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24/09/2021
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“EMIRATO ISLÁMICO DE AFGANISTAN” Primera Parte.

“Afganistán sin duda ha sido el cementerio de los imperios y una inexpugnable fortaleza del Islam. Con la derrota de los Norteamericanos, esta es la tercera vez que la Nación Afgana, en el transcurrir de dos siglos, ha derrotado y expulsado una potencia invasora imperialista.”

- Parte de la nota de felicitación de al-Qaeda al Talibán por su triunfo sobre EE.UU. -

-INTRODUCCION -

Hoy Afganistán está en el centro de la atención mundial por causa de la grave crisis generada por la retirada de las tropas norteamericanas de ese país, culminada como se había comprometido el Presidente Biden el 30 de agosto de 2021. Este hecho ha tenido como consecuencia directa la toma del poder por los Talibanes (1) y el restablecimiento del llamado “Emirato Islámico de Afganistán”.

Muchas han sido las manifestaciones de repudio sobre lo acontecido en el aeropuerto “Hamid Karzai” de Kabul, donde miles de afganos se concentraron de forma desesperada con la esperanza de escapar del terror talibán, convirtiéndose en blancos fáciles de atentados terroristas, como el ejecutado el jueves 26 de agosto por el Estado Islámico ISIS-K (2) en el aeropuerto de Kabul. Este ataque, realizado por “un mártir del Islam” que hizo estallar un poderoso artefacto explosivo entre la multitud que se agrupaba frente a la puerta “Abbey” del aeropuerto, causó decenas de heridos y la muerte a 160 civiles afganos - entre hombres, mujeres y niños - y de 13 soldados norteamericanos, entre los cuales se contaron dos mujeres Infantes de Marina.(3) La posibilidad de la ocurrencia de semejante atentado fue notificada días antes por funcionarios alemanes acreditados en Afganistan, sin que Washington se hiciese eco de esa advertencias. Para agravar aún más el cuadro, varios cientos de ciudadanos norteamericanos no fueron evacuados de Afganistan, al igual que miles de afganos que colaboraron con las fuerzas norteamericanas y de la OTAN (4) durante los veinte años de su presencia en ese país como consecuencia de la invasión ordenada por el Presidente George Bush en octubre de 2001, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

No existen dudas que el regreso al poder de los Talibanes implica un cambio fundamental en la geopolítica en el Asia Central que hoy tiene a la República Popular China aceptado la invitación del nuevo régimen afgano para “reorganizar” la maltrecha economía del país y sobre todo, para explotar sus recursos energéticos y depósitos de minerales estratégicos - oro, hierro, cobre y litio entre otros - cuyo valor ha sido cuantificado en $1 Trillón por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y hasta $3 Trillones por otros especialistas. Esta nueva realidad geopolítica que ve a China avanzando en su declarado propósito de convertirse en la única superpotencia fue confirmada, según reportó el diario italiano La Reppublica el 1º de septiembre de 2021, por el portavoz oficial del Talibán Zabilullah Mujahid, quien declaró que “…China se convertirá en nuestro principal socio…”, agregando que Rusia tambien era considerada por el Talibán como “otro socio importante”.

El desastre en Afganistan ha significado graves enfrentamientos políticos a lo interno de Estados Unidos, lo que ha llevado al cuestionamiento de la gestión del Presidente Biden y de su capacidad para dirigir a la Nación. Inclusive, algunos legisladores Republicanos han solicitado la renuncia o el impeachment del Presidente (5) por su alegada incapacidad de cumplir con la obligación de proteger la vida y garantizar la seguridad de los ciudadanos norteamericanos que hoy se encuentran entrampados en Afganistan. Tambien se le está exigiendo responsabilidad y sanción a Biden como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas por abandonar $85.000 Millones en material y equipos bélicos que serán aprovechados por los Talibanes para convertir a sus huestes en los terroristas mejor armados del mundo.(6) Fuertes críticas dirigidas a la Administración Biden tambien surgen de la bancada Demócrata en la Cámara de Representantes. Un caso emblemático de esta realidad política se manifiesta, según lo reportado por la Cadena Fox News el 27 de agosto de 2021, en lo declarado por el representante Demócrata por el estado de California Seth Moulton, quien calificó la retirada de Afganistan como “… un bochornoso desastre de proporciones épicas”.

Los ciudadanos norteamericanos también están manifestando su rechazo a lo sucedido en Afganistan y están exigiendo castigo para los responsables. Así se evidencia del Reporte Rasmussen (@Rasmussen_Poll) publicado el miércoles 1o de septiembre de 2021, que indica que el 60% de todos los votantes en Estados Unidos están de acuerdo que el Presidente Joe Biden debe ser sometido a juicio por el Senado - impeachment - y removido de su cargo, mientras que el 52% se pronuncia por su renuncia, Significativamente, la encuesta indica que el 40% de los votantes del Partido Demócrata están de acuerdo con la destitución de Biden por vía del impeachment. Para complicar aún más las cosas para Biden, fue hecha publica una grabación entregada a la Agencia Reuters de una conversación telefónica de 14 minutos de duración sostenida entre Biden y el Presidente de Afganistán el 23 de julio pasado, en la cual Biden le pide al Presidente afgano Ashraf Ghani que mintiera sobre el hecho que “el Talibán estaba ganando la guerra”. Sobre esa llamada telefónica, el representante Republicano por Texas Ronny Jackson escribió en las redes sociales el 1º de septiembre: “Biden le ha mentido repetidamente al pueblo norteamericano. El resultado de las mentiras de Biden fue la muerte de 13 valientes norteamericanos. EL DEBE RENUNCIAR.”Confirmando la negativa apreciación que tienen los votantes norteamericanos sobre el desempeño de Joe Biden en la presidencia, la cadena CNN reportó el 2 de septiembre que tan solo el 19% de los norteamericanos “aprueban como positiva” la gestión de su Presidente.

