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20/01/2020
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Prohibido leer a maduristas que nos hablan de “millonas y títulas” ¿Cómo se dice presidente o presidenta?

En los últimos días, hemos recibido vía redes sociales un par de videos¹ sobre los cuales nos consultan el uso del término adecuado o inadecuado de la palabra “presidenta”. Así tenemos que el primero es un espacio político donde Cristina Kirchner emplaza a un parlamentario para que la llame con el mencionado sustantivo² (participio “activo” para algunos), y en la segunda de las grabaciones aparece una joven en un ambiente académico explicando con un texto escrito las razones del porque tal palabra seria “incorrecta”³.

 

En ambos casos, voy a dejar claro que mi posición será estrictamente lingüista y apegada con normas que deben ser analizadas por otros(as) estudiosos(as) de la lengua, en virtud de que al parecer los confines ideológicos, en algunas ocasiones terminan desviando hasta el aprendizaje del idioma – oral y escrito – el cual, en especial por el charco político que nos ha acompañado en los últimos años, sobre todo en el contexto latinoamericano, al parecer sólo nos ha dejado enormes lagunas en el plano de la (de)construcción del pensar, sino del cómo la educación en todos los niveles de primaria, bachillerato y universitaria evidencian muchas deficiencias, fundamentalmente con las reglas y normas básicas del latín, y generales del castellano o español.

 

En tal sentido, también voy a aprovechar la explicación de este tema para aclarar algunas normas básicas que al parecer no son expuestas con detalle en las aulas de clases, o bien, porque los docentes especialistas las ignoran u omiten, o porque el mensaje o conocimiento no es lo suficientemente transmitido en los términos pedagógicos que aproximen una comprensión del habla que vaya acorde con las mínimas normas que deberían tenerse con respecto en nuestra lengua materna, y concretamente en el estudiantado y futuros profesionales en diversas áreas del conocimiento.

 

De hecho, toda palabra gira sobre tres vertientes para que todo el poder de la comunicación de cualquier emisor se convierta a su vez en un elemento de reciprocidad pensativa en relación con su(s) receptor(es), siendo tales variables, la morfología, la semántica y la sintaxis. La morfología está centrada en el origen y la construcción de los morfemas o lexemas. La semántica está asociada con el significado de las palabras, a partir de la morfología. Y la sintaxis una vez asociada tanto la semántica como la morfología representa la ubicación de las palabras en cada oración o el discurso, con una preponderancia en su intencionalidad.

 

En cualquier objeción a la forma de pronunciación o escritura de las palabras, quienes realicen la crítica pertinente deben tener muy clara la identificación de los sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios. Entendiendo que los sustantivos son las palabras que describen o mencionan al sujeto en una oración, los verbos son aquellas construcciones que en sus diferentes tiempos ejecutan la acción, los adjetivos vienen a dar las cualidades al sustantivo, y los adverbios son todas esas palabras que modifican al sustantivo, al verbo, al adjetivo y al propio adverbio. Si existen dudas con éstas estructuras en el contexto de la oración, será más complejo determinar las raíces de las palabras, así como sus modificaciones por prefijos, sufijos o formas derivativas en cualquiera de las palabras mencionadas.

 

Por ello, una de las primeras equivocaciones en las cuales incurren los críticos del habla está en relación con determinar cuándo un sujeto debe ir o no en la oración para justificar o no la inclusión de éstas en distintos espacios de la comunicación, sea ésta oral y escrita. Así por ejemplo, escuchamos o leemos oraciones: “En la Organización de Naciones Unidas (ONU) habrán muchos presidentes”. O en su defecto: “Muchos presidentes habrán en la ONU”. Otros ejemplos serían, una vez terminada esa asamblea: “En la ONU habían pocas embajadoras”. O también decir: “Pocos embajadores hubieron en la ONU”. O si lo escribimos en forma condicional: “En esta asamblea de la ONU habrían muy pocos asistentes”. O en ese contexto escuchar a algún “presidente” o alguna “presidenta” decir: “Habemos pocos(as) presidentes(as)”, o, “habíamos suficientes presidentes(as)”.

