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14/12/2019
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La historia de un Viejo Amor y la Escuela de Salamanca

Hace mas de 40 años, en una tarde soleada de Septiembre yo me enamore ... de mi primera clase de Economía.  Esa tarde de otoño donde encontré un nuevo amor, como casi todos los amores inolvidables, llegó inesperada y sin buscarse.  Miremos hacia atrás a algunos de los acontecimientos que nos que llevaron a ese encuentro ilícito.

Había llegado a los Estados Unidos unos 10 años antes y, como la gran mayoría del exiliado cubano del aquel entonces, la tristeza de saber que no podía volver a la patria, la penuria, los esfuerzos para sacar de Cuba a la familia que quedaba atrás ­mi padre, hermana y esposo a los que el régimen castrista les había negado el permiso de salida­ mantener a mi madre española que no hablaba inglés y a un sobrino niño con padres ausentes, se convirtió en la única razón de mi existencia sin mucho tiempo para enamoramientos.  La educación universitaria también pasó a ser una lejana necesidad que tal vez “algún día” pudiera considerarse.

En Cuba trabajé varios meses como secretaria, de donde fui sacada a punta de metralleta por un miliciano, juzgada, clasificada contrarrevolucionaria y expulsada del trabajo en una mañana clara de Enero de 1961.  Mi hermana me esperaba en las escalinatas habiendo recibido momentos antes el mismo tratamiento.  Al llegar exiliada -(no emigrada) de Cuba-, mi inglés era unos pasitos más avanzados que aquel famoso “Tom is a boy, Mary is a girl, look at the picture in the lesson five”.  Esa corta experiencia de trabajo en Cuba junto a ese poquito de inglés me dio la oportunidad de aplicar para una posición de secretaria en una empresa en Nueva York unos meses después de llegar al exilio.  Solo que, surprise!!! resultó que mi aritmética de Baldor era mejor que mi inglés, y Voila! en vez de secretaria me ofrecieron un puesto de Statistical Analyst en su maravillosa oficina de Park Avenue.

WOW, impressive!

Y llegamos a los 70's, tiempos donde la mujer aún se consideraba mayormente como un apéndice de las tareas laborales de la casa.  Muchachas de bien en los Estados Unidos iban a Catherine Gibbs, un colegio para señoritas de guantes blancos para aprender taquigrafía y mecanografía con la esperanza de ser una de esas “jóvenes ambiciosas y discriminadoras” como decían los anuncios de entonces.  Las mujeres más arriesgadas se convertían en maestras y las súper arriesgadas, estudiaban cursos de contabilidad para ser tenedoras de libros. “¡¡Tenedoras de Libros!!” - cuidadito con eso, que hay números envueltos y no hay muchacho que se te acerque. No se encontraba entonces a ninguna María Bartiromo comentado sobre el DOW Jones en las pantallas de la televisión, ni tampoco, Dios nos coja confesados, mujeres CEO de grandes empresas.

Y un día, esta cubanita decidió ir a la universidad y trató de registrarse en Contabilidad 101 por el aquel de mejorar las oportunidades de avance dentro de la empresa y como encontró la matricula cerrada, se registró en Economía 101, ya que eso debía de ser algo mas o menos de números y seguro que no había que escribir ni hablar mucho inglés.  Números, la salvación de aquellas que solo podían tocar el piano en buena compañía y conciertos en el patio del colegio.  Números, donde no hay temor de hablar con acento ya que no importa si estos son en Chino, Ruso o Polaco. Números, un idioma universal, donde dos y dos son cuatro, cuatro y cuatro ocho y ocho dieciséis no importa quién y cómo los escriba.  Números en la cabecita y lo único que pudimos sacar de Cuba ya que los números que nos dejaron en el bolsillo solo llegaban a $4.65.

Así empezó la exiliada cubana su clase de Economía 101, tres créditos, sin imaginarse que iba a enamorarse perdidamente de la asignatura gracias a un maravilloso profesor de Economía que explicaba la materia como una partitura musical abriendo paginas nunca conocidas por Chopin y mucho menos por ese entreverado de Bach. Un profesor que explicaba acerca de curvas y líneas voluptuosas donde se cruzaban, mas bien besaban, ofertas y demandas que por un breve momento llegaban, se acariciaban y, obtenido el clímax de rendimiento máximo, se separaban y alejaban esperando como los amantes de la canción que el camino los volviera a encontrar.  Donde el dinero tenía velocidad, efectos multiplicadores nos hacía visualizar el milagro de los panes y los peces y los aceleradores no tenían embragues.

Y para coronar, aprendimos que el meollo del subdesarrollo de nuestra América Latina es culpa de los conquistadores que dejaron a las mujeres vendiendo joyas para pagarles las deudas, precursoras de Las Damas de Blanco expulsando moros en España, mientras que los hombres se llevaban los tesoros del nuevo mundo en vez de venir con la familia y crear una sociedad como Dios manda, como hicieron los Peregrinos puritanos con sus altas virtudes de trabajo y ahorro, base del sistema capitalista de Norteamérica .

