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12/11/2019
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Lecciones de Historia: sobre ética política

Sobre ÉTICA POLÍTICAPresidente Tomás Estrada PalmaPresidente Tomás Estrada Palma

EXORDIO

El primero de los deberes del cubano, en los días de esclavitud como en los de libertad, es pugnar y esforzarse sin descanso porque no coexistan en su patria, redimida por el sacrificio, las bellezas del mundo físico, los horrores del mundo moral.

ENRIQUE JOSÉ VARONA, “Desde mi belvedere” (Casa Editorial Maucci, Barcelona, 1917), citando versos de una estrofa del “Himno del Desterrado” (Dulce Cuba, en tu seno se miran/ en su grado más alto y profundo/ las bellezas del físico mundo/ las miserias del mundo moral), en su reflexión sobre José María Heredia, escrita originalmente en diciembre de 1903.

En una conferencia pronunciada en Buenos Aires en la sede de la revista Sur, el 6 de octubre de 1936, JACQUES MARITAIN dijo: “Cuando llegué…me enteré por ciertos periódicos, bien o mal intencionados, de tres cosas: primero, que en Francia yo me había adherido al Frente Popular; segundo, que había saludado una manifestación de ese Frente levantando el puño; y, por último, que el Arzobispo de París me había excomulgado.

“Ignoro el origen de esas informaciones. E informo que el Arzobispo de París no me ha excomulgado; al contrario: el órgano oficial del Arzobispado parisiense La Semaine religieuse de Paris ha recomendado recientemente -lo cual me produjo cierto placer- mi último libro titulado Humanismo Integral que es la continuación de mi Carta sobre la Independencia.

“El día de la Manifestación del Frente Popular me hallaba  trabajando en casa, y debo confesar que jamás he saludado levantando el puño, ni según otro rito; en materia de ritos exteriores me basta el signo de la cruz. Jamás me he adherido al Frente Popular, y hasta lo considero invención peligrosa. Añado que nunca tuve la menor relación con una revista comunista cristiana que se llama Terre Nouvelle, en cuya portada figura como emblema la cruz y, sobre la cruz, la hoz y el martillo.

"Es revista de algunos jóvenes un poco primarios y muy utopistas, que no tienen ninguna influencia en Francia; pero los partidos de derecha han explotado mucho la existencia de esta publicación cuyo peligro y error señalaron mis amigos desde el momento de su fundación. Hasta se dice que ciertos grupos derechistas se han suscrito en gran número a Terre Nouvelle y envían la revista a toda clase de lugares bien elegidos, a Roma por ejemplo, para hacer creer que todos los católicos franceses que no pertenecen a la derecha son comunistas.”

ESTRADA PALMA, EL PATRICIO AIRADO

“Están aquéllos que limitan los 56 años de la vida republicana a la chambelona, el tiempo muerto, el plan de machete, Machado y Batista. También los que idealizan un tiempo en que la comida valía centavos, todos vestían dril 100 y usaban zapatos de dos tonos y las victrolas tocaban boleros y guarachas en cada esquina. De ambas visiones hubo y mucho más. No todo fue tan malo ni tan bueno. Por el justo medio debió estar la República…”i

 

La reivindicación de la figura de Tomás Estrada Palma, apenas a diez años de su fallecimiento, fue tempranamente recabada por el Capitán del Ejército Liberador y escritor Néstor Carbonell ii en su joyel de escorzos biográficos intitulado “Próceres” iii, en el que dijo que “El basamento donde se levanta hasta ahora la figura de Tomás Estrada Palma está formado de ternuras y de cóleras, de aplausos y de denuestos. La historia, mañana, pesando sus virtudes y sus errores, acaso logre colocarlo sobre justo pedestal.”

 

Casi cien años después, es hora de dejar a don Tomás en su lugar en la Historia de Cuba -si no metafóricamente en un pedestal, al menos en un dosel, pero no víctima en efigie del feroz ensañamiento iconoclasta que entrañó que unos bárbaros, por orden o como mínimo con la tolerancia del régimen castrista –como hicieron con el águila del monumento a las víctimas de la explosión del acorazado Maine, en el Malecón habanero- al inicio de la era comunista mutilasen su estatua de cuerpo entero situada en la habanera Avenida de los Presidentes (en la intersección de la calle G con la calle Calzada, en el Vedado) –haciéndola desaparecer, salvo los dos zapatos en bronce, que siguen aferrados a su base- y arrancasen la dedicatoria de la tarja. Don Tomás no fue ni un asesino ni un malversador, ni condonó torturas o cometió crímenes de lesa humanidad –como hoy los define el Derecho Penal Internacional-, que le hagan merecedor de ser relegado al olvido.

