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Detalles de una guerra anunciada 23 Feb 2022 21:40 #11886

  • Abelardo Pérez García
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No puedo sino aprobar sin reservas el excelente artículo de Miguel Saludes.

En un texto precedente resumí algunes ideas personales al respecto, pero parece ser que cierto lavado de cerebro impide ver cómo los occidentales, liderados por EEUU, han tratado de llevar a Rusia hasta las cuerdas.

Los que critican el reconocimiento por Vladimir Putin de las repúblicas rusófonas y étnicamente rusas de Donietsk y de Lugansk, a las que hasta se les negó el reconocimiento de el idioma ruso como lengua regional, olvidan por ejemplo que se reconoció a Kósovo, provincia Serbia, como república independiente por muchísimos que hoy gritan contra la decisión del gran país eslavo. Sin contar con que depués del escándalo de la plaza Maidan y el desprecio por parte de los occidentales de los acuerdos de Minsk que, a mi parecer, iban en la buena dirección, se ha hecho todo lo posible por humillar a Rusia y tratar de asfixiar a la región del Donbass.

Que el señor Putin sea un autócrata y que hasta esté metido  en la persecución y el asesinato de oponentes a su régimen como Navalny, por ejemplo, sea. Pero en el tema que tratamos ahora , creo que tiene razón. Yo, por lo menos, si hubiera estado en su lugar habría hecho igual. No nos asombremos ingenua o hipócritamente de ver que si se siembra viento se recolten tempestades.

Detalles de una guerra anunciada 22 Feb 2022 23:09 #11885

  • Miguel Saludes
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La tensión desatada en torno a Ucrania continúa escalando de manera peligrosa. Las noticias generadas por esta crisis han coincidido en agudizar el tono alarmista e incendiario de lo que se anuncia insistentemente como una guerra inminente e inevitable. Los avisos recuerdan aquellas escenas del cómico español Miguel Gila y sus monólogos desde un frente de batalla ficticio. Pero en esta representación no hay espacio para la risa. Más bien debieran llamar a la reflexión sobre el mundo en el que estamos viviendo y hacia donde nos llevan los que dirigen su destino. 

La insistencia en poner fecha y hora a una guerra que se expone inaplazable se produce al margen de intensas conversaciones para impedirla, en paralelo a la crispación producida por el despliegue incesante de tropas y efectivos, El propio presidente de Ucrania pidió quitar leña al fuego, pero al perecer un oportuno tirón de oreja le hizo cambiar de opinión. Con suma rapidez Vladimir Selenski también puso fecha a la invasión anunciada declarando el 16 de febrero día de la unidad nacional.  

El motivo aparente del conflicto se explica en las maniobras militares de Rusia a lo largo de sus fronteras con Ucrania, así como en las conjuntas que hiciera con su vecina Bielorrusia. Una demostración de fuerza evidente que llegó tras las advertencias del Kremlin sobre la posibilidad cada vez más cercana de que el país vecino entre a formar parte de la OTAN. La posición tajante del gobierno de Putin al respecto ha sido acusada de actitud imperial sobre una nación independiente, libre para regir sus destinos.  Es la parte que se destaca desde Occidente por políticos y gran cantidad de medios informativos. Pero casi nadie, con raras excepciones, se remite a los orígenes de este problema que se remonta a febrero de 1990 en la cumbre celebrada entre James Baker, secretario de Estado del presidente George Bush y Mijaíl Gorbachov, todavía al frente del PCUS. La promesa hecha al líder soviético para garantizar la independencia de Ucrania fue que la OTAN no se iba a expandir ni una sola pulgada hacia el Este. Pero aquel convenio fue incumplido bajo la administración Clinton cuando en 1999 anunció la inclusión del primer grupo de países provenientes del pacto de Varsovia en la organización militar atlántica. En consecuencia, las maniobras de este conjunto comenzaron a realizarse a la vista de las fronteras rusas. Ahora Ucrania aparece como el próximo miembro en la lista de asociados en un cordón de seguridad donde Kiev se convierte en el punto donde Europa se juega el futuro, según señalan políticos occidentales. 
 
Para remarcar la intencionalidad rusa de invadir Ucrania se utiliza invariablemente el hecho de la ocupación de Crimea mediante un operativo cívico militar que arrebató el territorio anexado por Khrushchev a la parte ucraniana a manera de regalo. La ofrenda del territorio conquistado por Catalina La Grande en 1783 se produjo en una época en la que el obsequioso presidente del Soviet Supremo -y nadie- era capaz de imaginar el destino que esperaba a la potencia comunista. En manos de Ucrania quedaba no solo una estratégica porción de territorio en el Mar Negro y la salida de Rusia al Mediterráneo, sino el enclave naval de Sebastopol. Cabe preguntarse sobre lo que hubiera hecho otra potencia en parecidas circunstancias. 