Y a qué a viene todo esto, se estarán preguntado. Pues miren ustedes, es que ayer (10 de marzo) asistí a una conferencia brindada por la Semana Social Católica de la Arquidiócesis de Miami en la Ermita de la Caridad, donde el P. José Quijano, nos habló de las raíces de la Doctrina Social de la Iglesia de la Escuela de Salamanca.  La “Escuela de Salamanca” una forma genérica de hablar sobre los estudios y análisis económicos llevados a cabo por un grupo de teólogos cuyo reconocimiento internacional de la aportación de esos salmantinos al origen de la ciencia de economía tal vez no ha sido reconocido con el merito que merece.

Esta vez en la Ermita no escuchamos una pregunta como aquella primera, ¿de tener que escoger entres dos alternativas solamente, que escogería, inflación o desempleo?, sino que aprendimos sobre una doctrina económica medieval que da por primera vez atención a los derechos naturales del hombre relativos a la vida, a la propiedad, así como también a la libertad de pensamiento. Escolásticos españoles que desarrollaron bases para las teorías de economía moderna con aportes sobre la oferta y demanda y el valor del dinero. Profesores de Salamanca, la universidad activa mas antigua de España y la primera de Europa que ostentó el titulo de Universidad en 1253 y la bula del Papa Alejandro en 1265.

Francisco de Vitoria, considerado como el promotor de La Escuela de Salamanca desarrolló una teoría sobre el "derecho de gentes" donde expone que el poder soberano debe regirse por normas justas y respetuosas con derechos para todos. Una filosofía ética donde los humanos son razonables y desean vivir lo mejor posible de acuerdo a nuestra naturaleza humana, lo que justifica los Derechos Humanos y los derechos fundamentales discutidos en el día de hoy; donde el hecho de que una ley haya sido promulgada por la autoridad, no es suficiente para que esta sea legitima.

Agustinos, Dominicos y Jesuitas hablando de Derecho hace mas de 700 años. Derecho, palabra sagrada como hostias que se elevan, Derecho, palabra que debe de ser siempre precedida por esa otra: Deber.  Deber de hablar de derecho y doctrinas sociales no solo en escenarios amigos sino en aquellos ámbitos donde el peligro y el miedo nos acosa. Escuchamos sobre normas justas y derechos similares a los negados a los cubanos de hoy que fueron discutidos mas de 700 anos atrás y volvimos a sentir que se abría la herida profunda causada por la tiranía Castrista.  Un régimen que será juzgado por la historia no solo por sus asesinatos y crímenes sino también por la división de la familia cubana, por el robo y usurpación del deber de proveer el derecho a aprender del pueblo cubano.

Y nos vinieron a la mente aquellas clases pasadas de Economía 101 y demostraciones Abdalistas frente a las Naciones Unidas, la misión cubana en Lexington Ave y la estatua de José Martí en el Parque Central de NY bajo fríos congeladores.  A mi generación le robaron la juventud pero la educación es lo único que el régimen cubano no pudo fusilar en un paredón, ni confiscar, ni usurpar de las mentes de aquellos exiliados.

Mágicamente mi clase de Economía 101 me vino a la mente y probó que lo que se aprende se guarda para siempre dentro de alguna célula del cerebro y eso lo saben los dictadores.  Esa es la razón del adoctrinamiento impuesto por el régimen castrista.  Enséñale al niño a odiar al hermano ausente y muchos los odiaran por siempre.  Enséñale al niño la historia que la revolución inventa de mentiras y calumnias y al ser hombres lo darán como hecho.  Enséñale a los niños lecciones y conceptos sin poder cuestionarlos y no podrán forjar ni debatir nuevas ideas. Adoctrina a un pueblo y lo harás tu esclavo.  Por eso el régimen teme abrirse al mundo y que el pueblo vea y aprenda nuevas ideas, y que de pronto también aprenda como debatirlas y, más importante aún, como refutarlas.

Lo que me llevo a concluir que no importa si las raíces son católicas o protestantes, salmantinas o calvinistas, la pregunta de Economía 101 ¿Es posible obtener libertad económica sin libertad política? sigue siendo pertinente y cabe tanto en los analices económicos de la Edad de Oro de la antigua España desde su perspectivas de ética o moral y su Derecho de Gentes, como dentro de la doctrina protestante “hazte rico para Dios” con sus virtudes puritana de labor y ahorro, como en la palma de la “mano invisible” escocesa de Adam Smith.

Si la respuesta es que esto es posible, que en Cuba puede existir libertad económica sin libertad política, cosa que personalmente no creo posible bajo nuestro entendimiento de democracia, entonces cabe preguntar ¿es esto deseable para el futuro de Cuba y cómo se pretende lograrlo?

Es hora de que nos juntemos y unidos traer a la palestra esa pregunta de Economía 101 como un viejo amor que ni se olvida ni se deja.  Discutamos esto muy seriamente y debatamos con lógica y análisis ese nuevo "modelo económico" que se esta sugiriendo para Cuba, que no es ninguna una teoría Jesuita de demanda y oferta.  Lo que esta en juego es el futuro democrático de Cuba y hay que dejar muy en claro que para eso, hay que hablar de Deberes que nos conduzcan a los Derechos.