Menu
20/06/2021
A+ A A-

Los “bretes” de “Humbertico”

Sucesos recientes han puesto en tela de juicio la actuación del más destacado portavoz televisivo del régimen castrista

 En los últimos días ha vuelto a ser noticia el inefable “Humbertico”. Estamos hablando del jurista que hizo una carrera meteórica como locutor de la Televisión Cubana bajo el mando del antiguo jefe del Departamento Ideológico en el Comité Central del único partido. Estoy hablando de Víctor Gaute, quien durante el reciente Congreso pasó a engrosar las filas del “Plan Payama”.

El personaje se nombra Humberto López, pero los ciudadanos suelen chiquearle el nombre. Y no precisamente por cariño (esos, si los hay, serían poquísimos). Muchos se refieren a él así por verlo aún joven, pero los más lo hacen como forma de menospreciarlo; de “tirarlo a relajo”. Eso con todo y la flamante condición de miembro del Comité Central que acaban de otorgarle.

Como se sabe, el jurista hace frecuentes apariciones en el Noticiero Nacional de Televisión (NTV) para fusilar reputaciones ajenas. De paso, ofende la inteligencia del cubano, como en su más reciente ejercicio: calificar de “terrorista” a un exiliado por realizar prácticas de tiro junto a unos amigos. Todos bien armados; ¿pero no sabe el “informado locutor” que eso es algo normal y lícito en Estados Unidos!

El hecho “denunciado” se derivaba de una conversación telefónica que “Humbertico” publicó. Se trata de una más de las pláticas que la policía política y el pulpo de las telecomunicaciones ETECSA (disculpen el pleonasmo) graban de modo sistemático. El presentador, poniendo de manifiesto su íntima vinculación con esos represores, la publicó en su más reciente entrega.

En el referido telefonema, el exiliado exhortaba a un compatriota residente en La Habana a desfilar por una calle céntrica de la capital lanzando consignas antigubernamentales. Se habló también de unas proclamas que debían distribuirse entre los asistentes. Palabras mediante, López transformó esa manifestación pacífica en un acto “terrorista”, el cual —además— calificó de particularmente canallesco, por producirse en vísperas del Día de las Madres.

Sus planteamientos carecen de sustento, pero el graduado en derecho se ha convertido ahora en tema de otras informaciones. Por un lado, como acusado en una querella que lleva la firma de Tania Bruguera; por el otro, como protagonista de un “brete” con una señora escenificado en pleno día en un barrio popular habanero. Pero vayamos por partes.

Refirámonos primero al impecable pliego acusatorio que, bajo la dirección del letrado Julio Ferrer, presentó la conocida artista contestataria. En él se le imputa a “Humbertico” un delito continuado de calumnia, se ofrecen como prueba las grabaciones de todas sus reiteradas arremetidas verbales contra la querellante y se le piden seis meses de prisión.

El escrito promocional —insisto— es inobjetable. Pero de ahí a que sea acogido va un buen trecho. Repito lo escrito por el colega Alberto Méndez Castellóal abordar hace días un tema jurídico diferente: el escrito judicial no será conocido en una corte argentina, colombiana o española, sino por un tribunal cubano de ahora. Con eso está dicho casi todo.

Un apotegma forense afirma: “quien hizo la ley puso la trampa”. Y en estos asuntos, el régimen castrista es un tramposo consumado. Primero, dispuso que, en principio, sólo pueden representar o dirigir a un particular los abogados pertenecientes a un bufete colectivo. Pero, entre estos últimos, a los que se destacan por “defender demasiado” a los disidentes, los expulsan de la organización (como le pasó al mismo autor de estas líneas y al licenciado Ferrer).

Estos despedidos (al igual que quienes, para empezar, no han sido admitidos en los bufetes) sólo pueden actuar en juicio mediante una autorización del Ministro de Justicia, que nunca la otorga… Al menos, esa ha sido la experiencia de quien esto escribe. Por no permitir, ni siquiera me permitieron autodefenderme en el juicio político a mí celebrado, para lo cual no hacía falta autorización alguna.

Ante esa realidad, cabe esperar que le exijan a la señora Bruguera ser representada por un miembro de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos. Lo que, a pesar de los pujos de “neutralidad y profesionalismo” de esta, implicaría que quien se encargue de la querella se convierta en un excelente candidato a que se le prohíba el ejercicio profesional. Es lo que se llama una jugada perfecta.

El otro sucedido que ha tenido como centro a “Humbertico” es el encuentro que sostuvo con la activista de derechos humanos Yeilis Torres Cruz. Esta abordó al comunicador a la salida de lo que, según ella afirma, es la casa de su querida. Le preguntó por qué hacía tal cosa cuando se trata de un hombre casado.

Es cierto que ese cuestionamiento, hecho por una perfecta desconocida, debe haber resultado sorprendente para el portavoz gobiernista. Pero la reacción de quien es un hombre público fue feroz. Primero pretendió despojarla del móvil con el cual lo filmaba; después, según cuenta la propia señora, la emprendió a golpes contra ella y desgarró sus ropas.

En este caso, cabe señalar dos aspectos en el actuar de doña Yeilis: uno es no haber ubicado a un segundo camarógrafo que, desde un lugar reservado, filmase la reacción de López. El otro es que, pese a tener estudios de derecho, haya ido a formular la denuncia verbal en una estación de policía, en lugar de evacuar ese trámite por escrito ante un Tribunal o la Fiscalía.

El presentarse en una oficina del Ministerio del Interior (MININT) seguramente implicó no sólo una larga espera provocada por los ineptos carpeteros. También la reacción asombrosa de los uniformados, ¡que transformaron a la denunciante en acusada por un supuesto delito de atentado, sujeta a una medida cautelar de “reclusión domiciliaria”!

Esperemos que estos nuevos avatares de “Humbertico” sirvan para que, en los próximos días, lo mantengan alejado del NTV y nos libremos así de su indeseable presencia. Y que estos escándalos vinculados a su figura (y el consiguiente desprestigio) inclinen al nuevo Jefe del Departamento Ideológico a quitarle el gran protagonismo que le dio su despistado (y ahora también “empayamado”) predecesor en el cargo.