En este contexto no dejan de sucederse hechos llamativos. Un reportaje de la televisión española destaca la presencia de voluntarios prestos a la defensa de Ucrania. Uno de ellos se identifica como Justin Dee, un neoyorquino que ha decidió dejar la relativa tranquilidad de la gran ciudad por las eventualidades de una guerra en las estepas del Donbas para impedir que Rusia subvierta los valores democráticos y la ideología occidental, según sus palabras. Esta especie de Capitán América asegura formar parte de una tropa llamada Legión Georgiana, compuesta por extranjeros llegados de Georgia, Estados Unidos, Italia, Alemania y Australia, la mayoría integrantes de la OTAN.  Una maniobra que bien puede solapar una intervención encubierta. 

Entre otros aspectos destaca el gran debut internacional de la actual ministra de relaciones exteriores alemana. Las imágenes recogieron a la miembro del Partido Verde con chaqueta antibala y casco de combate en pleno escenario conflictivo. Insólito viniendo de una persona vinculada a una organización destacada por su anti-belicismo militante. En este contexto conviene destacar las palabras de otra política alemana, en este caso de la que fuera ministra de defesa durante la última etapa de Merkel. En octubre del 2021 la demócrata cristiana Annegret Kramp-Karrembauer expresó públicamente su respaldo a la doctrina de disuasión cuya implementación admite que Alemania y sus aliados sean los primeros en usar las armas nucleares contra Rusia para disuadir un posible plan agresivo urdido por el Kremlin. Extraño que una persona identificada con los valores de la democracia cristiana termine por convergir con el tono belicoso de Roger Wicker, senador de Mississippi que no descarta que Estados Unidos sea el primero en utilizar una acción nuclear ante un escenario como el que nos preocupa.  No se quedan solos estos fariseos desteñidos y seudo cristianos. Los acompañan muchos integrantes del progresismo europeo que guardan silencio ante declaraciones irresponsables que ponen al desnudo el desprecio que sienten quienes están dispuestos a sacrificar millones de vida para proteger los intereses políticos y económicos que los soportan. Los mismos que hablan de salvar al planeta del calentamiento global no vacilan en ponerlo al borde de la explosión en un conflicto al que aportan con sus palabras, actos o simplemente desde el silencio.   

La manipulación y las omisiones se suceden en diferentes ámbitos. No solo desde la parte rusa. “Testimonios desgarradores de la masacre de ucranianos que aún Rusia se niega a reconocer” es uno de los titulares que encabeza un artículo que recoge aquellos hechos, ya reconocidos por cierto desde las páginas de numerosas publicaciones soviética en tiempos de la Perestroika, que con gran profusión de detalles denunciaron la famosa “matanza” en la que se conjugaron varios factores derivados de una sequia atroz, las secuelas de una terrible guerra civil y la aplicación de una criminal política de colectivización forzosa aplicada por los dictámenes del georgiano Josep Stalin. Por estos días alguna noticia recogió las celebraciones realizadas en ocasión del aniversario del dictador en su país de origen, donde se mantiene abierta al público la casa museo donde naciera.  En otra vertiente noticiosa resultó patente el mutismo casi generalizado que se produjo en torno a las manifestaciones de corte fascista que se produjeron en Ucrania el pasado 1 de enero en ocasión del aniversario 113 del nacimiento de Stephan Bandera, actos que provocaron protesta desde la embajada de Tel Aviv en la capital ucraniana.

Putin señala no sin razón la existencia y las demostraciones impunes de un fascismo naciente entre la extrema derecha de Ucrania, donde suelen producirse hechos que justifican su alerta sobre un genocidio instrumentado contra un amplio sector de la población ucraniana que lo medios identifican como prorrusos, pero que en realidad son ruso-parlantes. Los nacionalistas han prohibido el uso de esa lengua, han hecho hogueras con libros escritos en ella, sin distinguir que el autor sea Pushkin o Gogol. A este último le tildan de loco y traidor por haber escrito su obra en la lengua odiada. Imaginemos que Cataluña, por poner un ejemplo, lograra una hipotética independencia de España e instrumentara iguales prácticas en su territorio destruyendo literatura escrita en castellano o declarando traidores a los que la hablen. (de hecho, algo de esto ya está sucediendo en los predios catalanes)

Las razones de esta crisis no solo hay que buscarlas en las demostraciones de fuerza del ejército ruso o en la proyección “imperialista” de Putin. En ella confluyen intereses de todo tipo atizados por el fantasma de la inflación que se hace sentir a nivel mundial. Desviar la atención de esta y de un futuro próximo en el que las cosas no parecen mejorar, podría ser parte del guion. Se suma la competencia atroz por la venta de gas a Europa donde Rusia se perfila como un proveedor seguro y menos costoso, o los intereses inescrupulosos de la industria armamentística que necesita clientes para sus costosas manufacturas y situaciones como esta puede rendirles buenos beneficios. Resulta ilustrativa la compra de 64 aviones de combate norteamericanos gestionadas por Finlandia al coste de 9 400 millones de dólares. Un país que apenas se ocupó de estos asuntos durante los tiempos de la Guerra Fría y que sirvió de referente en gestiones pacifistas y contra el desarrollo del armamentismo en momentos en que se cernía el peligro de una conflagración aniquiladora. 

