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08/08/2022
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Hotel Saratoga: la tragedia como síntoma de un país

Aun en medio de ese escenario sobrecogedor, los paniaguados del castrismo no pueden resistir la tentación de recurrir una vez más al triunfalismo que los caracteriza

Desde el final de la mañana de este viernes, el interés de los habaneros —y de los cubanos en general— se centró en la terrible explosión que destruyó el céntrico hotel Saratoga y ocasionó daños apreciables en inmuebles aledaños. De inmediato la prensa independiente y las redes sociales se hicieron eco del lamentable suceso y divulgaron, minuto a minuto, cada nueva faceta que se iba descubriendo.

No podemos decir lo mismo de la “prensa” oficialista. Como de costumbre, los plumíferos y cotorrones al servicio del régimen tardaron casi una hora en comenzar a informar sobre lo que estaba sucediendo y ya sabía media Habana. Al parecer, el burocratizado Departamento Ideológico del Comité Central (que es quien determina qué pueden decir los órganos masivos del régimen, y cómo deben hacerlo) tarda demasiado en tomar una decisión o recibir el imprescindible imprimatur de la alta jerarquía.

El que sí reaccionó con razonable rapidez (cosa lógica, pues se supone que no deba esperar permiso de nadie para desplegar alguna de sus actuaciones) fue el presidente electo por 605 compatriotas, Miguel Díaz-Canel. Se presentó, con su correspondiente comitiva, en el lugar del siniestro. Después lo hizo en los hospitales Hermanos Ameijeiras y Calixto García, donde estaban siendo atendidos las decenas de lesionados.

Los paniaguados del oficialismo no perdieron la oportunidad de entonar loas sobre la rápida presentación del mandamás de turno en el lugar de los hechos. Pero yo les recomendaría a ellos (y al Departamento Ideológico que los manda) tener un poquito más de moderación: tantas idas y venidas del Primer Secretario del único partido y Presidente obligan a hacer asociaciones de ideas nada recomendables: nos hacen pensar en una persona que tiene algo que hacerse perdonar.

Además, el señor Díaz-Canel, en lugar de limitarse a expresar su interés por los siniestrados e impartir instrucciones para la mejor y más rápida neutralización de los efectos adversos de la explosión, no perdió la oportunidad de arremeter una vez más contra la prensa alternativa cubana, única que en verdad merece ese nombre.

Él dijo: “Ante el suceso, (…) sitios contrarrevolucionarios (…) empezaron a especular con el tema, de que si era un atentado terrorista”. Considero que, al hacer esas manifestaciones, el mandamás fue tremendamente injusto: Creo que, en realidad (y aunque no exteriorizara sus pensamientos), debió sentirse agradecido a los autores de esas especulaciones.

Me explico: la tremenda magnitud de la explosión, las docenas de muertos y heridos, los cuantiosos daños que ella ocasionó, determinan que resulte menos absurdo atribuir la catástrofe a un criminal atentado terrorista que constatar la pasmosa realidad: que todas esa tremenda calamidad es fruto de un “accidente” monstruoso, cuya ocurrencia es difícil imaginar en un país civilizado.

Porque sí; eso es lo que indican las distintas facetas de esta tragedia: todo surge del trasiego de una sustancia peligrosa y harto inflamable, como lo es el metano. Esto en un lugar en el que ello no resulta imprescindible, pues hay servicio de gas manufacturado (el llamado “de la calle”). Se habla de un salidero. ¿Por qué se usaba una manguera deteriorada! Se dice que esta fuga fue descubierta por un cocinero. ¡Acaso no existían detectores idóneos para descubrir la pérdida? ¿Era necesario confiar en el olfato de una persona!

Pero la sarta de imprudencias se alarga: ¿Fue esa la primera ocasión en que se olió gas! ¿O ya esto se había detectado en algún otro lugar, pero los tripulantes del camión cisterna, con alegría irresponsable, continuaron el suministro del metano en otros sitios! Y la presencia del cocinero, ¿se debía a que el trasiego se realizaba mientras él estaba trabajando!; o sea, ¿cuando los fogones permanecían encendidos!

Nada; lo dicho: la sarta de imprudencias, de groseras violaciones de las reglas de seguridad más elementales (y hasta de las del simple sentido común) es interminable. Constituyen muestras irrebatibles de la inmensa catástrofe que el funesto socialismo ha entronizado en todos los aspectos de nuestra vida nacional. Se trata de un régimen que funciona como una especie de rey Midas, pero a la inversa.

Aun en medio de ese escenario sobrecogedor, los paniaguados del castrismo no pueden resistir la tentación de recurrir una vez más al triunfalismo que los caracteriza. El Granma se hace eco de declaraciones de Díaz-Canel: “Hemos tenido una respuesta muy rápida de todo el personal de Salud, como también de los equipos de rescate”.

Y concluía el Jefe de Estado: “Sacaremos las experiencias, evaluaremos los daños y nos recuperaremos, como siempre”. Por su parte, los redactores del Noticiero de Televisión del Mediodía de este sábado, al informar sobre la atención dada a los menores accidentados, comenzaron por una de las ridículas frases hechas del castrismo: “Porque en Cuba no hay nada más importante que un niño”.

Como es lógico, la tragedia ha dado lugar a numerosas muestras de solidaridad de todo el mundo. Pero incluso en la cobertura de ese aspecto de la información se transparenta el torpe sectarismo que es consustancial al aparato propagandístico del régimen. En lugar de un apoyo nacido de sentimientos humanos universales, se trasluce una aparente identidad entre socialistas y sus compinches.

Es así que, desde la misma tarde del viernes, los órganos de agitación y propaganda del régimen mencionaron, una y otra vez, los mensajes llegados desde Venezuela, Bolivia, el ALBA, Honduras, México, España o Rusia (porque sí, en definitiva, la brutal invasión de Putin a Ucrania es, a los ojos del castrismo, un pecadillo venial). Pero por supuesto que ni una sola palabra sobre lo declarado por representantes de nuestro más cercano vecino del Norte.

Lo mismo cabe decir de las muestras de ayuda que tuvieron lugar al interior de la misma Cuba. Bien lo señaló, en su blog Generación Y, la colega Yoani Sánchez: “Y la ideología por todos lados, tratando de secuestrar la solidaridad humana, pintando como partidista el apoyo que la gente daba a los más sufridos”… Nada, lo dicho: Son un rey Midas, pero al revés.