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09/12/2022
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La meta no es dividir. Es sumar y unir para triunfar

Lo aconsejable y conveniente para el país sería reflexionar y dar paso a la experiencia en un consenso unitario.

Es lamentable tener que admitir que, luego de 23 años de permanentes luchas, penurias y grandes sacrificios, no se haya logrado evitar, ni corregir -y mucho menos solucionar- el indetenible deterioro y la destrucción, en todos los sentidos, de un país próspero y que otrora fuera un ejemplo de Democracia en constante desarrollo.

Contrariamente a esa vieja consigna política de que «Todo pueblo tiene el gobierno que se merece», en Venezuela se evidenció que semejante indicación no es cierta, y de ahí la especie común alusiva que rechaza la popular frase política. ¿Y por qué no? Por el devenir político venezolano y su desenvolvimiento, que indica que la democracia que se logró construir durante 40 años entre 1950 y 1990), no la destruyeron los ciudadanos. Es decir, no fue el mal llamado pueblo, y que en Venezuela es sinónimo de pobreza. Lo que sí es cierto, es que la ciudadanía venezolana no se merece el gobierno obligado que tiene actualmente.

Lo que es innegable e inocultable, es que a Venezuela la destruyeron -y son culpables de su actual situación- los mismos políticos, empresarios y medios de comunicación social citados en distintas ocasiones. Los primeros, por convertir a los partidos políticos en franquicias de negocios, y anteponer el interés personal al nacional. De hecho, defenestraron -por su mismo partido político- absurda e injustamente al Presidente Carlos Andrés Pérez, y condenaron al país a un caos, como a su desestabilización política y económica.

De igual manera, los Empresarios, por pensar en el lucro sin conciencia social, y los Medios de Comunicación -también de ciertos empresarios- que usaron concesiones y el poder de comunicación masiva, para destruir la credibilidad en las instituciones. Sobre todo la de los líderes políticos y de sus partidos. además de influenciar los ciudadanos, mientras se insistía en no creer en la representación de la gobernabilidad institucional, y no se admitía que se estaba promoviendo la pérdida de la fe en las instituciones, como en los partidos políticos y en el propio sistema de gobierno.

Oportuno recordar, como funesto ejemplo de destrucción institucional de parte de los medios, además del uso permanente de amarillismo pernicioso en las noticias difundidas, de aquellos casos en los que se inducía a la transmisión de mensajes y de señalamientos dirigidos a promover el rechazo popular. De hecho, bastaría con citar formatos comunicacionales dirigidos a promover rechazos populares en todo lo referente a partidos políticos, formas de Gobierno, instituciones o personalidades políticas.

Hechos de ese tipo pasaron a convertirse en una entrega del país, con las puertas de par en par, para que emergiera el formato dictatorial que terminaría por darle entrada, y con alfombra roja, a una dictadura que el mundo identifica como SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. Es decir, del mal endémico que aqueja hasta el día de hoy a millones de venezolanos, dentro y fuera de su país. Lo lamentable y acusador es que «no hay peor ciego que el que no quiere ver».

La mayoría de los actuales líderes de la oposición, lejos de actuar armoniosamente, hacen privar sus intereses personales por sobre los del colectivo, a la vez que se empeñan, testarudamente, en cometer los mismos errores del pasado, entendido en un gran desprestigio, impopularidad, falta de credibilidad e impericia, además de que muchos sobresalen salpicados por dudas y presunta corrupción. Adicionalmente, por su ego, falta de experiencia y celos, no resguardan actitudes y comportamientos que hagan denotar rechazos generacionales para con sus mayores, mientras desoyen opiniones ajenas, consejos y experiencias, mientras se les descalifica irrespetuosamente, llamándoseles de manera despectiva «Dinosaurios», como «reaccionarios».

Actualmente, el «Cogollo» de 4 partidos principales y de un denominado «chiripero», y que los ubican agrupados en la llamada PLATAFORMA UNITARIA, están proponiendo unas elecciones primarias. Se trata de un evento que, a juicio de quienes lo analizan, podría ser muy útil y apropiado recurso para animar y unir a la oposición. Sin embargo, «curiosamente», pretenden ser ellos. En cuanto al «Cogollo», vale decir, los que nombran e imponen el reglamento para los posibles supervisores o controladores del evento con miras a escoger un candidato hacia las próximas y constitucionales elecciones Presidenciales, quedarían fuera de ese grupo, al igual que otras organizaciones. Asimismo, de partidos que participarán en las Presidenciales, y que son denominados «Alacranes», además de otros disidentes supuestamente opositores, algunos independientes, como del candidato UNICO del Socialismo del Siglo XXI.

Desde luego, de concurrir así a ese proceso electoral, con una oposición totalmente dividida, candidatos impopulares, sin recursos y con los mismo CNE, TSJ Y ASAMBLEA, es difícil creer en la posibilidad de triunfo para algún opositor al régimen. Lo aconsejable y conveniente para el país sería reflexionar y dar paso a la experiencia en un consenso unitario, además de elegir un candidato sin dependencia o compromiso partidista y que reúna las cualidades indispensables, como son: Experiencia, profesionalismo, honestidad, reconocimiento nacional e internacional, y un demostrado y profundo amor por Venezuela.

Sin intenciones de promover favoritismos de ninguna naturaleza, priva la sugerencia que se ha dejado conocer de sugerir algunos nombres, de entre las tantas personas con las que, seguramente, puede contar Venezuela para su rescate y recuperación. Se trata de HUMBERTO CALDERÓN BERTI, OSWALDO ALVAREZ PAZ, CÉSAR PÉREZ VIVAS, ANDRÉS VELÁZQUEZ, ASDRUBAL AGUIAR, JOSÉ TORO HARDY, EDUARDO FERNÁNDEZ Y ALGUNOS OTROS. A ellos, se les identifica como dirigentes venezolanos que conforman la gran reserva de talentos y de prestigio nacional e internacional.

Por lo pronto, llegó la hora de reflexionar, tanto para los venezolanos del Socialismo Siglo XXI, como para esa gran mayoría denominada Oposición. Hay que hacerlo responsablemente. De olvidar rencores, respetar el disentimiento, descartar las venganzas, y de generar una verdadera unidad en un solo concepto. Hay que luchar juntos para recuperar al país.

A los venezolanos, la historia les está brindando una oportunidad de ORO, sobre todo porque les permitiría una rápida recuperación para bien de todos. El mayor problema mundial actual es energético, y el binomio petróleo-gas, sin duda alguna, conforma la solución. Para Venezuela, ambos recursos constituyen una especie de gran tesoro, tanto en materia de abundancia, como de condiciones. Y si el país puede disponer de dicha ventaja, sin duda alguna, a la Nación le permitiría navegar a gran velocidad, rumbo al progreso, el éxito, y teniendo a la paz como meta final.