Menu
02/03/2021
A+ A A-

FIDEL CASTRO: OBJETIVO VENEZUELA

                                                                       

Dígale a Fidel Castro, que cuando Venezuela necesitó libertadores, no los importó, los parió”                                                               

                                                Rómulo Betancourt

    

     Un buen amigo me hizo llegar un breve artículo escrito por el Dr. Fernando Egaña titulado “Castro y Maduro” en el cual el autor hacía referencia a la intromisión cubana en Venezuela y a la marcada subordinación y dependencia de Nicolas Maduro de los Castros. Dado los aciagos tiempos que vivimos los venezolanos producto de la subversión  de Hugo Chávez y la usurpación del Estado por su impuesto heredero, viene al caso recordar y revisar desde su perspectiva histórica y actual el intervencionismo de Fidel Castro en Venezuela, lo que ha llevado al secuestro de la República, a la primacía de la ilegalidad y al sometimiento de la sociedad.

                                                               1959 – 1998

     La obsesión de Fidel Castro con Venezuela se remonta al triunfo mismo de la Revolución cubana cuando en su primer viaje al exterior, apenas transcurridas dos semanas de su entrada triunfal en La Habana el 8de enero de 1959, Fidel visitó Caracas con un propósito muy definido pero que ciertamente no era, como entonces se  manifestó, el de expresar la gratitud del pueblo cubano al pueblo venezolano por su contribución política y material (recordemos aquello de “Un bolívar para la Sierra”) a la Revolución cubana. En efecto, Castro realmente vino a Caracas en busca de una plataforma continental y financiera que le permitiese llevar a cabo su real propósito existencial que no era otro sino el de enfrentar y retar a los Estados Unidos en cualquier escenario, sin importarle, como vimos durante la llamada “Crisis de Los Misiles” en octubre de 1962, el costo para los cubanos y para el mundo. La evidencia de esa cruzada antiyanqui de Fidel Castro la visualizamos en la carta por él escrita el 5 de mayo de 1958 en la Sierra Maestra y que hoy se exhibe en el tercer piso de la sede del Diario “Granma” en La Habana. En esa misiva, dirigida a su fiel compañera Celia Sánchez Manduley, Fidel Castro se pronuncia con rencor sobre el apoyo brindado a Fulgencio Batista por los Estados Unidos y en ella Castro manifiesta su real propósito en el devenir, señalando de forma terminante:

“Sierra Maestra

Junio 5 -1958

Celia:

Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a

pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezara para mí  

una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy

cuenta de que este va a ser mi destino verdadero.

Fidel.”

     Siempre he sostenido que Fidel Castro, llevado por su personalidad ególatra y autosuficiente, nopodía identificarse con otro dogma socio - político que no fuese uno que llevase su nombre seguido de sufijo “ismo”. Por ello, nunca he creído que Fidel era un verdadero seguidor de Marx y Lenin, sino que recurrió a la Unión Soviética de forma interesada y premeditada para anteponerla como su escudo protector contra las anticipadas arremetidas por parte del “Imperio Yanqui”, las que acontecerían en respuesta a sus destempladas provocaciones. Sobre la realidad existencial del “castrismo” o “fidelismo”, el periodista Tad Szulc del New York Times en su libro “Fidel, a Critical Portrait” (William Morrow and Company Inc., New York, 1986, pág. 172) cita un discurso de Castro en 1981 en el que definió su personal concepción política aplicada desde su juventud durante los eventos acontecidos en Bogotá en abril de 1948, que serían recordados como “El Bogotazo”.

Al respecto aclaró y manifestó Fidel,

“… Ni el partido Comunista de Cuba o la organización Comunista de Juventudes tuvo nada que ver con el congreso en Bogotá…yo estaba en el proceso de adquirir consciencia revolucionaria. Estaba activo. Combatí, pero digamos, yo era un luchador independiente.”(Resaltado mío).

