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Crisis migratorias, conflictos de intereses y el rejuego político 19 Jan 2022 21:56 #11824

  • Ricardo Puerta
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Miguel Saludes: 
 
Muy bueno tu articulo. Tu analisis esta por encima del nivel medio que se publica aqui. Te escribo desde Honduras, donde vivo y resido como inmigrante residente extranjero, ciudadano estadounidense, desde 1995.
Desde 1998 observo y sigo muy de cerca la migración nacional y transnacional de los hondureños. Esta ultima, al presente concentrada en Barcelona. La  diáspora de Estados Unidos es la mayor, hoy con mas de 1 millón 200 mil emigrados, 400 mil de ellos sin poseer la debida documentación. En la diáspora hondureña asentada en Barcelona, ya sobrepasan los 100 mil de origen hondureño.

Lo que sucede en la migración europea, poco o nada se analiza y se relacionada menos para lo que pasa en este pais con la migración de connacionales. Sin embargo, al  leer lo que pasa con los polacos en la ciudad de Terespol se parece mucho a lo que le pasa a los hondureños con el Programa, Quedate en Mexico.

Estoy a la orden si necesitas algo sobre Migracion en Honduras.
Con el colega Gerardo Martinez-Solanas nos conocemos desde hace años, porque vivi casi 10 años en Miami.

Sigamos en contacto.

Ricardo Puerta
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Crisis migratorias, conflictos de intereses y el rejuego político 18 Jan 2022 15:12 #11818

  • Miguel Saludes
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Poco antes de finalizar el 2021 el Papa Francisco lanzó un llamado a los gobiernos para que dejaran de usar a los migrantes como piezas de juego en esa especie de tablero de ajedrez en que han convertido el escenario internacional donde dirimen diferendos y conflictos políticos. La declaración del Pontífice se produjo en pleno desarrollo de la crisis migratoria desatada por Bielorrusia en la frontera polaca y apenas a una semana de su visita pastoral al campamento de refugiados en la isla griega de Lesbos. Siria, Iraq, Afganistán, Yemen, Bangladesh, Birmania y el cuerno africano son los puntos de partida de estas corrientes migratorias forzadas por la violencia de conflictos en los que de alguna manera han intervenido intereses foráneos. Los que escapan lo hacen precisamente hacia esos oasis de seguridad y bienestar que han perdido en sus tierras de origen, gracias en parte a esas partidas que se manejan desde el primer mundo y que se juegan en los traspatios tercermundistas. 

Ocurre que la ola migratoria se convierte en un problema grave cuando se torna creciente e incontenible. Entonces la crisis creada por esta coyuntura comienza a servir como una carta en mano de intereses enfrentados que tratan de sacar el mejor partido con su manejo. Es lo que ha ocurrido con Bielorrusia que ha tirado del as migratorio para colocarlo a las fronteras de una Unión Europea que le sanciona por los actos de su gobierno, acusado de autoritario y antidemocrático. Del otro lado saca cuotas de la situación Polonia, en cuyas fronteras Lukashenko coloca una avalancha que los polacos enfrentaron de manera drástica impidiendo su acceso Y es que Polonia, sancionada por el bloque del que forma parte, en este caso por su enfrentamiento a las normas que Bruselas impone sobre temas de justicia y otros asuntos, ahora pasa a ser el baluarte protector de los límites externos europeos para evitar la amenaza que significa ese éxodo para la cultura y la estabilidad occidental. No sería la primera vez. 

En el 2007 Polonia se convirtió en el destino de miles de chechenos que huían del conflicto desatado en la región caucásica. El grueso de aquella corriente llegaba por el corredor bielorruso. La Unión Europea apoyó financieramente al miembro báltico para que los acogiera de manera provisional. Más de 7000 chechenos recibieron el estatus de refugiados, pero bajo la condición de permanecer en los campamentos destinados a su estancia. En una corta visita que hice a Varsovia en el 2010 conocí de esta situación por la fuga protagonizada por un grupo de aquellos “refugiados” en su objetivo de llegar a otros países europeos. Según me contaron entonces no podían salir de los límites del sitio donde habían sido ubicados. La mayoría llevaba años en esa situación. El 2016 Varsovia puso fin al problema. La ciudad bielorrusa de Terespol se hizo noticia por un tren con 200 familias chechenas impedidas de continuar viaje hacia territorio polaco, cuyas fronteras fueron selladas por orden del ministerio del interior bajo consideraciones de que la guerra en Chechenia había concluido y los presuntos refugiados conformaban un plan para crear una ruta migratoria musulmana hacia Europa. 