En el ámbito internacional, China se ha aprovechado de la caótica situación en Afganistán para vociferar que Estados Unidos - su “enemigo declarado”(7) - está en plena decadencia y sus países aliados, ya no pueden contar con la ayuda norteamericana en caso de ser atacados. Evidentemente, el objetivo principal de la propaganda antinorteamericana emanada de Beijín es Taiwán que ha estado bajo constante amenaza y presión del Ejército Popular de Liberación de China durante el último año. Recordemos que es política de estado de la República Popular China la reunificación de la “provincia rebelde” de Taiwán por “cualquier medio” (8) y así lo reiteró el Presidente Xi Jinping en Beijín el 10 de julio de 2021 durante la celebración de los 100 años de la fundación del Partido Comunista, al dejar claro que “…resolver el tema de Taiwán y lograr la completa reunificación es una misión histórica y un compromiso inalterable del Partido Comunista de China”.

En sintonía con el manifiesto propósito de Beijín de recuperar Taiwán por “cualquier medio” - ahora estimulado por la derrota de Estados Unidos en Afganistan - en el editorial del domingo 15 de agosto del Global Times, órgano de divulgación en idioma inglés del Partido Comunista, se advierte que “…cuando la guerra estalle en el Estrecho de Taiwán, las defensas de la isla colapsarán en horas y los Estados Unidos no ayudarán”. (9) Al día siguiente, el lunes 16 de agosto, la Agencia Oficial China Xinhua señaló en una nota periodística que “…la caída de Kabul marca el colapso de la imagen internacional y credibilidad de Estados Unidos”, reiterando la nada velada amenaza de Beijín hacia Taiwan. El martes 17 de agosto el Premier taiwanés Su Tseng-chang, respondió en tono realista pero desafiante, a las amenazas de Beijín, señalando “…la Isla no colapsara como Afganistan, si es invadida. Su lideres no tienen temor a morir o ser encarcelados por un país poderoso que pretende apoderarse de Taiwán por la fuerza de las armas”. (10)

Lo acontecido en Afganistan tambien ha incidido negativamente en las relaciones de Estados Unidos con sus aliados del G7 y de la OTAN. Ante la evidencia que ya Estados Unidos no es un aliado confiable y frente a los nuevos retos y desafíos que plantea el nuevo eje geopolítico constituido por China, Rusia, Paquistán, Irán y ahora Afganistan, los países miembros de la Alianza Atlántica se enfrentan a la necesidad existencial de replantear su dependencia de Estados Unidos. Una de las alternativas que analizan los miembros de la OTAN es la de ampliar su membresía con países aliados de la región Indo-Pacífico, como India, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, con el fin de contar con medios más confiables para enfrentar los futuros desafíos planteados por “la asertiva China y el intolerante Islam”, en el marco del “choque de civilizaciones” en desarrollo que fue vaticinado por Samuel Huntington en 1993.(11 )

La Gran Bretaña fue el país miembro de la OTAN que más apoyo brindó a Estados Unidos en su cruzada en Afganistán, desplegando sus tropas en zonas de alta conflictividad bélica. Sin embargo, el Primer Ministro Boris Johnson no fue informado por Washington de la fecha de la apresurada salida de las tropas norteamericanas de Afganistán y el Presidente Biden no tomó las repetidas llamadas del premier inglés hasta pasadas 36 horas. Tal proceder, reñido con la necesaria colaboración que debe existir entre aliados históricos desplegados en un teatro bélico, ameritó que el Parlamento británico emitiera, por primera vez en la historia, un voto de censura contra el Presidente de Estados Unidos por su negativa de informar a las fuerzas británicas en Afganistan de los planes de retirada de las tropas norteamericana. Pero la indignación de la Gran Bretaña no quedaría allí, pues el ex Primer Ministro inglés Tony Blair calificó la retirada norteamericana como una “imbecilidad” que ha ocasionado “una evidente atrofia de la influencia norteamericana en el mundo.” (12)

Afganistán ha sido a través de los siglos la sepultura de quienes han pretendido su dominación y así se ha evidenciado a través la historia una y otra vez. Revisemos entonces cronológicamente los hechos más relevantes ocurridos en los últimos 25 siglos en el llamado “país de la gente dedicada a criar caballos”,(13) a fin de poner en perspectiva lo que hoy acontece en Afganistan, para así poder proyectar lo que probablemente sucederá en un futuro cercano y su impacto en el marco geopolítico a nivel mundial.

-AFGANISTAN -

“Que los dioses te protejan del veneno de la cobra, de los dientes del tigre y de la venganza de los afganos”                     -Alejandro Magno de Macedonia -

La historia plantea un axioma con respecto a Afganistán que se ha manifestado cierto cada vez que se ha intentado su Mapa de AfganistánMapa de Afganistánconquista en los últimos 2500 años: “invadir Afganistán no es tarea difícil, pero permanecer en su territorio, si lo es”. Así se ha probado cierto desde los tiempos del Macedonio Alejandro Magno, pasando por Genghis Khan en el Siglo XIII, la Gran Bretaña en el Siglo XIX, la extinta Union Soviética en el Siglo XX y hoy en el Siglo XXI, con los Estados Unidos. El montañoso y agreste Afganistán, escaso de sustentos y agua, le ha impuesto la tactica a los afganos para enfrentar al invasor: atacar por sorpresa y retirarse a las montañas, atrayendo al enemigo para así alejarlo de sus líneas de suministros, con el fin de desgastarlo derrotarlo.

