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18/08/2022
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Carta al Santo Padre Francisco

         Santo Padre, Francisco:

Desde anoche tengo una "revolución" de sentimientos en mi corazón. No sé, ahora mismo, qué tiene más fuerza en mí, si el coraje y la indignación, o la decepción y tristeza por la sensación de abandono y orfandad.

Al regresar de la manifestación para conmemorar los hechos del pasado 11 de julio en Cuba me encuentro en las noticias con el fragmento de su entrevista en la que hace alusión a Cuba con ocasión de esta fecha. Santo Padre, usted, una vez más, creo se ha equivocado con Cuba.

Quisiera que todos comprendan que esa entrevista y el tema que me ocupa ahora entra en el campo de lo opinable. Hay cubanos consternados, esta es la razón por la que me siento en libertad para expresarme disonante. Lo hago como sacerdote e hijo de la Iglesia y sabiendo que somos un solo cuerpo. No estoy situado en la acera de enfrente, ni estoy cuestionando su pontificado, ni su magisterio, ni el gobierno de la Iglesia. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán al respecto. Yo solo soy un pobre cura, común y pecador, que lucha a diario por responder con fidelidad en medio de muchas batallas, internas y externas. Al mismo tiempo, y en medio de mi insignificancia, vibro y ardo entre dos fuegos: la Iglesia y Cuba.

Durante todo el día de hoy he recibido una gran cantidad de llamadas y mensajes para cuestionarlo y solo he podido hacer silencio y sentir vergüenza. Ya no tengo cómo defenderle en su postura hacia Cuba, ya no sé cómo ser puente entre tantos hombres de buena voluntad que quieren el bien para Cuba y la Santa Madre Iglesia a la que usted encabeza. Estoy seguro que muchos hermanos sacerdotes se sienten igual porque también me lo han manifestado a lo largo del día.

Santo Padre, sobre sus relaciones con Raúl, no queríamos saber. No era necesario, ya hasta lo suponíamos. Ya tenemos suficiente dolor. Pero una cosa permítame decirle: ese con quien usted mantiene una relación humana, nos ha demostrado a los cubanos que no conoce de humanidad.

No le mencionaré las barbaries que ha hecho durante estos más de 60 años.

Mire solamente los cientos de presos encarcelados únicamente por salir a la calle a gritar LIBERTAD. Santo Padre, algunos son menores de edad.

Mire la situación en la que algunos hermanos viven la fe, algunos hostigados y perseguidos por ser fieles a la verdad al tiempo que gastan su vida llevando el Evangelio de Cristo, ya sean laicos, religiosos, religiosas o sacerdotes.

Mire la crisis que vive el pueblo cubano por falta de alimentos y medicinas, y por la falta de libertades que atentan contra la dignidad humana. Al borde de la desesperanza.

¿Por qué no dijo nada al respecto? Santidad.

¿Eso es ideología partidista? Yo creo que es humanidad.

Hablar de otros contextos políticos es más cómodo quizás para usted por lo que le haya tocado vivir a lo largo de su vida pero estos son sus hijos también, mírelos en su verdad, en sus condiciones reales, no en la idea que tenga de esa Cuba “símbolo”.

¿Por qué el caso de las injusticias del gobierno cubano parecen quedar siempre relegadas en su agenda? ¡Cuántas veces nos hemos quedado esperando las palabras que nos devuelvan la dignidad pisoteada! Si usted, el gran Padre no nos defiende ¿quién lo hará?

Si usted nos ama como dice y desea ser un pastor con olor a ovejas cubanas, acérquese de verdad a los que no tienen voz en mi sufrida tierra, a los de la periferia. Escuche el clamor de su pueblo que muere entre las garras del Lobo que es el Partido Comunista de Cuba. No crea a las mentiras de este lobo que sabe muy bien de disfraces.

Usted tiene razón cuando dice que ya esa acusación de comunista está desfasada. El comunismo en la práctica creo que no existe, gracias a Dios. Por experiencia sabemos que solo quedan sus funestas huellas y su nombre que es utilizado por los oportunistas que necesitan un discurso que seduzca y adormezca a los pueblos para, una vez poseyéndolos, someterlos a su antojo y capricho. Eso es lo que está sucediendo en Cuba. Comprenderá entonces el dolor de los cubanos al escuchar sus palabras, a mi juicio, desacertadas.

Le suplico, en nombre de Dios y en favor del pueblo que se le ha encomendado como pastor de la Iglesia Universal, que se interese por el pueblo de Cuba, que nos mire con justicia y escuche verdaderamente a los oprimidos. Que se dé cuenta que escuchar solamente la voz de sus gobernantes y de los que tienen el mínimo garantizado es traicionar a los pobres del Señor y usted está llamando a ser su defensor. Esta es mi súplica: Escuche a todos.

Su hijo en Cristo: Fernando