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20/08/2017

Perspectiva económica: Martínez-Solanas

Globalism, consumerism and the resulting broken civilization

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Our present civilization is immersed in a culture proclaiming "freedom", falling into an inebriating hole of "unlimited" choice that is allowing all kinds of moral diversity and material waste, while under the illusion that it is marching into a so-called "marvelous consumer society". Under this pervading atmosphere most people are reluctant to give up any options, thus promoting an unhealthy permissiveness.

The industrial age set in motion a system of production that constantly created new consumer goods, manufacturing methods, markets and technologies, giving way to a wasteful psychology of obsolescence. The famed Economist Joseph Schumpeter calls it a "process of Creative Destruction" and reveals how it "incessantly revolutionizes the economic structure from within, incessantly destroying the old one, incessantly creating a new one".

While globalism was a beautiful dream of a wide and harmonious World, it has been tampered with by the ominous manipulation of a runaway consumerism conducted by international industrial powerhouses. Such huge enterprises are taking charge through a stealth strategy aiming at breaking down local and national trade, political and economic barriers, while creating ever bigger global networks and supranational structures defying regulations in order to impose themselves upon the nations, as can be seen in many global trade rules, monetary unions, or United Nations' protocols and treaties.

These strategies serve to sweep aside those remaining national democratic institutions that could serve with the people's participation to temper frenetic intemperance. While national barriers –still under the control of its citizens– are torn down, they erode the human element that Russell Kirk*  referred to as those norms of courage, duty, honor, courtesy, justice, and charity that owe their existence to our judeochristian ethical structures.

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La pobreza, la desigualdad y el Estado de bienestar

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Hay muchos mitos sobre el "Estado de bienestar" (Welfare), sobre todo porque se ha convertido en fuente de promesas electorales que en los países democráticos logran una notable acumulación de votos que suele ser decisiva en los comicios donde predomina la tendencia política identificada con el "socialismo". Estos mitos se fortalecen con argumentos religiosos que pretenden demostrar que la doctrina cristiana promueve esas políticas "a favor de los pobres". Se llega al extremo de comparar favorablemente el marxismo con la doctrina de Jesús, como si el llegar a ser "rico" fuese anatema y los buenos gobernantes estuvieran obligados a promover una forzosa "igualdad" entre los ciudadanos.

Aunque este no es el tema de este ensayo, conviene aclararlo para evitar confusión en los argumentos que siguen más adelante. La doctrina cristiana se basa en la justicia social y el bien común. Pero estos parámetros dependen de la conciencia individual, de las decisiones personales dentro de una ética definida que, en el ámbito político, respeta la ley y el orden. Por tanto, esos parámetros son obra de la sociedad en la suma de voluntades personales y no el resultado de una coacción gubernamental autoritaria. En otras palabras, depende de la cultura cívica de esa sociedad actuando en libertad democrática, bajo los principios de subsidiariedad y solidaridad humana. 

Es importante aclarar también que el sentido y propósito del Principio de Subsidiariedad consiste en reconocer que el Estado sólo debe ejecutar una labor orientada al bien común cuando advierte que los particulares o los organismos intermedios no la realizan adecuadamente. Pío XI lo resumió así en su encíclica Quadragesimo anno: “…como no se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades menores inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar …”

Enfocando ahora el tema principal, deseo subrayar que para muchos han pasado lastimosamente inadvertidas las investigaciones que motivaron el Premio Nobel de Economía de 2015, otorgado a Angus Deaton, en gran medida por el impacto de los argumentos vertidos en su obra emblemática, titulada "El Gran Escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad".

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La importancia de las PYMES en una economía saludable

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Las PYMES no pueden competir contra las multinacionales oligopólicas
y se ven con frecuencia obligadas a cerrar,
aplastadas por las prácticas de 'dumping'
que provocan la quiebra de la competencia más débil.

Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) son la espina dorsal de la economía de cualquier país. A nivel internacional, comprenden entre el 60% y el 70% de los empleos de la fuerza laboral de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que agrupa a 34 países miembros empeñados en el propósito común de coordinar sus políticas económicas y sociales.   

Aunque hay distintos niveles, según el país, para identificar a las PYMES, las calificadas como "pequeñas empresas" suelen ser las que emplean a menos de 50 trabajadores y las "empresas medianas" las que ocupan entre 51 y 250 empleados.