Años 500 A.C. - Siglo XIX

Darío I de Persia incorporaría al Imperio Aqueménido el territorio que hoy comprende Afganistán alrededor del año 500 A.C. Pasados dos siglos, entre el 330 y el 326 A.C. y despues de vencer al Rey persa Darío III en la batalla de Gaugamela, Alejandro Magno marchó hacia el este adentrándose en el actual territorio afgano. En un artículo publicado en el Diario ABC de España el 19 de agosto de 2021, titulado “Afganistán la tumba de los imperios que desquició a Alejandro Magno y aplastó a la URSS”, se lee que Alejandro Magno “…a cada paso que daba se topaba con la enésima tribu atrasada, extremadamente incivilizada, incluso para los bárbaros… unos pueblos conocidos por su férrea resistencia a la presencia de extranjeros.” Esa agresividad tribal convirtió el territorio afgano en una trampa mortal. Aunque Alejandro logró penetrar hasta los más remotos confines de Afganistán, controlando fronteras y repoblando regiones enteras con veteranos de sus ejércitos, tuvo que enfrentar a los caudillos locales en insostenibles guerras irregulares que desmoralizaron a su ejército y le negarían la victoria a la que estaba acostumbrado.

En el año 698 el Califato Omeya que había asumido el control de la umma o comunidad Islámica tras apenas tres décadas de la muerte del Profeta Mahoma, envió un ejército de 20.000 hombres desde Damasco a la zona de Kandahar que sería derrotado por las tribus afganas, logrando regresar con vida a Siria apenas 5.000 soldados. En el Siglo XI, Mahmud de Ghazni, un conquistador de origen turcomano quien sería el primero en tomar el título de “sultán”, incorporó Afganistán a su imperio que se extendió desde Irán hasta la India, siendo el responsable de introducir el Islam en territorio afgano. En el Siglo XIII, Gengis Kan dominó a la población afgana por medio de la extrema violencia y represión en venganza por la muerte de su nieto quien durante el sitio de la ciudad afgana de Bamiyán en el 1221, fue alcanzado por una flecha.(14) No obstante la violencia y el terror desatado por las huestes mongoles, Gengis Kan no lograría que su presencia fuese aceptada por las tribus afganas.

Los próximos 500 años verían a Afganistán dominado por los mongoles, herederos de Gengis Kan, y por los safawis de Irán. A comienzos del Siglo XVIII, las tribus afganas recuperarían su libertad y en 1709 nacería por primera vez un estado afgano independiente.

El Siglo XIX traería la consolidación del Islam como religión en Afganistán, así como la llegada de nuevos invasores. En 1838, el entonces todo poderoso Imperio Británico, ante el temor que la Rusia zarista invadiera la India - “la Joya de la Corona”- decidió invadir Afganistán. En marzo de 1839, 20.000 soldados ingleses e indios invadieron Afganistán desde la India, con el propósito de instaurar en el poder a un gobernante afecto a los intereses de la Corona británica, dando inicio con ello a la Primera Guerra Anglo-Afgana. Al principio, como había sucedido por siglos, los ingleses lograron su propósito. Pasados apenas 6 meses del ingreso de la fuerza invasora, un nuevo gobernante conteste con los intereses británicos había sido entronado en Kabul y la mayoría de las tropas británicas fueron enviadas de vuelta a la India. De inmediato se iniciaron los ataques y emboscadas a las restantes fuerzas invasora. La situación se volvió tan tensa que la guarnición británica se vio obligada abandonar Kabul. Para diciembre de 1841 el General William Elphinstone, quien estaba al mando del contingente británico conformado por 4.500 soldados - la mayoría indios - llegó a un acuerdo con los líderes locales para que se le permitiese abandonar Kabul con sus soldados y 12.000 civiles, a cambio de entregar sus provisiones de pólvora y la mayoría de sus cañones. El 6 de enero de 1842, en pleno invierno de la Cordillera Hindú Kush que era el obligado camino a seguir, comenzó la retirada hacia Jalalabad, Paquistán. Desde un primer momento el General Elphinstone supo que los afganos lo habían engañado pues su columna fue repetidamente emboscada y no se le suministraron la escolta y las provisiones prometidas. La mayoría de sus soldados y civiles murieron de hambre, exposición o fueron hechos prisionero para ser vendidos en el mercado de esclavos de Kabul. El General William Elphinstone abandonaría a su ejército, entregándose como rehén a cambio que los afganos le permitiesen a aquellos que quedaban aún con vida de su columna continuar hacia Paquistán. Pero su sacrificio sería en vano. Que se conozca, solo un británico llegó vivo a Jalalabad. Según cuenta la leyenda, un soldado de nombre William Brydon al llegar a las puertas Jalalabad se bajó de su caballo y cuando le preguntaron dónde estaba el resto del ejército, el respondió: “yo soy el ejército”. (15) La derrota de las armas británicas en 1842 llevó al asesinato de Sha Shuja, quien los ingleses habían colocaron en el poder en Kabul y el depuesto emir Dost Mohammad Khan sería reinstaurado, muriendo en el poder en 1863. Inglaterra volvería a enfrentar a Afganistán en 1878 - 1880 durante la Segunda Guerra Anglo-Afgana que comenzaría a cuenta de una nueva invasión británica desde la India, con el propósito de coartar las pretensiones de Rusia que nuevamente amenazaba a la India. La guerra culminaría en 1880 con la entrega a los británicos de algunos territorios afganos y el control de las relaciones exteriores de Afganistán, a cambio de subsidios y protección.

