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18/09/2021
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La virtud de la justicia.

                                                La virtud de la justicia.

                                 Apuntes sobre Doctrina Social de la Iglesia (14).

La finalidad de la vida humana no es la justicia sino el amor, pero al amor no se llega sin la justicia. Las regulaciones humanas no pueden limitarse a “lo que es debido al otro”, porque la vida desborda lo legislable y hay muchas cosas no debidas sin las cuales la vida, sencillamente, no funciona. Pero en todo hay un inicio, y sería insuficiente e ingenuo hablar de amor o caridad cuando no se ha comenzado por reconocer los derechos de cada persona y no se ha dado a cada uno lo que por derecho le pertenece en la distribución de los bienes.

                                        Justicia en la Sagrada Escritura.

La caridad fraterna, como virtud, es tal vez la novedad más importante de la enseñanza cristiana, y ya de ella se habla en el Antiguo Testamento. Sin embargo, la virtud social por excelencia de la que habla el Antiguo Testamento es la justicia y la relación social más subrayada es el derecho. En efecto, además de los diez mandamientos, el Antiguo Testamento impone diversos preceptos que regulan las relaciones de igualdad entre las personas: se condenan la usura, el fraude, la retención del salario, etc. La Biblia llega a decir incluso que el culto y la relación con Dios se vuelven vacíos sin la justicia.

En el Antiguo Testamento son frecuentes las exhortaciones a vivir lo que nosotros llamamos “justicia social”. Este deber de justicia se explicita en las insistentes denuncias de los profetas. Denuncian el homicidio realizado por lujuria o codicia, la falta de coherencia de la autoridad que gobierna, las injusticias de los tribunales, la opresión de los pobres, el exceso de opulencia y de riqueza, el acaparamiento de los bienes, el fraude, etc.

Un lugar importante lo ocupa el cuidado del mismo Dios por los pobres y oprimidos, que se encuentran a merced de los prepotentes e imposibilitados de obtener justicia. Son personas a las cuales sólo les queda el recurso del Señor, que toma la defensa de los débiles.

Por eso, imitando a Dios, los israelitas deben mostrar un cuidado especial hacia las personas más desprotegidas y expuestas: huérfanos, viudas y forasteros, pobres y necesitados, esclavos, deudores, jornaleros, etc., evitando que sean oprimidas. Es decir, que por ser hijo de Dios, el justo tiene que arrancar al oprimido del poder de la opresión, tiene que tratar como un padre a los indefensos. Cuando Dios pide justicia al pueblo, pide el reflejo de la justicia que él ejerce: ser justo porque Dios es justo. Por eso, desde la visión de la fe cristiana, el fundamento de las legislaciones no es sino la imitación de un Dios que es amor y, a la vez, justicia.

La Biblia puede leerse como un libro histórico, cultural, instructivo…, o puede leerse como la gran maestra de la vida. Dios no hace magia ni trata al mundo como su juego personal. Dios habla y nos pide a nosotros que seamos su mediación. Nosotros somos, a través de nuestra vida, la mano de Dios en este mundo o el muro que bloquea la acción querida por Dios. La religión cristiana ha sido acusada de ser alienante y de desviarnos de la tierra para centrar la mirada en el cielo, descomprometiéndonos de la realidad. Pero sabemos que el problema no es laBiblia sino el corazón con el que se lee la Biblia. Basten como ejemplo las citas anteriores. El que tenga oídos, que oiga.