      Cuando su desarrollado y agudo instinto de sobrevivencia le indicó en abril de 1961 que los Estados Unidos habían puesto en marcha un plan para su eliminación política y física, Fidel convocó públicamente en su ayuda a la Unión Soviética, la cual se vio obligada a plegarse al requerimiento fidelista, aun si ello implicaba enfrentar directamente a Washington, país que para entonces mantenía una abierta superioridad en armamento estratégico que ponía en clara desventaja a los soviéticos en caso de un enfrentamiento armado. Así, el domingo 16 de abril de 1961, durante el velatorio de los siete cubanos que murieron durante el ataque aéreo al Campamento “Ciudad Libertad” en la ciudad de La Habana ejecutado el día antes como antesala a la Invasión de Playa Girón, Castro declaró el “carácter socialista” de la Revolución y puso a las Fuerzas Armada Revolucionarias FAR y a las milicias en estado de alerta máxima, utilizando, como nos dice Georgie Anne Geyer en su libro “Guerrilla Prince”, (Little, Brown and Company 1991, pág. 273), “…en un momento estratégico al comunismo para defender el castrismo”. Rugió aquel día Fidel Castro ante miles de cubanos concentrados frente al habanero “Cementerio de Colon”:

Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí; lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos: que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos…"Y que esa Revolución socialista ¡la defenderemos con esos fusiles que tienen ustedes! ¡La defenderemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! Marchemos hacia nuestros respectivos batallones y allí esperen órdenes, compañeros.”

      La estrategia de Fidel funcionaría a la perfección pues el presidente Kennedy, cohibido por la amenaza proferida por Nikita Kruschev de tomar represalias en Berlín en respuesta a la invasión a Cuba, canceló los ataques aéreos preventivos contra las bases de la Fuerza Aérea Revolucionaria FAR previstos para los días “D-1” y “D” de la Invasión en Bahía de Cochinos, así como la vital cobertura aérea sobre las playas de desembarcos, condenando con ello la operación militar planificada por la CIA al fracaso desde antes que los hombres Brigada de Asalto 2506 desembarcaran en Playa Larga y Playa Girón en la Bahía de Cochinos.

     Volviendo a Venezuela, nuestro país fue el objetivo primario de Castro visto por él como el punto de partida natural desde donde irrumpiría la insurgencia continental bajo su liderazgo. Georgie Ann Geyer en su antes citado libro “Guerrilla Prince” (pág. 305) así lo confirma cuando señala, con respecto a la pretensión intervencionista de Fidel Castro en Venezuela, lo siguiente:

Venezuela sería la primera, tal y como este país había sido el lugar de su primer viaje político. El odio celoso de Castro al muy efectivo presidente democrático venezolano, Rómulo Betancourt, llevó al apoyo cubano a la guerrilla venezolana, tan temprano como 1961.Súbitamente, en esta rica y contradictoria tierra de picos andinos y selvas tan extensas que desde el aire parecían olas verdes de mar, humildes policías eran tiroteados en las calles, bombas explotaban en Caracas y focos guerrilleros aparecían por doquier.”      

     En una conversación que la Sra. Geyer tuvo en Caracas con Orlando García, un cubano exiliado muy cercano al presidente Carlos Andrés Pérez y quien controlaba el aparato de seguridad presidencial, la autora, quien así me lo refirió personalmente, preguntó cuánto de la actividad guerrillera en Venezuela se debía a “realidades objetivas” del país y cuanto a la influencia castrista. La respuesta de Orlando García sería precisa, señalando al respecto:

“Su inspiración era todo Fidel. ¡Exactamente, todo Fidel! Estos grupos nunca contaron con apoyo popular.” (“Guerrilla Prince”, pág. 306)