SIGLO XX

La Tercera Guerra entre Afganistán e Inglaterra comenzaría con la invasión afgana a la India en mayo 1919 y concluiría 3 meses después, con la retirada de las tropas afganas de territorio indio y la ratificación de los límites fronterizos entre Afganistán y Paquistán (entonces parte de la India). Por su parte, Afganistán recuperó su total soberanía en materia de política exterior, convirtiéndose en una nación independiente y soberana bajo el mando de Amamullah Khan, quien se autoproclamó rey en 1926. En enero de 1929 el rey Amamullah Khan se vio obligado a abdicar como consecuencia de la Guerra Civil que estalló en 1928, motivado por la oposición de los líderes tribales a sus reformas sociales que incluían, entre otras, el establecimiento de escuelas mixtas y la abolición del uso obligatorio del burqa por las mujeres afganas. En 1933. Mohammed Zahir Sha se proclamó rey, gobernando 40 años, hasta su derrocamiento y exilio en 1973. En 1934, los Estados Unidos reconocería formalmente a Mohammed Zahir Sha como legítimo gobernante de Afganistán.

En el año 1947, la Gran Bretaña se retiraría de la India, surgiendo como naciones independientes la seglar India y la República Islámica de Pakistán, país fronterizo con Afganistán y hoy estrechamente vinculado con la República Popular China a través de la Iniciativa OBOR o “Iniciativa de la Franja y la Nueva Ruta de la Seda del Siglo XXI ”.

- LA UNION SOVIETICA Y AFGANISTAN -

1953 – 1989

A partir de 1953, con la designación del general Mohammad Daoud Khan como primer ministro, comenzó el acercamiento político y económico entre Afganistan y la URSS. Para 1956, en plena Guerra Fría, Nikita Khrushchev estrechó vínculos con Kabul, convirtiéndose ambos países en cercanos aliados. En 1965 se creó el partido comunista afgano bajo la denominación “Partido Democrático del Pueblo Afgano PDPA”, liderado por Nur Mohammad Taraki y Babrak Karmal.

A partir de 1973, comenzaría un proceso socio-político en Afganistan que culminaría con la invasión por la Union Soviética el 24 de diciembre de 1979. En efecto, en julio de1973 el primer ministro afgano general Mohammad Daoud Khan, mediante un golpe de estado derrocó al rey Mohammed Zahir Shah y se autoproclamó presidente de la nueva República de Afganistan, ratificando los estrechos vínculos con Moscú. Daoud Khan no duraría mucho en el poder pues el 27 de abril de 1978, estalló la llamada “Revolución Saur” (16) que culminó con el asesinato de Daoud Khan y la toma del poder por el marxista Partido Democrático del Pueblo Afgano PDPA, que colocó a dos de sus fundadores, Nur Mohammad Taraki y Babrak Karmal, en el poder en Kabul. Ambos líderes comunistas proclamaron un régimen basado en principios islámicos y emprendieron algunas reformas sociales. La lucha interna por el poder en Afganistán se manifestaría entre la dirigencia del PDPA y los líderes tribales islamistas que se oponían a los cambios sociales en curso ejecutados por el presidente Taraki y sus estrechos vínculos con Moscú. En junio de 1978, se hizo presente en el interior de Afganistán la insurgencia armada contra el régimen pro-soviético en Kabul, emergiendo un grupo irregular que daría mucho que hablar en los siguientes 40 años: los muyahidines.(17) Estos irregulares afganos serían financiados con fondos y armas por la CIA norteamericana a través de la “Operación Ciclón”, cuyo propósito era apoyar a las fuerzas rebeldes afganas para que la URSS quedara entrampada en el “lodazal afgano”, como el que Estados Unidos había enfrentado durante la Guerra de Vietnam. La “Operación Ciclón” resultaría exitosa pues la aventura soviética en Afganistán, ordenada por el entonces Secretario General del Partido Comunista y Presidente de la Unión Soviética Leonid Brezhnev, sería una de las causas de la desintegración de la URSS en diciembre de 1991.

El 14 de febrero de 1979 acontecería un hecho que agravaría aún más la caótica situación interna en Afganistán. Mientras se dirigía desde su residencia a la sede diplomática, el embajador norteamericano en Kabul Adolph Dubs, fue secuestrado por un grupo desconocido y llevado a un céntrico hotel en Kabul, donde fue internado en una habitación por los secuestradores. Sin negociación alguna, fuerzas afganas dirigidas por oficiales de la KGB soviética intentaron “el rescate” del embajador Dubs quien moriría de un disparo en la cabeza. De ese intento de rescate no sobreviviría ninguno de los secuestradores y nunca se supo quién o quiénes fueron los responsables del hecho. La investigación iniciada por Washington sobre el crimen fue entorpecida por los soviéticos y el régimen en Kabul. Como consecuencia directa de ese crimen, Estados Unidos suspendió toda ayuda económica y militar a Afganistán y enfocó su mirada hacia los opositores al régimen de Nur Mohammad Taraki y Babrak Karmal.

Apenas transcurridos siete meses del asesinato del embajador norteamericano, el 14 de septiembre de 1979, el propio presidente Nur Mohammad Taraki sería asesinado por simpatizantes del vice primer ministro Hafizullah Amin que rechazaban la “sovietización” de Afganistán por atentar contra los principios islámicos del pueblo afgano. Amin se proclamaría presidente e intentaría mejorar las relaciones con Estados Unidos y Pakistán, lo que no estaba en sintonía con los intereses geoestratégicos de la Unión Soviética que no podía permitir la existencia en su propia frontera de un régimen aliado a su enemigo en la Guerra Fría. La inestabilidad política y social en Afganistán siguió in crescendo y Moscú decidió que era hora de tomar el control de su vecino al sur, justificado en la “Doctrina Brezhnev”. (18) Así, el 24 de diciembre de 1979, 20.000 tropas soviéticas entrarían en Afganistan y el presidente Hafizullah Amin y todos los varones de su familia serían asesinado dos días despues en su residencia en el Palacio Tajbeb (19) y sustituido como presidente por Babrak Karmal, dirigente del partido PDPA identificado con la Unión Soviética. Curiosamente, mientras el Palacio Tajbeb era atacado por paracaidistas soviéticos, el presidente Amin pensaba que esas tropas venían a su rescate. El Asesinato de Amin y la toma del país por los soviéticos generó condena en Occidente y fuertes protestas e inestabilidad en todo Afganistán.

