Menu
20/11/2018
A+ A A-

La crisis de Lehman Brothers diez años atrás

Han pasado diez años desde la quiebra de Lehman Brothers, el que fuera cuarto banco de inversión de Estados Unidos, y que generó una crisis financiera mundial de la que pocos países escaparon. Los diez años transcurridos desde aquel mes de septiembre de 2008, han permitido a los países contar con experiencia sobre lo que se debe y no hacer en relación con la gestión financiera, a nivel global.

Lehman Brothers, que poseía activos por valor de 639.000 millones y una plantilla estimada en 26.000 empleados en todo el mundo quebró dejando un agujero de 613.000 millones de dólares. Una cifra que se convirtió en la mayor quiebra de la historia. Cuando faltan apenas dos semanas para el décimo aniversario de aquel percance económico, del que fuera cuarto banco de inversión de Estados Unidos, podría resultar interesante realizar unas reflexiones sobre el tiempo transcurrido, lo que hemos aprendido, las consecuencias de aquellos acontecimientos, y finalmente concluir si la economía mundial en la actualidad está mejor preparada para afrontar crisis sistémicas, o por el contrario, persiste la debilidad y en cualquier momento puede surgir una crisis financiera generalizada de efectos similares.

Tal vez por ello, un poco de historia sea conveniente a fin de centrar los sucesos acaecidos hace diez años. Los primeros síntomas de las turbulencias se detectaron en la primavera de 2007, concretamente en el mes de abril, cuando tuvo lugar la quiebra del New Century Financial, que era una pequeña entidad especializada en la concesión de hipotecas de alto riesgo, un producto financiero que tuvo mucho que ver con lo ocurrido después.

Aquel acontecimiento no dio para más, salvo para atraer la atención de algunos medios. La razón: la economía se mostraba fuerte y nadie podía pensar que se estaba a las puertas de una grave crisis. No obstante, algunos analistas y expertos situaron el comienzo de la grave crisis financiera, que vendría después, a comienzos del mes de agosto de 2007. En cuestión de tres días, entre el 6 y el 9, se produjo la quiebra de tres sociedades hipotecarias estadounidenses, en tanto que al otro lado del Atlántico, donde los efectos no se habían producido aún, el banco francés BNP Paribas anunciaba la suspensión de tres de sus fondos. Para la institución francesa, la disminución del precio de los activos vinculados a las hipotecas de alto riesgo le impedía calcular el valor de los fondos, por lo que estaba obligado a lograr que los inversores retirasen su dinero.

A partir de entonces, los sucesos fueron siendo cada vez más graves y la enfermedad empezó a extenderse con rapidez, y como consecuencia, los bancos dejaron de confiar sus operaciones en el mercado interbancario, que quedó completamente paralizado. Las entidades no se atrevían a prestar a otras, y el nivel de desconfianza aumentó de manera vertiginosa ante el desconocimiento de lo que se contenía en los productos financieros que los analistas calificaban de tóxicos, pero que hasta entonces se habían comercializado prácticamente sin límites. Ni siquiera las inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales sirvieron para contrarrestar el clima de desconfianza, ni tampoco el descenso de los tipos de interés que acabaría llevando el precio del dinero a mínimos históricos.

A comienzos de 2008, los síntomas del contagio eran evidentes. En Estados Unidos, se empezaron a anunciar pérdidas millonarias de los bancos grandes y pequeños, incluyendo igualmente a gigantes como Morgan Stanley o Citi. Más tarde llegó la quiebra de otro mítico banco de inversión, Bear Sterns, cuyas acciones fueron compradas a 2 dólares por JPMorgan, a quien la Reserva Federal había concedido un crédito de 30.000 millones de dólares para realizar la operación.