     Fidel Castro no lograría su propósito de obtener recursos energéticos baratos ni tampoco el apoyo para su proyecto de revolución continental pues el entonces presidente electo Don Rómulo Betancourt (1959 - 1964) sospechaba las reales intenciones de intervencionismo continental de Castro y decidió marcar distancia del cubano. El 13 de febrero de 1959, al tomar posesión de la presidencia, Rómulo Betancourt establecería la llamada “Doctrina Betancourt”, tesis geopolítica que proponía un desconocimiento de los regímenes de facto o dictaduras militares de derecha. En 1964, Betancourt, mientras navegaba en ruta hacia su auto exilio en Suiza abordo del vapor “Uruguay”, incorporaría a su Doctrina el rechazo al expansionismo fidelista que para entonces se cernía peligrosamente sobre nuestro Continente. Pero más allá del rechazo betancourista y obviando su clara advertencia, en 1959 Venezuela recibiría como todo un héroe a Fidel Castro, quien devolvería el entusiasmo criollo conspirando contra la democracia venezolana y fomentando en nuestro territorio actos terroristas que causaron la muerte de humildes policías (más de 100) y de soldados venezolanos. Ese primer viaje de Fidel Castro a Venezuela terminaría en tragedia pues uno de sus ayudantes, el mayor Francisco Cabrera, resultó accidentalmente decapitado por la propela del avión que llevaba a Castro de vuelta a La Habana mientras el oficial cubano verificaba, a instancia del propio Fidel, la seguridad alrededor del avión. Al enterarse Fidel de lo sucedido, le soltó sin remordimiento alguno al mayor Armando Fleites, otro de sus ayudantes, “¿Por qué Cabrera es tan estúpido? Esto me traerá muchos problemas”. (Guerrilla Prince, pág. 220).

     Acontinuación, refiero los principales frentes y acciones guerrilleras fomentadas y financiadas por Cuba entre 1961 y 1967, ejecutadas en Venezuela por infaustos personajes, muchos de los cuales serían fichas claves 40 años después en el proyecto chavista, como serían los casos de Douglas Bravo, Alfredo Maneiro, Gabriel Puerta Aponte, Fernando Soto Rojas. Entre estos personajes resaltaría Alí Rodríguez Araque, alias “ComandanteFausto” o “Comandante Goyo”, quien presidiría PDVSA a partir del año 2002 y falleciendo en el 2018 en La Habana mientras desempeñaba el cargo de embajador de Venezuela en Cuba.

FRENTES GUERRILLEROS EN TERRITORIO VENEZOLANO ENTRE 1961 y 1967

            Frente Simón Bolívar o Libertador, 1961 - Estado Lara.

            Frente José Antonio Páez, 1961 - Estado Portuguesa.

            Frente José Leonardo Chirinos, 1962 - Estados Falcon y Yaracuy.

Frente Manuel Ponte Rodríguez, 1962 - Oriente de Venezuela.

Frente Ezequiel Zamora, 1963 - Sierra de El Bachiller Estado Miranda.

Frente Antonio José de Sucre, 1966 - Oriente de Venezuela.

Frente Américo Silva, 1977 - Oriente de Venezuela.

   ACTOS TERRORISTA EJECUTADOS EN VENEZUELA APOYADOS POR CUBA

25 de junio de 1961, toma del Cuartel “Pedro María Freites” y de la gobernación del Estado Anzoátegui;

28 de febrero de 1962, intento de toma del Batallón No. 1 de Infantería de Marina en La Guaira, con complicidad de su comandante el Capitán de Corbeta Víctor Hugo Morales Monasterios;

1 de abril de 1962, ataque a la Base Naval de Turiamo en el Estado Aragua;

20 de abril de 1962, ataque a la escuela náutica en Catia La Mar;

4 de mayo de 1962, toma de la ciudad de Carúpano por efectivos de Infantería de Marina y de la Guardia Nacional, apoyados por pandillas civiles, entre los cuales estaba el diputado del Partido Comunista Eloy Torres.