No merece ser apartado del Panteón de hombres ilustres de la Patria quien se sumó al levantamiento de 1868, fue sucesivamente Secretario del General Donato Mármol, constituyente de Guáimaro, miembro de la Asamblea de Representantes, Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno, y Presidente de la República en Armas (desde el 29 de marzo de 1876) hasta que fue apresado en la manigua oriental (el 19 de octubre de 1877) y llevado a España, donde permaneció en prisión hasta pasado medio año de la firma de la Paz del Zanjón, cuando fue liberado –en cumplimiento del Artículo 2º de aquel Convenio, sobre “Olvido de lo pasado”, por el que se disponía “la libertad de los encausados o que se hallen cumpliendo condena dentro o fuera de la Isla” por motivos políticos iv-. No parece que deba ser infamado quien, en sucesivas cartas fechadas en Montecristi (República Dominicana), en una es saludado por José Martí como “Mi amigo muy querido” v y en la otra le es dicho por el Apóstol en la despedida “Acabo, no de amarlo. Gracias por su alma, tan alta, y para mí tan tierna.

Quiera a su amigo, y al amigo de su casa” vi.

No merita ser tachado quien fue proclamado como sucesor de Martí vii, a la muerte en combate de éste, en el cargo cimero de Delegado del Partido Revolucionario Cubano, y poco después (el 18 de septiembre de 1895) fue designado por la Asamblea Constituyente de Jimaguayú como Agente Diplomático en el extranjero de la República en Armas viii.

Acabada la guerra e instalada la ocupación militar norteamericana con el General Leonard Wood a su frente, Estrada Palma regresó, en 1899, a su hogar y al Instituto bilingüe que había fundado en Central Valley (en el estado de Nueva York) ix.

Sin que, por el momento, se involucrase en las contiendas políticas de la todavía non nata República soberana.

A la vista de las elecciones presidenciales convocadas para el 31 de diciembre de 1901x, el Generalísimo Máximo Gómez –tras declinar enfáticamente su postulación, por entender que el Presidente de la República debería ser un cubano de nacimiento- se trasladó personalmente a Central Valley a fin de recabar la aceptación por parte de Estrada Palma de la candidatura al Poder Ejecutivo  xi.

A veces da la impresión de que algunos historiadores abordan el análisis de la actuación de las personalidades cubanas en esta crisis de alumbramiento de la República como si dichas figuras hubiesen tenido su comportamiento motivado única y exclusivamente por una de dos posturas : la pro y la anti injerencista, partiendo de ese argumento petitio principii para hacer abstracción de las previas rivalidades personales y afinidades ideológicas, que frecuentemente constituían diferencias más amplias en su distanciamiento político que la aceptación o rechazo de la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución de 1901.

En una carta a su amigo Teodoro Pérez Tamayoxii, fechada en Matanzas el 10 de octubre de 1906, Estrada Palma afirmó lo siguiente: “Jamás he tenido empacho en afirmar, y no temo decirlo en voz alta, que es preferible cien veces para nuestra amada Cuba una dependencia política que nos asegure los dones fecundos de la libertad, antes que la República independiente y soberana, pero desacreditada y miserable por la acción funesta de periódicas guerras civiles”. Con esta declaración, el patricio de Gibara y maestro de Central Valley dejaba clara su visión pesimista del funcionamiento de las instituciones políticas republicanas, cuya mediatización veía inevitable sin la intervención arbitral de una Potencia exterior.

En todo caso, en la Convención Constituyente se pusieron de manifiesto tres tendencias: la de los que “justificaron y aprobaron la Enmienda Platt como garantía de la independencia y soberanía nacional” xiii, la de quienes consideraban “preferible la independencia con ciertas limitaciones a la continuación de la ocupación norteamericana” xiv; y la de los que rechazaban de plano el apéndice constitucional impuesto xv. El 8 de mayo de 1901, en una primera votación sobre el texto, al que se adjuntó una declaración interpretativa, se depositaron 15 sufragios a favor y 14 en contra, mientras que dos convencionales no participaron en la votación xvi. El 12 de junio de 1901, en una segunda votación, excluida la coda interpretativa –que el Presidente William McKinley no aceptaba- , el texto del apéndice constitucional se aprobó por 16 votos a favor y 11 en contra xvii.

Como han concluido los investigadores Dr. Sergio López Rivero y Lic. Francisco Ibarra xviii, “Las condiciones de ocupación militar en que se encontraba la Isla, obligaron a los ‘representantes del pueblo’ de Cuba a negociar sobre las relaciones entre el gobierno de Cuba y el gobierno de los Estados Unidos. En consecuencia, el criterio de actitud en el análisis debe cambiar: de plattistas y antiplattistas a transigentes e intransigentes”.

Así, al producirse la Segunda Intervención norteamericana, el 29 de septiembre de 1906, el Dr. Cosme de la Torriente renunció a su cargo de Ministro Plenipotenciario de Cuba en España, el que desempeñaba por nombramiento de Estrada Palma. Pero no por el hecho de la Intervención sino, como explicaba en su carta de renuncia, “por el espectáculo que los cubanos habían ofrecido ante el mundo…Para el Coronel del Ejército Libertador, la intervención estadounidense era el resultado de la bochornosa confrontación entre las facciones liberales y moderadas en las pugnas por alcanzar el poder político.

