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07/02/2023
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Economía cubana: inversiones y reformas, el único camino

Entre los observadores y analistas de la economía cubana se está extendiendo la idea de que en 2021 se ha perdido un año excepcional para haber desarrollado una política más acetada en la contención de la pandemia e introducir reformas que permitieran el efecto rebote como ha ocurrido en el resto de los países de América Latina.

Pero no. El régimen comunista se empeñó en vacunar a la población con las “Abdala” cubanas sin obtener la certificación de la OMS, y de otro lado, la Tarea Ordenamiento puso patas arriba la maltrecha economía que iba a recuperarse tras la pandemia del COVID-19. Ni lo uno ni lo otro. La economía cubana se ha vuelto a estancar en 2021 y nadie cree que se pueda producir una mejoría durante 2022. Crece la incertidumbre, así como los temores de que los dirigentes no sean capaces de salir del círculo vicioso en que se encuentra la economía, carente de divisas para atender sus compromisos internacionales y con un grave problema de inflación, productividad y desequilibrio presupuestario.

En tales condiciones, aunque CEPAL ha dibujado para Cuba una previsión de crecimiento del PIB en 2021 del 3,5% similar a la establecida en el plan económico por los dirigentes comunistas, cada vez hay menos analistas y observadores que dan crédito a esa estimación. Las previsiones empiezan a ser cada vez menos optimistas y ninguna da por hecho un crecimiento económico significativamente superior al de 2021 lo que implicaría mantenerse en un escenario de estancamiento, cada vez más alejado del ritmo más vigoroso en 2022 de las economías de América Latina y el Caribe.

De confirmarse estos presagios Cuba se vería afectada en 2022 por una tasa de inflación elevada y resistente a la baja, una complicada gestión presupuestaria y un descontrol monetario sin precedentes, mientras que el peso cubano pasa a ocupar una dudosa centralidad dentro del sistema financiero a la que el régimen no hace más que poner obstáculos, como las tiendas en MLC.

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¿Por qué la economía cubana no funciona ni con plan ni con presupuesto?

No hay nada peor en la dirección de los asuntos económicos de un país que cometer errores y no acertar en el diagnóstico de los problemas y las medidas adoptadas. Actuar de ese modo, resta credibilidad a los responsables de la economía, hace difícil realizar previsiones y contribuye a una ceremonia de confusión de la que nadie sale bien parado.

El área económica es, con diferencia, la que peores resultados de gestión presenta en el régimen castrista. Son 60 años apostando por un modelo de planificación central sin derechos de propiedad ni mercado para intervenir en la actividad económica que ha sido una cosecha continua de fracasos, uno tras otro.

Cuando se escriba con independencia de criterio y objetividad la historia de la planificación central en Cuba desde los tiempos de la JUCEPLAN, no se podrá obtener otra valoración que fracaso. Granma dedica un reportaje a la reunión del consejo de ministros en la que se aprobaron el plan de la economía y el presupuesto del estado para el 2022, que se presentarán en unos días a la Asamblea Nacional para que los diputados den su aprobación.

Del plan habló el ministro Gil, que presentó las líneas maestras del mismo, mostrándose optimista y poco crítico con lo que ha sido la gestión de la economía en los dos últimos años. Un asunto de su responsabilidad.

Y aquí comenzó un espectáculo poco gratificante. Lo primero que dijo, ni él se lo cree, es que la economía cubana ha comenzado un “proceso gradual de recuperación de los niveles de actividad”. Un proceso que se debe interpretar con mucho cuidado, porque si bien es cierto que el segundo y tercer trimestre pasaron a tasas positivas del PIB, según la ONEI, lo hicieron a un ritmo menor, y todavía con datos medios anuales, la economía se encuentra en recesión, -1,2% hasta el tercer trimestre.

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Cuba: Tarea Ordenamiento, del control de precios a las multas y sanciones

La obsesión por el control de los precios acabará siendo el principal enemigo de la situación actual que golpea a la economía cubana y muchos comercios acabarán cerrando sus puertas. Si los cubanos no se dan cuenta de que el responsable de la crisis actual es el gobierno y su insistencia en dirigir la economía nacional con un modelo obsoleto, que ni chinos ni vietnamitas siguen ya, entonces, poco habrá que hacer. La realidad es contundente. El único responsable de las colas, la carestía, las penalidades y la falta de comida es el gobierno. No hay más vuelta de hoja.