El recuerdo de aquellos sucesos lleva a preguntarse cómo es posible que se dejara quebrar a Lehman en un entorno financiero cada vez más problemático. Algunos creen que la capacidad de reacción de los equipos directivos de la entidad tuvo mucho que ver. De hecho, cuando los responsables del banco de inversión registraron la quiebra de la entidad ante el Tribunal de Quiebras del Distrito Sur de Nueva York, Lehmann había perdido ya un 94% de su valor en Bolsa desde los máximos alcanzados en 2007. El gigante se venía abajo sin remedio, y los analistas atribuyeron una parte importante de responsabilidad a la actuación de su consejero delegado Richard Fuld, dotado de una personalidad orgullosa y autoritaria que lejos de facilitar la negociación con las autoridades, la hizo realmente imposible.

La supervivencia de Lehman dependía, de manera inexorable, de la entrada de un nuevo accionista que recapitalizara la entidad, o por la venta a terceros. Algunos de los interesados en la operación, como el inversor Warren Buffett, o Barclays y Bank of America acabaron tirando la toalla, o desplazándose hacia otras operaciones, como en el caso de la entidad británica que se orientó hacia Merrill Lynch, igualmente en situación crítica. Algunos analistas destacaron que la falta de garantías por el Tesoro y la ausencia de instituciones que pudieran atender los riesgos de Lehman pesaban mucho para entrar en el banco.

Como consecuencia de ello, y sin liquidez, Lehman quedó abocado a la quiebra.

Posteriormente, los efectos se trasladaron a la Bolsa. Allí los desplomes aumentaron después de la caída de Lehman, con la aparición del pánico en los parqués, de modo que entre el 15 de septiembre de 2008 y mediados de 2009, el índice Dow Jones perdió algo más de un 40%.

De toda experiencia siempre es posible obtener conclusiones y aprender. Lo cierto es que la quiebra de Lehman Brothers, y la crisis internacional posterior, dio lugar al desarrollo de una extensa regulación financiera dirigida a poner freno a los excesos del pasado. Por ejemplo, la Ley Dodd-Frank aprobada en julio de 2010 (también conocida como ley de reforma de Wall Street y de protección al consumidor). Esta ley introdujo cambios radicales en el funcionamiento del sistema y dispuso la entrada en vigor de medidas que se han generalizado en la práctica financiera, como los test de estrés, la supervisión exhaustiva de las entidades consideradas sistémicas, y los controles orientados a evitar eludir nuevos rescates con fondos públicos.

A nivel internacional, el Banco de Pagos Internacionales desarrolló una extensa normativa que se concretó entre otras, en los colchones anticrisis, recursos emitidos por las entidades financieras y que pueden no pagarse en caso de problemas para conseguir un balón de oxígeno. El objetivo era lograr que los inversores pagasen por los rescates, en lugar del dinero público, del que muchos consideraban que se ha abusado en extremo en el pasado para estabilizar a la banca. La nueva regulación adoptó múltiples formas como el TLAC, para las entidades sistémicas, o el MREL, para la banca europea.

Todo ello obliga a preguntarnos si el mundo está actualmente mejor preparado para afrontar una crisis financiera como la que empezó hace diez años y en algunos países duró más de un lustro, con efectos muy negativos en términos de actividad y empleo. Pienso que si. Pero los avances en la digitalización y las nuevas tecnologías asociadas a la cuarta revolución industrial obligarán a las autoridades financieras a estar muy atentos y no bajar la guardia. La confianza, la ética, la transparencia y la responsabilidad son activos fundamental para la actividad económica. Su importancia debe ser objeto de la máxima atención por parte de las autoridades. Para ello, no basta con promover sanciones, más concentración, fusiones y compras como las producidas a ambos lados del Atlántico, o la regulación en la venta de productos, entre otras. Se requiere mucho más y sobre todo, aprender para no cometer los mismos errores.