2 de junio de 1962, tiene lugar “El Porteñazo” con la toma de la Base Naval de Puerto Cabello, acción apoyada abiertamente por Fidel Castro desde la Habana, que causó más de 3.000 víctimas entre civiles y militares. A partir del Porteñazo se funda en Venezuela con apoyo político y logístico de La Habana la Fuerza Armada de Liberación Nacional (FALN), brazo armado del Frente de Liberación Nacional (FLN), abriendo frentes guerrilleros en Lara, Falcon, Portuguesa, Yaracuy, Cojedes, Trujillo, Miranda, Monagas y Anzoátegui;

13 de febrero de 1963, secuestro por miembros de la FALN del buque de carga “Anzoátegui”;

25 de septiembre de 1963, se produce la primera emboscada a una unidad del Ejecito venezolano en Cabudare, Estado Falcon;

29 de septiembre de 1963, ataque al tren turístico del Parque Nacional de “El Encanto” en el Estado Miranda, dirigido por Guillermo García Ponce, donde perdieron la vida 5 Guardias Nacionales y resultaron heridas 8 mujeres y dos niños, y

12 de noviembre de 1963, desembarco de armas enviadas por Cuba en Punta Macota en Falcon, seguido de otro envió en diciembre de 1963.

     La violación a la soberanía territorial venezolana por Cuba continuaría sin tregua teniendo sus expresiones más connotadas en los  desembarcos de fuerzas irregulares cubano - venezolanas en julio de 1966 por las costas del estado Falcon, bajo el mando de Luben Petkoff y del futuro general cubano Arnaldo Ochoa Sánchez, y un año después, el 8 de mayo de 1967, por Machurucuto, en el estado Miranda, ejecutado por 8 guerrilleros venezolanos y 4 militares cubanos, siendo el único sobreviviente de esa acción el futuro presidente de la Asamblea Nacional y diputado del PSUV, Fernando Soto Rojas. El manifiesto apoyo de Cuba a la acción guerrillera en las costas mirandinas, llevó al rompimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, las que no serían reanudadas hasta 1974 durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. La posición cubana con respecto al desembarco en Machurucuto se manifestó en el siguiente comunicado oficial del gobierno de la Isla publicado en el diario “El Nacional” el 19 de mayo de 1967:

El imperialismo nunca ha necesitado excusas para cometer sus crimines, ni la revolución cubana necesita pedirle permiso ni perdón a nadie para cumplir con sus deberes de solidaridad con todos los revolucionarios del mundo y entre ellos los revolucionarios venezolanos, porque la justificación de los actos de los revolucionarios está en la existencia misma del imperialismo”.

     Apartir de la instauración de Rafael Caldera en la presidencia de la República al comienzo de 1969, se dio inicio a lo que se conoció como la “Política de Pacificación” que tuvo como resultado la reincorporación a la legalidad de elementos irregulares que entendieron que la lucha armada no era la vía a seguir para lograr el poder en Venezuela. Además, para entonces Cuba había aceptado - temporalmente - su derrota militar en Venezuela a manos de las Fuerzas Armadas venezolanas, orientando su inter- vencionismo hacia otras latitudes. Ese fue el caso del envió del argentino Ernesto Che Guevara, primero al Congo y, al año siguiente, a Bolivia, donde seria dado de baja en octubre de 1967; hacia el Medio Oriente, donde tropas cubanas lucharían en la Guerra del Yom Kipur (1973 -1974) en las Alturas del Golán contra las fuerzas israelitas y, por último, en el continente Africano, durante las guerras civiles en Angola, Mozambique y Etiopia (1975-1991), conflictos en los cuales participarían más de 250,000 combatientes cubanos.

     Después de las aventuras fidelistas en los años 60´s no se producirían en Venezuela acciones irregulares de importancia, con excepción del rapto en febrero de 1976 del empresario norteamericano William Frank Niehous, presidente de la empresa norteamericana Owens Illinois, secuestro que fue ejecutado por Jorge Rodríguez, secretario general de la Liga Socialista, David Nieves y Salom Meza Espinosa, este último diputado por el Movimiento Electoral del Pueblo y cuyo chofer y espaldero era un nativo de Aruba de origen colombiano llamado Nicolas Maduro García, padre de quien hoy usurpa la presidencia de Venezuela. Cabe recordar que nunca quedó claro quien cobró el rescate de $20.000.000 pagados por la Owens Illinois por la liberación del Sr. Niehous.

