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Cuba y la mejora de la economía de América Latina y Caribe

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Cuando hace unas semanas, la CEPAL publicó su informe “Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2019” arrojó un cubo de agua fría sobre las autoridades comunistas de La Habana. Las previsiones de crecimiento del PIB para la economía cubana en el año 2019, un 0,5%, no eran sustancialmente distintas de las elaboradas para 2020, otro 0,5%. Mientras que América Latina y Caribe remontaban sus cifras hasta un 1,3% previsto por CEPAL para 2020, la economía cubana se volvía a encontrar ante un ejercicio complicado, en el que iba a ser muy difícil cuadrar las cuentas y mejorar el clima económico interno. Por su parte, días más tarde, el Fondo Monetario Internacional también anunció un crecimiento para América Latina y Caribe en 2020 algo inferior, el 1,6%, pero ya para 2021, la estimación se incrementó hasta un 2,3%.

En todo caso, estas previsiones por parte de organismos especializados vienen a confirmar que la economía de la región mejora progresivamente, pero Cuba no. La economía de la isla se encuentra inmersa en una situación de estancamiento, en la que se combinan pesimismo, falta de expectativas y sobre todo, ausencia de una política económica adecuada para afrontar la situación. Como consecuencia de ello, mientras que el crecimiento económico se acelera en los países de América Latina y Caribe en el horizonte de 2020 y 2021, la ansiada recuperación de la economía cubana se hace esperar, o dicho en otro modo, ni está ni se la espera. Todavía es pronto para valorar la coyuntura reciente de la economía, pero si se combinan las informaciones dispersas procedentes de diversos indicadores publicados por la estadística oficial del régimen (turismo, remesas, comercio exterior, venta de alimentos, empleo) la imagen que ofrece la economía cubana dista mucho de ser favorable.

La cuestión que nos importa en este post es que mientras que la economía de América Latina y el Caribe se acelera, el estancamiento económico continúa en Cuba. De hecho, la rebaja en la estimación de crecimiento de CEPAL para Cuba para 2020 la sitúa entre los países de menor crecimiento de la región, similar al de Ecuador o Haití, y sin embargo, muy lejano de las previsiones de República Dominicana, con un 4,7% de crecimiento en la zona del Caribe. Con las estimaciones ofrecidas por CEPAL, que hasta la fecha las autoridades comunistas no se han lanzado a cuestionar, la economía cubana crecerá solo un 0,5% tanto este año como el próximo. Con ello, Cuba deja que crecer por encima de la media de las economías de América Latina y el Caribe, y se retarda en sus posibilidades de desarrollo y prosperidad.

La buena noticia es que Cuba seguirá creciendo, de cumplirse las previsiones de la CEPAL. Crecer un 0,5% es hacerlo por delante de Venezuela (que vuelve de nuevo a hundirse de forma estrepitosa), Nicaragua, Argentina, Bahamas, Ecuador o Haití, ya citados. Países que se encuentran inmersos en situaciones críticas, precisamente por la deficiente política económica que siguen en cada uno de ellos, por otra parte, de diseño muy similar a la que se practica en Cuba desde 1959,

Ahora bien, si el resto de países de América Latina y Caribe consiguen mejorar sus ritmos de crecimiento, y Cuba se va quedando atrás, esta información, si se traslada al contexto internacional, puede suponer nuevos problemas para las autoridades del régimen. Ello dependerá, en buena medida, que Cuba sea capaz de sacar provecho de la mejoría del entorno económico próximo y ajustar sus estructuras a esa dinámica más favorable que anuncian los organismos especializados.

Para que ello fuera posible, el régimen debería ajustar la actividad económica interna y el comercio internacional para que se puedan conectar con las tendencias favorables procedentes del exterior, en buena medida beneficiadas en América Latina y Caribe por la mejoría de las relaciones entre Estados Unidos y China, y los menores temores a que se produzcan conflictos bélicos a nivel mundial. En tales condiciones, si los riesgos que amenazaban a economía mundial van desapareciendo, la confianza en los negocios podrá mejorar y esa oportunidad podría ser aprovechada por las autoridades comunistas de La Habana.

Ellos saben qué tienen que hacer para no quedarse al margen de esa eventual mejoría internacional, y tratar de trasladar la confianza a los agentes económicos, tanto estatales, como privados, que deben ser considerados motor y base para el desarrollo de la economía. Las condiciones para aprovechar ese clima internacional más favorable por parte de la economía cubana no se basan en la denuncia diaria a EEUU por sus políticas a la isla, sino por diseñar políticas económicas inteligentes de consolidación fiscal, de contención y reducción del crecimiento del gasto sobre todo el superfluo, de profundizar en las reformas a favor de las libertades económicas y la competencia, y en proseguir con la consolidación de los derechos de propiedad y la apertura de la actividad económica privada en la isla, la única que puede dar resultados concretos y positivos para que Cuba no se quede al margen del crecimiento económico que puede empezar a llegar a su entorno más próximo. Los cubanos deben saber que otra política económica es posible.

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