En el mes de Diciembre de 1907 expresó: ‘…dada la actitud en que se colocaron unos cubanos contra otros en Agosto del año pasado, nada mejor pudo ocurrir que el regreso de los interventores’ xix”. Cinco lustros después xx, el Coronel de la Torriente xxi reiteraba que “La Enmienda Platt se elaboró para mantener la independencia de Cuba…y por tener un tratado en que basarse para evitar toda injerencia de las grandes potencias mundiales en los problemas cubanos lo que constituiría un peligro para la soberanía de nuestra República”, Desde el un principio fue factor predominante en la liza política el enfrentamiento personal.

Por ejemplo, el existente entre los caudillos independentistas Máximo Gómez y Bartolomé Masó, surgido no porque el primero aceptase y respaldase inicialmente la Intervención norteamericana xxii y el segundo la rechazase xxiii, sino que venían de muy atrás. No habían comenzado a saltar chispas en las relaciones entre ambos sólo durante el desempeño por Masó de la Presidencia del Consejo de Gobierno, del 10 de octubre de 1897 al 7 de noviembre de 1898xxiv y con motivo de la posterior adhesión de Masó a la destitución de Máximo Gómez (como Generalísimo del Ejército Libertador) por la Asamblea de Representantes del Cerro, el 12 de marzo de 1899 xxv.

Mucho antes, durante la Guerra –el 1 de diciembre de 1895-, y como consecuencia de acusaciones presentadas ante el Consejo de Gobierno por el General Antonio Maceo, Masó había sido relevado por Gómez del cargo de jefe del segundo Cuerpo del Ejército, con estas severas palabras puestas por escrito: “En virtud de no haber Ud. cumplimentado la orden que no se transmitiera de poner a disposición del mayor general Maceo, jefe nombrado del Cuerpo del Ejército invasor, toda las fuerzas del segundo Cuerpo del Ejército que Ud. mandaba, y habiéndose por esa causa sucedido demoras y trastornos, y lo que es más, crear desavenencias sensibles entre Ud. y el general en jefe del Ejército invasor, principalmente en los momentos en que todo debe ser puntualidad y concordia, para el mayor éxito de las operaciones” xxvi

Con la Constitución de 1901 y su Apéndice plattista en vigor, las elecciones de compromisarios para la elección del Presidente tuvieron lugar el 24 de febrero de 1902, a las que acudieron Bartolomé Masó y Tomás Estrada Palma como únicos candidatos presidenciales, y resultó este último proclamado por el Congreso como ganador el 15 de mayo siguiente, con el respaldo –a través de los compromisarios obtenidos- del 47.32 por ciento del censo electoral de 335,699 votantes, de los cuales 214,116 ejercieron el derecho de sufragio xxvii.

La fecha del 20 de mayo, de instauración de la República, fue declarada de fiesta nacional, por Ley promulgada por el propio Presidente Estrada Palma, el 18 de marzo de 1903.

Hay que recordar lo que ha dejado subrayado el Prof. Herminio Portell Viláxxviii respecto a que “El general Masó era conocido como hombre excelente y de altos ideales, pero sin tener una fuerte personalidad para resistir las influencias de sus amigos y partidarios, entre los cuales había muchos que figuraban entre los descontentos y los más radicales elementos de la época en la vida nacional cubana, gentes que en realidad empujaban a su candidato para que adoptase una actitud ultranacionalista…el general Masó se retiró de la contienda electoral…Estrada-Palma fue elegido por una mayoría muy superior a la que de otro modo habría tenido, pero no hay duda de que había tenido derecho a triunfar como el mejor entre los dos candidatos… Los “masoístas” denunciaron que había habido favoritismo y fraude, pero Estrada-Palma, que aspiró ‘in absentia’ y no vino a Cuba para pronunciar un solo discurso político, tenía un extraordinario prestigio y la necesaria popularidad, además del respaldo del generalísimo Máximo Gómez y del apoyo que el gobierno interventor le había dado”.

El programa electoral de Estrada Palma para el periodo 1902-1906 era muy sencillo, y quedó expuesto en una carta que le dirigió al General Juan Rius Rivera con fecha 7 de septiembre de 1901: el pago de los haberes prometidos a los Veteranos del Ejército Libertador, el mantenimiento de relaciones políticas y comerciales estables con los EE.UU. de América, y el empleo honrado y frugal de los fondos públicos necesarios para la reconstrucción del país, devastado por la guerra.

Al término de su cuatrienio presidencial, Estrada Palma pudo mostrar en su haber el cumplimiento de estos propósitos xxix. Ha sido Emilio Martínez Paula el que ha aclarado xxx que, no siendo suficiente para los pagos a los Veteranos (ordenados por Ley de 27 de febrero de 1903) el préstamo exterior inicial de $35 millones, Estrada Palma fue autorizado (por Ley de 29 de agosto de 1905) a colocar títulos de Deuda Interior por otros $11,174,100xxxi a los que sumar sobrantes de partidas del Presupuesto con el fin de completar un segundo montante de $35 millones para aplicar a este mismo destino.

