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27/01/2022
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Economía cubana: inversiones y reformas, el único camino

Entre los observadores y analistas de la economía cubana se está extendiendo la idea de que en 2021 se ha perdido un año excepcional para haber desarrollado una política más acetada en la contención de la pandemia e introducir reformas que permitieran el efecto rebote como ha ocurrido en el resto de los países de América Latina.

Pero no. El régimen comunista se empeñó en vacunar a la población con las “Abdala” cubanas sin obtener la certificación de la OMS, y de otro lado, la Tarea Ordenamiento puso patas arriba la maltrecha economía que iba a recuperarse tras la pandemia del COVID-19. Ni lo uno ni lo otro. La economía cubana se ha vuelto a estancar en 2021 y nadie cree que se pueda producir una mejoría durante 2022. Crece la incertidumbre, así como los temores de que los dirigentes no sean capaces de salir del círculo vicioso en que se encuentra la economía, carente de divisas para atender sus compromisos internacionales y con un grave problema de inflación, productividad y desequilibrio presupuestario.

En tales condiciones, aunque CEPAL ha dibujado para Cuba una previsión de crecimiento del PIB en 2021 del 3,5% similar a la establecida en el plan económico por los dirigentes comunistas, cada vez hay menos analistas y observadores que dan crédito a esa estimación. Las previsiones empiezan a ser cada vez menos optimistas y ninguna da por hecho un crecimiento económico significativamente superior al de 2021 lo que implicaría mantenerse en un escenario de estancamiento, cada vez más alejado del ritmo más vigoroso en 2022 de las economías de América Latina y el Caribe.

De confirmarse estos presagios Cuba se vería afectada en 2022 por una tasa de inflación elevada y resistente a la baja, una complicada gestión presupuestaria y un descontrol monetario sin precedentes, mientras que el peso cubano pasa a ocupar una dudosa centralidad dentro del sistema financiero a la que el régimen no hace más que poner obstáculos, como las tiendas en MLC.

Si se confirman estos presagios, la economía cubana seguiría estando en 2022, y posiblemente en 2023, por debajo del nivel de PIB previo a la pandemia y los avances para recuperar la riqueza perdida serían mucho más modestos que en el resto de los países de América Latina y Caribe. Al cierre de 2021, y a falta de confirmación oficial, la economía cubana se encuentra todavía a un 10,9% de distancia del nivel de producción de 2019, en tanto que otros países de la región ya han logrado recuperar el PIB anterior al COVID-19, como República Dominicana, una economía dependiente como Cuba, de la actividad turística, pero que ha sido más competente a la hora de desempeñar su gestión económica.

Cada día es mayor el número de analistas que destacan que el crecimiento económico en los próximos meses dependerá del control que se tenga de la pandemia, así como de otros factores que han aparecido en los últimos meses, ejerciendo una influencia sobre la oferta de los países. Entre esos factores, se pueden citar los suministros industriales, el precio de la energía, las altas tasas de inflación que en el caso cubano se encuentra lastrada por decisiones políticas erróneas, el aumento de los costes de financiación, o la inestabilidad geopolítica creada por Rusia, aliado de Cuba, en Ucrania.

El problema del régimen cubano es la falta de ideas y de respuesta a estos retos. Condicionado por los documentos aprobados en los congresos del partido, que marcan militarmente las decisiones de todo tipo que adopta, el gobierno con esa obediencia puede acabar actuando de forma contraproducente. No hay políticas en marcha para atraer el turismo, como en República Dominicana o Costa Rica, los niveles de inversión en los presupuestos se reducen y en la liquidación, se elimina la inversión para frenar el déficit.

La participación de la formación bruta de capital en el PIB se sitúa por debajo de la media de los países de América Latina, porque el estado comunista otorga prioridad al gasto corriente por delante del gasto de capital. El 73% del presupuesto de 2022 es gasto corriente. Como consecuencia de ello, los actores económicos y la economía en general se descapitalizan, entran en obsolescencia tecnológica y ven como pierden productividad y eficiencia.

