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TEMA: Europa: Impotencia y Miedo

Europa: Impotencia y Miedo 04 Sep 2016 14:40 #9544

Hay mucho que decir sobre este interesante artículo de la señora Townsend y conviene tomarlo en serio porque naturalmente hay un fondo de verdad en él, pero creo que debo señalar algunas exageraciones y evitar algunos atajos peligrosos.

Lo primero es lo del “europeo promedio”. Yo, personalmente, no sé lo que es.
¿Será un “hooligan” inglés, hincha del Manchester United que en Marsella le entra a silletazos a un hincha del Olímpico de Marsella?
¿Será un obrero francés de Normandía quien al salir del trabajo se bebe tres o cuatro “calvás” con sus amigos y de vuelta a casa atropella a una señora con su bebé que estaba cruzando por un paso peatonal?
¿Será el Bátavo de Utrecht que cansado de ver tanta gente de Molucas o de Marruecos por las calles, que apenas saben neerlandés, vota entonces a Wilder?
¿O el italiano de Reggio nel Emilia quien entre dos copas de Lambrusco echa pestes de los italianos del Sur?

Desconfío mucho de estos “promedios”. El “europeo promedio” es una abstracción que no tiene más sentido que el “neoyorquino promedio” o cualquier otro.
¡Cuidado con las estadísticas! Conozco a una francesa que padece una enfermedad “huérfana”; muy poco corriente que en Francia estadísticamente tiene el 1.75% de la población.
Ella dice que es el 1% y que no sabe dónde estará el ¾ de persona que queda con la misma enfermedad.

Por otra parte, yo llevo 55 años en Europa y tengo amigos de diversos países.
Jamás he encontrado a nadie sin convicciones aunque es cierto que tampoco he encontrado a nadie que me dijera alguna vez: “¡Tú estás completamente equivocado!” (síganme la mirada)

Si en algo tiene razón la señora Townsend es que es de muy mala educación (en todos los sentidos de la palabra) creerse en posesión de verdades y es verdaderamente una “finesse” de la civilización no herir sensibilidades ajenas pero dejo este aspecto del debate pues sé por experiencia que puede llevarnos muy lejos.

Tampoco puedo aceptar el atajo, demasiado fácil, que es “una reacción contra los peores: nazis, estalinistas, fascistas…” por lo que fuimos adoptando el relativismo.
Al contrario, lo que me parece lógico pensar es que una reacción contra “los peores” engendraría una toma de conciencia firme aunque pudiéramos interrogarnos sobre la “convicción” excesiva que conduce al fanatismo o mejor dicho a los fanatismos filosóficos, políticos o religiosos.

De todos modos la falta de “relativismo” es un defecto o una enfermedad del razonamiento.
Relativizar es poner en relación las cosas y verlas en perspectiva.
Es poder comparar evitando los absolutos y sus conclusiones tajantes de sí o no, blanco o negro, bueno o malo sin posibilidad de matizar ni de ver los claroscuros de las cosas.

¿Quién ha dicho que relativizar consiste en decir que la bondad tiene el mismo valor que la maldad o que el egoísmo vale igual que el altruismo?

También antes de hablar de algo hay que saber de qué se trata. Yo vivo cuatro días a la semana en una de las 750 “zonas sensibles” de Francia, en una ciudad del Norte donde la mayoría de la población es musulmana e invito, no sólo a la distinguida señora Townsend, sino a cualquiera de los amigos de DP a pasar una semana aquí conmigo para que vean.
No es Beverly Hills ni Miami Beach pero tampoco el horror que se imaginan algunos.

¿Qué hay musulmanes en ella que quisieran que se estableciera la “sharía?
Haberlos haylos, sin duda, pero yo me niego a considerar a cada joven musulmán como un terrrorista y me parece imposible, aunque estén fichados por la Seguridad como un peligro potencial, meterlos en la cárcel sin que hayan cometido delito alguno.
En caso contrario no critiquemos a un país bien conocido que decretó un delito de “peligrosidad”en su legislatura.

De la misma manera opino que es mejor no hablar de Marine Le Pen si no se conoce.
Está a la izquierda de cualquier político norteamericano conocido salvo Hillary y Bernie.
¿Ultraderechista Marine? Que es de derechas no cabe duda pero se trata ante todo de una soberanista que no quiere que Bruselas le dicte las leyes a Francia (o a cualquier otro país) que opina que su país debe tener independencia monetaria y si está en contra de la inmigración masiva que padece Francia, como otros muchos países europeos, ahora Sarkozy, Wauquier u otros líderes de LR (menos Juppé) sostienen razones parecidas.
Afirmar que Marine Le Pen “ha sabido capitalizar las ansias de venganza” es prácticamente una difamación.

