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27/05/2020
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Nicaragua bajo Daniel Ortega y el coronavirus. La "normalidad" dos años después del 18 de abril

En las siguientes páginas describo los principales encuentros y acontecimientos que experimenté durante mi estadía en Nicaragua del 14 al 28 de marzo de 2020. Me di cuenta de muchos detalles que desde fuera no conseguí ver, a pesar de muchos artículos, informaciones, e-mails y mensajes que recibo diariamente desde y sobre Nicaragua. Ya que soy activista de la solidaridad con Nicaragua desde hace más que cuarenta años, esta crónica es expresión de una vista tanto desde fuera como también del interior del país.

Cambié todos los nombres por razones de seguridad, pero las funciones mencionadas son correctas en todos los casos.

Nicaragua se encuentra en un doble estado de emergencia: el gobierno Ortega-Murillo ha puesto al país en un estado de emergencia de facto, lo que ha resultado en violaciones masivas de los derechos humanos y una abolición casi completa de todas las libertades democráticas. Se debe destacar que todos los grupos de oposición, organizaciones, partidos y alianzas, a pesar de toda su pluralidad y diversidad, están de acuerdo en un punto central: no quieren tomar las armas, sino luchar por una transición pacífica y constitucional hacia una democracia post-Ortega. La presencia omnipresente de las fuerzas policiales, algunas vestidas de negro, otras de azul, muchas con armaduras puestas y armas de guerra en mano, es absolutamente aterradora. Una demostración tan amenazante del poder represivo del Estado, que hasta ahora solamente he visto una vez en mi vida: durante los últimos años de la dictadura franquista en España.

El mensaje principal que muchas amigas y amigos de absoluta confianza me han entregado para que lo lleve a mi país es: ¡Apoyen nuestra lucha civil con su solidaridad! Su primera y más importante tarea es aislar internacionalmente el régimen Ortega-Murillo. Nos hemos comprometido con la lucha de resistencia cívica y pacífica, pero necesitamos su apoyo para eso. Sin la solidaridad internacional, tenemos pocas posibilidades de luchar contra este sistema de terror y violencia. Solo habrá elecciones democráticas si Ortega se ve sometido a una presión externa tan alta que lo obligue a hacer concesiones democráticas. Es esencial congelar de inmediato y al máximo posible toda cooperación con el régimen hasta que la libertad y la democracia hayan sido restauradas en Nicaragua. Cualquier proyecto social que se lleve a cabo en cooperación con una institución estatal, independientemente del nivel, es principalmente un apoyo político para la dictadura. ¡Detengan estos proyectos que supuestamente son de nuestro interés! Desde el simple taxista hasta los máximos representantes de la oposición, escuché este mensaje explícito: ¡Aíslen la dictadura! Estamos listos para luchar pacíficamente y sufrir por el derrocamiento del régimen Ortega-Murillo. ¡Pero no queremos cualquier conexión a la red de agua potable o de electricidad, que tenemos que pagar con nuestra libertad y con nuestra sangre!

14 de marzo de 2020

En los dos últimos días antes de mi viaje,el coronavirus alcanzó mundialmente ha tenido la tasa más alta de infecciones y fallecimientos por día. Si bien el número de infecciones y muertes en China disminuyó durante algunas semanas, a partir del 24 de febrero los casos fuera de China han superado el número de casos interiores. Desde el 26 de febrero, el número de víctimas contagiados y fatales ha aumentado considerablemente en todo el mundo. Italia fue puesta en cuarentena total por el gobierno. Estados Unidos ha cerrado el ingreso al país no solo para pasajeros aéreos de China e Irán, sino también de la UE. Si hubiera reservado una ruta de vuelo a través de los EE UU, como suele ser el caso, mi viaje aquí habría terminado. El 11 de marzo, la OMS declaró como pandemia la epidemia del coronavirus.

A pesar de los consejos bien intencionados de amigos y familiares, decidí mantener mi plan de viajar a Nicaragua. Lo había preparado desde hacía mucho tiempo. Quería reanudar la comunicación personal con mis amigos en Nicaragua. Había publicado varios artículos sobre Nicaragua y durante casi dos años sólo podía recurrir a fuentes personales a través de Internet o de segunda mano. Para mí era importante obtener una visión actualizada a través de mi propia experiencia. Ello era particularmente importante para mí, porque en estos momentosdentro del movimiento de solidaridad existen diferentes interpretaciones de la situación actual de Nicaragua y también diferentes posiciones sobre la cuestión de cómo debemos orientar nuestro trabajo de solidaridad bajo estas condiciones.