En el actual contexto de conflicto migratorio entre Polonia y Bielorrusia destaca la postura ambivalente de Alemania. El motor y voz principal del tren europeo ha sido rotundo en su negativa a aceptar que los refugiados estancados en la frontera entre esos dos países sean recibidos porque ello sería ceder al chantaje de Minsk para buscar un acuerdo político que anule las sanciones y de paso obtener algún beneficio por contener a los que acampan en su territorio y que presumiblemente recibieron el estímulo de Bielorrusia para hacerlo. Irónicamente estos refugiados inadmisibles para Alemania son en su mayoría los mismos que esperaban en campos de refugiados de Turquía por la venia europea para obtener la condición de legalidad que le abriera las puertas a la Unión. La idea de Lukashenko sobre la posibilidad de un convenio tendría fundamento real en el antecedente del pacto entre Bruselas y Turquía del 2016 que otorgó al autoritario Erdogan un contrato de seis mil millones de euros a cambio de asumir a millones de sirios que serían controlados por las autoridades del país euro asiático. Igualmente, quienes llegaran al espacio Schengen de manera irregular serían destinados a Turquía, solicitantes de asilo incluidos. Mientras a estos se los colocaba ante una barrera fronteriza, casi en condición de rehenes, y en un limbo migratorio insoluble, los ciudadanos turcos podrían viajar a Europa sin necesidad de visado. Sin dudas un buen arreglo. 

La historia de un grupo de cubanos inmersos en este escenario de tensiones fronterizas europeas de pronto nos hace volver la mirada hacia el otro lado de Atlántico.  donde de manera singular el gobierno de Daniel Ortega abre las fronteras a los antillanos que ahora podrán acceder a Nicaragua sin necesidad de visa. La noticia levantó revuelo en Estados Unidos y en Cuba. Al norte del Estrecho de la Florida políticos y miembros del exilio cubano denunciaron la maniobra del gobernante nica, amenazado por numerosas sanciones en parecidas circunstancias a su colega bielorruso. No es incierto que el mandatario centroamericano está colocando la pieza migratoria en la balanza de un juego que se repite: utilizarlo como ficha para buscar posibles acuerdos que al menos le brinden un alivio en las posturas de su antagonista norteamericano. 

Por el contrario, en Cuba las reacciones han sido de alegría entre los posibles beneficiarios de esta decisión.  Miles de personas ya se aprestan a tomar el camino de Managua y no precisamente para visitar amistades o conocer las bellezas geográficas del país amigo.  Si por una parte es cierto que el gesto de Ortega no es un favor a los cubanos, estos tendrían que agradecerle la polémica decisión criticada por el Papa. Porque para ellos significaría otro tipo de alivio a unas medidas aplicadas por la administración de Trump y mantenidas por la actual de Biden que les obligan a resolver sus trámites migratorios en un punto tan lejano como Guyana. Las trabas y negativas de visa, así como la inseguridad de que esta sea favorable, les estimula a emprender una ruta ardua y peligrosa que atraviesa montes, selvas y numerosos países con el consecuente gasto de un dinero que para ellos es equiparable a una fortuna. La solución orteguista les acorta esa senda en miles de kilómetros de andadura y riesgos, incluido el temible tramo del llamado tapón de Darién. Por tanto, menos gastos, peligros y la cercanía de la meta situada al norte del Río Bravo. No por gusto por estos días se produjo una protesta en La Habana escenificada en los predios de una oficina que vende boletos de vuelo para Nicaragua. Un numeroso grupo de cubanos se manifestaban ante la demora en la venta de sus pasajes al grito de “queremos fecha de vuelo”. Un clamor en ambiente de protesta que bien pudiera contar con su eslogan identitario. Se me ocurre el de Patria y vuelo. 

Las crisis migratorias tienen guiones y actores parecidos donde quiera que ocurra, No importa idiomas, razas o credos. Se originan por graves conflictos que o bien demoran en terminar o dejan secuelas desastrosas que infiernen en la vida normal de quienes lo sufrieron en carne propia. Las víctimas terminan por buscar el camino que los lleve a una tierra prometida donde puedan enrumbar sus vidas y la de sus seres queridos en busca al menos de la seguridad perdida. Las rutas coinciden hacia aquellos lugares que ofrecen los objetivos que anhelan: cotos de felicidad, libertades, paz, dignidad, trabajo, prosperidad, derechos, entre tantas aspiraciones. Pero todos terminan aplastados entre conflictos de intereses y el rejuego de la política internacional, muchas veces bajo el manejo de los mismos actores que por diversas causas han contribuido a los problemas que terminan incidiendo en esas estampidas humanas generadoras de tensiones y conflictos, pero sobre todo del trato inhumano para las víctimas.
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