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No puede aceptarse el desorden en nombre del derecho a la libertad de expresión 26 Mar 2021 23:03 #11580

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Muy de acuerdo con Miguel desde el contexto del título mismo de su aporte a este FORO.

La libertad de expresión es algo muy distinto a la violencia, como si ésta fuera un derecho supuestamente amparado por esa libertad de manifestarse. Se trata de reconocer básicamente que la libertad de pensamiento precisa de un vehículo de expresión que no pueda ser legítimamente limitado por nadie. En otras palabras, toda clase de ideas, opiniones y puntos de vista deben ser posibles de expresarse en público, porque la libertad de expresión es uno de los principios básicos de los derechos humanos.

Como todos los derechos, esta libertad cesa donde entorpece o anula los derechos de los demás. Por ejemplo, si se revelan secretos comerciales, se perjudican los derechos del empresario; o si se publican planes militares o la capacidad de defensa en una guerra, se perjudican los derechos de todos los habitantes que dependen de esos secretos para su seguridad. Igualmente se perjudica a los habitantes que sufren las consecuencias de la incitación a la violencia o de la distribución de instrucciones para fabricar bombas. Luego no se trata en esos casos de "limitar" la libertad de expresión sino de reconocer los derechos de los demás.

En cuanto a limitar esa libertad con el pretexto de que se están difundiendo mentiras, es justo reconocer que en muchísimos casos lo que es una mentira para unos es, por el contrario, una verdad para otros. Por tanto, en estos casos la libertad de expresión es esencial, porque permite el debate que aumenta notablemente la posibilidad de desenmascarar al mentiroso o de reconocer que decía la verdad o, al menos, parte de la verdad. Si se aplica la censura en estos casos, no hay debate y predomina la opinión (no siempre correcta) del que tiene poder de censor.

En otras palabras, la libertad de expresión es un derecho humano inalienable, indivisible e inherente, que no lo otorga ningún gobierno sino que es su obligación defenderlo en la medida en que su aplicación, en ciertos y determinados casos, no viole otros derechos y libertades de los demás, como hemos señalado anteriormente.

No puede aceptarse el desorden en nombre del derecho a la libertad de expresión 14 Mar 2021 17:53 #11575

¡LIBERTAD, LIBERTAD!¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
       Marie Anne Charlotte CORDAY d'ARMONT (la joven que apuñaló al tirano Jean-Paul MARAT en París el 13 de julio de 1793)
   
La Declaración Universal de Derechos Humanos trata de "libertades" sin definir en ningún momento este concepto.  
De este modo trata en su artículo 19 del derecho a la libertad de opinión y de expresión: "Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, lo cual implica el derecho de no ser ser molestado por sus opiniones y el de buscar, recibir y difundir, sin consideraciones de fronteras, informaciones e ideas por cualquier medio de expresión".

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de París de 1789 da una definición de la libertad.
El artículo 4 reza así: " La Libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudica a otro". Esto implica la posibilidad de poder "hacer todo lo que no está prohibido" y "no tener que hacer lo que no es obligatorio". Esto le da un papel preponderante a la ley.

Me parece que la Libertad es una potencia de la Voluntad para elegir y hacer. Ahora bien, si todos nos creemos capaces de elegir correctamente ¿en qué medida tenemos derecho a hacer lo que hemos elegido? ¿Qué derecho superior debe de tener la ley para prohibir o permitir la ejecución de nuestra elección?

Y si mi religión me dice que es una obligación decapitar a todo aquel que se oponga de alguna manera a mi fe ¿sigo con el derecho de difundir mi creencia y ejecutar los mandamientos de mi fe en público como en privado como dice la Declaración Universal?

¿Quién escribió?  "La libertad de todos/ proclamo en alta voz/ y "¡Muera quien no piense/ igual que pienso YO".

No puede aceptarse el desorden en nombre del derecho a la libertad de expresión 09 Mar 2021 16:50 #11571

  • Miguel Saludes
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Las fuertes protestas escenificadas en Barcelona, Madrid y otras ciudades españolas por la condena al rapero Pablo Hansel abren una vez más el debate acerca el polémico tema sobre la libertad de expresión, hasta donde pueden llegar sus límites y si deben existir consecuencias para la desmesura en su usufructo. Sobre todo, cuando este ejercicio legítimo del derecho ciudadano es expuesto ante la falsedad del libertinaje, agravado por el vandalismo y la violencia, en algunos casos lindante con acciones de corte terrorista.  Es el caso de las manifestaciones en la que los participantes encapuchados la emprendieron contra propiedades públicas y privadas, destruyendo, robando y agrediendo a los agentes del orden, mientras abogaban contra el encarcelamiento del rimero catalán. 

