Logo

Apuntes sobre Doctrina Social de la Iglesia (1)

View Comments

                       Introducción: ¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?

El cristiano no vive aislado de su sociedad, es un ser público y, como tal, debe abrirse al campo social en su concepción cristiana de la vida, entrando en el mundo político y económico no como un simple espectador pasivo sino en cuanto persona con criterios y valores evangélicos que iluminan la toma de decisiones de frente a problemáticas sociales. Esta es la idea base de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).
Dos son los extremos que deben ser evitados: vivir tan orientados a la vida eterna que no haya preocupación por los problemas económicos, políticos y sociales; y entrar en el mundo político y económico con posturas y criterios no evangélicos.

Iglesia y promoción humana.

La Iglesia no puede prescindir de la promoción humana; de hecho, nunca ha dejado de hacerlo. Ya la comunidad cristiana primitiva participaba de la vida social. La Carta a Diogneto (siglo II) dice que los cristianos “toman parte en todo como ciudadanos”. Y del mismo modo que no puede desentenderse de los problemas concretos del hombre, sabe que su modo de luchar por la promoción humana es siempre desde los valores cristianos. “Se puede organizar la tierra sin Dios –dice Pablo VI en la Populorum Progressio (n.42)- pero sólo se lograría organizarla contra el hombre”.

El cristiano no puede pensar en la eternidad y no pensar en los problemas de su municipio, porque la promoción humana es parte integrante, constitutiva, del actuar cristiano. No se puede llevar una vida interior con el vientre vacío ni con la cabeza llena de angustias y preocupaciones. La virtud necesita un mínimo de bienestar.

La vida humana está concebida por Dios para que aúne el logro de los sueños personales y un estilo de vida que abra a la persona a la eternidad, porque el ser humano vive aquí, pero ni es de aquí ni está destinado a permanecer aquí. La aspiración a la eternidad y la promoción personal terrenal no son contrapuestas sino complementarias.


Dios no ha puesto a nadie en la tierra para que muera de hambre, sería incoherente crear una persona y no crear los medios para su subsistencia. Los medios existen, pero no son distribuidos con justicia, y la lucha por la justicia es tarea de todos.

El cristiano es también ciudadano. La Iglesia ha sido encargada de predicar el mensaje evangélico, pero esto implica la resolución de los problemas materiales concretos de los hombres. Dice la Carta del apóstol Santiago: “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario y alguno de ustedes les dice: ‘Vayan en paz, caliéntense y hártense’, pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (St 2,15-16).

El Evangelio no es dar pan, pero va unido a dar el pan. Del mismo modo, la Iglesia no puede olvidarse de dar el pan, pero no puede reducirse a ello.

“Para la Iglesia el mensaje social del Evangelio  no debe considerarse como una teoría, sino, por encima de todo, un fundamento y un estímulo para la acción” (Centesimus Annus, n.57).

 


 

© Democracia Participativa / Participatory Democracy