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07/12/2019
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El lamentable panorama argentino

No podemos olvidar que el presidente Macri es un peronista reciclado, aparentemente con mejores intenciones y mayor honestidad que la anterior gestión kirchnerista, pero con la misma mentalidad populista que ha justificado por demasiado tiempo en Argentina el derroche presupuestario para simular un estado de bienestar que el país no puede sostener y que ya ha provocado en las últimas décadas varios episodios de cesación de pagos; en otras palabras, la quiebra reiterada de todo un país incapaz de pagar las enormes deudas contraídas por gobiernos irresponsables, que se remontan a la famosa "convertibilidad menemista" de la década del '90.

Argentina se ha visto beneficiada una y otra vez al recibir renovados créditos después de cada cesación de pagos, lo cual ha alentado el derroche populista con el que se compra el favor de la mayoría de la población, obnubilada por el espejismo de una falsa prosperidad que se recicla tras cada proceso de quiebra nacional. Con esa mentalidad es que una gran parte del electorado se ha volcado el pasado fin de semana a favor de unos candidatos que vuelven a prometer lo que el país no puede dar dentro de los límites de lo que produce ni, mucho menos, con la fuga de empresas y capitales que provocará seguramente el socialismo radical del neokirchnerismo seudo peronista, el cual está a punto de tomar el poder para renovar el saqueo de un país que pudo llegar a ser parte del primer mundo (como ya estaba a punto de lograrlo a mediados del siglo pasado) si no hubiera sido por la deshonestidad y la irresponsabilidad del sistema que implantó Juan Domingo Perón y que derivó en sucesivos gobiernos corruptos, abanderados con el prestigio mal habido de aquel caudillo.

En otras palabras, la actual quiebra del país se está perfilando como la excusa perfecta para que el próximo gobierno "elegido" mediante un fraude populista cargado de promesas proceda en realidad a estatizar la economía mediante reformas socialistas, confiscatorias de la propiedad privada y contrarias a la libertad, dictando toda clase de normas estatistas que serán aplicadas con mano de hierro por medio de funcionarios al servicio de un turbio y confuso ideario marxista-peronista.

Bajo el gobierno de Macri hubo un intento de aparentar que se estaba intentando un régimen de austeridad que permitiera estabilizar al país por la ruta de la responsabilidd financiera y el equilibrio presupuestario. Pero se impuso el populismo, en gran parte debido a que el Presidente no controlaba el Congreso, en particular la Cámara de Diputados, donde la concertación de Macri contaba apenas con 107 diputados de un total de 257. Pero su gobierno tampoco está exento de señales turbias que causan sospechas de corrupción. En particular, se dice que la mayoría de los miembros de su gabinete económico han situado gran parte de sus fortunas personales en el exterior. Como fue reportado en el diario El Cronista el 5 de agosto con sus nombres y cargos: «... el ministro Dujovne, Dante Sica-Ministro de Producción y Trabajo, Verónica Rappoport-Vicepresidenta del BCRA, Leandro Cuccioli-AFIP, Rodrigo Pena-Secretario de Hacienda, etc. Y casi todos ellos – como el presidente Macri y el Ministro Dujovne – tuvieron importantes incrementos patrimoniales durante la actual gestión; con parte producto de inversiones financieras en títulos públicos argentinos. Es decir, que son funcionarios y a la vez acreedores del Estado.»

Aún así, estos indicios y sospechas son apenas un pálido reflejo de la corrupción, el peculado y la irresponsabilidad fiscal y administrativa de sus lamentables antecesores. El presidente Macri llegó al gobierno con una enorme deuda que ahogaba el país y un desequilibrio presupuestario que lo llevó finalmente a la cesación de pagos y la solución tantas veces repetida sin buenos resultados de un mega-préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de más de 56 mil millones de dólares, que probablemente sea denunciado y no sea pagado si Alberto Fernández y Cristina Fernández de KirchnerAlberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchnerasume el socialismo peronista de quienes parecen tener ahora el favor de la mayoría de los votantes: Alberto Fernández, quien fuera Jefe de Gabinete durante el lamentable gobierno de Néstor Kirchner; y Cristina Fernández, la esposa de Néstor y su sucesora en una reciente y corrupta presidencia. 

“Estas elecciones primarias funcionaron como un plebiscito, con una pregunta imaginaria que fue si los argentinos queremos seguir con Macri durante cuatro años más. La respuesta masiva fue no”, explicó Carlos de Angelis, director del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. “Macri pidió aguante y la sociedad respondió que no puede aguantar más", agregó De Angelis.

El Presidente, sin embargo, insiste en que su rumbo económico de recorte del déficit fiscal y altas tasas de interés es “el único camino”, al que se vio forzado por el gasto excesivo de su predecesora. No obstante, si bien el recorte del déficit era (y sigue siendo) indispensable para la salud económica del país, las altas tasas de interés, aplicadas con una política de irrestricto movimiento de entrada y salida de fondos de inversión, han sido (y siguen siendo) un desastroso error que Macri ha reiterado, emulando a sus antecesores, para estimular el ingreso de grandes capitales especulativo-financieros que no tienen interés alguno en vincularse a la actividad económica física o real sino que se dedican a aprovechar la especulación que les genera grandes ganancias pero causa abrumadoras distorsiones y desequilibrios, una moneda artificialmente sobrevaluada y un mayor endeudamiento, todo lo cual logra enmascarar por algún tiempo la situación con una falsa apariencia de bienestar económico: hasta que vuelve a producirse el inevitable derrumbe.

Ese espejismo de bienestar así creado, vuelve a desvanecerse una vez más y vuelve a dar paso al extremismo político que podría esta vez desembocar en un socialismo autoritario y corrupto que acabe por desmembrar la sociedad argentina y destruir las precarias bases económicas que todavía sostienen a un país que podría ser uno de los más ricos y opulentos del continente.