Los defensores del rapero afirman que rapear o tuitear no constituye un delito y que expresarse libremente es un derecho humano. Es el argumento esgrimido como estandarte por los miembros del grupo parlamentario Unidas Podemos, cogobernante con el PSOE. Coinciden en este punto las peticiones hechas por intelectuales, artistas y organizaciones mundiales como Amnistía Internacional.  Solo cuando se entra en los detalles de lo rapeado y lo tuiteado es donde la segunda parte de la afirmación se vuelve insostenible.   

La detención de Pablo Rivadulla Duró (verdadero nombre del rapero) fue ampliamente divulgada en los medios españoles y europeos, desde la óptica de la libertad de expresión reprimida por la vía judicial, algo inadmisible en un estado democrático. De hecho, la detención y condena de Pablo Hansel hace de España el primer país europeo en castigar jurídicamente a un artista por comentarios en Twitter. Mientras noticias y tertulianos ponían énfasis en la sanción de nueve meses de cárcel impuesta al “artista”, apenas explicaban que la misma se fundamenta en el incumplimiento del pago de una multa y cargos por intento de asalto a la Subdelegación del Gobierno de Lleida, así como agresiones contra un periodista y un testigo en un juicio. A lo anterior se suma delitos por enaltecimiento del terrorismo y difamación a la Corona.  

Se puede coincidir plenamente con los juicios que el rapero emite sobre los negocios de armas entre el gobierno español y Arabia Saudí en plena guerra genocida contra Yemen, aunque Hansel omite dedicar sus frases lapidarias a los obreros de las fábricas contratadas para surtir de misiles y construir las fragatas encargadas por la casa real saudita. Fueron los trabajadores de esas industrias los primeros en alzar sus voces en contra de la posible suspensión de un acuerdo que les garantizaba empleo. Recuerdo que uno de los demandantes alegaba a los medios que si ellos no les vendían las armas a los árabes aquellos las comprarían en otra parte.   

También puede existir empatía hacia los  contenidos en los que Hansel se refiere a hechos de corrupción evidente que afloran en la sociedad española, incluyendo la Corona.  Lo mismo puede ocurrir con la denuncia del desamparo de los inmigrantes, las personas sin vivienda y recursos para alquilar, el desempleo creciente y otros males sociales que la crisis del coronavirus ha acentuado no solo en España. Pero la parte principal del asunto radica en los textos que tipifican la incitación al odio y la violencia. Además de llamar borracho, mafioso, juerguista y asesino de su hermano a Juan Carlos I, el rapero es autor de frases de contenido en extremo provocador. Entre más de 60 destacan las referencias a los agentes de la policía nacional a los que llama mercenarios de mierda, nazis, franquistas o asesinos. “Orgulloso de quienes respondieron a las agresiones de la policía” es una especie de reconocimiento que él hace a los que enfrentaron en algún momento a los agentes del orden. Pero existen otras locuciones que exponen el lado oscuro de Hansel: 

“Si tanta monarquía quiere el pueblo como dicen los tertulianos mercenarios, que suelten a la familia real sin escoltas por nuestras calles”

“No me da pena tu tiro en la nuca, ‘pepero’. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, ‘socialisto’. Me da pena el que muere en un andamio”

“¡Merece que explote el coche de Patxi López!”

“Pienso en balas que nucas de jueces nazis alcancen”

“¡Que alguien clave un piolet en la cabeza a José Bono!”

"voy a tatuarme la cara a quien mate a Jaime Peñafiel"

“Juan Carlos I vuela por los aires: eso no es terrorismo, ¡se merece el cielo!".