Cuando salió del Palacio Presidencial, en septiembre de 1906, Estrada Palma dejó en el Tesoro un superávit de 13,625,539.65 dólares xxxii

Según Orestes Ferrara xxxiii (testigo y partícipe de los acontecimientos),…”el desequilibrio que nos afligió en el periodo 1904 a 1906, se debió a que, formados los partidos políticos, el Presidente Estrada Palma decidió gobernar con el Partido minoritario, o sea con el Partido Moderado, constituyendo una camarilla palaciega de los jefes de este partido, e invistiéndola de todo poder, por encima del partido mismo.

Estrada Palma era personalmente un hombre de orden, pero inactivo y hasta despectivo y aislado. Sus amigos eran caballeros perfectos, como los Zaldo, los Lores, los Párraga, los Dolz, los Font y otros…Empezó la lucha. El grupo gobernante consideraba que era preciso unirse al viejo Presidente, formar con él un Gobierno de autoridad inflexible, limitar el sufragio y, en definitiva reelegir a la fuerza a Estrada Palma, por otros cuatro años más. Se presentó el fenómeno habitual de todos los gobiernos de fuerza –el nepotismo- y como corolario se usó el favoritismo en todos los actos gubernamentales.

Los grandes bufetes de los abogados amigos del Presidente disponían a su antojo de la administración del país.

…”Lo cierto es que…se formaron dos facciones con opuestos principios y opuestas pasiones.

…”Era perfectamente constitucional que el Partido Moderado llevara al primer Presidente de la República nuevamente a las urnas. Pero se murmuraba en el país y en el pueblo que Don Tomás sería reelegido de todas maneras…hubo una reunión en el Palacio Presidencial en la cual se acordó que era necesaria la reelección de Estrada Palma de cualquier manera que fuera…Fui uno de los primeros en conocer el hecho por boca de Oscar Fonts Sterling y de Ricardo Dolz, quienes habían asistido a la reunión…”

Lo que confirma Néstor Carbonell xxxiv cuando escribe que “Aunque tropezando aquí y cayendo en errores allá, gobierna tres años sin dejarse llevar de la venenosa influencia de los partidos políticos militantes. Mas luego, arrastrado por segundones aduladores, se afilia al Partido Moderado y acepta ir a la reelección.Entonces, a la sombra de su gobierno, se atropellaron derechos y se hizo befa de la justicia. Las elecciones verificadas en 1905 fueron una burla sangrienta al sufragio, primera conquista de la revolución libertadora. Reelecto en esas elecciones oscuras, poco más de un año le fue dable continuar en el poder. Una revolución poderosa lo amenazaba con derrocarlo violentamente. Frente a la probabilidad de que esto fuera un hecho, prefirió, antes que pactar con los revolucionarios, llamar al extranjero y dejarlo de nuevo dueño de la patria…Con la cabeza tenazmente en alto, como encarando al mundo, dos años después, murió en la capital de Oriente, reverenciado por sus fieles.

Hoy sus restos reposan en el cementerio de Santiago de Cuba, entre silenciosos amigos y enemigos…”

Los liberales, denunciando fraude electoral, acuerdan ir al retraimiento en las elecciones de 1905, por lo que Estrada Palma se presenta sin contrincantes, y resulta reelegido con los votos del 71.41 por ciento del censo electoral de 429,730 votantes, de los cuales 317,974 ejercieron el derecho de sufragio La llamada guerrita o alzamiento de agosto de 1906 estalla en Vueltabajo el día 19 de aquel mes, inspirada por el caudillo Liberal José Miguel Gómez. Renuente el Presidente Estrada Palma a negociar con los sublevados, su Secretario de Estado, Juan O’Farrill, envía al Cónsul norteamericano –sin conocimiento ni consentimiento del Congreso cubano- la siguiente nota, con fecha 12 de septiembre: “La rebelión ha tomado incremento en las provincias de Santa Clara, Habana y Pinar del Río, y el Gobierno cubano carece de elementos para hacerle frente y para defender a los pueblos e impedir que los rebeldes destruyan la propiedad. El presidente Estrada Palma pide la intervención americana, y ruega que el presidente Roosevelt envíe a La Habana, con la mayor reserva y rapidez, dos mil a tres mil hombres para evitar una catástrofe en la capital. La Intervención que se pide no debe ser conocida del público hasta que las tropas americanas estén en La Habana.

“La situación es grave y cualquier demora puede producir una matanza de ciudadanos en La Habana” xxxv Una semana después se producía la llegada a La Habana de la Comisión de Paz nombrada por el Presidente Theodore Roosevelt, formada por el Secretario de Guerra Sr. William H. Taft y el Sub Secretario Sr. Robert R. Bacon, así como la de cinco acorazados cuyas tripulaciones no desembarcaron ni cuyos cañones entraron nunca en acción.

