He estado pensando… (LIV)

Padre Alberto Reyes                                     He estado pensando… (LIV)

                                        por Alberto Reyes Pías

                He estado pensando en el contenido del concepto “pueblo”

Hablar utilizando conceptos fue un avance en el camino de la inteligencia humana, porque los conceptos permiten elaborar y transmitir ideas abstractas que ayudan a entender la realidad sin necesidad de detenerse en ejemplos individuales. Sin embargo, no podemos olvidar que, detrás de un concepto, está la vida singular, los casos concretos.

¿Qué está detrás del concepto “pueblo”? Personas, seres humanos de carne y hueso, visibles, palpables, que permiten comprender que “el pueblo” no existe sino en rostros individuales.

Cuando das catequesis y hablas del hambre del pueblo de Israel en el desierto y un niño te dice: “Sí, maestro, y el hambre duele”, o cuando cuentas que el niño Dios nació pobre en Belén, en un establo donde había un burro y una vaca, y la reacción natural de un niño es decirte: “Bueno, pero al menos tenía leche”… entonces comprendes que “el pueblo” son niños con hambre.

Cuando día tras día alguien viene a ti buscando un analgésico, o un antibiótico, o medicación para una enfermedad crónica, o suministros quirúrgicos para una operación, o material estomatológico para que el dentista le arregle sus dientes… entonces comprendes que “el pueblo” son personas para las cuales padecer o estar bien es sólo cuestión de suerte.

Cuando continuamente ves desaparecer los rostros que un día tejieron tu historia, y no cesas de oír “se va”, “se fue”, y tus recuerdos se quiebran, repartidos por el mundo en pedazos que ya no volverán a unirse… entonces comprendes que “el pueblo” son personas que han preferido saltar al vacío buscando un presente y soñando un futuro.

 

Cuando en los hogares se quedan sólo los mayores, sin sus niños, sus jóvenes, sus hijos… entonces comprendes que “el pueblo” son personas que han sido condenadas a la soledad, al vacío, a la nostalgia, y al efímero consuelo de telefónicas llamadas.

Cuando ves que el que reclama sus derechos es maniatado, reprimido, encarcelado, silenciado, y los gritos de tu alma se anudan en tu garganta, y se te apagan la voz, la mirada y la esperanza… entonces comprendes que “el pueblo” son personas que decidieron existir y han sido canceladas de la existencia.

Cuando se revelan las ideas censuradas, y el opresor se sincera en sus palabras, y se atreve a revelarte por lo bajo su hastío, y a mostrarte sus miedos y cansancios… entonces comprendes que “el pueblo” son personas diferentes en su discurso e iguales en su añoranza.

Cuando el amanecer te despierta a lo evidente: a la precariedad dura y continuada, a la falta de ilusión y de esperanza, al estancamiento social del hoy sin un mañana, y al asedio del “¿por qué?” y del “¿hasta cuándo?”… entonces comprendes que ese “pueblo” feliz de propaganda eres tú en tu lucha cotidiana, eres tú en tu carencia desbordada, permanente y eterna hasta que entiendas que los cambios empiezan por un “¡Basta!”.

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