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08/12/2019
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Amartya Sen y la Democracia como Valor Universal

Amartya Sen, economista hindú destacado en los temas del desarrollo en libertad se ha referido con lucidez a los temas de la democracia.  En este artículo nos permitimos adjuntar sus puntos de vista sobre la democracia como sistema legítimo y de valor universal en nuestro tiempo.

Recientemente le preguntaron a Amartya Sen por el acontecimiento más importante que ha tenido lugar en los últimos cien años.  Y empezó a contestar de la siguiente forma:

Los imperios europeos, en concreto el británico y el francés, que tuvieron tanto peso en el siglo XIX, han desaparecido.  Hemos sido testigos de dos guerras mundiales.  Hemos presenciado el ascenso y la caída del fascismo y el nazismo.  El siglo ha visto el nacimiento del comunismo y su caída –en el antiguo bloque soviético– o su transformación radical –en China–.

También hemos visto el desplazamiento de la preponderancia económica de Occidente hacia un nuevo equilibrio económico en el que Japón, el este y el sudeste asiáticos juegan un papel mucho más destacado.  Y pese a que dicha región tiene actualmente algunos problemas económicos y financieros, ello no invalida el cambio en el equilibrio de la economía mundial que se ha desarrollado durante las últimas décadas y, en el caso de Japón, durante prácticamente todo el siglo.  Estos últimos cien años no han estado precisamente faltos de acontecimientos importantes.

 

Pero en última instancia no tuve ningún problema para escoger el más destacado entre la gran variedad de sucesos que han tenido lugar en este periodo: el ascenso de la democracia.

 

No quiere decir que le reste importancia a otros acontecimientos, pero creo que en el futuro, cuando se vuelva la vista atrás y se detenga en el siglo XX, será difícil que no se le conceda la primacía al establecimiento de la democracia como la única forma de gobierno aceptable.

Y luego Sen continuó con sus reflexiones sobre la democracia en la historia del siguiente modo:

La idea de la democracia, por supuesto, tuvo su origen en la antigua Grecia, hace más de dos milenios.  También hubo intentos poco sistemáticos de democratización en otros lugares, incluida la India.  Pero realmente fue en la antigua Grecia donde tomó forma y se puso en práctica de verdad –aunque a una escala limitada– antes de colapsar y ceder el paso a formas de gobierno más autoritarias y asimétricas.  Nada parecido ocurrió en otro sitio.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que surgiera tal y como la conocemos hoy en día.  Fueron varios los acontecimientos que permitieron su gradual y finalmente exitosa instauración como sistema efectivo de gobierno, desde la firma de la Carta Magna en 1215 hasta la universalización del sufragio en Europa y Norteamérica en el siglo XX, pasando por las revoluciones francesa y norteamericana del siglo XIX.  Sin embargo, sólo en el siglo XX llegó a establecerse como la forma “normal” de gobierno a la que tiene derecho cualquier nación, sea en Europa, América, Asia o África.

La idea de la democracia como compromiso universal es bastante nueva y, en esencia, un producto del siglo XX.  Los rebeldes que impusieron restricciones al rey de Inglaterra mediante la Carta Magna veían sus necesidades como algo absolutamente local.  En cambio, los independentistas norteamericanos y los revolucionarios franceses dieron un gran impulso a la comprensión de que la democracia es necesaria como sistema general.  El objetivo práctico de sus demandas, sin embargo, no excedió el ámbito local, quedando confinado a los dos lados del Atlántico Norte y sobre las bases de la historia económica, social y política de la región.

A lo largo del siglo XIX era habitual que los teóricos de la democracia se preguntaran si tal o cual país “estaba preparado para la democracia”.  Tal forma de pensar no cambió sino hasta el siglo XX, con el reconocimiento de que la pregunta misma era un error: un país no tiene por qué estar preparado para la democracia, sino más bien estar preparado mediante la democracia.  El cambio fue decisivo, pues hacía extensible el alcance potencial de la democracia a miles de millones de personas, cualquiera que fuera su historia, su cultura o su nivel económico.

También fue en este siglo cuando finalmente se aceptó que el “sufragio para todos los adultos” quería decir todos, incluyendo a las mujeres.  Cuando en enero de 1999 tuve ocasión de conocer a Ruth Dreyfuss, presidenta de Suiza y mujer de notable nivel intelectual, recordé que hace tan sólo un cuarto de siglo las mujeres de ese país ni siquiera tenían derecho al voto.  Por fin hemos llegado a reconocer que la aplicación del concepto de universalidad, como el de misericordia, no debe ser selectivo.

Sin duda, la aspiración de universalidad de la democracia debe enfrentar desafíos que adoptan múltiples formas y que proceden de las más variadas direcciones.  De hecho, parte del presente ensayo trata sobre ello, pues en él analizo la afirmación de la democracia como valor universal y la controversia alrededor de esta afirmación.  Pero antes de comenzar ese análisis es necesario comprender con toda claridad en qué sentido la democracia se ha convertido en la principal creencia del mundo contemporáneo.

Y luego el pensador y economista remata sus ideas con las siguientes palabras:

En cualquier época y ambiente social existen creencias generalizadas que son respetadas como una especie de norma universal, algo parecido a la configuración “por defecto” de un programa de ordenador; son consideradas correctas mientras no se demuestre lo contrario.  Aunque la democracia no se ha llevado a la práctica universalmente ni ha sido uniformemente aceptada, la forma de gobierno democrática es considerada en la actualidad, dentro del clima general de la opinión internacional, como la correcta.  Así pues, son los que denigran el sistema democrático los que deben justificar su postura.

Pero este viaje histórico es bastante reciente.  No hace mucho, los defensores de la democracia en Asia y África se veían en apuros a la hora de defender sus puntos de vista.  Si bien actualmente tenemos razones suficientes para rebatir a aquellos que, implícita o explícitamente, niegan la necesidad de la democracia, debemos dejar muy claro cómo fue cambiando el estado de opinión general a lo largo de varios siglos.  No tenemos que empezar de nuevo por explicar si un país u otro (Sudáfrica o Camboya o Chile) está “preparado para la democracia” (cuestión tan relevante en el discurso del siglo XIX), ahora lo damos por sentado.

En fin que para Amartya Sen el reconocimiento de la democracia como sistema universalmente válido, cada vez más aceptado como valor universal, ha supuesto una importantísima revolución del pensamiento y constituye una de las contribuciones más importantes del siglo XX.

Óscar Álvarez Araya, Director Ejecutivo del Secretariado Permanente

Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia

Movimiento Mundial para la Democracia