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20/07/2017

Desde Nicaragua: Los países siempre pueden estar peor

  • Mundo Jarquín//La Nicaragua Linda: El Pulso de la Semana
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En el libro “El pez en el agua”, memoria autobiográfica de parte de su vida y de la campaña presidencial de 1990 en el Perú, en la cual fue candidato a presidente, el laureado narrador y ensayista Mario Vargas Llosa señala (y cito de memoria) “que los países siempre pueden estar peor”. A diferencia de los seres humanos y otros animales, el deterioro físico progresivo termina en la muerte, pero los países no mueren, siempre pueden estar peor, al extremo que en las últimas décadas se ha acuñado el concepto de Estado fallido, para ilustrar casos como Somalia.

La reflexión resulta pertinente por el caso de Venezuela. En agosto de 2015, el dirigente español y ex presidente de Gobierno, Felipe González, escribió un artículo titulado “Venezuela, al límite”. En los dos años siguientes la crisis de ese país sigue sin resolverse mientras el saldo de muertos, heridos, presos políticos se ha incrementado hasta el dramatismo, y la situación de violencia común, carestía, inflación, emigración y desesperación ha adquirido tales proporciones que, ahora, se habla y con propiedad de crisis humanitaria, que el gobierno de Maduro se niega a aceptar.

En su negación, el régimen venezolano ha venido cerrando los espacios democráticos al extremo que hace dos años se veía como posible salida negociada las elecciones parlamentarias programadas para diciembre de 2015. Así lo veía González en su artículo por la posible negociación entre un Ejecutivo controlado por Maduro y una oposición que, se anticipaba, ganaría la Asamblea Nacional.

Las elecciones se realizaron el 6 de diciembre y la oposición ganó aplastantemente, pero en vez de trabarse la esperada negociación el gobierno de Maduro frustró esa posibilidad cuando, después de reconocer a regañadientes el triunfo de la oposición, pasó a copar todos los cargos en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) antes que asumiera la nueva Asamblea Nacional. Eso abrió la opción del revocatorio de Maduro, como la única posibilidad, y la crisis desde entonces se ha venido profundizando y en marzo de este año la Asamblea Nacional fue despojada de todas sus facultades por la CSJ, lo que ha desencadenado la última ola de protestas, que ya cumplió 100 días y ha dejado casi un centenar de muertos.

La única concesión que el gobierno ha hecho fue el traslado la semana pasada del más significado preso político, Leopoldo López, de su celda en el cuartel de Ramo Verde, al arresto domiciliario. Independientemente de las razones que explican esa decisión, desde la presión internacional hasta descompresionar las protestas callejeras, la misma ha abierto una cierta aunque remota expectativa de que pese al cierre de las opciones de salida negociada a la crisis, por la intransigencia de Maduro, alguna posibilidad existe.

Cuando Leopoldo cayó preso, en marzo de 2014, recordé en este mismo periódico que poco antes, en una reunión que sostuvimos en Costa Rica, él era partidario de que se convocara a una Asamblea Constituyente (no el mamarracho que ha convocado Maduro), porque en la misma “todos ganarían y perderían algo”, a diferencia del referendo revocatorio en que “una parte gana todo y la otra pierde todo”. Después, y como quedó anotado antes, el revocatorio fue la única opción de la oposición.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), dónde está aglutinada toda la oposición, reforzada por el chavismo crítico que ha manifestado su oposición a las intransigentes medidas de Maduro, ha venido insistiendo en una solución negociada.

Y la posición de la MUD se ha visto reforzada por la actitud de Leopoldo López. El periódico El País de España, de hace una semana, señala qué en las negociaciones finales del traslado de Leopoldo a su casa, el dirigente chavista Jorge Rodríguez, muy cercano a Maduro, y quién visitó a López en presencia del ex presidente español Rodríguez Zapatero, comentó “que no quería ocupar la celda de López en Ramo Verde”, a lo que Leopoldo contestó “que cuando la oposición llegara el gobierno no habría persecuciones”.

El puente de reconciliación está tendido, al menos desde la posición de la MUD, pero el aferramiento al poder de Maduro y su camarilla inmediata puede hacer que Venezuela pueda estar peor. Y los nicaragüenses debemos aprender la lección.

Con información de: La Nicaragua Linda