Los Comisionados traían un Plan de paz que consistía en -la renuncia del Vicepresidente de la República, todos los Senadores y Representantes, Gobernadores y Consejeros Provinciales elegidos en diciembre de 1905, -el subsiguiente cese de hostilidades por parte de los sublevados, -la creación de una Comisión especial, integrada por tres Letrados del Partido Liberal y uno designado por el Presidente norteamericano, a fin de promulgar determinadas leyes, -la celebración de elecciones el 1 de enero de 1907, con arreglo a una nueva Ley electoral que la citada Comisión debería redactar.

Los insurgentes aceptan este Plan, pero el Presidente Estrada Palma lo rechaza de plano (aunque su propia renuncia no está contemplada en ese documento). El Presidente Roosevelt intenta disuadirle, haciéndole llegar una nota en la que le dice a Estrada Palma: “Encarecidamente le ruego que sacrifique sus propios sentimientos ante el altar de su país, y acceda a la petición del Sr. Taft, de que usted continúe en la Presidencia el tiempo necesario para que se establezca el nuevo Gobierno temporal bajo el cual sea posible llevar a cabo las negociaciones de paz. Yo envié a Cuba al Sr. Taft y al Sr. Bacon, en virtud de los repetidos telegramas de usted manifestando que renunciaría; que tal determinación era irrevocable y que no podía continuar más tiempo en el Gobierno…Bajo su Gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba república independiente. Yo le confieso, en bien de su propia fama de justo, que no debe insistir en conducirse como hoy lo hace, porque la responsabilidad del colapso de la República, si tal cosa llegase a suceder, podría recaer sobre sus hombros”.

Haciendo oíos sordos, Estrada Palma primero acepta la renuncia de todos sus Secretarios del Despacho, y a renglón seguido presenta por escrito al Congreso su renuncia irrevocable al cargo de Presidente de la República, pidiendo su aceptación, como igualmente lo hace el Vicepresidente Domingo Méndez Capote.

A continuación, el Congreso se reúne bajo la presidencia de Ricardo Dolz, el titular de dicho cargo en el Senado, a fin de considerar las renuncias del Presidente y del Vicepresidente de la República. Acuerdan reanudar la sesión en la noche del 28 de septiembre de 1906. Pero la ausencia de los Representantes y Senadores del Partido Moderado priva del quórum reglamentario a la sesión , y hace imposible que el Congreso designe a un nuevo Presidente de la República -para lo que estaba facultado, a tenor del último párrafo del Artículo 59 de la Constitución de 1901, entonces vigente-.

La República quedaba, así, acéfala.

Y es de esta guisa que se da pie a la Segunda Intervención, que iba a durar hasta 1909, tras la proclamación hecha por el Secretario de Guerra William H. Taft, a través de la que se investía del cargo de Gobernador Provisional de Cuba con fecha 29 de septiembre de 1906, manifestando en dicho documento que “El no haber tomado el Congreso acuerdo en cuanto a la renuncia irrevocable del Presidente de la República, o elegido un sustituto, deja a este país sin gobierno en una época en la que prevalece gran discordia, y se hace necesario, de acuerdo con lo pedido por el presidente Estrada Palma, que se tomen las medidas debidas, en nombre y por autoridad del Presidente de los Estados Unidos, para restablecer el orden, proteger las vidas y propiedades en la Isla de Cuba, y cayos adyacentes, y, con este fin, establecer un Gobierno Provisional”.

Desde luego, Estrada Palma no fue el responsable único de esta anómala situación, porque le precedieron con sus renuncias los Secretarios del Gabinete xxxvi, le acompañó la renuncia del Vicepresidente de la República xxxvii, y los miembros de ambas Cámaras legislativas afiliados al Partido Moderado boicotearon la sesión del Congreso en la que se podrían haber cubierto todas las vacantes –impidiendo con su ausencia la declaración del quórum necesario-, sin que nada de esto mitigue la responsabilidad solidaria de los conmilitones de Estrada Palma, ya que sin su cooperación necesaria no se habría podido cometer el despropósito. Fue un verdadero ejercicio colectivo de irresponsabilidad política por parte de Estrada Palma y demás gerifaltes del Partido Moderado.

No obstante, en el haber de Estrada Palma quedó una útil obra hacendística y legislativa.

Como ejemplos sobresalientes de esta última, la Ley del Servicio Diplomático y Consular, la Ley Orgánica de la Guardia Rural, la Ley del Descanso Dominical, la Ley que creó la Comisión de Ferrocarriles, la Ley del Régimen Provincial, y la Ley sobre deslinde de Haciendas Comuneras, así como el Tratado de Relaciones Permanentes con los EE.UU., el Tratado Hay-Quesada (que reconoció la soberanía de Cuba sobre la Isla de Pinos, aunque no fue ratificado por Washington hasta 1925), y los Tratados Comerciales con Italia y España.

