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08/12/2019
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La Nicaragua de América del Sur

altalt¿Hay algún escenario político peor para Venezuela que la continuación de Hugo Chávez en el poder después de 2012? Si; es la continuación del chavismo con la anuencia de la oposición. Léase bien: del “chavismo”, no de “Hugo Chávez”. La perpetuación de la estética patriotera, estilo autoritario de gobierno, y reparto clientelar propia del chavismo, luego de ido el teniente coronel impediría cualquier signo de progreso en el pais por generaciones, mucho después de su desaparición política.

El chavismo no es un hombre, sino una forma absolutista, anti-democrática, y clientelar de administrar el poder. Para describirlo en una frase redonda, es la componenda del puntofijismo, pero sin los atributos electorales del puntofijismo. Es la consolidación del estado paternalista, promotor de una sociedad parasitaria e inútil, presa segura de cualquier potencia o no potencia extranjera que se pasee por el Caribe.

Esta es la forma de gobierno que amenaza con perpetuarse en Venezuela, incluso con una hipotética salida de Hugo Chávez del gobierno en 2012. Por cierto, no es una forma de gobierno como la que existe en Cuba; es un acomodo político bastante mas complejo. Para entenderlo, hay que voltear la mirada hacia Nicaragua, en vez de Cuba.

 

El futuro de Venezuela en 2012 se parece cada vez al pasado de Nicaragua en 1990. Ese año Violeta Chamorro, líder opositora de una coalición de 14 partidos (la Unión Nacional Opositora - UNO) ganó las elecciones al gobierno de izquierda radical sandinista, quien había estado en el poder desde la caída de Somoza en 1979, y renuentemente había accedido a hacer elecciones supervisadas por la comunidad internacional, forzada por la eliminación de los subsidios soviéticos gracias a la Perestroika de Gorbachev y el financiamiento de los EE.UU. a las milicias de los “contra” (si bien, detenido desde 1986, por el escándalo “IranGate”).

 

A Daniel Ortega no lo derrotó la señora Chamorro, sino los diez años de promesas, privaciones, desaparición de productos del comercio, inflación (14.000% solo en 1988) y muertos por una guerra civil causada por el asalto socialista de Ortega y sus amigos a cuanto fundo productivo, empresa activa, o banco pudieron echar mano. A este reparto de propiedades a favor de los neo-burgueses hermanos Ortega, Tomas Borge, y Bayardo Arce, muy gráficamente lo llamaron “La Piñata”. Este capital, equivalente al valor anual de las exportaciones nicaragüenses, serviría para que el sandinismo recuperara el poder nuevamente en 2006.

Lo interesante, sin embargo, es que pese a su derrota electoral, Ortega y sus sandinistas quedaron atornillados en el poder (desde la oposición), gracias al acuerdo de Esquipulas II, que le valió el Premio Nobel de la Paz a Oscar Arias, pero condenó a Nicaragua a una paz negociada con el sandinismo a condición de mantener la vía electoral abierta a como diera lugar, incluso, saltándose a la torera la restitución de la Justicia, y de los bienes robados por los sandinistas. Por supuesto, el socialismo blando de los gobiernos latinoamericanos (Lula Da Silva no es un invento nuevo en la fauna política latinoamericana) les hizo entusiastas promotores de la Paz a cualquier precio, incluso, permitiendo el mantenimiento del sandinismo como fuerza política triunfante, aun en la derrota electoral.

Violeta Chamorro venció a Daniel Ortega en 1990, pero eso no produjo el retorno a la democracia en Nicaragua en el largo plazo, como han demostrado los hechos. Antes de entregar la presidencia Daniel Ortega se aseguró de imponer a su hermano Humberto Ortega como comandante del ejercito, y con ello, suficiente fuerza política para boicotear cualquier reforma que restituyera los bienes robados por los jerarcas sandinistas a sus legítimos dueños; pero además, cualquier intento por modernizar la arruinada economía nicaragüense.

La propia confusión de la UNO (integrada en 14 partidos) sobre el modelo de pais alternativo al sandinismo y su heterogeneidad política hizo que el gobierno de Violeta Chamorro manejara una transición sin posibilidad de ofrecer una genuina transición al capitalismo productivo, democratizador y generador de oportunidades. Chamorro solo pudo defender como logro de su gobierno el “retorno a las elecciones” como vía de solución de conflictos políticos. Al final, tuvo que entregar el poder al inefable Arnoldo Alemán, otro populista, tan demagogo como Ortega, pero de derecha, quien no solamente se ocupó de engordar no solo su humanidad, sino sus cuentas bancarias en bancos extranjeros. Alemán entronizó en el gobierno los tradicionales terratenientes conservadores, tan rapaces como los jerarcas sandinistas de izquierda. Se generó en Nicaragua un entendimiento concertado entre Ortega y Alemán para administrar la miseria de los nicaragüenses.

El contraste con lo sucedido en El Salvador durante el mismo tiempo es esclarecedor. En este país, la izquierda radical no siguió el camino electoral, sino que fue derrotada militarmente por el ejercito, con lo cual aquella tuvo que avenirse a una paz igualmente negociada con Esquipulas, pero en términos muy distintos a los negociados por los hermanos Ortega en Nicaragua: con el rabo entre las piernas. El partido ARENA de centro derecha gobernó El Salvador durante 20 años gracias a la miopía de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), para suerte de los salvadoreños, quienes pudieron desarrollarse como alternativa democrática efectiva, incluso luego de recuperar la izquierda el poder en 2009, esta vez en las urnas electorales.

En Venezuela, el afán por la vía electoral en 2012 que exhiben los líderes de la oposición, acicateados por Teodoro Petkoff, pudiera llevar a Venezuela a negociar la salida del poder de Chávez, a cambio de mantener la inmunidad de sus allegados y de su familia por el latrocinio que han impuesto en Venezuela durante estos largos doce años. A respetarle los caramelitos de su “Piñata”, pues. Podría incluso llegar a reconocer a Chávez en el Poder por otro periodo más si a este se le antoja y decide pasarse por el forro la opinión de la comunidad internacional. Esto no seria descabellado, si uno tiene en cuenta las respuestas huecas de los partidos de la oposición ante cada abuso de Chávez, y las apelaciones a la paz que hacen cada vez que algún grupo no controlado por ellos decide enfrentarse en la calle con el régimen chavista: estudiantes, obreros, etc.

El futuro de Venezuela en 2012 depende de la manera como salga el chavismo del poder: ¿derrotado u oxigenado? Eso no depende de si hay elecciones o no; tampoco depende de los decibeles que emita la boca de Hugo Chávez. Depende de si los lideres de oposición aspiran a algo mas que compartir el poder con la gavilla de asaltantes que nos gobierna, y de no dejar impunes sus delitos así estos acepten irse a la “oposición”. Depende de que los líderes de oposición ofrezcan un país genuinamente distinto a la bazofia socialista que nos quieren imponer desde hace medio siglo en Venezuela, llámese “democrática” o “revolucionaria”. En suma, depende del chavismo ideológico que tienta a la propia oposición, y que no solamente tiene que ver con las farfulladas bolivarianas ni el carnaval militar. Mientras se consolide este chavismo como “consenso político” de la oposición, tengamos por seguro que regresaremos a ese mismo ambiente, actores, y mentalidad política que nos trajo hasta aquí. Tendremos cuarenta años mas de frustración.

Por el camino que vamos, Venezuela no será la Cuba del Siglo 21, sino la Nicaragua del siglo 20.  Dicho de otro modo: será la Venezuela del Siglo 19.