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29/01/2022
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Freddy Guevara, un rehén de Maduro

Llama la atención que el encarcelamiento del joven dirigente de Voluntad Popular haya sucedido justamente cuando el régimen chavista se apresta a iniciar un diálogo con la oposición que viabilice la participación de esta en los ulteriores procesos electorales.

Una noticia de este miércoles nos informa del delicado estado de salud del líder opositor venezolano Freddy Guevara, que durante un mes ha permanecido privado de libertad en el tenebroso Helicoide de Caracas. La gravedad del eminente político se derivaría de la arritmia cardiaca que padece, para cuyo adecuado tratamiento no existen condiciones mínimas en el citado centro represivo.

Su detención tuvo lugar el 12 de julio en una autopista de la capital venezolana. Se trató de un operativo no exento de ciertas reminiscencias de las películas hollywoodenses. De inmediato, los fiscales de la dictadura anunciaron que contra el político, que fuera diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional legítima electa en 2015, pesan los delitos de “terrorismo, atentado contra el orden constitucional, concierto para delinquir y traición a la Patria”.

Tuve el honor de conocer personalmente a Guevara en la hermosa Praga, años atrás, cuando aún el régimen de La Habana no había decretado mi “regulación” (que es como se conoce, en la neolengua castrista, la arbitraria prohibición de viajar al extranjero). Durante aquella visita fui presentado también a doña Lilian Tintori y al líder estudiantil Juan Requesens.

Pero con los dos últimos no tuve tanto trato. Algo distinto a lo que sucedió con Freddy, con quien sí departí en más de unaFreddy GuevaraFreddy Guevara ocasión en reuniones o mientras degustábamos algunas jarras de la óptima cerveza checa. A pesar de la notable diferencia de edad entre él y yo (o, ¿quién sabe!, quizás debido precisamente a ella) surgió entre ambos una fuerte simpatía (supongo que eso es algo que quepa esperar cuando se trata de vínculos entre demócratas enfrentados al comunismo en sus respectivos países).

Es por esta razón que, desde que conocí del arbitrario arresto que sufrió y las graves acusaciones ideadas por sus captores, consideré como una deuda pendiente escribir sobre el injusto encarcelamiento de ese amigo. Si no lo hice desde un inicio fue por el Gran Alzamiento Nacional Anticomunista que tuvo lugar en Cuba el 11 de julio (¿Será una simple coincidencia que la detención de Guevara sucediera al día siguiente?).

En cualquier caso, la epopeya del día 11, con toda la razón del mundo, concentró la atención de los analistas de la situación cubana, incluyendo al que esto escribe. El acontecimiento, cuya importancia —creo— rebasa en mucho los estrechos límites de nuestra Isla, seguirá concitando por mucho tiempo el justo interés de la opinión pública nacional y mundial. Pero en los días inmediatos a los sucesos era natural que otros temas pasaran inadvertidos.

Llama la atención que el encarcelamiento del joven dirigente de Voluntad Popular haya sucedido justamente cuando el régimen chavista se apresta a iniciar un diálogo con la oposición que viabilice la participación de esta en los ulteriores procesos electorales, comenzando por las elecciones regionales señaladas para el venidero 21 de noviembre.

¡O sabe Dios si la desaparición de Guevara en esa coyuntura obedece precisamente a la inminencia de ese proceso comicial! No debemos olvidar que el nacido en Puerto La Cruz hace 35 años fue, al inicio de su carrera política, el candidato a concejal más joven y más votado de la historia del país. También en la elección de la Asamblea Nacional legítima en 2015 fue quien obtuvo el mayor número de sufragios.

Supongo que no sería aventurado afirmar que mi joven amigo estaba destinado a ocupar la Presidencia de la Asamblea Nacional y, con ella, la de la República, cargo que “le tocaba” a su partido, y que en definitiva recayó en su correligionario Juan Guaidó. No se olvide que, ante la prisión del líder partidista Leopoldo López, correspondió al primero (no al segundo) ocupar el cargo de Coordinador Nacional Encargado de Voluntad Popular. También fue él (y no Guaidó) quien ocupó el cargo de Vicepresidente Primero de la Asamblea Nacional.

Pero debo reconocer que lo planteado al inicio del párrafo precedente es una mera especulación. Ya se sabe que la historia es una vieja muy caprichosa. El hecho cierto es que, ante la arbitraria “inhabilitación” de su inmunidad parlamentaria en 2017 (decretada por jueces corruptos que servían a la dictadura), Guevara optó por acogerse a la protección de la Embajada de Chile. Allí permaneció tres años, período en el que no pudo desempeñar cargo público alguno.

En cualquier caso, ahora Maduro y sus seguidores tratan de vincularlo a la batalla campal que, hace unas semanas, se libró entre las fuerzas del régimen y elementos delincuenciales en la llamada “Cota 905” de Caracas. Una típica patraña comunista. Esperemos que, en las negociaciones gobierno-oposición que en breve deberán iniciarse en Ciudad México, se acuerde la excarcelación de Guevara y otros presos de conciencia.