LA INVASIÓN SOVIÉTICA

“El día que los Soviéticos cruzaron la frontera con Afganistán, le escribí al Presidente Carter: Hoy tenemos la oportunidad de darle a la URSS su propio Vietnam.”

- Zbigniew Brezezinski, Asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter -

El día de Navidad de 1979 entraron por tierra y aire 20.000 tropas soviéticas en una operación militar bien planeada y ejecutada. Para mediados de enero de 1980 la totalidad de los centros urbanos y bases militares afganas estaban en poder soviético. La historia volvería a repetirse pues como en casos anteriores, el nuevo invasor logró su objetivo sin mayores dificultades y con pérdidas mínimas. Pero los problemas para los soviéticos vendrían después, como lo vivieron todos los que pretendieron conquistar Afganistán durante los siglos anteriores, pues como antes señalamos, “invadir Afganistán no es tarea difícil, pero permanecer en su territorio, si lo es”.

El mundo rechazó la invasión soviética a Afganistán. Las Naciones Unidas adoptó mayoritariamente una Resolución condenando la agresión y exigiendo el retiro de las fuerzas soviéticas. La comunidad internacional impuso sanciones a Moscú y en 1980 el Presidente Carter promovió un boicot a los Juegos Olímpicos de Verano en Moscú, lo que sería objeto de un quid pro quo por la Unión Soviética durante la Olimpiada de Los Ángeles en 1984. Pero el rechazo a la agresión soviética no se quedó en meras protestas diplomáticas y sanciones comerciales. Desde el comienzo mismo de la invasión, los muyahidines comenzaron a recibir ayuda exterior, traducida en el suministro de armas, financiamiento y entrenamiento en el vecino Pakistán. China, las monarquías del Golfo Pérsico, Inglaterra y Estados Unidos canalizaron su ayuda a los rebeldes afganos a través del Servicio de Inteligencia de Pakistán ISI. La Agencia Central de Inteligencia norteamericana CIA tuvo un accionar muy activo en Afganistán con el doble propósito de aumentar la influencia de Estados Unidos en el área y, a la vez, hacerle pagar caro a Moscú su aventura afgana. La CIA activó la “Operación Ciclón” para apoyar a los muyahidines en su lucha contra la invasión soviética, constituyendo esa operación la más larga y costosa ejecutada por la CIA.

La estrategia soviética en la guerra se basó en el empleo del poder aéreo que causó fuertes bajas entre los rebeldes y civiles, pues las aldeas y pueblos eran bombardeados hasta su destrucción para evitar se convirtiesen en refugios de los muyahidines. Para contrarrestar el efecto negativo que representaba el poderío aéreo soviético, Ronald Reagan, quien sustituyó al Presidente Jimmy Carter en la presidencia de Estados Unidos en enero de 1981, le ordenó a la CIA suministrarle misiles portátiles tierra-aire “Stinger” a los muyahidines afganos. Esos medios antiaéreos cobraron un alto costo a los soviéticos pues durante el conflicto fueron derribados 333 helicópteros y 118 aeronaves soviéticas y afganas.

Las tropas soviéticas controlaron las ciudades y las principales vías de comunicación mientras que los rebeldes desataban una guerra de guerrillas en el 80% del restante territorio afgano que no era controlado por los soviéticos o por el gobierno afgano. Inicialmente la represión contra los rebeldes y las aldeas de civiles que los apoyaban era ejecutada por las tropas afganas. Pero pronto, ante las deserciones en masa de soldados afganos, el mando soviético se vio obligado a cambiar de táctica y ocuparse directamente de la represión contra los insurgentes y aquellos que los apoyaban. Esa táctica causó que la población civil huyera del campo afgano para evitar ser masacrada. Para 1982, 2.8 millones de afganos habían pedido refugio en Pakistán y 1,2 millones lo harían en Irán.

Los insurgentes afganos estaban divididos en varias facciones que se enfrentarían entre sí al finalizar la ocupación soviética en 1989. En 1992 estalló una guerra civil que sería ganada por los “Talibanes” en 1996 y gobernaron Pakistán hasta finales el año 2001, cuando fueron expulsados del poder por la invasión de Estados Unidos y la OTAN en octubre de 2001.

Gradualmente, los muyahidines mejoraron sus tácticas de combate y el flujo de armas provenientes - principalmente de Estados Unidos y de las monarquías del Golfo Pérsico - permitió estabilizar el conflicto. En adición al apoyo financiero y de equipos que fluía desde Pakistán, lo rebeldes contaron con la ayuda de un alto número de voluntarios musulmanes provenientes de países árabes que se incorporaron a la lucha, dándose a conocer como “Afganos- Árabes”. Entre los que colaboraron con los rebeldes afganos, coordinando el suministro fondos, armas y apoyo logístico se contaba un ciudadano saudita que llevaría la yihad islámica a niveles insospechados. Su nombre era Osama bin Laden.

