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27/02/2021
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Los 43 años desperdiciados

Mañana se cumple el 43 aniversario del asesinato a perdigonazos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ocurrido en enero de 1978, y que precipitó el derrocamiento de la dictadura de Somoza, pues a partir de entonces se gestó una amplia alianza de muchos sectores nacionales y países centroamericanos prestaron su territorio, para respaldar la lucha armada del Frente Sandinista.

Con motivo del aniversario, el poeta y literato Luis Rocha Urtecho publicó el día de hoy en Confidencial, que dirige su hijo Carlos Fernando Chamorro B, un conmovedor escrito en el cual interroga a Pedro Joaquín: “Me contestás que la herida que más te duele, más que la de los perdigonazos, es la de 43 años perdidos”.

Perdidos, no solamente en la política, por la actual dictadura de Ortega, y Pedro Joaquín dedicó toda su vida a combatir la de Somoza. También perdidos en lo económico y social.

En 1977, antes del derrocamiento de Somoza, nuestro ingreso por habitante representaba más del 60% de Costa Rica y Panamá, y ahora no llega al 20%, y eso explica que los nicaragüenses vayan a buscar empleo en esos países, en vez de tenerlo en Nicaragua. En dólares constantes del año 2010, el ingreso por habitante del año pasado, de 2020, ha retrocedido al de 1960. ¡6 décadas! ¡60 años de retroceso! Y los niveles de pobreza, según la última encuesta de FIDEG (Fundación Internacional para el Desafío Económico Global), llega al 44%, es decir, casi uno de cada dos nicaragüenses ¡es pobre!

¿Causa? En menos de 50 años hemos tenido dos guerras civiles, y en la de 1979 desapareció el Ejército de entonces, la Guardia Nacional, de Somoza, que era a su vez Policía. Con el triunfo revolucionario total, quisimos copiar a Cuba, y derivamos en otra guerra civil. “Nosotros, publicó el General Humberto Ortega en su reflexión de finales de 2019, los dirigentes de la revolución no fuimos capaces de sostener la gran alianza patriótica nacional que desde posiciones flexibles empujamos desde 1977 para vencer al somocismo”. 

El Ejército de hoy existe por diversos factores: primero, el acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, cuando era inminente el fin de la Guerra Fría, y la tenaz oposición del Partido Demócrata a la política de Reagan-Bush; segundo, el compromiso centroamericano para democratizar sus países, institucionalizar a los ejércitos y desarmar a los grupos irregulares; tercero, el gobierno de  Violeta Chamorro impulsó la reconciliación nacional, institucionalización del Ejército y Policía, y democratización de Nicaragua.

Es crucial entender que hay un vínculo estrecho e inseparable entre institucionalización del Ejército y Policía, por una parte, y democratización por otra, para sustentar la reconciliación entre las partes de la guerra civil de los 80. Ese vínculo sustentó la complacencia tanto nacional como internacional con Nicaragua. Esa complacencia con Ortega terminó en 2018, con la masacre y continuada represión, como también terminó la complacencia con Somoza, cuando asesinaron a Pedro Joaquín.

La Policía Nacional, totalmente subordinada a intereses políticos de Ortega, al extremo que ha actuado conjuntamente con paramilitares o paraestatales, deberá ser reformada radicalmente. Y el Ejército, en su proceso de reinstitucionalización, deberá desarmar a paramilitares o paraestatales cuando finalice la dictadura, y apoyar la reforma policial.

Este breve recuento de las causas de las dos guerras civiles, que nos condujeron a tanta postración económica y social, demuestra que los abusos democráticos no son indefinidos. Todos esos factores han conducido a que la oposición a la dictadura de Ortega haya levantado, desde un inicio, la solución pacífica, electoral, a la crisis política. No podemos seguir con más guerras civiles, ni desperdiciar otros 43 años.

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