023», Roma, San Juan de Letrán, 11 de mayo de 2023

Articulo tomado de: El Ignaciano, Vol. 7, No. 2, Instituto Jesuita Pedro Arrupe

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