 

En tales construcciones es cuando se comienza con los errores del habla, sobre los cuales no me gusta definirlos como “incorrectos” sino inadecuados, porque en definitiva el mensaje se trasmite, y lo más grave, queda comprendido en la mayoría a pesar del enorme barbarismo que se construye en las mencionadas oraciones. En tales contextos, dejando claro que las palabras: muchos, pocos, muy y suficientes, son adverbios de cantidad indeterminados porque no especifican el número preciso de los asistentes o participantes, tales construcciones derivan de la función que se intentan darle al verbo haber en ese plano discursivo.

 

Lo que ignoran quienes las pronuncian o escriben es que este verbo por ser impersonal carece de sujeto, razón por la cual, nunca se debe pluralizar el verbo haber. O sea, que las construcciones adecuadas serían:   En la Organización de Naciones Unidas (ONU) habrá muchos presidentes”. “Muchos presidentes habrá en la ONU”. “En la ONU había pocas embajadoras”. “Pocos embajadores hubo – o había - en la ONU”. “En esta asamblea de la ONU habría muy pocos asistentes”. “Hay pocos(as) presidentes(as)”. “Había suficientes presidentes(as)”.

 

Hay que dejar claro que la única manera en que puede pluralizarse el verbo haber, es cuando cumple funciones de auxiliar, es decir, acompañado del participio pasado de otro verbo, los cuales tienen las terminaciones: ado, edo, ido en la mayoría de los casos, para verbos regulares, u otras propias que son aprendidas por el interés de su estudio y lecturas que tenga el receptor, y con ello evitar barbarismos que hemos escuchado decir a “periodistas” e invitados hasta en canales de televisión privados o del “Estado”, como “escribido” por escrito, “descubrido” por descubierto, “rompido” por roto. O también valorar que existen casos que aceptan las dos acepciones como frito y freído, u otro de tiempos tecnológicos como impreso o imprimido. El haber también puede pluralizarse seguido por la preposición “de” y el verbo en su forma infinitiva. En ambas construcciones descritas se permite la pluralización del verbo haber porque es el segundo verbo que permite la cualidad personal al sujeto.

 

Ante lo anterior debemos decir: Los presidentes habían debatido los temas de la reunión. Esos presidentes habían de debatir las agendas. Los presidentes habrían suspendido la asamblea. Esos presidentes habrían de suspender la asambleaLos presidentes habrán consolidado sus planteamientos. Esos presidentes habrán de consolidar sus planteamientos.

 

Igualmente tales conjugaciones se aplican con el propio participio del verbo haber que en este caso es habido, pero debe evitarse su pluralización en la tercera persona del singular. O sea, es común y muy frecuente escuchar éstas construcciones: “Problemas han habido, espero que no hayan más dificultades”. En esta oración debe pronunciarse y escribirse: Problemas ha habido, espero que no haya más dificultades”. Hay que reiterar que la palabra habemos (si se acepta habremos porque se refiere a nosotros) no existe en ninguna cualidad, y no debe ser confundida con la locución en latín “habemus” que se aplica para designar cuando se elige a un nuevo pontífice en el plano de la jerarquía católica. Tal palabra no tiene mínima relación con el “habemos” que delata en su emisor una ausencia de conocimiento del tema, imputable a los docentes y nuestros sistemas educativos donde el aprendizaje de la lengua ha quedado en segundo plano, por no decir, desaparecida del currículo.

 

Otro caso en particular que vemos se critica mucho está relacionado con el uso de las metonimias y frases pleonásticas. En el caso de las metonimias son construcciones que se usan muy a menudo, y sin que los emisores noten su fuerza y poder de comunicación, pero sí muy criticadas por aquellos(as) que incluso siendo “influencers” – valga el anglicismo, por razones de vocabulario tecnológico – se atreven a expresar punto de vista en redes sin tener los argumentos necesarios para generar un debate sobre un tema tan amplio como el relacionado con la lengua.

 

En este caso, vemos como se critican construcciones al decir que la frase: un vaso de aguala cual incluso tildan de “incorrecta”, debería decirse “un vaso con agua”, tratando de “explicar” que los vasos “no son de agua”, lo que termina siendo otra proliferación de ignominia, porque en todo caso, lo que quiere decir cualquier emisor más allá de cómo sea la pronunciación de sus palabras es que quiere un poco de agua, y en eso consiste el valor y el poder de su comunicación.

 

Hemos visto por programas de televisión o escuchado en espacios radiales, cuando tienen que cumplir su pauta comercial: regresamos en “breves minutos”. Y nos preguntamos ¿Es que existen minutos breves? La respuesta es obvia, y lo que queda claro es que el emisor trata de decir a sus receptores es que el programa continúa, y que no se aparten de su canal o dial.

