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23/05/2022
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Columnistas invitados/Guest columnists

Los Torpedos Humanos del Castrismo

La emigración de innumerables personas en diferentes países del orbe es un proceso casi normal y responde a numerosos factores, pero que los gobiernos, como el de Cuba, utilicen a sus ciudadanos como armas para lograr su único objetivo, conservar el poder, es una aberración que debe ser condenada.

Regímenes como los de Irán, Corea del Norte y Cuba, se caracterizan por su agresividad. Mientras, Pyongyang amenaza al mundo con su capacidad nuclear y Teherán, con su liderazgo en el terrorismo internacional, La Habana, independiente a su práctica política de desestabilizar a adversarios y rivales, perturba a muchos países exportando grandes cantidades de personas de forma sistemática y permanente, generando crisis sociales allende sus fronteras.

La emigración cubana, al igual que el exilio voluntario o forzado, se remonta a 63 años atrás. Establezco este contraste porque no todos los que abandonan la Isla lo hacen por motivos políticos, aunque sin duda alguna, en la casi totalidad de los casos son factores políticos los que inciden en una toma de decisión que por feliz que resulte no deja de ser traumática.

Escribo esto porque hasta quienes salen de Cuba para tener mejores condiciones de vida, o para prosperar en un negocio, lo deciden porque el régimen, aun siendo de su agrado, impone limitaciones que impiden al individuo el desarrollo personal al cual aspira y al que tiene derecho en toda sociedad libre.

En los primeros dos años la mayoría de los que abandonaron la Isla fueron personas afectadas política o económicamente por el castrismo, con estas personas se estrenaron los mítines de repudio, una experiencia horrenda en la que se aprecia la total indefensión de quienes viven bajo el totalitarismo.

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Una frase de Yeats y el oscuro futuro.

El continuo comentario sobre la supuesta (¿o cierta?) pasividad del pueblo cubano ante la barbarie del régimen cubano, por más de 60 años, requiere de un profundo estudio.

En principio, es falso que los cubanos llevan más de 60 años dóciles ante la dictadura. Durante los años 60, y buena parte de los 70 y 80 el presidio político cubano y el fatídico paredón de fusilamientos no tuvieron descanso. Por miles se contaron unos y otros, la rebeldía fue acosada con una represión violenta, que nada tiene que envidiar a la vertiginosa de Stalin.

Mas una nueva generación tomó la antorcha y nunca se dejó de enfrentar al régimen, las prisiones nunca estuvieron vacías y Cuba tiene más prisiones que México, aunque este país tiene 10 veces más habitantes que Cuba.

El desencanto con los tonos marciales de la eterna revolución y la imagen del caudillo, que dicen está vivo, aunque sus cenizas reposan -cosa algo rara- en una gran piedra, como si temieran que las volvieran a quemar, ha llevado a cientos de miles de cubanos a abandonar el país.

Rutas de difícil caminar, mares de amenaza mortal, ríos de fatal cruce, son las vías de escape de una realidad insoportable. El país mal camina, con una población joven e infantil cada más inferior en número y una legión de mayores de 60 años resignados a mal vivir.... ese es el resultado real de 63 años de eso que, erróneamente, llaman revolución.

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A propósito del II Domingo de Pascua.

                                       A propósito del II Domingo de Pascua.

                                              Evangelio: Juan 20, 19-31.

                                     Por el Padre Alberto Reyes Pías. Sacerdote cubano.

Jesús de Nazaret es una realidad histórica, ocurrida en nuestro planeta hace algo más de 2000 años. Negarlo sería, como poco, incultura.

Otra cosa es la experiencia espiritual vinculada a esa realidad histórica: la afirmación de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, la encarnación del Dios eterno. Esta afirmación exige fe, y eso sí es ya un proceso personal, pero cuya aceptación tiene implicaciones muy precisas.

Aceptar que Jesús es el Cristo significa que reconocemos su autoridad en los valores que propone vivir, su aceptación como “Camino, Verdad y Vida”, a lo cual va unido, de modo inseparable, la predicación, la invitación a todos a que conozcan y acepten a ese Jesús como su Dios y Señor, y la defensa del modo de vida que Cristo propone.

Sin embargo, pienso que el paso lento de 2000 años nos ha ido metiendo en un simple “buenismo”, una mentalidad cómoda y tibia de que “lo importante es ser bueno y ayudar al prójimo”. Predicar no, alzar la voz en defensa de ciertos valores, no, porque hay que respetar al otro, hay que ser inclusivo, no hay que decir nada que incomode al otro, hay que acoger todas las propuestas... Además, da igual cualquier creencia, da igual cualquier religión porque, en definitiva, Dios es el mismo para todos.

Admito que habrá personas no estén de acuerdo conmigo e incluso se molesten con este escrito, pero el Evangelio no dice que todo da lo mismo. Una cosa es el respeto a las creencias de cada cual y la sana y necesaria diferenciación entre propuesta e imposición, pero salvando estas dos condiciones, ¿qué dice el Evangelio?