     En 1979, Cuba apoyaría, como parte de la estrategia expansionista cubano - soviético, el golpe de estado ocurrido en la isla de Grenada contra el primer ministro Eric Gairy, ejecutado por Maurice Bishop, fundador del llamado “Movimiento Nueva Joya”. Para 1982 había en Grenada cerca de 500 “colaboradores” cubanos quienes fungían como trabajadores de las obras civiles de construcción del aeropuerto de Point Saline - financiado por Cuba, Libia y Argelia - cuyo justificación mediática era “…el mejoramiento de la industria turística de la isla”. Sin embargo, los servicios de inteligencia norteamericanos llegaron a la conclusión que el grosor de la pista de aterrizaje en construcción y su alargue a 9,000 pies apuntaba hacia un uso no civil del aeropuerto, el cual distaba a solo 160 kms. de las costas venezolanas. Según los norteamericanos, Cuba pretendía una base aérea en el Caribe suroccidental que le permitiese expandir su área de influencia a Centro y Sur América, con capacidad para acomodar las aeronaves soviéticas de carga y transporte de mayor capacidad y peso, como los Antonov-12, 22 y 124 y, por supuesto, los MIG-21, 25 y 29 de la Fuerza Aérea Revolucionaria FAR de Cuba. La aprensión norteamericana sobre las reales intenciones cubanas en Grenada, llevó a que en mayo de 1982 los Estados Unidos vendieran a Venezuela 15 aeronaves de última generación F-16A Fighting Falcons y 6 F-16B (biplaza) con el propósito de contrarrestar la eventual presencia militar cubana en esa región caribeña. Venezuela sería el único país suramericano a quien Washington vendería los aviones F-16 y no sería hasta pasados 23 años, cuando Chile se convertiría en el segundo país del Continente en contar con este tipo de aeronave en su fuerza aérea. En todo caso, el presidente Ronald Regan (1981-1989) no esperaría a que se hiciesen realidad los presuntos planes intervencionistas cubanos y con la justificación del golpe de estado ejecutado por el vice primer ministro Bernard Coard el 13 de octubre de 1983 y el subsiguiente asesinato del primer ministro grenadino Maurice Bishop el 19 de mismo mes, ordenó la invasión de la Isla que se produjo el 25 de octubre de 1983, sufriendo Cuba una humillante derrota pues sus bajas en combate contra las fuerzas norteamericana sumaron 25 muertos, 59 heridos y 638 prisioneros. El oficial al mando de los efectivos cubanos en Grenada, el coronel Pedro Tortoló Comás, quien cobardemente se refugiaría en la embajada soviética en la isla, sería degradado por Raúl Castro y enviado a Angola como soldado raso.

    La última y fulminante acción antiguerrillera cumplida por las Fuerzas Armadas venezolanas contra la insurgencia marxista tendría lugar el 4 de octubre de 1982 cerca de la población de Cantaura en el oriental estado Anzoátegui. Allí, un grupo de 40 irregulares perteneciente al llamado “Frente Américo Silva (FAS)” fue rodeado por 1.500 efectivos castrenses y policiales venezolanos, bombardeados por aeronaves Camberra y Broncos OV-10 de la Fuerza Aérea Venezolana, y literalmente exterminados.