La guerra en Afganistán se convirtió para la Unión Soviética en una trampa sin salida. Moscú empleó en Afganistán ingentes recursos humanos y económicos, destinando al conflicto cerca de 800.000 hombres, 15.000 de los cuales perderían la vida y cerca de 50.000 sufrirían heridas. En 1985 llegaría al poder en Moscú Mikhail Gorbachev quien tenía como prioridad concluir la participación soviética en la guerra en Afganistán, la cual capitalizaba gran rechazo no solo en la opinión pública soviética, sino también a lo interno de las fuerzas armadas. En octubre de 1985, a los pocos meses de asumir como Secretario General del Partido Comunista de la URSS, Gorbachev se reunió con el marxista presidente afgano Babrak Karmal informándole que, visto que él no contaba con el apoyo del pueblo afgano, se debían promover acuerdos con los opositores para cogobernar Afganistán. En mayo de 1986, el inepto Babrak Karmal sería depuesto de su cargo como jefe de gobierno por los soviéticos y en su lugar sería designado Mohammad Najibullah. El 13 de noviembre de 1986 el Politburó aprobaría el retiro de las fuerza soviéticas de Afganistán propuesto por Gorbachev.

En abril de 1988 la Unión Soviética firmó un acuerdo en Ginebra con Estados Unidos, Pakistán y Afganistán en el cual Moscú aceptó retirar todas sus fuerzas de suelo afgano. El 15 de mayo de 1988 se inició el retiro de tropas que concluiría el15 de febrero de 1989 cuando el General Boris V. Gromov cruzó en solitario el puente sobre el rio Amu Darya que separaba Afganistán y a la entonces República Sovietica de Uzbekistán. Al llegar al lado soviético del puente, el General Gromov le declaró a un equipo de televisión que estaba cubriendo la retirada: “Está todo hecho. No queda ni un solo oficial o soldado soviético a mis espaldas.” (20) El retiro de las fuerzas soviéticas de Afganistán, a diferencia de la caótica huida de las tropas norteamericanas desde el aeropuerto de Kabul, guardó las formas del ceremonial militar, pues fue organizado y parecía más bien un desfile militar que una retirada en derrota. Inclusive, del lado uzbeco de la frontera, mujeres recibieron a los soldados como héroes dándoles la bienvenida con la tradicional ofrenda de pan y sal. La ocupación soviética de Afganistán había terminado. Dos años después, el 26 de diciembre de 1991, también llegaría el final de la Unión de República Socialistas Soviéticas.

En septiembre de 1988, cuando ya era evidente que la presencia de la URSS en Afganistán estaba llegando a su fin, Osama bin Laden junto a 15 otros yihadistas fundaron en Peshawar, Pakistán, el movimiento denominado al-Qaeda (“la Base”), el cual proyectaría la yihad hacia la superpotencia que restaba y que era el ultimo impedimento para que el Islam se impusiera en el mundo: los Estados Unidos de América. Bin Laden diría entonces sobre el nuevo objetivo de su yihad personal: “…los Estados Unidos no estaban interesados en nuestra yihad. Solo temían que Rusia accediera a aguas calientes (el Golfo Pérsico). Los Estados Unidos no se guían por principios. Para nosotros lo urgente era enfrentar al comunismo, pero el siguiente blanco seria Estados Unidos. Todo musulmán odia a los americanos, a los judíos y a los cristianos.” (21)

En 1992 los muyahidines tomaron Kabul, derrocaron y arrestando al presidente Mohammad Najibullah, instalando en su lugar a Burhannudin Rabbani como Presidente. Para entonces las fuerzas rebeldes estaban enfrentadas pues las distintas facciones pretendían controlar el país. En abril de 1992 estalló una guerra civil en Afganistán que llevaría al país a la ruina. La guerra civil duraría hasta que uno de los grupos surgido de la lucha entre los muyahidines, el Talibán, ocupó Kabul a finales de septiembre de 1996, estableciendo el 27 de ese mismo mes, el “Emirato Islámico de Afganistán”. El Talibán durante su lucha por el poder contó - y hoy ciertamente cuenta - con el apoyo del Servicio de Inteligencia de Pakistán ISI.

El pueblo afgano, cansado de la lucha que había agobiado al país por más de dos décadas apoyó al Talibán que prometió traer la paz a Afganistan y preservar los valores islámicos, aplicando la shaira o ley islámica de forma radical, especialmente hacia las mujeres que debían cubrirse totalmente y se les prohibió estudiar, trabajar y salir de sus casas sin estar acompañadas. La sharia seria aplicada de forma drástica y su violación implicaba la ejecución pública y la amputación de miembros. Una de las primeras víctimas de la ejecución pública sería el ex presidente Mohammad Najibullah quien no pudo escapar de Afganistán y vivía en Kabul bajo protección de las Naciones Unidas. El 26 de septiembre de 1996 Mohammad Najibullah y su hermano Shahpur fueron sacados por la fuerza de la sede de las Naciones Unidas por soldados talibanes y torturados hasta la muerte. Sus cuerpos, con sus testículos en la boca, fueron arrastrados por las calles de Kabul y colgados de unos postes de semáforos.(22)

Estados Unidos no reconoció entonces al Talibán como el legítimo gobierno de Afganistán. Esperemos que esa política de Washinghton continúe en la actualidad pues como se ha visto, no existe diferencia alguna entre los Talibanes de hoy y aquellos que ofrecieron albergue para los terroristas que llevaron la muerte y la destrucción al territorio de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

La lucha interna entre grupos afganos por el control de país continuaría como una prolongación de la guerra civil, especialmente en el norte de Afganistán donde luchaban las fuerzas de la “Alianza del Norte”, dirigida por Ahmad Sha Massud. Massud sería asesinado el 9 de septiembre de 2001 por un suicida enviado por el Talibán, quien, haciéndose pasar por un periodista, hizo estallar una bomba que llevaba escondida en su cámara. En el sur de Afganistán la lucha contra los Talibanes también se desarrollaba y estaba apoyada por Hamid Karzai, quien en los años por venir dirigiría Afganistán como Presidente constitucional (23)