Y si importante es invertir y dedicar recursos crecientes al capital de infraestructuras del país, lo es mucho más, avanzar en las reformas jurídicas y estructurales que deben llevar a la economía cubana a transitar hacia las libertades económicas. Estas reformas, como la creación de las mipymes, se han quedado cortas, y han defraudado a los que esperaban el nacimiento de una estructura empresarial privada e independiente en Cuba. Las reformas no llegan a los mercados, donde existe una elevada concentración de subsidios e ingresos no tributarios sobre las empresas que frenan su potencial de actividad.

Por otra parte, las reformas de la propiedad ni se intentan, y eso que resultan esenciales para potenciar cualquier esfuerzo inversor privado o estatal. Las reformas de los mercados de bienes, servicios y factores que faciliten el crecimiento de la oferta para atemperar las tasas de inflación no funcionan, y ahí están las “63 medidas de la agricultura” o las anunciadas para la industria azucarera. No hay el menor intento de otorgar al Banco Central autonomía en el diseño y ejecución de la política monetaria. Se trata de reformas que no funcionan, porque están basadas en el modelo económico y social comunista que es inservible y obsoleto, e incapaz de mejorar las condiciones de vida de los cubanos.

Aislada de los organismos internacionales especializados, la economía cubana es dirigida por personas que anteponen la obediencia a las consignas de un partido que pertenece a los tiempos de la guerra fría, sobre la racionalidad y la eficiencia, a la vez que son incapaces de dar respuesta a los retos de la cuarta revolución industrial o la globalización de los mercados. Ni siquiera son capaces de aumentar el rigor en la gestión presupuestaria, sino que van buscando reservas de ingresos allí donde existen para atender la voracidad de gasto corriente de un gobierno que ha hipotecado a los cubanos para los próximos 50 años.

 

¿Por qué la economía cubana no funciona ni con plan ni con presupuesto?

No hay nada peor en la dirección de los asuntos económicos de un país que cometer errores y no acertar en el diagnóstico de los problemas y las medidas adoptadas. Actuar de ese modo, resta credibilidad a los responsables de la economía, hace difícil realizar previsiones y contribuye a una ceremonia de confusión de la que nadie sale bien parado.

El área económica es, con diferencia, la que peores resultados de gestión presenta en el régimen castrista. Son 60 años apostando por un modelo de planificación central sin derechos de propiedad ni mercado para intervenir en la actividad económica que ha sido una cosecha continua de fracasos, uno tras otro.

Cuando se escriba con independencia de criterio y objetividad la historia de la planificación central en Cuba desde los tiempos de la JUCEPLAN, no se podrá obtener otra valoración que fracaso. Granma dedica un reportaje a la reunión del consejo de ministros en la que se aprobaron el plan de la economía y el presupuesto del estado para el 2022, que se presentarán en unos días a la Asamblea Nacional para que los diputados den su aprobación.

Del plan habló el ministro Gil, que presentó las líneas maestras del mismo, mostrándose optimista y poco crítico con lo que ha sido la gestión de la economía en los dos últimos años. Un asunto de su responsabilidad.

Y aquí comenzó un espectáculo poco gratificante. Lo primero que dijo, ni él se lo cree, es que la economía cubana ha comenzado un “proceso gradual de recuperación de los niveles de actividad”. Un proceso que se debe interpretar con mucho cuidado, porque si bien es cierto que el segundo y tercer trimestre pasaron a tasas positivas del PIB, según la ONEI, lo hicieron a un ritmo menor, y todavía con datos medios anuales, la economía se encuentra en recesión, -1,2% hasta el tercer trimestre.