     Con la derrota militar de la insurgencia armada en Venezuela y la mayoría de sus cuadros sobrevivientes insertados en la actividad legal amparados en la política de pacificación instrumentada por el presidente Rafael Caldera, Fidel Castro cambió de estrategia con respecto a Venezuela, recurriendo a la infiltración de las Fuerzas Armadas con cuadros que se identificaban con la Revolución cubana y su Máximo Líder. Ello no le resultó difícil a Castro pues la Venezuela petrolera de la década de los años 70´s presentaba oportunidades de progreso material a los jóvenes - sobre todo a los hijos de las familias de la pujante clase media venezolana - lo que hacía de la carrera militar una opción poco apetecible. Sobre esa realidad social venezolana nos refiere lo siguiente la autora y articulista Thays Peñalver en su libro “La Conspiración de los 12 Golpes” (Primera edición, 2015, página 39):

“En medio de un boom económico sin precedentes, salvo la región andina, muy acostumbrada a enviar a sus hijos al mundo castrense, en las grandes ciudades la clase media no quería ingresar a la Academia Militar, por lo que tuvieron que recurrir a buscar a estos jóvenes de extracción profundamente humilde. El comandante Yoel Acosta Chirinos (uno de los oficiales alzados el 4 de febrero de 1992 junto a Hugo Chávez) nos comenta sobre sus problemas de la siguiente manera: “Yo por ejemplo no sabía comer (…) Yo comía con las manos como el campesino.”

      Uno de los “…jóvenes de extracción profundamente humilde” referidos por Thays Peñalver en su esclarecedor libro, fue Hugo Chávez Frías, quien, en marzo de 1971, ingresó de forma condicional a la Academia Militar de Venezuela, ya que no había completado formalmente su educación secundaria debido a que llevaba Química como asignatura de “arrastre” por no haber aprobado la materia. En todo caso, muchos de los jóvenes aspirantes que ingresaron a la carrera militar en aquellos años de bonanza y que a la postre serían los que acompañarían a Hugo Chávez en la destrucción de Venezuela lo hicieron para asegurar “las tres comidas del día”. Ese fatídico proceder de la sociedad venezolana también se materializó en la indiferencia social hacia la actividad política, lo que permitió que los menos aptos - como hoy claramente se evidencia en la clase política venezolana - asumieran la dirección del País con el bastardo propósito de servirse, más no de servir.

                                                          HUGO CHÁVEZ

     En 1979, a los 4 años de haber salido de la Academia Militar y ya entonces con el grado de teniente, Hugo Chávez perdía interés en la carrera militar pues sus aspiraciones personales no se materializaban, sobre todo su sueño de sobresalir en el beisbol. En ese momento de inseguridad personal, entró en el escenario el primero de tantos personajes que habrían de influenciar a Chávez y orientarlo hacia la conspiración procastrista: su hermano Adán.

Adán Chávez Frías era un jurado marxista y profesor de la Universidad de los Andes. Según nos narra Thays Peñalver en “La Conspiración de los 12 Golpes”, cuando su hermano Hugo le comento a Adán Chávez que quería abandonar el Ejercito y ser ingeniero, este le dijo que debía quedarse y conspirar con el grupo de extrema izquierda al que él pertenecía, entonces liderado por el exguerrillero Douglas Bravo (1).Según la propia admisión de Chávez, otro de aquellos que influyó en su accionar político fue Alfredo Maneiro, fundador de la Causa R, partido político de tendencia izquierdista con el que Chávez se identificaba ideológicamente. El circulo se cerraría cuando un compañero de armas, el piloto de combate Luis Reyes Reyes, lo presentó en 1982 a uno de los grandes conjurados en las FAN venezolanas, el marxista y ex coronel de la Fuerza Aérea William Izarra, quien para entonces había reclutado para su movimiento conspirativo militar a muchos oficiales, entre ellos a Francisco Arias Cárdenas. Izarra fundaría en el seno de la institución militar la secta conspirativa marxista denominada Alianza Revolucionaria de Oficiales Activos (ARMA). Ese mismo año, el 17 de diciembre - coincidiendo simbólicamente con la fecha de la muerte del Libertador Simón Bolívar - se produciría el cacareado juramento bajo el “Samán de Güere” por parte de Hugo Chávez, Raúl Isaías Baduel, José Urdaneta Hernández y Felipe Acosta Carles, hoy todos desaparecidos del escenario revolucionario por una causa u otra. Unos meses más tarde, el 24 de junio de 1983, “coincidiendo” con el 200 Aniversario de la Batalla de Carabobo, nacería el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), hoy también enterrado en el basurero de la historia.