En las inmejorables palabras de Portell Vilá xxxviii, “El Presidente Estrada Palma, hecha abstracción de su política partidarista, había sido un buen gobernante bajo cuya administración honrada y progresista Cuba había adelantado mucho”.

Otros historiadores distinguidos tampoco le han escatimado elogios, como administrador del erario público xxxix, llamándole “el honrado Tomás Estrada Palma” y diciendo que “A pesar de sus errores políticos, su austeridad y patriotismo hacen de él una de las figuras cubanas más nobles de su tiempo…Estrada Palma tuvo en alto grado una virtud que ni aun sus más enconados enemigos políticos le negaron nunca: su honradez acrisolada en el manejo de los fondos públicos. Fue también un prudente gobernante a la hora de regular los ingresos y los egresos del estado, pues consideraba que éramos un pueblo de modestos recursos que debía mantener, por dignidad y previsión, una constante vigilancia de los gastos nacionales”, así como que el primer proyecto de presupuesto sometido al Congreso en 1902 tras su toma de posesión “Era el presupuesto más pequeño tenido por Cuba desde mediados del siglo anterior, a pesar de tener los servicios públicos bien atendidos. El mismo criterio siguió el presidente Estrada Palma en los tres años siguientes, colocando siempre prudentemente los egresos muy por debajo de los ingresos calculados”.

Acerca de su encaprichamiento reeleccionista, Rafael Martínez Ortiz ha comentado xl  que “Don Tomás, a quien ya había pasado por la mente igualarse a los grandes presidentes de Norteamérica que la obtuvieron casi siempre, se sintió halagado por la esperanza de conseguirla. Tamaño cuerpo cobró el deseo, que llegó a ser en él una verdadera obsesión. En cuanto se le insinuaba algo sobre tal posibilidad, la satisfacción le retozaba en los ojos y no podía disimular. Por semejante motivo los aduladores, abundantes siempre en derredor del poder, se hacían lenguas ponderando sus ventajas y echaban tupidísimo velo sobre sus inconvenientes”.

Ensombreció, lastimosa y lamentablemente, su hoja de servicios al país, al ceder a la tentación de ir en pos de la reelección, y forzar sobre Cuba, a causa de su tozudez, una nueva ocupación militar por parte de los EE.UU. (a pesar de que en este caso la Potencia Interventora era renuente a ello, por conveniencias coetáneas de su política exterior hacia los demás países al sur del Río Grande), lo que –junto al designio protervo de perpetuarse en el Poder, por parte de otros gobernantes de entre los que vinieron detrás de Estrada Palma- tantos sinsabores ha traído al pueblo de Cuba desde la proclamación de la República.

© 2011 Roberto Soto Santana, de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio).

