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23/02/2020
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Desafíos Nacionales e Internacionales después de las elecciones parlamentarias en Venezuela

Celebraciones han ocurrido en toda Venezuela después de que la oposición haya rotundamente derrotado al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por Hugo Chávez y ahora dirigido por Nicolás Maduro.

La victoria fue total ya que la oposición ganó 112 asientos del parlamento venezolano, mientras que el partido de gobierno retuvo 55 asientos. Es la primera vez desde el año 2000 que el PSUV no está en el poder.

Mientras que hay muchas razones para celebrar esta victoria sin precedentes, esto es sólo el comienzo de un proceso de liberación que deberá confrontar una fiera resistencia por parte del gobierno.

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), una organización regional que ha apoyado al gobierno chavista en Venezuela, felicitó a el presidente Maduro por haber reconocido rápidamente su derrota. Pero la realidad es diferente.

Fue el Ministro de Defensa de Venezuela, General Vladimir Padrino López, quien se resistió a los intentos por Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, de recurrir al fraude y negarse a reconocer los resultados electorales.

El General Padrino López, un partidario del régimen quién ha creído firmemente en el papel del ejército en el fortalecimiento de la Revolución Bolivariana, se negó a cooperar con Maduro y Cabello por temor a desatar una sangrienta violencia.

En otras palabras, los militares, a quien el gobierno chavista ha cultivado desde hace más de una década, retiraron el apoyo incondicional que habían otorgado al gobierno por muchos años. Por otra parte, las encuestas entre los militares mostraron una tendencia similar a la mostrada por los civiles que hubo un fuerte apoyo a la oposición.

La idea de cometer fraude fue planteada en una reunión donde participaron los líderes políticos principales (incluyendo Maduro y Cabello), la cúpula militar superior, el aparato de inteligencia y seguridad, y un representante del gobierno cubano. Cuba ha sido el arquitecto del aparato represivo de Venezuela.

Pocos días después de las elecciones, Maduro anunció un cambio en su gabinete con el fin de llevar a cabo un "reestructuración". Sin embargo, esto es más probable una treta para expulsar al Ministro de Defensa.

El gobierno ya declaro su compromiso a continuar la revolución. El gobierno autoritario de Maduro, que aún controla el poder ejecutivo, está tratando de ampliar su poder en las pocas semanas que quedan antes de que tengan que entregar a la Asamblea Nacional a la oposición. De este modo ya ha procedido a nombrar a 12 jueces a la Corte Suprema con una identidad claramente chavista. Además, se decidió trasladar la estación de radio y televisión oficial de la Asamblea Nacional a los trabajadores (en su mayoría Chavistas) con el fin de evitar que la nueva Asamblea Nacional despida a estos empleados o utilice estos medios para propagar ideas no oficialistas. El gobierno también expresó oposición a la intención de la nueva asamblea de dar amnistía a los presos políticos.

La etapa post electoral encontrará un gobierno más agresivo, intolerante y represor. Por eso es fundamental que la oposición permanezca unida porque la resistencia no termino con esta victoria electoral. Si los partidos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) se dividen por temas económicos o sociales en este momento socavarían lo logrado y la sociedad civil se perjudicaría.

El ya mencionado desgaste en el apoyo del ejército al gobierno es importante pero no hay que tomarlo por sobreentendido. La oposición debe establecer una relación tal con el ejército para que este no apoye el juego engañoso del gobierno. Pero hay que tener mucho cuidado de no tentarse a apoyar un golpe de estado. Un golpe militar puede llevar a una represión de escalas pinochetistas con efectos más polarizadores aún.

En cuanto a la coyuntura internacional, el Secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contrariamente a su antecesor, José Miguel Insulza, destacó la importancia de respetar el proceso democrático y la obligación del gobierno de Venezuela para garantizar todas las libertades necesarias a la sociedad. Almagro también denunció la represión de la oposición y el encarcelamiento de los opositores políticos. El Gobierno de Chile, por orden de la Corte Suprema de ese país ya ha solicitado a la OEA que se permita visitar a los presos políticos en Venezuela.

De la misma manera, el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner, un firme partidario del régimen venezolano, pese a su agresiva postura, ya ha dejado el poder. El Gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil, otro partidario de Venezuela, se encuentra bajo investigación y al borde del juicio político por corrupción.

Pese a estos factores es crucial que la oposición continúe presentando su caso en
la región y haga conciencia de la naturaleza opresiva del gobierno del PSUV.

El gobierno estadounidense ahora debe vigilar la situación en Venezuela y adherirse a una estricta política de derechos humanos.

En Estados Unidos debemos aclarar que ni la normalización con Venezuela ni el acomodarse a Maduro deben ser una opción. Se debe urgir a la Administración Obama a fortalecer relaciones con los nuevos líderes de la Asamblea Nacional, dándoles el reconocimiento que merecen, ya que representan la verdadera voluntad de la mayoría. Del mismo modo, la Administración debe abordar seriamente con los nuevos líderes legislativos otras cuestiones importantes, tales como las conexiones del Gobierno con el narcotráfico y el terrorismo.

Por la misma razón, la Administración Obama debe aprovechar el nuevo cambio en la OEA y fomentar activamente una agenda de derechos humanos y la aplicación de la carta democrática de la organización.

Finalmente, el gobierno Norteamericano también debe ser llamado a reforzar las relaciones con los gobiernos de Argentina, Colombia, México, Paraguay, Uruguay y Chile para apoyar un cambio en todos los aspectos mencionados anteriormente.

* Luis Fleischman es alto asesor asesor y Nancy Menges es la presidente del Proyecto Menges de Seguridad Hemisférica del Center for Security Policy en Washington DC.