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13/12/2018
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LA INFORMALIDAD LABORAL Y LA ESCLAVITUD DE LOS TRABAJADORES

Es grato que haya un gobierno constitucional que disfrute de la aceptación mayoritaria de la ciudadanía. Existen razones para que ello ocurra y debe justificarse el escrutinio popular. Pero es ingrato que en medio de este hecho, el flagelo de la informalidad laboral haya crecido en el país, a tal punto que se viene produciendo su avance al parecer de manera indetenible. Laborar en la informalidad significa tener a los trabajadores en una situación de precariedad y hasta se podría decir de abandono respecto a los derechos humanos fundamentales que les corresponde.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) [ Perú ], a setiembre del año en curso, el 73% de la fuerza laboral sigue siendo informal. Este hecho es inalterable desde hace más de seis años. Pero la alarma nos lleva a saber que en los últimos quince meses se ha desembalsado el crecimiento del empleo informal. El grueso de quienes sufren las desventuras de la informalidad laboral se encuentra en las zonas urbanas, calculándose que afecta a más de 8,6 millones de personas. Ellas no tienen protección social de ninguna clase.

Ante hechos de esta naturaleza, es evidente que se hace necesaria una prédica más intensa para sentar las condiciones para la construcción de una nueva sociedad de trabajadores, ajena a todo tipo de fascismo o totalitarismo, que sea fruto del derecho a la libertad, a la vida en democracia y a la convivencia con justicia social.

¿Lo señalado es un imposible? Creemos que no, adelantando que la nueva sociedad de trabajadores solamente puede ser definida y construida por el conjunto de hombres y mujeres trabajadores y la resultante del pensamiento y de la acción de los trabajadores organizados, excluyendo las elaboraciones y realizaciones burocráticas, tecnocráticas y elitistas. No podrá desarrollarse jamás a partir de modelos preestablecidos. Es menester construirla y merecerla, a través de la acción de clase, de la acción de masas y de la reflexión personal y colectiva.

Por lo demás debe tenerse presente la urgencia de poner el acento principal en las luchas históricas de los trabajadores, particularmente aquellos episodios que orientan ahora  a abrir y consolidar la vida en democracia, al mismo tiempo que se hace indispensable un cambio no solo de relación de fuerzas en la sociedad actual, sino también, en las estructuras de contenido y poder político.