i Luis Cino, “La Republica, justo al medio”, La Habana, 24 de mayo de 2009/Cubanet (en
www.cubamatinal.es).
ii Quien, en su calidad de Presidente del club patriótico Ignacio Agramonte de Tampa, invitó a Martí a participar en una fiesta cuya recaudación iba a ir en beneficio de dicho club, prevista para fines de noviembre de 1891. El 26 y el 27 de ese mes, en el Liceo Cubano de Tampa, Martí pronunció en esa su primera visita a la conocida como “Cigar City” -por su barriada de torcedores de tabaco cubanos emigrados asentados en Ybor City- sus emotivos discursos conocidos con los nombres de “Con todos y para el bien de todos” y “Los Pinos Nuevos.”
iii Imprenta Siglo XX, La Habana, 1919.
iv “Documentos para la Historia de Cuba”, por Hortensia Pichardo. Tomo I, págs. 403-404. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971.
v En la misiva del 16 de marzo de 1895, en Obras Completas, Tomo 4, pág. 86. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
vi En la esquela del 1 de abril de 1895, en Obras Completas, op.cit., Tomo 4 , págs. 117-118.
vii El 18 de julio de 1895, en el Hardman Hall de Nueva York (Vid. “Estrada Palma y Honduras”, por la Dra. Margarita García-Estévez, publicado en LA VOZ de Elizabeth, N.J. el 17 de julio de 2008).
viii Sarabia, Nydia. "Noticias confidenciales sobre Cuba. 1870-1895." Editora Política. La Habana, 1985.
ix Dra. Margarita García-Estévez, op. cit.
x Bajo el imperio de una Ley electoral –promulgada en desarrollo de la Constitución aprobada el 21 de febrero de 1901- que restringía el derecho de sufragio a los varones mayores de 21 años de edad que supieran leer y escribir, o poseyeran bienes por valor superior a 250 pesos, o hubieran ingresado en las filas del Ejército Libertador antes de julio de 1898.
xi José Duarte Oropesa, Historiología Cubana, Tomo II, p.107. Ediciones Universal, Miami, 1974.
xii Vid. Orlando Freire Santana, en un artículo de 18 de enero de 2011 para Cubanet, publicado en http://balancecubano.blogspot.com . Cf. Pedro Pablo Arencibia Cardoso, “Sobre la Constitución de 1901”, Revista Vitral, Nº44, julio-agosto 2001 en http://vitral.org .
xiii La actitud de los constituyentes Diego Tamayo, Eliseo Giberga y Pedro González Llorente. Cf. “La Aplicación de la Enmienda Platt en 1906 y su Impacto en el Pensamiento Político Cubano”, por la Dra. Miriam Fernández Sosa y la Lic. Concepción Planos (de la Universidad de La Habana), en http://rodin.uca.es .
xiv Manuel Sanguily, José N. Ferrer, José Miguel Gómez, Emilio Núñez y Domingo Méndez Capote. Cf Dra. Miriam Fernández Sosa, op.cit., pág. 150.
xv La posición de Salvador Cisneros Betancourt y Juan Gualberto Gómez
xvi A FAVOR: Leopoldo Berriel, Pedro Betancourt, José Miguel Gómez, Pedro González Llorente, Domingo Méndez Capote, Martín Morúa Delgado, José de Jesús Monteagudo, Emilio Núñez, Gonzalo de Quesada, Joaquín Quílez, Alejandro Rodríguez, Manuel Sanguily, Eliseo Giberga, Diego Tamayo, Enrique Villuendas. EN CONTRA: Alfredo Zayas, Rafael Manduley, José Fernández de Castro, José N. Ferrer, Miguel Gener, Luis Fortún, José Lacret Morlot, José B. Alemán, Manuel R. Silva, Eudaldo Tamayo, Rafael Portuondo Tamayo, José L. Robau, Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt. NO PARTICIPARON: Antonio Bravo Correoso y Juan Rius Rivera. Cf. Carlos Márquez Sterling, “A la injerencia extraña, la virtud doméstica”, pág. 74. Ediciones Universal, Miami, 1986.
xvii Beatriz Bernal Gómez, en “Estudio Histórico-Jurídico de la Constitución de 1901” (que se puede consultar en www.bibliojuridica.org) menciona que la votación fue de 16 votos a favor y 11 en contra, sin ofrecer más detalles, los que sí aportan el Dr. Sergio López Rivero y el Lic. Francisco Ibarra, “En torno a 1898. Una exploración en el curso de la aprobación de la Enmienda Platt en la Convención Constituyente cubana durante el año 1901”, http://www.raco.cat
Según esta última fuente, que a su vez cita a República de Cuba. Senado, Memoria 1902-1904, Imprenta y papelería de Rambla, Bouza y Compañía, La Habana, 1918, votaron A FAVOR: L. Berriel, P. Betancourt, J.M. Gómez, P.G. Llorente, D.M.Capote, M. Morúa, J. Monteagudo, E. Núñez, G. Quesada, J.M. Quílez, A. Rodríguez, M. Sanguily, E. Giberga, D. Tamayo, E. Villuendas y J.N. Ferrer; votaron EN CONTRA: A. Zayas, R. Manduley, J.F. de Castro, L. Fortún, J. Lacret, J.B. Alemán, M.R. Silva, E. Tamayo, R.M. Portuondo, J.G. Gómez y S. Cisneros; NO PARTICIPARON: M. Gener y J.L. Robau. [Sin embargo, en esta relación nominativa faltan los nombres de los convencionales J.M.
Correoso y J. Rius Rivera, quienes tampoco estuvieron presentes en la votación]
xviii Dr. Sergio López Rivero y Lic. Francisco Ibarra, Ibid.
xix Cf. Dra. Miriam Fernández Sosa, op.cit, p.160.
xx La Enmienda Platt y el Tratado Permanente, Imprenta Rambla y Bouza, La Habana, 1930, p.39.
xxi Fundador del Partido Conservador, Secretario de Estado (1913), Senador (1917) y Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Fundador de Unión Nacionalista, uno de los actores principales en la Mediación de los EE.UU. en 1933, Secretario de Estado de nuevo (1934), Presidente de la Asociación de Veteranos de la Independencia, Académico de Número de la Academia Cubana de la Historia (1944), Doctor Honoris Causa por la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público de la Universidad de La Habana (1951), Gran Cruz de la Orden Lanuza, Medalla de Servicios Distinguidos del Ejército de Cuba, Medalla de Honor de la Liga Interamericana Bolivariana, Presidente de la Sociedad de Amigos de la República (fundada en 1948 por el Dr. Jorge Mañach) desde 1952 hasta su fallecimiento en 1956.
