Menu
15/05/2021
A+ A A-

El partido único, justificación para prohibir otros

La proximidad del VIII Congreso del PCC ha carecido de interés para la mayoría de la población, acostumbrada a no tener poder de decisión por más de 60 años.

El Partido Revolucionario Cubano (PRC) fue el medio creado por José Martí para iniciar la guerra de liberación de la Isla contra el colonialismo español, en 1895. Si el Apóstol hubiera declarado el PRC como único partido posible en la Cuba futura, no habría aunado voluntades ni considerado las influencias de los partidos reformista y anexionista, más cercanos a la metrópoli y a Estados Unidos, respectivamente.

Con el ansia de la patria libre, su prestigio y la fuerza conferida por el respaldo político y la financiación de las asociaciones de emigrados cubanos en Tampa y Cayo Hueso, principalmente, Martí pudo involucrar a los generales de la Guerra de los Diez Años (1868-1878). Hasta ese momento, las contradicciones y el regionalismo que llevaron al Pacto del Zanjón se mantenían entre los veteranos dispersos por Centroamérica, México y el Caribe, pero un obstáculo mayor era el rechazo al Apóstol por no haberse incorporado a la guerra después de salir del presidio político, en 1871. 

Más decisivos aún eran sus desencuentros con Antonio Maceo y Máximo Gómez desde 1884, cuando ambos militares viajaron a Nueva York para coordinar el nuevo alzamiento en Cuba. “No vi en suma más que dos hombres decididos a hacer de esta guerra difícil a que tantos contribuyeron, una empresa propia: ¡a mí mismo, el único que los acompañaba con ardor y los protegía con el respeto que inspiro, llegaron, apenas se creyeron seguros de mí, a tratar con desdeñosa insolencia!”, escribió Martí a Manuel Mercado, con la petición de no decir jamás esas opiniones suyas. 

Para poder dedicarse a organizar la “Guerra Necesaria” en Cuba el Héroe Nacional renunció a su cargo de cónsul de Uruguay, lo que le causó mayores dificultades económicas. 

A comienzos de la década de 1890, por la fuerza de los preparativos de Martí con “los pinos nuevos” de la emigración, Gómez contribuyó a limar las asperezas con Maceo. Sin embargo, la captura de los tres barcos listos para zarpar con armamento desde Fernandina, Estados Unidos, impidió que uno de ellos recogiera a Maceo en Costa Rica, por lo que El Titán de Bronce demandó una nueva expedición por una suma de dinero de la que Martí no disponía.

En el ingenio La Mejorana, cercano a Santiago de Cuba, se reunieron Martí, Gómez y Maceo en un cuarto sin testigos, donde el último defendió un mando único en el ejército, a cargo de Gómez, sin interferencia civil. Martí sería el jefe civil desde el extranjero, por lo que debía partir de inmediato, aunque aspiraba a participar en uno o dos combates. Finalmente sería un solo combate, en Dos Ríos el 19 de mayo, donde se expuso a las balas como si buscara el suicidio, montado en un caballo blanco, vestido con su traje negro y portando sus documentos.

Fidel Castro utilizó a José Martí para imponerse sobre las organizaciones destacadas durante las luchas en los 57 años de república. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el Partido Socialista Popular y otras agrupaciones desarrollaron grupos guerrilleros y acciones heroicas como el asalto al Palacio Presidencial, en 1957. El concepto de la unidad martiana fue la propaganda usada para iniciar el camino de un solo partido. 

Ungido con la aureola de la heroicidad y las promesas de un futuro con oportunidades y prosperidad para todos, “el Comandante” aprovechó el entusiasmo y la ignorancia para imponer su poder absoluto, escudado en el “partido único, fuerza política superior dirigente de la sociedad y el Estado”, plasmado en las Constituciones de 1972 y 2019.

Para varias generaciones de cubanos eso es historia antigua, bastante desvirtuada y desconocida. La proximidad del VIII Congreso del PCC, del 16 al 19 de abril, ha carecido de interés para la mayoría de la población, acostumbrada a no tener poder de decisión ante los mandatos unánimes de Fidel y Raúl Castro, secundados por el pequeño grupo del Buró Político (17 miembros) y la falsa representatividad popular de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), entre otras organizaciones semejantes.