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03/10/2022
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El jueves de esta semana...

El jueves de esta semana viví dos acontecimientos que me marcaron de manera significativa, y a la vez me confirmaron el movimiento interior que me acompaña sin cesar. El primero fue en la oración de la mañana cuando la hermana que animaba la liturgia puso este canto: “Nuestra sed de justicia en tus manos, Señor, que la muerte no espera y avanza; nuestro afán de esperanza en tus manos, Señor, que si no el sinsentido nos cansa”. (Cecilia Rivero, rscj)

El segundo fue escuchar a una muy querida amiga. Su único hermano es paciente de cáncer, es más joven que ella, y ha perdido mucho peso. Su mayor angustia, dicha entre lágrimas incontenibles, es la situación de estrés tan fuerte en la que seguimos viviendo, la desesperación con los apagones, no se duerme y apenas se come algo nutritivo. Esto ha generado una involución en el proceso de salud de este joven que va atentando aceleradamente contra su vida. Yo, que conozco y quiero mucho a esa familia, a quienes he acompañado en todo ese proceso, soy testigo de su situación, y me atrevo a decir que como esa familia hay miles en nuestro país.

Vuelvo entonces al extracto del canto con la que inició este escrito: "Nuestra sed de justicia en tus manos, Señor". Así lo pido con mucha fuerza, porque no puedo dejar de expresar la rabia, el dolor, la impotencia, el deseo profundo que me habita de VER justicia, la real, no la que supuestamente nos hacen creer que vivimos. NO, esa lo único que está haciendo es favorecer a los injustos, a los represores, a la policía a la que le han dado "orden de combate", y actúa con impunidad, incluso golpeando a menores, recordemos lo acontecido en Nuevitas. No, yo no quiero esa justicia, no quiero que sigan apresando a quienes con valentía salen a pedir comida, luz, libertad, todo lo BÁSICO Y NECESARIO, y los desaparecen, apresan. Yo quiero la justicia que habla de podernos expresar a través de las redes sociales o en cualquier lugar y sin miedo a que golpeen con las tonfas, a que disparen porque poseen armas y con ellas “poder”, o simplemente te obliguen a adentrarte en un carro de policía sin explicaciones o bajo amenazas... Y no lo estoy inventando, esto está ocurriendo, y muy seguido.

NO QUIERO tampoco la justicia tomada por nuestras manos, que puede llegar a ser fruto de todo lo que tenemos reprimido internamente: cansancio, fatigas, dolor, pérdidas de familiares, o estos presos y pagando con creces en esos lugares de castigo, represiones, torturas. No quiero este tipo de justicia porque nos estaríamos avocando a un desastre grande en nuestra Isla. No quiero ver correr la sangre, no quiero más muertes injustas, ya han sido suficientes. Vienen a mi memoria con muchísimo dolor los jóvenes del incendio de los supertanqueros en Matanzas, jóvenes en su mayoría en el servicio militar obligatorio. Ellos no fueron héroes, fueron víctimas, y por esa irresponsabilidad de mandarlos a algo superior a su experiencia ya no están con nosotros. NO quiero eso…

Quiero la justicia de la que nos habla la Biblia: Dios ama la justicia y el derecho (Salmo 5, 33). Y es que el amor de Dios por la justicia sugiere su voluntad de construir una realidad de vida DIGNA para toda la comunidad humana y sus criaturas. Tenemos que reconocer que en nuestros contextos tanto la aplicación de la justicia como el derecho se encuentra amañada, sirviendo al mejor postor y a intereses de grupos de poder reducidos. Para que la justicia y el derecho que Dios proclama sea lo que nos ampare, cobije, custodie, necesitamos recuperar la conciencia de soberanía.

No hacemos justicia a la vida, a nuestra gente, si nos convertimos en consumidores irresponsables. No practicaremos el derecho si velamos solo por nosotros sin importar la suerte de los demás. Pidamos a Dios amar la justicia y el derecho. Aún más, pidamos a Dios que quienes tienen en sus manos la posibilidad de la justicia y el derecho, ENTIENDAN de una buena vez que este pueblo reclama lo que nos pertenece por DERECHO, porque lo que toca, no se mendiga. No queremos por caridad lo que nos pertenece por justicia.

Queremos, quiero, sueño una nación diferente, porque en ella mi corazón anhela, como el de muchos, la libertad y la tranquilidad donde, como reza el canto: "Todos seamos hermanos". Así lo pido confiadamente a nuestra Madre y Patrona la Virgen de la Caridad, a quien confío una y otra vez a mi amado pueblo cubano.

Sor Nadieska Almeida