En Estados Unidos, más del 95% de los exportadores a los países del Trans-Pacific Partnership Agreement (TPP) eran las PYMES de ese país. En México, las PYMES generaban en 2012 el 52% del Producto Interno Bruto (PIB) y ofrecían el 72% de los empleos del país, destacando así su importancia primordial para mantener una economía saludable.

En todas partes las PYMES suelen generar más empleo proporcionalmente que las grandes empresas, sobre todo si éstas son corporaciones oligopólicas o monopólicas, las cuales suelen estar a la zaga en la generación de empleos en cualquier país. Asimismo, el crecimiento económico, tanto de los países en desarrollo como de los países industrializados, depende en gran medida de la actividad y el éxito de las PYMES.

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¿Liberalismo o libertinaje económico?

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Aunque discrepo con bastante frecuencia de los planteamientos que suele ofrecernos Joseph E. Stiglitz, de Columbia Univ. en Nueva York, sobre todo cuando se adentra en la ciencia política y en la sociología, disciplinas que no son parte de sus antecedentes académicos, es importante destacar uno de sus recientes artículos sobre la era de crecientes monopolios, a los que yo añadiría también "de crecientes y enormes oligopolios".

Aparte de algunas consideraciones que apuntan a su tendencia hacia el Socialismo, es correcta su preocupación por las enormes bonificaciones que se asignan los altos funcionarios bancarios, a veces hasta llevar a sus empresas a la ruina y provocar baches económicos y hasta veraderos colapsos a nivel nacional.

Siglitz destaca también la tendencia oligopólica -que frecuentemente desemboca en monopolios- en los medios de comunicación social e Internet, en los seguros de salud, en las empresas farmacéuticas y en la agricultura, a las que creo certero añadir las cadenas de tiendas especializadas en EEUU (como Home Depot y Office Depot), las empresas de comida rápida, etc; una tendencia que acaba por destruir la competencia empresarial que es esencial en una economía equilibrada que beneficie al consumidor.

Con excepción de los economistas inspirados por el marxismo o educados en él, la ciencia económica demuestra que la competencia siempre beneficia al consumidor con precios más bajos, pero también beneficia generando una tendencia hacia una mayor variedad de productos, una mejor calidad de los mismos y un incentivo a la innovación, características de las que carecen los monopolios y oligopolios. Para el lector que no está al tanto de lo que son los "oligopolios", aclaro que es una forma de mercado en la que el mercado o industria está dominado por un pequeño número de vendedores y/o productores y fabricantes, los cuales cooperan entre sí para dominar el mercado y crear barreras a la entrada de nuevas firmas.

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La senda racional hacia la estabilidad económica

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Irlanda está destacando recientemente como otro caso notable de recuperación económica gracias a una política de austeridad fiscal y presupuestos equilibrados. El índice de desempleo que en los años de reajuste entre 2009 y 2012 alcanzó niveles cercanos al 16% ha bajado a poco más del 8% y el producto interno bruto (PIB) ha superado en un 15% durante el tercer trimestre de este año los altos niveles de 2007/2008 (antes de la recesión). La tasa de aumento del PIB ha sido del 5.2% en 2014 y del 7% hasta julio de este año. Lo más importante de este escenario es que la deuda pública, que había llegado a un nivel del 120% del PIB estará por debajo del 100% a fines de este año. 

Los resultados de la actual política basada en austeridad fiscal y moderación presupuestaria han sido un imán que ha atraído destacadas empresas multinacionales tan importantes como Pfizer, Facebook o Google, entusiasmadas con los bajos impuestos corporativos que ahora ofrece el país. A su vez, este aumento de la inversión extranjera ha redundado también en un aumento proporcional de los ingresos fiscales pese a la reducción de impuestos.

Además, la austeridad ha contribuido a mantener bajos los precios de los productos de exportación y, finalmente, todos estos buenos resultados han provocado un aumento de los gastos de los consumidores, lo cual ha estimulado notablemente la economía y beneficiado sobre todo a pequeñas y medianas empresas locales.

Para completar este escenario tan positivo, muchos expertos pronostican que el desempleo bajará en 2016 a poco más del 6% sin provocar inflación, la que hasta ahora se ha mantenido sumamente baja.

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