He estado pensando… (LXXII)

Padre Alberto ReyesHe estado pensando en por qué el cambio social tiene que surgir del pueblo

Me gustan las soluciones, la resolución de los problemas, la superación de los desafíos, pero entiendo que esto no siempre es fácil.  ¿Cómo resolver el divorcio entre el Gobierno y el pueblo, un Gobierno cada vez más desinteresado y ajeno a las necesidades de la gente, un pueblo cada vez más asfixiado e indefenso? ¿Cómo romper ese espíritu de esclavitud que hace que cerremos los puños de rabia dentro de la casa y tratemos con sonrisas y mentiras complacientes a los que día a día nos roban la vida?

No siempre soy capaz de generar soluciones, pero hay algo que sí es siempre posible, y es ayudar a pensar, ayudar a que, al menos, tengamos las ideas claras. Y una idea que tenemos que tener clara es que el cambio de esta isla no vendrá espontáneamente de aquellos que hoy nos gobiernan.

No puede venir de ellos porque su cotidianidad es diversa a la nuestra, y eso los imposibilita para empatizar con nuestros sufrimientos. 

Cuando no falta la electricidad, y no se sufre el calor, ni se echa a perder la leche de los hijos, y las noches no son un infierno de calor y mosquitos… no se piensa en aquellos que pasan noche tras noche sin descansar y tienen que enfrentar el nuevo día desde el agotamiento.

Cuando la comida no es un problema, el dinero no falta, la atención médica está garantizada, la movilidad de un sitio a otro no es angustiosa… se aprende a ver esa vida como “lo normal”, y los pobres, los necesitados, los “de a pie”, se convierten en conceptos abstractos, en seres sin rostro.

Cuando se ha crecido en la mentalidad de que el poder es debido, y se ha instaurado en lo más profundo de las neuronas que se pertenece a una clase diferente, a una élite intocable… “las masas”, “el pueblo”, se convierten en palabras para discursos vacíos y en amenaza intolerable si pretenden cambiar las cosas.

 Cuando se ha crecido sin Dios, cuando la Biblia es un libro desconocido y Cristo no es más que una superstición incomprensible y molesta; cuando Dios no entra en la ecuación de la vida, y no es visto como el Padre que hace mirar al otro como a un hermano… entonces el poder deshumaniza, y el alma se hace insensible a los gritos del pobre.

 Por otra parte, cuando alguno se digna a acercarse a las personas que viven en el mundo real, y son recibidos como dioses, y son alabados, aplaudidos, adorados… no importa si por miedo, por estrategia, o por adoctrinamiento; cuando se les hace pasar entre fuegos artificiales y nadie se atreve a decirles que “el rey está desnudo”, el mensaje de sumisión y esclavitud no puede ser más claro y más tranquilizador.

Yo no sé cómo podremos lograr que las cosas cambien, pero el cambio no vendrá espontáneamente de los que nos gobiernan, porque para ellos, un cambio no es necesario ni práctico; para ellos, el pueblo es sólo una excusa para su vida perfecta; para ellos, nosotros no importamos.

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