Por eso, un reciente artículo en Cubadebate titulado “Control, palabra clave: ¿Cómo enfrentar los precios abusivos y especulativos?” mete el dedo en la llaga y hace sangre, pero esta no llega al río. A partir de testimonios diversos de gente, el artículo desgrana responsabilidades hacia comerciantes, carretilleros, panaderos, etc, sin acudir directamente al origen de los problemas.

Las tardanzas en las colas y la aglomeración de gente, sin respetar las condiciones sanitarias de la pandemia, no son más que manifestaciones de la dimensión de un iceberg que amenaza con destruir el barco de la economía. Siempre han estado ahí, y ahora coinciden con insatisfacciones con la calidad de los servicios y productos, falta de personal en los puestos de atención al público, ejecución de procedimientos inadecuados para cumplir las normas sanitarias, junto a las denominadas “contravenciones personales por violaciones de la política de precios y tarifas” que tienen su plasmación en el reciente Decreto 30 de 2021.

Este Decreto 30 sobre las “Contravenciones personales por violaciones de la política de precios y tarifas” actualizó los supuestos de infracción, pero sobre todo, las multas, que oscilan entre 2.500 y 15.000 pesos. Su objetivo es enfrentar las indisciplinas y el descontrol, así como incrementar el rigor de lo dispuesto.

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¿Cómo puede avanzar Cuba económicamente en 2021?

La respuesta a esta pregunta es solo una. No podrá si no se introducen reformas estructurales de gran calado, que, por otra parte, el gobierno no está dispuesto a asumir.

En 2020 el PIB de la economía cayó un 10,9%. Un año antes lo había hecho en un 0,2%. Esto significa que la economía cubana lleva casi dos años reduciendo su tamaño, porque las políticas económicas adoptadas por el gobierno resultan ineficaces para revertir las tendencias. En 2021 las cosas no han ido a mejor.

¿En qué consisten estas políticas del gobierno? Ni más ni menos que en más estado: más gasto público corriente, más déficit, más expansión monetaria, más inflación y descontrol. La vía emprendida por las autoridades es un fracaso, y en ausencia de turismo, petróleo de Venezuela, ingresos de servicios médicos y remesas suficientes, el sistema económico se viene abajo, sin solución de continuidad.

Mientras el gobierno no deje de responsabilizar a otros de los problemas de la economía y asuma su responsabilidad en el curso de los acontecimientos, la economía cubana no podrá mejorar.  No parece que esta actitud prudente, creíble y responsable esté en los planes de quienes solo aspiran a ganar tiempo ante lo que parece inevitable: el fin del sistema económico y social.

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¿Es Cuba un espacio adecuado para la actividad económica?

La respuesta a esta cuestión no es complicada. En esencia, se trata de mostrar que las instituciones, normas, e incluso el texto constitucional, no aportan suficientes evidencias de un modelo favorable para el crecimiento económico. Tras el fracaso de los regímenes socialistas de Europa y la opción de China y Vietnam hacia las libertades económicas, Cuba se ha quedado en el mundo como el último baluarte de la guerra fría, defendiendo un modelo económico agotado, que no da para más y que tiene que ser modificado.

El socialismo de inspiración comunista que reivindican los dirigentes cubanos supone un estado dueño absoluto de los medios de producción, con capacidad para controlar la economía por medio de la planificación central, la ausencia de libres derechos de propiedad privada y la anomalía de contar con uno de los pocos ministerios con competencias en materia de precios. Un modelo que no facilita el despegue de la actividad económica.

En la práctica el modelo social comunista cubano combina un estado totalitario que gasta más de lo que ingresa de forma sistemática, muy sobredimensionado porque detrae no solo recursos tributarios, sino también no tributarios de las empresas, lo que debe combinar con subsidios que se destinan a rebajar los precios de la producción poco competitiva e ineficiente.

No existe respeto a la propiedad privada, ni garantías para su existencia, porque no hay un estado democrático de derecho, las expropiaciones se mantienen como espada de Damocles en la regulación y la planificación central desarrolla amplias competencias sobre la economía. demás, Cuba no mantiene estabilidad monetaria y fiscal, como consecuencia de la elevada intervención del gobierno en la economía. El estado necesita de las divisas y por ello apuesta por la libertad de comercio e inversiones, pero prohíbe la realización de proyectos que no se ajusten a las directrices oficiales.

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