     La conspiración a lo interno de las FAN contaría con la complicidad y participación de los oficiales generales y almirantes Ramon Santeliz y Carlos Santiago Ramírez en el Ejercito; Francisco Visconti Osorio en la Fuerza Aérea y Luis Enrique Cabrera Aguirre y Hernán Gruber Odreman en la Armada, todos ellos captados por la Inteligencia cubana y quienes serían coautores de los golpes militares ocurridos en Venezuela en los meses de febrero y noviembre de 1992. Entre los conjurados civiles asociados con las sectas militares destacaban Simón Sáez Mérida, fundador del MIR, y Douglas Bravo, viejo comunista vinculado con Fidel Castro. Sobre la penetración cubana en los grupos conspirativos militares, el general Francisco Visconti, líder del intento fallido de golpe militar del 27 de noviembre de 1992, declararía “…se hicieron grupos de trabajo, unos estuvieron en Libia. Yo estuve en Cuba. Ellos estaban en disposición de darnos toda la ayuda.”(2)

     El cronista venezolano Agustín Blanco Muñoz en su trabajo de recopilación titulado “Habla el Comandante Hugo Chávez (Venezuela del 04F al 06D-98)” (Caracas, Cátedra Pío Tamayo - CEMA - UCV) narra que muchos de los conjurados en las FAN fueron destinados en 1981 por mandos militares superiorescomo instructores en la Academia Militar donde ejercieron su canallesca labor de captación entre los jóvenes cadetes. Entre estos sediciosos se incluían Francisco Arias Cárdenas, Hugo Chávez Frías, Miguel Ortiz Contreras, Joel Acosta Chirinos, Gustavo Manuel Pérez Issa, Felipe Acosta Carles, Raúl Isaías Baduel y Wilfredo Ramón Silva. Algunos de los captados por estos oficiales conspiradores, fueron los subtenientes de la promoción de 1981 Carlos Gullón Célis, Edgard Hernández Berhens y Ronald Blanco La Cruz, quienes participaron en los intentos golpistas en el año 1992. 

     Según leemos en “La Conspiración de los 12 Golpes”, Hugo Chávez, durante su nada honrosa carrera militar, visitó como cadete al Perú y Panamá y como oficial a Guatemala y la República Dominicana, donde se presume tomó contacto con elementos de la Inteligencia cubana que continuaba con su estrategia de penetración de las Fuerzas Armadas venezolanas. Similares contactos, como ya vimos, se habían hecho con William Izarra, Luis Reyes Reyes, Francisco Arias Cárdenas y otros oficiales, algunos de los cuales habían visitado Cuba para ser evaluados y recibir adoctrinamiento político por los Servicios de Inteligencia de la Isla. Uno de los participantes en esos viajes de adoctrinamiento a Cuba en 1986 fue un personaje que se convertiría 30 años después en el “Candidato Manchuria” de Fidel Castro en Venezuela: el militante de la Liga Socialista Nicolas Maduro Moros.    

     En honor a la verdad histórica debe decirse que en aquella maraña de conspiradores y conspiraciones, la Guardia Nacional de Venezuela se mantuvo al margen de la ilegalidad, al punto que la Benemérita fue instrumental en la derrota de los sediciosos durante las intentonas del año 1992. Esta lealtad a la Republica no sería olvidada por Hugo Chávez quien al asumir el poder se empeñó en destruir la Guardia Nacional convirtiéndola en autora y responsable de las acciones represivas ejecutadas contra las manifestaciones de civiles y estudiantes en los años 2014, 2015 y 2017.

