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27/05/2020
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LOS TRABAJADORES FORJARÁN LA SOCIEDAD DEL FUTURO

La fecha que rememora el sacrificio de quienes entregaron su vida para que se hiciera realidad la jornada de las ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso, en la casi totalidad del mundo industrial, y tomará rumbo el primer paso de la dignificación del trabajo y del salario como medios de sustento, encuentra este año a la humanidad preocupada por múltiples problemas que tienen que ver con la sobrevivencia de millones y millones de personas, que luchan contra una pandemia sin precedentes similares y una emergente economía inmaterial o digital, que más temprano que tarde, condenará al desempleo, al hambre y la miseria a quienes siempre se ha negado el acceso a la distribución equitativa del bien común.

Los antecedentes históricos nos hacen recordar que no es ésta la primera vez que ocurre tan perversa realidad. El tiempo transcurrido trae a la memoria que en todas las sociedades, se ha dado el caso de la presencia de ricos y pobres. Vale decir las dos caras de la desigualdad, nunca superada: los pobres que hacen ricos a los ricos y los ricos que hacen pobres a los pobres. La vigencia de una relación de explotación ha ocurrido y ocurre, con su carga asimétrica, en el escenario de la vida cotidiana. Parece que será, por siempre, inalterable. Salvo que algún día, el ser humano deje de lado su maldad y mire en el prójimo a su propio ser.

Si observamos el mundo en forma global, vamos a llegar a la conclusión que esta desigualdad no solamente se da en el reparto de la riqueza. También ocurre en el reparto del poder. No se puede negar que en ésta o aquella sociedad Occidental u Oriental, ha habido quien manda y quien obedece. Nadie cede ante el dolor ajeno, los poderosos no dan marcha atrás. De allí que siempre habrá que tener presente, que la relación de opresión no tiene cuando acabar.

¿Por qué tal situación? Hay quienes han estudiado a fondo el problema. Y nos dicen que la consecuencia está dada por una evidente tendencia a la inercia de los movimientos sociales y en toda realización humana. Discursos, conceptos, objetivos, métodos de actuación, que nacieron como respuesta a un estado de cosa real, en un momento determinado, tienden a mantenerse. Cuesta abandonarlos. Claro, significaron ayer un valor en sí mismos y existe ahora temor de perder esos valores al cuestionar los diversos aspectos en los que se concretaron. Olvidamos que estamos en el siglo XXI, de la información y el conocimiento.

 

Quizás  nos ponemos de espalda a una realidad distinta. Y lo que es peor, no tomamos en consideración que todo ser humano es inteligente, que puede cambiar el mundo sin asumir las aventuras de la violencia física ni de la demagogia de falsos profetas. Los trabajadores de estos días tienen una visión diferente del mundo de hoy y, por eso, guardamos la esperanza que esta nueva generación de trabajadores, será capaz de diseñar la sociedad del futuro, que devuelva a la colectividad universal, la sociedad con auténtico rostro humano, dueña de una voluntad global que no sea patrimonio de una minoría, ni de una tiranía, sino algo construida por todos y para todos.

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