Asistimos a un momento relativamente favorable en la economía mundial. En EEUU, el presidente de la Reserva Federal Jerome Powell la estrategia de aumento de los tipos de interés que desde hace meses sigue la institución que lidera. La preocupación para la institución es en mayor medida cómo va a impactar en los mercados la actividad de gigantes como Amazon en los próximos años, que la crisis de las entidades financieras. El mercado está cambiando y ello tiene implicaciones para las políticas monetarias y en contra de las críticas del presidente Trump, Powell mantiene su intención de elevar los tipos de interés a una tasa que no ponga en peligro el crecimiento de la economía después de una década de estímulos. Ello, obviamente, tendrá sus efectos sobre el dólar y los movimientos internacionales de capitales. En Europa el Banco Central continúa su política de inyecciones monetarias en un intento de evitar que las deudas, sobre todo públicas, no puedan ser satisfechas, pero ya Mario Draghi ha anunciado recortes para el próximo año. El FMI en su último informe económico mundial ha estimado un crecimiento global del 3,9% para 2018 si bien la expansión es menos general de lo previsto y se anuncian riesgos derivados del proteccionismo, que tendrán sus consecuencias más negativas sobre los países emergentes.

Las remesas económicas y sociales de los emigrantes: una perspectiva global

Este año, el Foro Económico de Davos ha prestado atención a las migraciones, un asunto candente en todos los países occidentales que ha generado un aluvión informativo en las últimas semanas, y que lo seguirá haciendo, porque es una tendencia imparable, característica del nuevo entorno de la globalización de este siglo XXI1.

El interés por las migraciones tiene un punto de partida fundamental en el reconocimiento de la importancia cuantitativa que tienen. En la actualidad, cerca de 258 millones de personas residen en un país distinto al que les vio nacer, el 3,8% de la población mundial estimada. Como dato curioso, los cubanos, durante seis décadas, han llegado a acumular más de 2,5 millones en el extranjero, lo que representa un porcentaje del 22,7% sobre la población de la isla. El asunto es especialmente sensible.

Las razones para migrar y cambiar de país son muchas, y se modifican a lo largo del tiempo. En los últimos años, existe un amplio acuerdo en que la migración cada vez más responde a situaciones de conflictos bélicos locales, la persecución, el deterioro del medio ambiente, a la falta de oportunidades y una profunda falta de seguridad en la vida de los seres humanos2.

Por otra parte, al desarrollar su nueva vida en los países de adopción el emigrante conserva en buena medida sus valores, cultura, experiencia, conocimiento y proyectos vitales de origen. Con el paso del tiempo, adquiere nuevas competencias y cualificaciones fruto de su desarrollo profesional, y gracias a ello, cubiertas sus necesidades inmediatas, puede realizar envíos periódicos de dinero a sus familias. Por este motivo, las remesas de los emigrantes a sus familias se han convertido en objeto de atención en el Foro Económico de Davos3 y el cálculo de su importe total y los efectos cuantitativos y cualitativos que generan, ha abierto una línea de investigación muy prometedora.

Leer más...

Tarifas y aranceles ante la 4ª revolución industrial

Pensar en aranceles y tarifas en el comercio mundial del siglo XXI es un error de los gobiernos. Sobre todo, es creer posible una vuelta atrás en el tiempo, cuando las tendencias que empujan el comercio mundial de bienes y servicios van por otro camino, sin duda muy diferente.

Buena parte del comercio mundial desde la primera revolución industrial tuvo mucho que ver con lo que se entiende por el proceso de ensamblaje de piezas, en esencia, el diseño e ingeniería de herramientas e instrumentos necesarios para producir los componentes de los productos finales. El ensamblaje fue la tecnología fundamental desde el nacimiento de las primeras plantas fabriles a la orilla de los ríos en Inglaterra. Permitió que los productos manufacturados salieran de las máquinas y no de las manos de los artesanos tradicionales, como había ocurrido a lo largo de la historia en los siglos anteriores. Supuso que los procesos productivos se beneficiaran y se vieran estimulados por la adopción de tecnologías e innovaciones mecánicas, como la máquina de vapor. La historia desde entonces, nos es bien conocida.