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Cuba: Tarea Ordenamiento, del control de precios a las multas y sanciones

La obsesión por el control de los precios acabará siendo el principal enemigo de la situación actual que golpea a la economía cubana y muchos comercios acabarán cerrando sus puertas. Si los cubanos no se dan cuenta de que el responsable de la crisis actual es el gobierno y su insistencia en dirigir la economía nacional con un modelo obsoleto, que ni chinos ni vietnamitas siguen ya, entonces, poco habrá que hacer. La realidad es contundente. El único responsable de las colas, la carestía, las penalidades y la falta de comida es el gobierno. No hay más vuelta de hoja.

Por eso, un reciente artículo en Cubadebate titulado “Control, palabra clave: ¿Cómo enfrentar los precios abusivos y especulativos?” mete el dedo en la llaga y hace sangre, pero esta no llega al río. A partir de testimonios diversos de gente, el artículo desgrana responsabilidades hacia comerciantes, carretilleros, panaderos, etc, sin acudir directamente al origen de los problemas.

Las tardanzas en las colas y la aglomeración de gente, sin respetar las condiciones sanitarias de la pandemia, no son más que manifestaciones de la dimensión de un iceberg que amenaza con destruir el barco de la economía. Siempre han estado ahí, y ahora coinciden con insatisfacciones con la calidad de los servicios y productos, falta de personal en los puestos de atención al público, ejecución de procedimientos inadecuados para cumplir las normas sanitarias, junto a las denominadas “contravenciones personales por violaciones de la política de precios y tarifas” que tienen su plasmación en el reciente Decreto 30 de 2021.

Este Decreto 30 sobre las “Contravenciones personales por violaciones de la política de precios y tarifas” actualizó los supuestos de infracción, pero sobre todo, las multas, que oscilan entre 2.500 y 15.000 pesos. Su objetivo es enfrentar las indisciplinas y el descontrol, así como incrementar el rigor de lo dispuesto.

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¿Cómo puede avanzar Cuba económicamente en 2021?

La respuesta a esta pregunta es solo una. No podrá si no se introducen reformas estructurales de gran calado, que, por otra parte, el gobierno no está dispuesto a asumir.

En 2020 el PIB de la economía cayó un 10,9%. Un año antes lo había hecho en un 0,2%. Esto significa que la economía cubana lleva casi dos años reduciendo su tamaño, porque las políticas económicas adoptadas por el gobierno resultan ineficaces para revertir las tendencias. En 2021 las cosas no han ido a mejor.

¿En qué consisten estas políticas del gobierno? Ni más ni menos que en más estado: más gasto público corriente, más déficit, más expansión monetaria, más inflación y descontrol. La vía emprendida por las autoridades es un fracaso, y en ausencia de turismo, petróleo de Venezuela, ingresos de servicios médicos y remesas suficientes, el sistema económico se viene abajo, sin solución de continuidad.

Mientras el gobierno no deje de responsabilizar a otros de los problemas de la economía y asuma su responsabilidad en el curso de los acontecimientos, la economía cubana no podrá mejorar.  No parece que esta actitud prudente, creíble y responsable esté en los planes de quienes solo aspiran a ganar tiempo ante lo que parece inevitable: el fin del sistema económico y social.

Entonces, ¿hay que darlo todo por perdido? ¿No existe acaso una alternativa para cambiar este signo negativo de la economía? Por supuesto que sí, pero el gobierno, por motivos ideológicos, la rechaza.

La alternativa es menos estado, y más sector privado. Para ello, lo primero, es controlar los desequilibrios interno y externo, para sentar las bases del crecimiento.

El desequilibrio interno viene provocado por la combinación mortífera de un déficit estatal que subirá del 17% del PIB, una inflación por encima del 18,5% con la que cerró el año 2020, y una expansión monetaria descontrolada que ha llevado la definición del dinero M2 en porcentaje sobre el PIB a un 120%. El desequilibrio externo tiene su origen en la escasez de divisas provocada por la reducción del turismo y las exportaciones, elevando el importe de la deuda externa (2018) por encima del 20% del PIB.

