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18/01/2018

Una educación evangelizadora

  • JORGE IGNACIO GUILLÉN--MTC Cuba
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Los cubanos nos encontramos en la imperiosa necesidad de esforzarnos para construir -desde nuestro espacio- el Reino de Dios y así transformar nuestra so­ciedad en un hogar en el que todos quepa­mos y seamos protagonistas, sin que haya espacios para la corrupción, la mentira, el odio, la violencia, las exclusiones y demás miserias humanas.

Muchos jóvenes cubanos muestran poco o ningún interés por estas cuestiones, con­formándose con una vida de libertinaje, de vicios... En gran medida estas actitudes son el resultado inmediato de la despreocupa­ción de las familias y de las autoridades, en cuanto a brindar una verdadera educación desde las edades más tempranas.

Creo que la solución más acertada para combatir esta situación es lograr armonía, unidad, respeto y reconocimiento entre las familias, el gobierno y la Iglesia, porque solo si se unen los tres, con mucha prudencia y responsabilidad, y se esfuerzan en dirección a una educación integral, desaparecerán de nuestras calles las actitudes antiéticas e irresponsables con las que nos vemos obli­gados a convivir.

Pienso que algunas de las principales ac­ciones que se deben realizar para comenzar a trabajar en base a esta solución son:

_La familia tiene entre sus deberes pri­mordiales la humanización de la persona y de la sociedad, -entre otras formas- median­te el ejercicio de la educación basada en el cultivo de valores, principios y virtudes éti­cas, morales, cívicas y religiosas. Esta edu­cación debe ser reconocida, apoyada, pro­tegida, respetada y promovida por las ins­tancias gubernamentales, de esta forma las personas aprenderían -entre otras cosas- a pensar, a tomar sus propias decisiones y a ser libres.

_La Iglesia juega en este trabajo un papel protagónico, primero que todo, como Madre y Maestra, porque lleva intrínsecamente la misión de ser educadora de una forma muy especial, según el Evangelio. Ella también debe apoyar a las familias en la diaria faena educativa de sus miembros. Tiene el deber imprescindible de fomentar en las personas el valor que conlleva el respeto a la vida, la verdad, la libertad, la dignidad, la paz y la reconciliación. Todo esto como parte de su principal función entre los hombres que es la evangelización. La Iglesia puede y debe con el apoyo indispensable de todos nosotros, sus miembros, esforzarse para brindar cada día, con más fuerza y a un número mayor de cubanos, esta educación evangelizadora.

De esta manera, complementándose en­tre sí: la familia, la Iglesia y el Estado -en torno a la educación- y cada uno haciendo lo que le corresponde, es que nuestra socie­dad comenzará a transformarse y a dar los primeros pasos para acceder a la dignidad y felicidad plena de todos los cubanos, y así convertirse en el Reino del Señor.

Tomado de:  LABOREM, voz del Movimiento de Trabajadores Cristianos de la Arquidiócesis de La Habana No. 64 Oct.-Dic./2017

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