En el avión a Panamá hubo muchos asientos libres. Pude compartir una fila de cuatro asientos con otro pasajero que también quería ir a Nicaragua.

En el aeropuerto de Panamá, un grupo de personas vestidas con equipos de protección, revisaron, interrogaron y sometieron todos los pasajeros del avión a la medición de temperatura. Este aeropuerto parecía estar tan frecuentado como siempre. Solo una pequeña minoría llevaba máscaras protectoras.

Salvo un retraso de tres horas, tomé tranquilamente el vuelo a Managua. La gran pregunta era si podría ingresar a Nicaragua sin problemas. Es de conocimiento común que los agentes orteguistas roban los celulares, notebooks, tabletas o cámaras para identificar las redes de comunicación de la gente no solamente a ciudadanos nicaragüenses, sino también a las y los de extranjeros. Por eso había dejado en casa todos mis dispositivos electrónicos, mis contactos, mis correos electrónicos y mi WhatsApp; todo lo que tanto facilita la comunicación en el mundo. No quería ponerme en peligro a mímismo ni a mis contactos en Nicaragua. Pero en la aduana todo transcurrió con la mayor rutina y tranquilidad. Solo tuve que proporcionar una persona de contacto y su número de teléfono dentro del país, aunque esto no se exigía en el formulario de entrada. Así regresé a Managua casi dos años después de haber salido de Nicaragua el 15 de abril, justo tres días antes de la explosión social de 2018. Las calles estaban inusualmente vacías para un viernes por la noche. Recibí mi nuevo móvil prepago de Movistar. Y luego, después de un viaje de 24 horas, caí en mi cama habitual en la casa de amigos donde he estado tantas veces durante los últimos 35 años.

15 de marzo

El domingo descansé del viaje y comencé a construir mi infraestructura para la estancia en Nicaragua: desempacar mi ropa, poner el mosquitero encima de mi cama, instalar el celular Movistar (luego insertar el chip en el smartphone que traje conmigo), informar a mi compañera que había llegado bien, comprar fruta, comunicarme con mis primeros contactos, organizar las primeras reuniones, tener un churrasco súper sabroso y tierno en el restaurante Don Parrillón... y luego luchar contra el cansancio para no acostarme demasiado temprano y luego despertar demasiado temprano.

Ya se había convertido en una costumbre viajar a Nicaragua una vez al año, generalmente justo antes de Pascua, para reunirme con amigos y conocer la situación política y social allí. Debido a la política represiva del régimen de Ortega y las condiciones inciertas asociadas, tuve que prescindir del viaje el año pasado. Desafortunadamente, ya no se me permitió ver a Moniquita, mi mejor amiga desde hace mucho tiempo en Nicaragua. Antes de morir hace unas semanas, tuvo que ser ventilada a mano durante 24 horas porque no había ventilador disponible. Cuando la trasladaron al hospital militar, el mejor equipado, lo cual solo fue posible porque se había depositado una tarjeta de crédito como seguridad, el ventilador ya no podía hacer nada

16 de marzo

Me desperté a las 5:00 de la mañana, justo el momento adecuado para hacer un recorrido a pie. Estuve caminando de las 5:30 a.m. hasta las 7:30 a.m., tal vez no tan dinámico como en los años anteriores, pero aún así podría haber hecho 6 o 7 kilómetros.

Al regresar me enteré que la aerolínea había cancelado mi vuelo de regreso. Por lo tanto, mi estadía en Nicaragua podría extenderse... en ese momento nada estaba claro. Pero tenía un buen lugar para hospedarme, en un ambiente agradable y de confianza.