Los más cínicos arguyen que acontecimientos como este, en caso de desatarse, pueden servir para aligerar al mundo de cierta cantidad de bocas para las que no hay recursos suficientes. Reducir su número sería un imperativo para el que ya resultan poco eficientes los conflictos intermitentes que no han parado de producirse desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Nada para horrorizarse si vemos como la sociedad actual es cada vez más proclive a aceptar la cultura de muerte que se le propone como una normalidad: abortismo desenfrenado (en Colombia se acaba de aprobar hasta con cinco semanas y en otros países casi hasta las 9), legalización de la eutanasia y otras aberraciones dan una idea del avance de estas filosofías arropadas por globalismo cada vez más en consonancia con las descripciones proféticas de George Orwell. Pocas voces se alzan para advertir o enfrentar esa realidad y las que lo hacen son tildadas de autoritarias. Polonia, Hungría y algunos partidos políticos europeos destacan en esta nueva línea divisoria que trazan conservadurismos y liberalismos más que el gastado esquema ideológico de comunista versus capitalista.  El encuentro de Jair Bolsonaro con Putin marca un hito en esta corriente. 

La personalidad del presidente de Brasil marcó una brecha con sus acólitos y aliados en la foto donde posó sentado junto a Putin, contraste significativo respecto a la kilométrica mesa en cuyo extremo se sentaron Macron y el canciller alemán respectivamente frente al líder ruso. La advertencia del gobierno de Biden hecha a Bolsonaro para que desistiera del encuentro con su homólogo en el Kremlin, apenas sirvió para desalentar la decisión del mandatario brasileño. A la advertencia desoída, Washington sumó los reproches a lo que señaló posicionamiento solidario de Bolsonaro con Moscú, igualmente criticado por visitar la Hungría de Orban. 

En este punto cabe destacar la política contradictoria del actual ocupante de la Casa Blanca que mientras insiste en señalar que las naciones poderosas no pueden exigir que sus vecinos se sometan a sus esferas, impone políticas restrictivas a otros, indicándoles con quien asociarse o no, lanzando amenazas veladas para quienes actúen con independencia de criterio, aconsejando con quien reunirse, hacer acuerdos comerciales o manifestar posturas. Este es caso de Bolsonaro o Bukele. Ya en meses anteriores hemos escuchado hablar de la Doctrina Monroe y su vigencia en el discurso de voces republicanas. Pero con estas manifestaciones parece que la idea retrógrada y nada progresista está presente por igual en el ala demócrata. Decepciona constatarlo. Como decepciona el silencio de las voces progresistas dentro y fuera de Estados Unidos. Los considerados “radicales izquierdistas” de la bancada demócrata, políticos integrantes del socialismo europeo y personalidades progresistas en general callan. La evidencia saltó durante la entrega de los premios Goya. Aquellos que usaron el ámbito de la premiación para criticar la participación española en el conflicto de Irak en tiempos de Aznar, ahora siquiera hicieron un llamado a la cordura a un gobierno del PSOE determinado en seguir los pasos de esta espiral de guerra de consecuencias impredecibles. 

Jair Bolsonaro toma distanciamiento del discurso de sus críticos y hace un pedido a Dios (mención cada vez más rara en Occidente cristiano) para que la paz reine en el mundo en bien de la Humanidad. Palabras que coinciden en las declaraciones del Papa Francisco quien al referirse a la crisis en Ucrania admitió vergüenza por esos que encienden los fuegos de las armas sin pensar en los inocentes que en definitiva terminan pagando por los errores y la insensatez de políticas e intereses. Justo a dos días de que se produjera la anunciada invasión rusa, el presidente de Ucrania prometió mantener los cielos de país abiertos.  Una decisión que merece el calificativo de desvergonzada y criminal si nos atenemos a la potencial ocurrencia de un choque previamente avisado. Acaso se pretendía la repetición del horrendo suceso ocurrido en 2014 cuando un misil salido aún no se sabe de qué rampa abatió por “error” un avión de pasajeros acabando con la vida de 298 personas. 

Por estos días ha sido noticia el bunker secreto construido en la Florida a principio de los sesenta para acoger al presidente John F. Kennedy, la primera dama y una treintena de personas entre familiares y personal de servicio en caso de desatarse un ataque nuclear durante la crisis de los misiles. Así mientras los irresponsables se enredan en situaciones que pueden llevar a la Humanidad a una catástrofe irreparable y la muerte de millones de inocentes, manipulados unos e ignorante otros de lo que les anuncian, ellos se aseguran la manera de sobrevivir al apocalipsis que han contribuido a desatar. Por ello se hace imprescindible apelar al levantamiento de todas las voces conscientes del mundo para que unan su rechazo al redoble de los tambores de guerra. No por nosotros, sino por nuestros hijos y las generaciones que tienen derecho a vivir en paz, sin temores y sobresaltos por la guerra que nos espera. 
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