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04/07/2022
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Cubanos que apoyan a Ucrania, los nuevos perseguidos del castrismo

La obvia descoordinación existente entre el aparato gubernamental y sus represores demuestra que el régimen castrista está en fase terminal

Una información publicada el pasado domingo en el diario digital 14ymedio resulta —por decir lo menos— sorprendente. El titular lo dice todo: Interrogado y amenazado por entregar flores a la Embajada de Ucrania en Cuba. El texto nos informa que se trata del compatriota Pablo Enrique Delgado Hernández, “cristiano y activista de derechos humanos”, quien acudió con ese fin a la sede diplomática de la Quinta Avenida habanera.

Los pormenores del caso no dejan de resultar interesantes. “Desde mi llegada —dice el represaliado— los guardias de SEPSA (Servicios Especializados de Protección, S.A.) que atienden la seguridad de las sedes diplomáticas no me permitían moverme”. Es lo que dice Pablo Enrique sobre la actuación de unos individuos que se supone que estén para evitar algún acto ilícito contra la legación. En este caso cuál era la ilegalidad: ¿Entregar unas flores!

Tras diversas peripecias, el señor Delgado relata que una funcionaria ucraniana recogió el ramo y lo llevó al interior de la Embajada. Pero antes nuestro coterráneo alcanzó a decirle dos grandes verdades: Que en esas flores iba “el sentir de gran parte del pueblo cubano”; y a ello añadió: “Si el régimen permitiera al pueblo expresarse, esta Quinta Avenida nos quedaría chiquita”.

Cumplido su cometido, el activista cristiano regresó a su domicilio, no sin ser seguido por un carro patrullero, cuyos tripulantes lo detuvieron por unos minutos y le exigieron identificarse. A la caída de esa misma tarde, varios uniformados se presentaron en su casa y lo condujeron a la Séptima Unidad de la Policía, donde oficiales de la Seguridad del Estado lo “amenazaron” y le levantaron un acta de advertencia que se negó a firmar.

Supongo que, aunque el compatriota Pablo Enrique no quiso suscribir el arbitrario documento, sí lo haya leído. Si, en efecto, fue así, entonces sólo puedo deplorar que el colega que redactó la información no haya consignado en qué consistió la advertencia hecha a él. Porque las preguntas inevitables son (y perdonen las groserías): ¿Qué coño es lo que pusieron en ese papelón! ¿De qué carajo lo advirtieron!

Esas interrogantes no son ociosas. El artículo 75 del vigente Código Penal (ahora en trance de ser sustituido por otro aún más antipopular y represivo que se encuentra en proceso de redacción) se refiere a “la advertencia oficial”. Se trata de una institución ideada por los castristas con un solo y evidente propósito: el de intimidar y reprimir a sus súbditos. Pero es que, hasta para perpetrar arbitrariedades, se supone que un agente de la ley guarde ciertas formas. El precepto represivo mencionado autoriza su uso a quien, sin estar en estado peligroso, “por sus vínculos o relaciones con personas potencialmente peligrosas para la sociedad, las demás personas y el orden social, económico y político del Estado socialista, pueda resultar proclive al delito”.

Aquí se impone la pregunta: ¿Quiénes son “las persona potencialmente peligrosas” con las que se habría relacionado don Pablo Enrique! ¡Una honorable diplomática ucraniana legalmente acreditada ante el gobierno cubano? ¡A esos extremos de ridiculez, arbitrariedad y absurdo llega el aparato represivo de un régimen en fase terminal, que ya no es capaz de coordinar sus golpes, y da coletazos a ciegas!

Porque hay algo que debemos tener presente: claro que los comunistas antillanos, como siempre lo han hecho, siguen mostrando su antiyanquismo a ultranza, al tiempo que se someten gustosos al pagador de turno. Ya no son los tiempos de la “amistad imperecedera entre Cuba y la Unión Soviética”, pero ya se sabe lo que reza el sabio refrán: “Cuando no hay pan, se come casabe”.

A falta de la complicidad camaraderil de los “hermanos” del felizmente disuelto PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), ahí está la oligarquía corrupta que encabeza Vladimir Putin. Ahora hay que conformarse con poco: la reducción de la deuda que él concedió y las limosnas ocasionales que da, como las pocas toneladas de alimentos que regaló no hace mucho para paliar el hambre generada por la ineficiencia castrista.

En medio del sometimiento que muestran ante el régimen criminal y putrefacto del Kremlin, los mayimbes de La Habana tratan (en la limitada medida en que pueden) de guardar las formas. Hace unos días, los plumíferos de su Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) hicieron gala de los más complicados contorsionismos lingüísticos en el intento por —como reza la frase popular— “quedar bien con Dios y con el Diablo”.

Aludo a la inefable Declaración del Gobierno Revolucionario de Cuba del pasado sábado 26. En ese documento pasmoso se le endilga la responsabilidad por los sangrientos sucesos de Ucrania… ¡a Estados Unidos! Se habla de la “no observancia de principios legales y normas internacionales que Cuba suscribe y respalda”, pero no se señala quién los violó. Por el contrario, ¡si se menciona a Rusia, es sólo para hablar de sus “justos reclamos”! ¡Pero los escribidores castristas van aún más allá! En el paroxismo de la desfachatez, afirman que su Cuba “siempre defenderá la paz y se opondrá al uso o amenaza de la fuerza contra cualquier Estado”. Lamentan “las pérdidas de vidas de civiles inocentes en Ucrania” y tienen hasta el descaro de hablar de una “relación entrañable” entre ambos pueblos. Señores, ¡imagino el tremendo trabajo que habrán pasado esos torpes redactores del MINREX para idear malabarismos verbales como los citados! ¡Para mencionar los principios del Derecho Internacional y arreglárselas para hacerlo sin sugerir siquiera el nombre de su violador! ¡Para, sin decir una sola palabra contra la Ucrania agredida, no malquistarse tampoco con la Rusia imperial!

¡Y que después de esos enormes esfuerzos vengan los patanes de la SEPSA, la Policía y la Seguridad (como el mismo “coronel Mario” que menciona la información) a coartar, intimidar, perseguir, detener, conducir y hasta advertir a un ciudadano por llevar unas flores a la Embajada del país de los “civiles inocentes” y la “relación entrañable”! ¡Es verdad que la estupidez de los represores castristas no tiene límites! ¡Y también es cierto que esa torpeza infinita y la absoluta descoordinación que vemos entre ellos y el flamante MINREX demuestran a las claras que este régimen se encuentra en fase terminal!