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22/04/2021
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Marx, guerra fría y economía de mercado

Esta semana puse un tuit en el cual señalaba que el “problema de Nicaragua no es derecha-izquierda, sino dictadura-democracia. Argumentar eso -decía- es complicidad con Ortega. Fin de “Guerra Fría” condujo a universalizar economía de mercado, con gobiernos dictatoriales como Nicaragua y otros, y gobiernos democráticos”.

Ese tuit respondía a quienes se oponen a la unidad de la oposición a Ortega, argumentando, casi con igual vehemencia y categóricamente, que la oposición a la dictadura es como los problemas entre izquierda y derecha. 

Desde mediados del siglo XIX diversos pensadores cuestionaron aspectos de la economía de mercado, o la totalidad de la misma, como hizo entre otros Carlos Marx. Haciéndose cargo de la situación social de la clase trabajadora bajo el capitalismo, en 1891 el Papa León XIII emitió la primera Encíclica social, Rerum Novarum (“De las cosas nuevas” o “De los cambios políticos”), desencadenando el compromiso social de los católicos. Posteriores encíclicas, entre ellas Mater et Magistra de Juan XXIII y Centesimus Annus de Juan Pablo II, completarían el compromiso socioeconómico y democrático, hasta el Papa Francisco y sus diversos pronunciamientos y encíclicas, incluyendo temas  como el medio ambiente. Algo semejante ha ocurrido entre las denominaciones evangélicas y los no creyentes.

Con el fin de la Guerra Fría, en la cual compitieron capitalismo y comunismo, se universalizó la economía de mercado, con escasísimas excepciones. A partir de esa universalización de la economía de mercado, solamente caben dos formaciones políticas: por un lado, regímenes autoritarios, incluyendo dictaduras represivas, con mayor o menor presencia estatal, como China y otros países, entre ellos Nicaragua. Y, por otro lado, regímenes democráticos, también con mayor o menor presencia estatal, desde los países nórdicos hasta Costa Rica y Chile.

En todos los países democráticos existen opciones políticas, desde el neoliberalismo, que aboga por la reducción del Estado, hasta la socialdemocracia, a la cual pertenece el MRS, con mayor presencia estatal, pero con estricto respeto al Estado de Derecho, libertad de expresión y reunión, derechos humanos y elecciones democráticas. Precisamente, la pandemia ha extendido mayor demanda en los países por servicios de salud públicos, y hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha autorizado extremos de endeudamiento para atender la salud y reactivación económica, que redundará en mayor presencia estatal.

Un caso singular es Nicaragua, con la dictadura represiva de Ortega. La economía de mercado no está en discusión por ninguna opción política opositora, salvo el gobierno con sus  intervenciones arbitrarias, con las ilegales confiscaciones de Confidencial, 100% Noticias y otros atentados, y la ocupación de tierras a diversos empresarios, incluyendo la madre del Presidente del COSEP, fallecida recientemente. El caso de Nicaragua, tampoco explica y menos aún justifica disonancias estridentes con la necesidad de unidad opositora, en circunstancias que se mantiene la represión, no se ha alcanzado liberación de presos políticos, regreso de exiliados y, menos aún, reformas electorales.

La situación de Nicaragua, además, tiene elementos de partido único, como en China, en que ninguna gestión se mueve que no sea con el Frente Sandinista, y, a más nivel, El Carmen. Pero a diferencia de China, la presencia estatal en la economía es supuestamente limitada, salvo las arbitrariedades de la dictadura para presionar a los empresarios, como señala el editorial de La Prensa hace dos días. Pero igual que China y otros regímenes autoritarios, carecemos de libertad y democracia, y por eso estamos luchando, y entre más unidos, mejor.

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