Que Europa está enferma, lo creo igual que la señora Townsend pero, lo que me gustaría es conocer una sola de las convicciones e-qui-li-bra-das que se necesitan, según ella, para evitar una guerra de civilizaciones.
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COM_KUNENA_THANKYOU: Carlos Alberto Montaner

Europa: Impotencia y Miedo 21 Jul 2016 18:01 #9481

Estos días de sangre y miedo en Francia, que tanto nos duelen a los que compartimos la tierra y el destino de este Viejo Continente, releí los versos del gran poeta irlandés William Butler Yeats, “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad”, y me di cuenta de cuán certeramente nos definen aún un siglo después de que él los escribiera.

El europeo promedio apenas tiene convicciones fijas. Es la forma de no herir la sensibilidad ajena. Sería de mala educación y bajos instintos creerse en posesión de verdades. Hasta ese punto ha evolucionado la finesse de la cultura europea. Y así, poco a poco, y como reacción contra la vehemencia de los “peores” del siglo pasado –nazis, estalinistas, fascistas– fuimos adoptando el relativismo.

Crecimos con el mantra de que las convicciones había que atemperarlas para que no se convirtieran en semillas de intolerancia, en dogmatismos perniciosos. Había que ser flexible a todo y todos. Y eso es lo que somos. Elásticos y blandos, casi sumisos, con nuestros declarados enemigos islamistas, llenos ellos de intensas pasiones asesinas.

Y a lomos de esa idiosincrasia tolerante con los intolerantes y ultra-acomodaticia han proliferado los “peores”. Los que ahora nos matan.

Alfombrada está Europa de tumbas de inocentes. Francia en particular es blanco de la saña yihadista: 12 asesinados al grito de Allahu Akbar (Alá es grande) en el ataque contra el semanario satírico Charlie Hebdo en París; otros 137 en el club Le Bataclan y dos restaurantes parisinos; y al menos 84 esta semana en Niza, quizá el más insidioso de todos. Tres masacres que revelan la lacerante impotencia del gobierno para proteger a la población.

Sin olvidar los atentados en Bruselas que dejaron 30 víctimas, en España 191, Londres 56… Ni olvidar debemos los ataques a menor escala o intimidaciones que se suceden día a día, como el reciente apuñalamiento a un matrimonio de policías en su propia casa y frente a su hija; o el de un joven refugiado afgano que esta semana atacó a hachazos a pasajeros en un tren de Alemania. Los perpetradores suelen aglutinarse en zonas sharía y de allí salen a matar infieles. Sólo en Francia hay más de 750, llamadas eufemísticamente “Zonas Urbanas Sensibles”; y aumentan en Gran Bretaña, Suecia, Alemania, Holanda…

Esa es la Europa real, la que no ven los turistas ni captan los comentaristas de otras partes del mundo, por mucho que pontifiquen sobre teorías y causas de los atentados islamistas. A veces uno escucha, ve o lee verdaderas caricaturas de la realidad europea. (De la misma manera que muchos en el Viejo Continente no entienden a América).

En la larga lista de víctimas, la primera en sucumbir hace años fue la verdad. Ya no se habla de ella. Se sustituyó por la politique de l'autruche (política del avestruz). Pronto la cobardía derivó en impotencia. Y por último en miedo. Los gobernantes tienen miedo porque no saben cómo combatir el yihadismo. Y los pueblos miedo a hacer lo que una vez fue vida normal, pasear, ir a un restaurante, a un festival.

Sólo en Francia un demoledor informe gubernamental identifica “al menos 8,500 musulmanes radicales” dispuestos a la yihad en suelo galo. Esa cifra excluye a los autores de todos los atentados desde 2015, que estaban fuera del radar policial. A los que son “yihadistas individuales”, free lance, que obedecen a la consigna del califato: “mata donde puedas y con lo que puedas”.

Ahora el verdadero peligro en un país donde la población musulmana es de 6 millones, proporcionalmente la mayor de Europa (62 millones, más otros 27 en Rusia), es “que se rompa la sociedad francesa”, advertía estos días el ex director de Le Monde, Jean Marie Colombani. Y por su parte el principal responsable de los servicios secretos ha alertado del “riesgo de guerra civil”. Existe la posibilidad, dice, de que sectores de extrema derecha arremetan en venganza contra la comunidad musulmana.

El instinto de venganza ante una masacre como la de Niza es inevitable. Lo que sí es evitable es sacarle ventaja política, en vez de aplacarlo. Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, ha sabido capitalizar el miedo y las ansias de venganza. Ya es la segunda fuerza nacional y se perfila como la primera en las zonas de gran concentración musulmana como Niza y Marsella, consideradas “cunas del yihadismo”.

Le Pen y sus millones de seguidores sí poseen las convicciones e intensidad apasionada que menciona el poema de Yeats. Al igual que los 42 partidos populistas surgidos a lo largo de Europa contra el establishment. Es una ola revulsiva contra el relativismo y la pasividad. Potencialmente tan perniciosa como la pasión yihadista, si se produjera un choque frontal entre ambas.

En esta Europa enferma se necesitan urgentemente convicciones equi-li-bra-das, y valentía para combatir los extremos. Si se quiere evitar una tercera guerra, esta vez de civilizaciones, como ya auguran algunos.

Hay que recordar que los “peores” triunfan cuando los “mejores” se amedrentan.
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