 

En cuanto a lo que llamo en lo personal las conjugaciones pleonásticas – derivado de pleonasmo - , sobre las cuales a muchos causa risa, tenemos un ejemplo al decir ¡Lo vi con mis propios ojos! En esta situación es tácito que nadie podrá ver algo con ojos prestados, pero lo que trata de generar el emisor con una construcción semejante es la seguridad del hecho o evento. Es decir, tanto la metonimia y las conjugaciones pleonásticas sólo aumentan la belleza del lenguaje y su influencia positiva de comunicación.

 

Es más, hay que dejar claro que palabras que pueden ser consideradas arcaísmos – escaso uso en la actualidad – se pueden revitalizar por diversas razones en el plano de la comunicación. Verbigracia, cualquiera piensa que la palabra “digital” es de reciente data, y resulta que es una planta cuyo nombre está registrado en el estudio que pertenecen al grupo de las denominadas escrofulariáceas hacia finales del siglo XVIII por Carlos Linneo⁴. 

 

Sobre los arcaísmos hemos visto, como luego que en lo personal mencionamos en un artículo de opinión la palabra bazofia en 2013⁵, ésta se convirtió en un sustantivo o adjetivo de uso frecuente para el debate político, que de ser eso, una palabra en el olvido, hoy su empleo se ha multiplicado, y hasta ha venido a sustituir en muchos casos a la palabra que comúnmente se utilizaba de ataque contra el adversario de ideas o de emociones encontradas contra quienes abusan del poder en todas sus manifestaciones. Es más, la palabras bazofia se ha convertido en referencia obligada de muchos articulistas y redes sociales como Twitter.

 

En consecuencia, aquellos que se basan diciendo que la palabra presidente tiene su base en el sufijo ente como significado existencial, hay que aclararles que eso no aplica en los casos de esta palabra porque ello sólo está en consonancia con el verbo ser y estar, y presidente no deriva de tales verbos. Es como si dijera: El gusto de regalar por fuerza masculina a tu esposa te hace mamplora. O por el contrario, decir: El gusto de regalar a tu esposo comprando sólo en tiendas de carácter femenino te hacen un nefandoEs decir, si empleo la palabra masculina o femenino para describir un hombre o una mujer, no sólo comprueba que los sufijos no determinan las condiciones de género en sustantivos, derivados, u otras palabras en la oración, porque si fuera así, no pudiera hablarse de abogado, abogada, maestro, maestra, ingeniero, ingeniera, etc.

 

En función de lo explicado y descrito, es claro que la lengua es dinámica, cambiante, transformativa y evolutiva. Alexis Márquez Rodríguez siempre nos recordaba que una palabra no debía “estar” en el diccionario para su aceptación, sino que debía tener una vinculación universal en el plano societario. Una cosa es inventar e inventar creyendo que alguien se la está “comiendo”, cuando por ejemplo, habla de “millones y millonas”, “títulos y títulas”, barbaries lingüísticas que terminan con el rechazo y burla de sus receptores, y otra negar que la palabra presidenta representa por caprichos de otros(as) una especie de adefesio gramatical, cuando incluso su existencia data en diccionarios desde el siglo XIX, y también es aceptada por la propia Real Academia Española, aunque algunos lo ignoren por diversas razones.  A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

 

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Nota de cierre: Condeno que el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, hablando de bazofia discursiva diga de su propia boca que inaugura la discoteca ”más violenta” de Venezuela, lo cual no sólo es una afrenta contra una nación llena de problemas de hambre y salud, sino que revela el carácter de un discurso pueril y escaso de ideas. Es el madurismo en máxima conjugación. La violencia en discotecas es el nuevo orden de los seudosocialistas.

 

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¹ Nótese que para ambos casos discriminé la palabra videos – en plural - consecuentemente con los ordinales: primero (masculino) y segunda (femenina) – por razones de redacción, equidad y elegancia en la sintaxis.

 

²  https://twitter.com/jvivassantana/status/1210269985068728320

 

³ https://www.youtube.com/watch?v=cnGODVx5XPo

 

⁴ https://es.wikipedia.org/wiki/Digitalis_purpurea

 

⁵ https://www.aporrea.org/actualidad/a165190.html

 

https://www.rae.es/noticias/es-la-presidenta-o-la-presidente