Es por ello que el régimen no ha dado prioridad a lo más importante, como asumir los pagos y los compromisos con los acreedores internacionales para poder continuar obteniendo financiación. Esta debería haber sido una apuesta firme en la actual coyuntura, ya que cualquier aplazamiento de pago o el impago mismo de la deuda no hace otra cosa que arrojar sombras de duda sobre el país.

También resulta prioritario potenciar el sector privado por cuenta propia permitiendo que comercie libremente con el exterior y que reciba inversiones extranjeras. Conforme se liberen recursos financieros de los improductivos programas de gasto corriente del estado, se debe aumentar la inversión en infraestructuras que generen empleo productivo a corto plazo. Y estas medidas, de aplicarse, no llevan a un crecimiento económico inmediato, porque sus efectos toman tiempo en materializarse.

De 2021 queda poco menos de medio año para finalizar. Cambiar el curso de los acontecimientos en esta segunda parte del ejercicio no será fácil. No existe ninguna tendencia del entorno que pueda beneficiar a la economía cubana con un crecimiento suficiente para contrarrestar el pasado inmediato. Visto desde esta perspectiva, el año se puede dar por perdido, y conviene ir olvidando algunas previsiones de organismos internacionales que otorgan a la economía cubana un crecimiento del PIB en 2020 del 2%, por cierto, de los más bajos de América Latina.

Los problemas de oferta están generalizados en todos los sectores productivos, tanto que el régimen se ha visto obligado a contraponer a su voluntad autárquica, la importación de alimentos, medicamentos, aseo a las que se unen equipos de renovables, sin pagar impuestos aduaneros. Medidas que no van a servir para aumentar la oferta, sobre todo en el sector agropecuario, incapaz de alimentar a toda la población.

Las empresas estatales se muestran incapaces de producir son solvencia porque han retrasado sus inversiones en años precedentes y se encuentran amenazadas por las decisiones adoptadas en la Tarea Ordenamiento. La intervención del estado en la economía ha supuesto un fracaso tras otro. En estas condiciones, al régimen le queda poco tiempo para implementar lo que realmente puede salvar a la economía cubana, y que no es otra cosa que su tránsito hacia la propiedad privada, el mercado y la libre elección. Esas son las reformas estructurales que pueden cambiar la economía de la nación.

 

¿Es Cuba un espacio adecuado para la actividad económica?

La respuesta a esta cuestión no es complicada. En esencia, se trata de mostrar que las instituciones, normas, e incluso el texto constitucional, no aportan suficientes evidencias de un modelo favorable para el crecimiento económico. Tras el fracaso de los regímenes socialistas de Europa y la opción de China y Vietnam hacia las libertades económicas, Cuba se ha quedado en el mundo como el último baluarte de la guerra fría, defendiendo un modelo económico agotado, que no da para más y que tiene que ser modificado.

El socialismo de inspiración comunista que reivindican los dirigentes cubanos supone un estado dueño absoluto de los medios de producción, con capacidad para controlar la economía por medio de la planificación central, la ausencia de libres derechos de propiedad privada y la anomalía de contar con uno de los pocos ministerios con competencias en materia de precios. Un modelo que no facilita el despegue de la actividad económica.

En la práctica el modelo social comunista cubano combina un estado totalitario que gasta más de lo que ingresa de forma sistemática, muy sobredimensionado porque detrae no solo recursos tributarios, sino también no tributarios de las empresas, lo que debe combinar con subsidios que se destinan a rebajar los precios de la producción poco competitiva e ineficiente.

No existe respeto a la propiedad privada, ni garantías para su existencia, porque no hay un estado democrático de derecho, las expropiaciones se mantienen como espada de Damocles en la regulación y la planificación central desarrolla amplias competencias sobre la economía. demás, Cuba no mantiene estabilidad monetaria y fiscal, como consecuencia de la elevada intervención del gobierno en la economía. El estado necesita de las divisas y por ello apuesta por la libertad de comercio e inversiones, pero prohíbe la realización de proyectos que no se ajusten a las directrices oficiales.

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