Una vez que las máquinas se hicieron con el papel fundamental en la producción, las materias primas empezaron a viajar de los países en desarrollo a los industrializados, en tanto que las manufacturas producidas se extendían por todo el mundo a precios cada vez más competitivos como consecuencia de la producción masiva. Entonces, en algún momento de este proceso, los gobiernos apostaron por la fijación de los aranceles, tarifas e impuestos sobre el comercio mundial. En ocasiones con fines recaudatorios, en otras como respuesta a las presiones internas para evitar la competencia internacional de precios en descenso. Tanto en un caso como en otro, los perjudicados eran los consumidores finales que pagaban precios más elevados por los productos.

Todavía en la actualidad, las materias primas continúan viajando a las factorías en aquellos lugares del mundo en los que se producen los componentes. A su vez, estos componentes que poseen una naturaleza industrial manufacturera se envían a otros países donde se encuentran los ensambladores del producto final. Este proceso que ha llegado a nuestros días y que se encuentran bien asentado es un legado de la primera revolución industrial.

Leer más...

Las relaciones de la UE con Cuba y Estados Unidos

La visita de Federica Mogherini a La Habana para rendir pleitesía a un régimen que agoniza no ha sentado bien a los sectores de la disidencia y la oposición que comparten con los 28 estados de la Unión Europea un mismo modelo de democracia, pluralismo y respeto a los derechos humanos.

Sin embargo, una derivada mucho más complicada aún, que puede tener repercusiones a medio plazo para la Unión Europea es la toma de posición con respecto a la política del nuevo presidente de Estados Unidos, por cuanto supone una confrontación directa no sólo en el caso cubano, que ya se da por perdido en todos los foros diplomáticos, sino con relación a otros ámbitos de la geopolítica internacional. Si la Unión Europea continúa esta política de expansión diplomática y comercial para ocupar el espacio que deja la actitud del presidente Trump, pueden aparecer nubarrones grises que anuncien tormenta.

No está bien que la alta representante de la Unión Europea diga sin referirse a nadie en concreto, pero con la mente puesta en el presidente Trump, que "frente a los que levantan muros y cierran puertas, nosotros los europeos queremos tender puentes y abrir puertas mediante la cooperación y el diálogo". Además, en la conferencia impartida en el Colegio San Gerónimo de La Habana, lanzó duras acusaciones contra el “bloqueo” que en su criterio, EEUU mantiene sobre la Isla desde 1962, una política "obsoleta e ilegal" cuyo único efecto es "empeorar la calidad de vida" de los cubanos. Ni más ni menos que el guión que usa el castrismo desde hace 54 años.

Diciendo estas cosas Mogherini se olvida que el régimen castrista es el único que mantiene las estructuras y políticas de los tiempos de la “guerra fría”, incapaz de abrir espacios a la libertad, el pluralismo y el progreso, a la vez que, enmarañado en ajustes económicos que no llevan a ningún sitio, ve como la economía entra en recesión sin apenas capacidad para cumplir sus compromisos internacionales. Diciendo estas cosas, Mogherini se puede encontrar con algunos diputados europeos que no estén de acuerdo con sus afirmaciones y cuestionen su gestión. En fin, los problemas se acumulan. La tormenta está cerca.

Leer más...

Economía cubana 2017: ¿dónde estamos?

Cuba ya no sorprende a nadie en el terreno económico. Si en 2016 logró remontar las consecuencias de una grave recesión con origen en la reducción de los suministros de petróleo chavista, con las limitaciones que ello implica a nivel interno y externo, este año la actividad se ha visto inmersa en la pérdida de fuerza de los motores, como el turismo o la inversión extranjera, complicaciones que unidas al efecto adverso de la climatología, definen un escenario cuanto menos problemático para el previsto relevo de Raúl Castro a comienzos de 2018.

El Informe de CEPAL relativo al balance preliminar de las economías en América Latina y el Caribe vuelve a situar a Cuba, con un 0,5% de crecimiento del PIB en el puesto 27º del ranking, o lo que es lo mismo, en los últimos de la clasificación regional, lo que indica que conforme pasaban los meses, la economía no ha conseguido remontar los pésimos resultados, de modo que se espera que los problemas que la han atenazado a lo largo del año no hagan otra cosa que incidir de forma negativa en el cierre el ejercicio.