Estatua de  Buda de Bamiyan, destruida por los talibanes. Attribution: Fars News AgencyEstatua de Buda de Bamiyan, destruida por los talibanes. Attribution: Fars News AgencyMuestra del fanatismo islámico que caracteriza a los Talibanes fue la voladura en marzo de 2001 de las estatuas de Buda en Bamiyán, Afganistán, que fueron construidas en el Siglo VII por monjes Budistas procedentes de China. La destrucción de estas dos gigantescas esculturas - median 150 y 120 mts. de altura, respectivamente - por el Talibán fue justificado con el alegato que las estatuas eran “una ofensa para el Islam”. Otro ejemplo de la intolerancia del Talibán lo constituyó el arresto el 4 de septiembre de 2001, una semana antes de los ataques del 11 de septiembre a Nueva York y Washington D.C., de ochos miembros de organizaciones internacionales de ayuda humanitaria acusados de “predicar el cristianismo”, actividad sancionada en la sharía con la pena capital. Estas personas que fueron recluidas en varias prisiones afganas pendientes de su ejecución pública serian liberadas en noviembre de 2001 por las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN.

EL TALIBAN Y OSAMA BIN LADEN

La vinculación de Osama bin Laden y al-Qaeda con Afganistán y los Talibanes se remonta al comienzo de los años 80’s cuando bin Laden fue designado como el intermediario de Arabia Saudita para la canalización de la ayuda a los muyahidines afganos. Después de la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en febrero de 1989, Osama bin Laden retornó a Riad donde fue recibido como un héroe por el entonces príncipe heredero y hoy monarca saudita, Abdullah bin Abdul Aziz. Osama retomó su trabajo en la empresa constructora familiar fundada por su padre Mohammad bin Laden que era la más importante del Reino, habiendo ejecutado importantes trabajos de construcción y mantenimientos en las Mezquitas en la Meca y Medina.

El 2 de agosto de 1990, Saddam Hussein ordenó a sus tropas invadir Kuwait, ocupando el Emirato en apenas 2 días. Esta acción ejecutada por Irak llevaría a la Guerra del Golfo entre Irak y una Coalición internacional liderada por los Estados Unidos. Irónicamente, la Guerra del Golfo incidiría negativamente en la buena relación de Osama bin Laden con la Casa Real saudita. Para bin Laden resultaba inaceptable, desde un punto de vista ético y religioso, que Arabia Saudita aceptará la propuesta del presidente norteamericano George W. H. Bush de estacionar en el territorio Saudita una fuerza militar compuestas fundamentalmente de soldados infieles o kéfir - en su mayoría cristianos - por ser el país donde se encuentran dos de los sitios más sagrados del Islam (el otro es el Domo de La Roca en Jerusalén): La Meca y Medina. Bin Laden trató de evitar el ingreso de tropas extranjeras a territorio de Arabia Saudita, recurriendo a sus contactos con la realeza, pero sin que tuviera éxito. Cuando le fue negada una audiencia con el rey Fahd bin Abdul Aziz, Osama bin Laden manifestaría de forma desafiante “…no me importa el rey Fahd, solo me importa Allah”.

La coalición militar liderada por Estados Unidos liberaría a Kuwait y derrotaría a las fuerzas de Saddam Hussein en la “Operación Tormenta del Desierto”. Pero el fin de la Guerra del Golfo no implicó la salida de las tropas norteamericanas del territorio saudita pues cerca de 5.000 soldados kéfir permanecerían en varias bases ubicadas en los límites del Reino. Esto llevó a Osama bin Laden a abandonar Arabia Saudita para nunca más retornar, convirtiéndose en un apátrida cuando le fueron retiradas su nacionalidad y pasaporte en 1994. En el verano de 1991, Osama bin Laden se establecería junto a su numerosa familia en Jartum, capital del empobrecido Sudan, siendo considerado un huésped de honor por el Frente Nacional Islámico que llego al poder en Jartum tras un golpe de estado el 30 de junio de 1989. Durante su estadía en Sudan, bin Laden no olvidó la yihad contra los infieles, pues varios cientos de los yihadistas de los tiempos de Afganistán migraron hacia Sudan reiniciando su entrenamiento y preparación financiada por bin Laden, con el fin de estar prestos para servir la causa de Alá en los tiempos por venir. En las reuniones conspirativas celebradas en Sudan comenzando los años 90´s participaron antiguos asociados de los tiempos en Afganistán como el egipcio Ayman al-Zawahiri, quien fraguó y dirigió el atentado en Etiopia en junio de 1995 contra el presidente egipcio Hosni Mubarak, y el kuwaití Khalid Sheikh Mohammed, considerado el cerebro detrás de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono. En esas reuniones bin Laden se refería de forma reiterada a la necesidad de concentrar los ataques en la “serpiente”, aclarando al respecto: “…la serpiente es América y tenemos que cortarle la cabeza y detener lo que están haciendo en el Cuerno de Africa. (24) Desde Sudan, bin Laden dirigió, financió y se atribuyó los siguientes ataques terroristas contra Estados Unidos y sus fuerzas:

    - El 30 de diciembre de 1992, fueron atacados con bombas dos hoteles en Adén, Yemen, que albergaban a tropas norteamericanas que se dirigían a participar en la misión humanitaria de la ONU en Somalia. No se produjeron bajas norteamericanas. Sin embargo, bin Laden se ufanaría que un año después en octubre de 1993, guerrilleros de al-Qaeda lucharon junto a milicianos somalíes que repelieron un ataque norteamericano contra la guarida de un caudillo sudanés en Mogadiscio, donde murieron 18 soldados norteamericanos y otros 78 resultaron heridos. Ese sangriento episodio fue el tema de la película ganadora de 2 premios Oscar en el año 2001 titulada “Black Hawk Down”.