Si textos como los ejemplificados anteriormente no constituyen al menos una distorsión peligrosa de la libertad de expresión, no imagino como tendrían que ser los contenidos que merezcan tal acreditación. En verdad el calificativo de incitación al terrorismo les corresponde y no es una desproporción. Ellos son semilla peligrosa que puede caer en terreno fértil de tanta gente que anda por este mundo dopadas por radicalismos, fanatismos y aromas anarquistas. Todo bajo la ingente influencia de manipuladores que cuentan con un considerable auditorio proclive a convertirse en objeto de manipulación. Las citas de estos tuits y rimas pueden ser fuente de inspiración para aquellos que se propongan como misión hacer realidad las ideas expresadas bajo el alegato del derecho a la libre expresión. Amparado en ese mismo discurso otro rapero, en este caso el francés Nick Conrad, fue condenado en su país a pagar cinco mil euros por un texto en el que en un enjuiciamiento a la esclavitud hablaba de matar bebes de raza blanca. En el caso de Hansel las cosas no llegan a ese nivel, pero no se queda corto con el alcance de sus exposiciones. 

Es posible que al expresar estas consideraciones exista el riesgo de ser señalado como un moderno inquisidor que pretenda ahogar el derecho a expresarse. Tal vez por ello la mayoría prefiere guardar distancia, algunos se suman a los que condenan la medida tomada contra el rapero y otros aportan su crítica desde posturas abiertas a la resignada aceptación del fenómeno. Cabe destacar la actitud silenciosa y hasta solidaria de no pocos de los miembros de Podemos, defensores del derecho de la mujer que ni siquiera han tenido en cuenta anteriores tuits de este individuo señalando de “zorras” a las mujeres y atacando a la Ministra de Igualdad, quien en una desproporcionada defensa hacia el rapero y los manifestantes colgó una foto de la líder de las sufragistas británicas Emmeline Pankhurst, en clara alusión comparativa con los hechos ocurridos con Hansel y sus seguidores. 

El grupo de los intelectuales destaca por una carta reprobatoria de la condena impuesta al rapero, pidiendo su libertad. La firman Almodóvar, Javier Bardem, Fernando Trueba y Joan Manuel Serrat entre varias figuras reconocidas. Del último de los peticionarios mencionados valdría recordar alguna de sus canciones contestarias reivindicando libertades en plena dictadura franquista. Composiciones de profundo contenido y valor humano que hablaban de la lucha por la democracia desde un plano poético donde no había espacios para la chabacanería ni a la perturbación anárquica en pro de derechos y emancipaciones. 

Entre los escritos críticos contra los hechos de violencia instigada pretextando el noble objeto del derecho, destaco el artículo de opinión titulado “La democracia exige tolerar un cierto nivel de basura” del periodista y escritor Daniel Gascón. Tras hacer un análisis equilibrado de la situación con elementos que ayudan a esclarecer la polémica surgida a partir de la condena y los señalamientos sobre el respeto a la libre expresión, se produce una especie de falso posicionamiento ante un hecho condenable que el periodista describe como “tuits que no parecen constituir una amenaza ya que no superan el “nivel de diarrea mental” de su autor”, para concluir que la democracia exige tolerar un cierto nivel de basura. Punto sobre el que hay que llegar a acuerdos.

El cuadro comparativo me lleva a la imagen de ciertos pueblos centroamericanos que viven literalmente sobre la inmundicia. Las condiciones de pobreza extrema que tienen les han hecho ocupar basureros locales y convertirlos en asentamientos poblacionales. Para hacerlo posible pusieron orden en los vertederos logrando que el fundamento nocivo sobre el que asientan sus vidas les afecte lo menos posible y al menos les permita vivir con dignidad. Igual que esa pobre gente, las democracias tienen que ponerse de acuerdo en el nivel de tolerancia que deben dar a la libertad de expresión para que la “basura” no se imponga en su nombre, exigiendo derechos que no le corresponden o expandiendo su letalidad cuando se apliquen medidas contra el abuso de esas libertades. No todo lo que se dice o se hace puede ser validado por la simple invocación del libre derecho a expresarse. En particular cuando esta libertad se interpreta en un ámbito carente de fronteras para el que apela a su disfrute, sin respeto para el derecho que en igualdad medida corresponde a todos los miembros del colectivo. Para que esto no suceda están las bases constitucionales y las leyes consensuadas en democracia. Su autoridad será apreciada en la capacidad de impedir que el derecho a la libertad de expresión se convierta en una concesión al libertinaje y en herramienta para sembrar violencia y odio. 
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