Para empezar, dice que Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida”. No dice que da igual creer en Buda, Mahoma, Marx o la Pachamama. Si diera igual, con perdón, ser cristiano y ser católico sería la peor opción. ¿Apostar por una religión que predica el sacrificio, la generosidad, el perdón, la fidelidad matrimonial, el respeto a la vida en el vientre materno?, ¿apostar por una religión que te pide vivir en la verdad, en la honestidad, en la transparencia, en la defensa de la justicia pase lo que pase?

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Municipalización” de las tiendas: de vuelta al reparto de miseria

Ante el desastroso desabastecimiento que padece La Habana, el castrismo retorna a antiguos métodos de control

LA HABANA, Cuba. — Diversos medios de prensa se han hecho eco de la nueva vuelta de tuerca que han aplicado las autoridades castristas en el campo del comercio interior. Las tiendas habaneras de comestibles han retornado a la llamada “municipalización”. De nuevo los capitalinos, para hacer sus compras, se verán limitados a los comercios de su barriada. Ese retorno al pasado ha sido cubierto tanto por los órganos oficialistas como por los independientes.

El diario digital 14yMedio, por ejemplo, encabeza su información con un titular que refleja lo fundamental: “Las tiendas de Cimex y Caribe repartirán la escasez por municipio y por la libreta”. Y la concluye con el ácido comentario de “un muchacho”: “Cada vez que hacen algo no es mirando al frente, sino atrás, como los cangrejos”.

Por su parte, Diario de Cuba reproduce la pedestre explicación del Gobierno Provincial, repleta de groseras repeticiones: “En el Centro Comercial de Cuatro Caminos solo comprará la población residente en los municipios de Habana Vieja y Cerro; en el Centro Comercial Carlos III, comprará la población residente en los municipios de Centro Habana y Plaza de la Revolución”.

El texto recoge una triste realidad que padecen los habitantes de nuestra desdichada Patria: “Los cubanos pierden horas y horas de su vida en las colas que desde siempre se han formado en la Isla”. El inicio del encabezamiento resalta lo que los redactores de ese órgano de prensa consideran la esencia del fenómeno: “De la cruda escasez en Cuba”.

En lo personal, prefiero una terminología que se ajuste más a la tristísima realidad y las perspectivas aún más tenebrosas que se abren ante los habitantes de esta Gran Antilla: En lugar de hablar de simple “escasez”, me parece que, en las condiciones de la Cuba de hoy, resulta más apropiado emplear el vocablo “miseria”. Porque lo que hacen ahora mismo las autoridades de la dictadura castrista es ni más ni menos que enfrentar un desafío colosal, casi insoluble: el de repartir la miseria.

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Thomas Hobbes

El teórico más connotado del absolutismo político,
pero en su obra aparecen las simientes
del futuro liberalismo.

Thomas HobbesThomas HobbesFilósofo inglés, generalmente inscrito en el empirismo y el materialismo. Fue uno de los fundadores de la filosofía política moderna. En su tiempo, fue acusado de ateísmo, aunque en realidad era deísta.

Se vivía el Renacimiento, el florentino Nicolás Maquiavelo había publicado El Príncipe en 1513, promoviendo que el gobernante se guíe exclusivamente por su interés y la razón de Estado y Jean Bodin, en Francia, había publicado los Seis libros de la República*, en 1576, promoviendo el concepto de soberanía absoluta del Estado.

Thomas Hobbes nació en Westport, Malmesbury, Wiltshire, Inglaterra el 5 de abril de 1588.

Fue un bebé prematuro, debido al pánico que sintió su madre al ver llegar los navíos invasores de la Gran Armada Española a las costas de Inglaterra. Se refería a la llamada Armada Invencible del monarca español Felipe II en el marco de la guerra anglo-española que duró de 1585 a 1604. Por eso Hobbes decía: «Mi madre dio a luz gemelos: yo mismo y el miedo», para explicar su propio nacimiento, así como el origen de su filosofía política. Entonces, España era la potencia hegemónica de Europa y del mundo.

Hobbes fue hijo de un clérigo anglicano de Charlton y de Westport, quien se vio involucrado en una pelea al frente de su iglesia y se vio obligado a abandonar a su hijo, quien termina siendo criado por su tío Francis Hobbes, un rico comerciante sin familia quien le apoyó económicamente en su formación.

Hobbes empezó sus estudios en la escuela de Malmesbury. A los 14 años, ingresó en el Magdalen Hall, precursor del Hetford College de la Universidad de Oxford.

En 1608, obtuvo el título de Bachiller en Artes y empezó a trabajar como preceptor de dos hijos de William Cavendish y, con ellos, viajó por Francia, Italia y Alemania. Más tarde pasó a ser secretario de Cavendish.

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