Logo

Poco pan y mucho circo

View Comments

Queridos amigos y relacionados: Después del largo asueto de Navidad y Año Nuevo no exentas de circunstancias personales y familiares difíciles, vuelvo a la carga este mes de febrero como diríamos, con las baterías cargadas para encarar nuevas situaciones, solo que esta vez ampliare mis modestas opiniones para acercarme a lo que sucede dentro de Cuba y como de costumbre abordar la problemática venezolana en el denominador común que sujeta a nuestros pueblos hacia un destino incierto.

La nueva expresión contestataria de dimensiones y alcances ignorados ha llamado la atención en el ámbito de la secular confrontación entre el sistema régimen y gobierno que como siempre usando sus armas, su poder y su terror inoculado a casi  toda la  infeliz sociedad cubana trata de descubrir un objetivo casi invisible y que se hacen llamar “Clandestinos” sin autores reconocidos y con métodos novedosos para todo el pueblo cubano confrontar en las calles a este ignominioso régimen de más de 61 años impuesto a la fuerza que ahora parece eternizarse en el poder con una nueva constitución redactada a su medida y con nuevas figuras en la mandancia del gobierno, tratando de ofrecer una imagen de apertura que en realidad es una apretura más a las condiciones de vida y de trabajo de nuestros escarnecidos compatriotas.

Por otra parte, la Venezuela saudita quedó en el pasado. Los recuerdos de la IV República afloran como salvación mental de que algún día volveremos hacer lo que fuimos. Los venezolanos exiliados, opositores, los ni, ni y los chavistas atraviesan esa laguna de azufre y lamentos que los cubanos del exilio advertimos cuando vimos asomar la amenaza del fantasma verde olivo.

Caracas está, por palabras de Nicolás Maduro, como la Berlín de finales de la Segunda Guerra Mundial: las calles destrozadas, sin semáforos y en medio de una batalla campal por la sobrevivencia de unos contra otros. Ya la cacareada guerra económica se convirtió en la encarnizada cotidianeidad de llevar los alimentos a la casa, de poder llegar al trabajo, a la escuela, la universidad. El tiempo en Venezuela dejó de ser importante porque nadie puede llegar a la hora, aquí un inglés moriría de un infarto cerebral.

A pesar del dantesco panorama Nicolás Maduro está hablando de carnavales y la avenida de Los Próceres será el paseo de carrozas y comparsas.  Nada, que si algo aprendieron de los castristas es esa máxima que no falla de "poco pan y mucho circo" en medio de un sometimiento asfixiante de las mayorías de venezolanos que hoy dependen de un bono que se activa a través del Carnet de la Patria. Una plataforma excluyente y perversa que intenta someter a la gente a la simulación y la doble moral rémora del socialismo real soviético y cubano.

Un amigo iluminado expresó sobre la situación que vivimos una resumida idea que retrata el desprecio que siente la clase política venezolana por este pueblo cuando a la vista de todos la oposición se divide entregando la única divisa que los demócratas tienen frente al autoritarismo y la perversión de unos matones a sueldos que algunos llaman dictadura.

Los venezolanos han perdido la fe en la  lucha por tanta traición. No hay un planteamiento claro que despeje esa incógnita de futuro y los dimes diretes en las redes actúan como balas incendiarias en contra de la unidad de acción no la ideológica. La gente tiene la sensación de la rapiña entre unos pocos que dejan sin opciones a los simples ciudadanos sobrevivientes del “no hay”, “venga mañana” y “haga su cola”.

El circo político tiene que terminar y la rectificación del rumbo debe ser integral para salvar a la familia venezolana y a nuestra Patria toda. Los venezolanos solos podemos hacer que nuestro futuro sea próspero, recursos tenemos, la gente está dispuesta, solamente desde la unidad de acción tendremos éxito. Antes de ir a pedir ayuda extranjera que nos libere del opresor debemos preguntarnos, dónde están los sindicatos, los partidos políticos, la sociedad civil. No necesitamos invasores, ni guerras, ni agresiones, ni más engaños. Si algo hoy debemos abandonar es la dependencia de extranjera que nos quieren hacer creer tirios y troyanos.

Nuestra única divisa es la unidad sin ella estamos perdidos y esa es una responsabilidad personal y colectiva.

© Democracia Participativa / Participatory Democracy