Por la noche visité a Alejandra y Víctor, sin darnos abrazos ni besos, pero emocional y políticamente aún más cordialmente. Durante la revolución sandinista, pertenecían al FSLN. Alejandra es feminista y fue una promotora del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) en Nicaragua. Víctor es actualmente un miembro destacado de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. Ambos me advirtieron explícitamente que no me reuniera con los líderes del orteguismo local en León. Según ellos, a partir del abril de 2018 León se ha convertido en el centro de la represión en Nicaragua. Desde el jefe de policía local hasta los paramilitares y varios partidarios fanáticos del comandante, algunos de los peores torturadores y asesinos del régimen se han concentrado en León. El exalcalde Tránsito Téllez, que transmite mensajes de caridad cristiana a través del Radio Venceremos, también pertenece a este grupo. Es un secreto a voces que Manuel Calderón, quien se había ganado el título de comandante garrote por razón de su agresión violenta contra participantes de una manifestación del partido opositor MRS antes de las elecciones locales de 2008, fue el jefe de los paramilitares y otros involucrados en la represión masiva de 2018. Después de haber sido nombrado ilegalmente alcalde de León por el Consejo Supremo Electoral y después haber sido destituido por Murillo inconstitucionalmente, hoy en día es el hombre fuerte en León que gobierna la ciudad desde la casa del partido del FSLN. En Hamburgo, las autoridades alemanas negaron recientemente la solicitud de asilo de un joven que, en 2018, apenas logró salir vivo de esta casa, donde le habían torturado severamente.

El núcleo duro del orteguismo local ha cruzado la línea roja con sus redadas y asesinatos en León. A través de estos crímenes, que por cierto no se investigan oficialmente, sus perpetradores están casi inextricablemente vinculados a Ortega y su sistema y son la imagen visible del actual FSLN. Por lo tanto, no tendrán miedo de cometer más crímenes sangrientos si recibieran las órdenes correspondientes de Ortega o Murillo.

Alejandra y Víctor me hablaron de la reciente formación de la Coalición Nacional y explicaron que es una plataforma bien amplia y que por eso es lo más natural que dentro de este organismo existan diferencias y disputas. Pero no será posible derrocar a la dictadura sin un frente común de todas las fuerzas políticas opositoras. Con respecto a la participación del PLC (cuyo ex presidente Arnoldo Alemán, a través de su pacto con Ortega, hizo posible que Ortega volviera al poder en 2007) señalaron que este partido todavía es un factor político importante en el país porque tiene una base históricamente bien anclada, especialmente en las zonas rurales. El antiguo grupo de liderazgo en torno a Alemán está bajo una enorme presión política por parte de la base del partido, que está reivindicando una ruptura definitiva con Ortega y una integración en la amplia Coalición para juntar las fuerzas para derrocarlo.

El 15 de marzo de 2020 una masiva presencia de fuerzas policiales impidió que la Coalición Nacional hiciera una reunión para constituirse en la ciudad de León.

17 de marzo

Decidí posponer mis reuniones con todas las personas mayores hasta la próxima semana. La probabilidad de que esté infectado por el coronavirus es extremadamente baja. También puedo cumplir fácilmente con las medidas actualmente requeridas, como lavarme las manos regularmente y mantener cierta distancia con las personas. Pero aun así habría sido un error imperdonable exponer a personas importantes de la resistencia política, algunas de ellas con más de 80 o incluso 90 años de edad, al menor riesgo de infección por el virus actualmente desenfrenado.

Así, tuve mucho tiempo para hablar con la residente alemana Johanna, quien vive y trabaja en Nicaragua desde hace más de 20 años. Confirma, como lo he escuchado en muchas ocasiones, que, a esta altura, Daniel Ortega es rechazado por la gran mayoría de la población. Pero, por otro lado, también existe una profunda desconfianza generalizada hacia todas las instituciones, especialmente las estructuras estatales, partidarias, pero también hacia las opositoras. La gente quiere el fin de la dictadura, pero eso no significa que automáticamente estuvieran convencidos de la oposición. Desea una transición cívica y a través de elecciones. Sin embargo, también hay quienes tienen la impresión generalizada de que, de una forma u otra, se falsificaran los resultados de las elecciones, por lo que les parece mejor no participar en ellas y privarles de legitimidad a través de una baja tasa de participación. No será fácil encontrar un denominador común aquí.

Sin embargo, si la oposición no logra desarrollar un proyecto conjunto, Ortega tendrá una partida fácil para mantenerse en el poder. Él es un maestro del engaño político, de promesas públicas y pactos secretos, del método de palo y la zanahoria, de la mentira y el cinismo. Nadie domina el principio de divide et impera mejor que él.

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Nota de Democracia Participativa: Viento Sur es una publicación bimestral de análisis político-social  y orientación marxista editada en España desde 1991.