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08/02/2023
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He estado pensando XVII

                                               He estado pensando XVII.

                           He estado pensando… en los demonios de este año.

Termina un año. Comienza otro. Y vuelve a repetirse ese momento donde, por muy oscuro y desesperanzador que sea el horizonte, avivamos la esperanza de “un año mejor”, y repetimos obstinadamente la frase de “año nuevo, vida nueva”.

No sabemos qué nos depararán los más de 300 días que tenemos por delante, y además, la mayoría de nosotros no participará en la toma de decisiones oficiales que facilitarían un cambio de rumbo en nuestra isla, pero tenemos una vida propia, un mundo pequeño de relaciones y decisiones que, uniéndose entre sí, podrían inclinar la balanza hacia la Cuba que añoramos.

Pero para que eso sea posible, necesitamos desterrar a los demonios que nos atan, que nos han atado y controlado a lo largo de este año que termina; los demonios que hemos aprendido a acoger y a cobijar porque, si bien nos hacen la vida miserable, también es verdad que nos ofrecen sus bondades.

¿Qué demonios?

El demonio de aplaudir y asentir en contra de lo que sientes y crees, porque así manifiestas la sumisión que te otorga una mirada benevolente de la autoridad.

El demonio de defender un sistema que hizo emigrar a tus hijos mientras sobrevives gracias a la lejanía de tus hijos.

El demonio de dar tu disponibilidad a la agresión y a la violencia contra los que piden la libertad que tú deseas, para ocultar tus miedos y tu incapacidad de quitarte tus cadenas.

El demonio de la doblez y la mentira, para no ser un excluido en el teatro de la aguerrida y feliz sociedad perfecta.

El demonio de la delación de tus hermanos, para dar un aire de respeto a tu miseria humana.

El demonio de proclamar que la religión es “el opio de los pueblos” para justificar tu ataque a aquellos que, motivados por su religión, defienden la verdad y la justicia e intentan precisamente despertar las almas dormidas.

El demonio de aprobar leyes que destruyen la familia para subirte en el tren de los que enarbolan la bandera de los valores verdaderos.

El demonio de la defensa de la “inclusión” como arma de ataque a todo aquel que no esté de acuerdo con tus “incluidos”.

El demonio de ponerte al servicio de una ideología, para evitar poner tus días en las manos del Dios que da la vida.

Que el año a las puertas sea nuevo no significa que será diferente. De hecho, no lo será si no nos empeñamos nosotros en ser diferentes, y no podremos serlo si no renunciamos a nuestros demonios, a pesar de todo lo que nos ofrecen. Porque no puedes desterrar a tus demonios mientras sigas disfrutando de su compañía.