Las Prédicas de Cristo

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Para conocer la doctrina cristiana debemos ir directamente al pensamiento, ejemplos y predicas de Jesus, el Cristo.

Juan Bautista comenzó predicar la pronta llegada del Mesías y bautizar a quienes lo escuchaban en las aguas del Jordán. Cuando Jesús fue bautizado por Juan (que era primo suyo), hubo según los evangelistas un signo celestial que lo señaló como hijo de Dios.

Antes de iniciar su propio ministerio, Jesús se retiró al desierto un período "de cuarenta días", durante los cuales, según la narración evangélica, ayunó y puso a prueba su fortaleza espiritual ante las tentaciones del demonio.

A su regreso del desierto, Jesús inició la divulgación de su doctrina en solitario, dándose a conocer en la sinagoga, a la que acudía todos los sábados. Un día lo hizo en su pueblo.

Escogió una lectura del profeta Isaías que prefigura al Mesías, el ungido de Dios que anunciaría a los pobres la Buena Nueva y que daría la libertad a los oprimidos.

Jesús eligió a doce de entre sus discípulos: Simón (a quien llamó Pedro) y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás, Santiago de Alfeo y Simón (el Zelote), Judas Tadeo y Judas Iscariote.

Eran hombres sencillos, la mayoría pescadores que se ganaban el sustento con fatiga. Hombres integrantes de la masa que soportaba los impuestos de los romanos y que se revelaba ante la vida privilegiada de escribas, saduceos y fariseos.

Jesús les propuso un nuevo orden religioso –e incluso social– sin hipocresías, solidario con los pobres, vital.

El llamado "sermón de la montaña" acaso sea el más significativo de todos cuantos pronunció, tanto por su contenido doctrinal como porque viene precedido, según Lucas, por la elección de los doce discípulos y la realización de numerosos milagros en tierras de Galilea.

En este discurso evangélico, llamado en la tradición bíblica "Las bienaventuranzas", Jesús saluda a la muchedumbre con un "bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos; bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados; bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis" (Lc. 6, 20-21), y enseguida expone las condiciones que han de cumplir quienes elijan seguirlo: "Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, cuando los expulsen, los injurien y proscriben nuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre..."

El sermón de la montaña pone de manifiesto su profundo conocimiento de la conducta humana, y reinterpreta además la Ley mosaica dilucidando sus principios fundamentales y adaptando sus preceptos a las necesidades humanas.

Es en este sentido que dice; "el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2, 27), cuando los fariseos le reprochan que sus discípulos hayan arrancado unas espigas o que él mismo haya obrado milagros y curado enfermos en ese día sagrado para los judíos.

El amor a los enemigos ("amar a nuestros enemigos, hacer bien a los que los odien"),

La misericordia ("ser compasivos, como vuestro Padre es compasivo").

"No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados"),

Una visión estrictamente laica sitúa a Jesús en un exclusivo marco humano, pero no por ello su figura es menos digna de estudio y consideración.

Él, que se auto definía Maestro, no seguía las pautas de la clase poderosa judía: transgredió la norma sabática, iba acompañado de mujeres (María y Marta; Juana, mujer de Cusa; Susana, y otras muchas) y se hospedaba en sus casas.

Sus amigos eran gente llana y sencilla a los que acompañaba en sus fiestas y bodas.

Las enseñanzas de Jesús, que por primera vez hablaban de conceptos nuevos como el amor al prójimo y a los enemigos, la piedad hacia los pecadores y el respeto a las personas por encima de su condición, no tardaron en entrar en colisión con el clero judío.

Jesús sorteó con habilidad todas las trampas que se le tendieron y el Sanedrín demandó sin éxito el apoyo de la autoridad romana para reprimir al "agitador".

Llegó un momento en que Jesús habló sin tapujos: «El que no está conmigo, está contra mí. No hagan como los escribas y fariseos hipócritas, víboras, sepulcros blanqueados por fuera y llenos de carroña por dentro... No amasen fortunas, vendan los bienes y den limosnas...» Y los acontecimientos acaban precipitándose.

Jesús envió a predicar de dos en dos a setenta y dos discípulos suyos por los pueblos de Judea, en donde iniciaron un intenso movimiento religioso como si se tratara de conquistar la Ciudad Santa.

Y en el mismo centro neurálgico del mundo judío, el Templo, hizo valer su autoridad: expulsó a los vendedores a latigazos porque le repugnaba que un lugar de oración se hubiera convertido en un lucrativo mercado.

La vida de Jesucristo, es un ejemplo para los que quieren hacer política, su vida fue siempre en la verdad, en la protección de los pobres, de los más necesitados. Nunca estuvo al lado de los ricos o poderosos, ni de los jefes militares.

Jesucristo es un ejemplo para toda la vida…

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