xxii Como consta en el último párrafo de una carta al todavía Gobernador español de Cuba, Capitán General Ramón Blanco (de fecha incierta, 20 de marzo de 1898 o principios de mayo de ese año): "Así son para mí las naciones, y hasta el presente, sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente Mc Kinley y al general Miles, dándoles gracias por la intervención americana en Cuba. No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que usted se refiere en su carta. Si así fuese, la historia los juzgará."
Aunque, como una muestra del peso de la experiencia sobre las opiniones personales, el Generalísimo Máximo Gómez, en carta del 2 de abril de 1899 a su esposa Bernarda Toro, tras ser destituido por la Asamblea de Representantes del Cerro del cargo de General en Jefe del Ejército Libertador, comentó lo siguiente: “Los que esperan, están desesperados. Como yo no espero nada, estoy muy tranquilo con mi inesperada situación, descargado de toda responsabilidad y gozando del cariño de este pueblo que ahora más que nunca, me lo ha demostrado, comprometiendo, por modo tan elevado y sentido, mi gratitud eterna...La actitud del Gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos momentos históricos, no revela a mi juicio más que un gran negocio... Nada más racional y justo, que el dueño de una casa, sea el mismo que la va a vivir con su familia, el que la amueble y adorne a su satisfacción y gusto; y no que se vea obligado a seguir, contra su voluntad y gusto, las imposiciones del vecino. La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.
xxiii Bartolomé Masó – Discurso leído por el Académico de Número Dr. Emeterio S. Santovenia y Echaide en la sesión solemne celebrada el 22 de diciembre de 1930 para conmemorar el primer centenario del nacimiento de aquél, pág..15. La Habana, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1930.En carta dirigida al General José Lacret Morlot, Masó opinó de la manera siguiente sobre los medios empleados por el gobierno norteamericano: “Ese derecho es el de la fuerza, del que ha nacido la ley Platt, esa decantada ley que tan horrorosa decepción nos ha hecho sufrir, haciéndonos aceptar, entre otros, el juicio del profesor italiano Camazza  Amari, que ‘condena la intervención como resultado de la tendencia que tienen siempre los fuertes de dominar a los débiles e imponerles su ley y atacar y destruir a su vez al autonomía de los estados’
xxiv Ibid.,Pág. 12.
xxv Emeterio S. Santovenia, en “Un Día Como Hoy”. Editorial Trópico, 1946, págs. 153-154.
xxvi “Una revisión histórica del 24 de febrero de 1895: ante el primer centenario de la guerra de Cuba”, Guillermo Calleja Leal, Vocal electivo de la Comisión española de Historia Militar, Doctor en Geografía e Historia. Conferencia pronunciada el 15 de febrero de 1994 en el paraninfo del Centro Superior de Estudios de la Defensa, en el marco de las Primeras Jornadas de Historia Militar. Boletín de Información nº235, mayo-junio de 1994, del Ministerio español de Defensa.
Hay que decir que, al día siguiente de su destitución, aceptó la vicepresidencia del Consejo de Gobierno, y que, más adelante, una comisión designada por el Consejo de Gobierno, e integrada por el Secretario de Interior Santiago García Cañizares y el subsecretario de la Guerra, General Mario García Menocal, absolvió al Mayor General Bartolomé Masó de todas las imputaciones por las que había sido destituido.
xxvii Ministerio de Relaciones Exteriores – Cuba, en http://embacuba.minrex.cu (Sri Lanka).
xxviii “Nueva Historia de la República de Cuba”, pág. 62. La Moderna Poesía, Inc. Miami, 1986.
xxix Ibid., pág. 87. El empréstito concertado con Speyer and Co. por 35 millones de dólares y destinado al pago de los haberes de los Veteranos se hizo recibiendo el 91.5 por ciento de dicha cantidad, aunque por supuesto el interés pactado del 5 por ciento anual se pagaría sobre el nominal de la deuda (por lo que sólo se recibieron 31,675,000 dólares).
xxx “Momentos Estelares en la Historia de Cuba”, pág. 290. Ediciones Universal, Miami, 2007.
xxxi Cfr. “Piedras y Leyes”, Fulgencio Batista Zaldívar, pág. 187. Madrid, 1963.
xxxii  Herminio Portell Vilá, Ibid., pág. 104.
xxxiii “Una Mirada sobre Tres Siglos –Memorias”, págs.151 y sigs. Playor, S.A., Madrid, 1975.
xxxiv “Próceres”. Imprenta El Siglo XX. La Habana, 1919.
xxxv Mario Riera Hernández, “Cuba Libre 1895-1958”, pág. 55. Miami, 1968.
xxxvi  Que eran: Manuel F. Lamar Portillo (Instrucción Pública), Juan F. O’Farrill Chapotín (Estado), Juan Rius Rivera (Gobernación), Rafael Montalvo Morales (Obras Públicas), Ernesto Fonts Sterling (Hacienda), Gabriel Casuso Roque (Agricultura) y Jorge A. Belt Muñoz (Presidencia).
xxxvii Domingo Méndez Capote.
xxxviii “Nueva Historia de la República de Cuba”, Ibid., pág. 104.
xxxix Dres. Edilberto Marbán y Elio Leiva, Curso de Historia de Cuba, Parte Segunda, pág. 521 a 523.La
Habana, 1955.
xl Cuba, Los primeros años de Independencia.[/size]