- En noviembre de 1995, otro coche bomba hizo explosión frente a la sede de la Guardia Nacional en Riad, Arabia Saudita. Siete personas, cinco de las cuales eran militares norteamericanos, perdieron la vida y 60 resultaron heridas.

- Un camión de gasolina hizo explosión el 25 de junio de 1996 en un complejo de viviendas, al lado de la base aérea de Dahran ubicada al este de Arabia Saudita, utilizadas por militares norteamericanos y en menor medida por franceses y británicos. El balance de víctimas fue de 19 muertos y 372 heridos, la mayoría norteamericanos.

A mediados de 1996, ante el temor que Estados Unidos atentara contra bin Laden en su territorio y bajo presión de Washington, el gobierno de Sudan expulsó a Osama bin Laden, quien retornaría al remoto y convulsionado Afganistán, ya para entonces en poder del Talibán, desde donde emitiría en agosto de 1996 su declaración de yihad o guerra santa contra Estados Unidos, contenida en un fatwa (25) enviado por fax al periódico árabe publicado en Londres “The Arab Jerusalem”, que comenzaba así:

“Alabado sea Allah. Buscamos su ayuda y rogamos su perdón. Después de la observancia de la Fe, no existe obligación sagrada más importante que expulsar al enemigo norteamericano fuera de nuestra Tierra Santa.”

El tiempo daría la razón a aquellos que argumentaron que Estados Unidos cometió un grave error al presionar a Sudan para que expulsara a Osama bin Laden de su territorio puesto que en Jartum era más fácil vigilar y controlar al saudita que en las agrestes montañas de Tora Bora en Afganistán, donde bin Laden contaba con la protección del jefe Talibán, el Mullah Omar. Así lo reconocería el presidente Clinton después del 11 de septiembre cuando admitió en privado su error al no haber actuado frontalmente contra Osama bin Laden en 1996, después del atentado en Riad, y dijo al respecto “…ese fue posiblemente el mayor error de mi presidencia”. (26)

Comenzando el 1996, los servicios de inteligencia de Estados Unidos siguiendo instrucciones del presidente Clinton, crearon un task force o grupo de tarea para ocuparse en exclusiva de Osama bin Laden. El “Task Force bin Laden” comenzó a fraguar un plan para secuestrar al líder de al-Qaeda quien había dejado la agreste zona de Tora Bora y se había trasladado junto a su familia a un campamento de entrenamiento en Kandahar, en la frontera con Pakistán, siempre contando con la protección de Kabul. En agosto de 1998, el terror desatado por Osama bin Laden y su yihad contra Estados Unidos volvió a manifestarse con inédita violencia y sangre. El viernes 7 de agosto de 1998 a las 3:30 a.m. hora de Washington, un camión con una tonelada de explosivos estalló en la parte trasera de la Embajada norteamericana en Nairobi, Kenia, causando la destrucción total de la sede diplomática y de varios edificios adyacente, así como la muerte de 291 personas, 44 de estos empleados de la embajada. El número de heridos y lesionados se contabilizó en cerca de 4,000. Casi simultáneamente, tres minutos después, estallaría otro camión bomba frente a la embajada norteamericana en la ciudad de Dar es Salam, en la vecina Tanzania, matando a 11 personas e hiriendo a más de 85. Uno de los terroristas que participó en el ataque en Nairobi sería capturado y confesó que era miembro de al-Qaeda y que seguía ordenes de Osama bin Laden. El terrorista capturado, Mohamed Odeh, les diría a sus interrogadores “…Osama bin Laden es mi líder y yo sigo sus órdenes.” (27)

En respuesta a los ataques contra las embajadas en Nairobi y Dar es Salam, el 20 de agosto de 1998, el presidente William Clinton ordenó un ataque con misiles crucero “Tomahawk” lanzados desde submarinos en el Mar Arábigo contra 6 bases de Al-Qaeda en Afganistán y la fábrica de productos farmacéuticos propiedad de Osama bin Laden en Sudan. Aunque los blancos asignados fueron destruidos, el ataque fallaría pues al parecer Osama bin Laden fue avisado por un contacto en el Servicio de Inteligencia de Paquistán ISI - otra de sus seguras fuentes de apoyo - logrando escapar. En noviembre de 1998, Osama bin Laden sería imputado en las Cortes norteamericanas por la voladura de las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salam negándose el Talibán a entregar a bin Laden a los Estados Unidos para ser sometido a juicio. A los pocos días del ataque ordenado por Clinton, bin Laden contactó de nuevo al diario londinense “The Arab Jerusalem”, informando a su editor jefe Abdel Atwan que, “… quería enviarle un mensaje al presidente Bill Clinton notificándole que él (Osama bin Laden) vengaría el ataque de forma inmisericorde y que golpearía a América de forma nunca vista.” (28) El nuevo milenium sería testigo de una imprevista acción terrorista ejecutada por una célula de al-Qaeda, planificada y ordenada desde Afganistán, contra el destructor USS Cole de la Armada de Estados Unidos. El USS Cole fue atacado con explosivos por dos yihadistas el 12 de octubre de 2000, mientras estaba fondeado en el puerto yemení de Adén. El ataque costó la vida de 17 marineros - además de los 2 terroristas - y lesiones de distinta gravedad a 37 tripulantes del buque. A Osama bin Laden se le perdería el rastro por unos meses hasta que reapareció de forma desafiante en febrero del 2001 en la boda de uno de sus hijos, celebrada en Kandahar, Afganistán, bajo la autorización y protección de líder Talibán Mullah Omar. La próxima aparición de Osama bin Laden haría realidad su amenaza al presidente Clinton, cuando le advirtió que él “… golpearía a America de forma nunca vista.”

Fin Primera parte.