He estado pensando… (LVII)

                                      He estado pensando… (LVII)

                                          por Alberto Reyes Pías

                       He estado pensando en la necesidad de soñar  

  Hace unos años se realizó una investigación para responder a una pregunta: dado que un día los niños descubrirán que no son los Reyes Magos los que traen los regalos, ni existen las princesas encantadas, ni príncipes que cabalgan dragones… ¿hace bien a los niños contarles todas estas fantasías?, ¿no los estamos abocando a un derrumbe decepcionante?  

El estudio reveló lo siguiente: es verdad que un día los niños comprenderán que se les ha hecho crecer en un mundo de fantasía, y asumirán que todo era una ilusión, pero habrán aprendido a soñar, y soñar es el alimento de la esperanza, es el inicio de muchos caminos, es la raíz de la vida.  

El 2024 es la entrada para los cubanos en el año 65 de un camino que empezó con promesas de mejora y liberación y fue convirtiéndose poco a poco en un proceso de destrucción material y espiritual, en una búsqueda sistemática y planeada de disolución de los valores que hasta ese momento nos habían sostenido como pueblo: la fe, la familia, la verdad, la prosperidad que nace del esfuerzo y del trabajo honesto… El primero de enero del 59 no fue el triunfo de la democracia y la libertad, sino el inicio de una cárcel nacional, el surgir lento pero continuo de cadenas que, como plantas rastreras, fueron enredándose en nuestros tobillos y en nuestras gargantas, mientras nos costaba trabajo darnos cuenta de que a través de un discurso “de los humildes y para los humildes”, nos estaban maniatando y asfixiando.  

Hoy hemos despertado, pero todavía nos cuesta creer que es posible arrancar de nuestra piel la maleza que nos cubre, y cortar de raíz lo que nos ata, y sanear nuestra tierra. Vamos dando pasos: empezamos a hablar desde la verdad, nos enfrentamos a los discursos estúpidos, aquí y allá protestamos de mil formas…, sí, vamos caminando hacia la luz, hacia la libertad por la que un día luchamos como pueblo, la libertad real y no esta caricatura burda y ridícula de soberanía inexistente.

 

Por eso, necesitamos soñar, a pesar de que crecimos en un mundo donde se intentó extirpar la fantasía, donde el horizonte se pobló de consignas y puños en alto, de histeria defensiva contra invasores inexistentes, de trabajos voluntarios, sábados de la defensa y ridículos refugios subterráneos.

Necesitamos soñar en un país sin adoctrinamiento, en una sociedad capaz de producir y compartir riquezas, en una isla donde la gente pueda levantar sus manos a Dios, conservar abrazada a su familia y vivir sin el miedo a la verdad.  

Necesitamos soñar que la liberación es posible, aunque parezca imposible, y que el exilio interior en el que vivimos tiene caducidad.

Necesitamos hacer nuestra la letra de una de las canciones más hermosas de El príncipe de Egipto, que canta la liberación del pueblo hebreo, y que dice:  

"Durante muchas noches rezamos, sin pruebas de que alguien nos pudiera escuchar. En nuestros corazones había una canción de esperanza que apenas entendíamos. Ahora ya no tenemos miedo, aunque sabemos que hay mucho que temer. Estábamos moviendo montañas mucho antes de que supiéramos que podíamos.  Pueden suceder milagros, cuando crees. Aunque la esperanza es frágil, es difícil de matar. ¿Quién sabes cuántos milagros puedes lograr? Cuando crees, de algún modo lo harás".

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