De ese modo, Cuba se distancia del resto de países de América Latina que están sacando más provecho de la actual coyuntura, y se muestra incapaz de obtener los mayores réditos de las reformas parciales que el régimen ha ido adoptando en los últimos años. El régimen castrista continúa empeñado en mantener a Cuba aislada del resto del mundo, e impedir a los cubanos que ejerzan con libertad sus derechos económicos, consolidando un sistema de planificación central de la economía en el que no se respetan los derechos de propiedad privada, que prácticamente no se observa en ningún otro país del mundo.

En este escenario, el régimen no hace otra cosa que mirar siempre de puertas adentro y denunciar un presunto ejercicio de bloqueo o embargo, pero no consigue poner énfasis en el tipo de reformas que harían más productiva y competitiva a la economía nacional. Un círculo vicioso del que cada vez resulta más difícil escapar.

Leer más...

El fracaso de la inversión extranjera y la exportación en Cuba

Malmierca declara a Granma que “en materia de inversión extranjera se observan modestos avances en cuanto a la concreción de nuevos negocios, tanto dentro como fuera de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, así como reinversiones en varios de los proyectos existentes”, y no me queda más remedio que darle toda la razón. Que de un modo u otro, reconocer, como hace él, un fracaso de la política de captación de inversiones extranjeras en Cuba es un hecho objetivo y, en contra de lo que muchos pueden pensar, obedece a razones de las que él no tiene culpa alguna.

El régimen castrista, que siempre ha confiado su existencia política a la propaganda y la venta de presuntos éxitos, acaba de inaugurar a bombo y platillo la edición 35ª de la Feria Internacional de La Habana, un foro que intenta atraer a inversores y compradores extranjeros a la precaria economía que los comunistas han construido durante 58 años.

Y ni corto ni perezoso, Malmierca informa que desde el pasado año, los negocios de capital extranjero han llegado a sectores estratégicos de la economía, como las energías renovables, el turismo, la construcción, la minería y la prospección petrolera, unido al bancario financiero y las industrias, especialmente la ligera, la alimentaria y la azucarera, y lo han hecho, por un monto total de capital comprometido superior a los 2.000 millones de dólares. Si todo esto fuera cierto, nos alegraríamos, sin duda. Creerlo requiere mucho más que una prueba de fe.

Leer más...

Impuestos sobre la tierra: otro gran error

Otra decisión del régimen castrista puede suponer un duro golpe al sector agropecuario privado que empieza a funcionar en el país. Pagar impuestos por la tierra cedida.

Tras las reformas de Raúl Castro en 2006, que permitían la entrega en arrendamiento de tierras ociosas, propiedad del estado, a productores privados para que las pusieran en cultivo, un lento pero continuo aumento de usufructuarios ha situado en 2017 la cifra en 151.000 que ocupan 1,2 millones de hectáreas que continúan siendo propiedad del estado.

Transcurridos 11 años desde la aprobación de estas reformas, que aún tardaron casi dos años en implementarse plenamente, más del 70% de las tierras de cultivo de la isla están en manos de productores no estatales, entre usufructuarios y campesinos propietarios. Por el contrario, la proporción de tierras que gestiona el estado se mantiene en el 30%, una cifra realmente elevada, que no se observa en otros países de América Latina y del mundo, y que está detrás de los bajos rendimientos de la agricultura en Cuba.

En realidad, todavía queda por entregar a los productores privados unas 500.000 hectáreas de tierras para la agricultura y la ganadería. Las autoridades justifican esta situación porque se trata de “áreas poco atractivas” por situarse lejos de poblaciones y plagadas de marabú. La realidad es que la fórmula del arrendamiento sin derechos de propiedad no interesa a muchos productores agropecuarios. Nadie quiere trabajar para algo que no es suyo. No obstante, gracias a la entrada de productores privados en la agricultura, se han obtenido incrementos de la producción de arroz, maíz, fríjol y frutas, en los que más del 90% de la producción depende de la iniciativa privada, con crecimientos medios anuales entre el 6% y el 8%.

Leer más...