     El 2 de febrero de 1989, Venezuela recibió una nueva visita de Fidel Castro, quien vino a Caracas como uno de los Jefes de Estado invitados a la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en su segunda presidencia (1989 -1993), conocida como “La Coronación” por su extravagancia y costo. Fidel Castro estaba consciente que Pérez, quien había dejado atrás el populismo manifestado en su primera presidencia (1974 - 1979), tenía la intención de aplicar medidas drásticas para sacar a Venezuela de la situación de quiebra técnica que había heredado de la administración de Jaime Lusinchi. Esa realidad le decía a Fidel, quien ya conocía la intención del líder soviético Mijaíl Gorbachov de cortar el vital suministro de petróleo a Cuba, que Venezuela estaba madura para que ocurriese “el estallido catastrófico para el sistema” (Thays Peñalver, pág. 141), como había sucedido en otros países en los que se había aplicado el recetario del Fondo Monetario Internacional (FMI). En ese, su segundo viaje a Venezuela, Fidel seria nuevamente recibido aduladoramente por una nueva generación de intelectuales, artistas, políticos y académicos, quienes firmarían el llamado “Manifiesto de Bienvenida a Fidel Castro”, documento que hoy pesa en la conciencia de muchos de ellos y que vergonzosamente los identifica como “Los 911 Firmantes”.

                                                “EL CARACAZO”

     Transcurridos apenas 25 días de la visita de Fidel Castro a Caracas, el 27 de febrero 1989 estalló la sangrienta ola de violencia y saqueos conocido como “El Caracazo”, lo que para muchos fue producto de “…la reacción espontánea de un pueblo sometido y empobrecido…”, pero para otros - entre los que me cuento - fue un nuevo y planificado intento fidelista de dar al traste con la democracia venezolana con la abyecta finalidad de asumir el control de las riquezas de nuestro País, ya no para financiar su fracasado proyecto de insurrección continental, sino para suplir el vital sostén material de la Unión Soviética, la cual, ante su inminente colapso, había abandonado a Cuba a su suerte exigiéndole el pago de su deuda con Moscú. Como nos dice Thays Peñalver en su libro “La Conspiración de los 12 Golpes” (pág. 141),

El Caracazo fue tan espontáneo como el Bogotazo, el Rosariazo, el Cordobazo, el Limazo, el Santiagazo, el Ibañazo (Chile) y las decenas de movimientos terminados en “azo” en los que siempre se negó u omitió la autoría de revolucionarios por más pruebas que hubiese de sus milicias, bombas y francotiradores.”

     No es un secreto que gran parte de los miembros del séquito fidelista - el cual fue alojado durante su estadía en Caracas en el Hotel Eurobuilding - así como el abundante parque de armas que ingresó a Venezuela como “equipaje diplomático” en dos aviones de carga Antonov supuestamente formando parte del aparato de seguridad personal de Fidel Castro, no regresaron a Cuba, reapareciendo durante las acciones subversivas que vivimos los caraqueños el 27, 28, y 29 de febrero de 1989. Sería un duro e irónico golpe al folklore heroico chavista si una de las armas dejadas en Venezuela por Fidel Castro y accionada por alguno de los visitantes que “extendieron” su estadía en Venezuela después que Fidel retornara a La Habana, haya sido el instrumento letal que le quitó la vida al conjurado del “Samán de Güere” y fundador del Movimiento MR-200, el entonces mayor Felipe Antonio Acosta Carles (alias “Tarzán”), quien, al segundo día de los disturbios, recibió un disparo en el pecho proveniente de un francotirador cuando se dirigía con sus soldados hacia la carretera Panamericana, desde donde se les disparaba a los efectivos militares que patrullaban las calles de la Parroquia El Valle de Caracas. “El Caracazo” no fue sino la reedición del plan fidelista de subvertir el orden social en los países del continente, previamente ejecutado en Jamaica en octubre de 1968 bajo la dirección del agente cubano de origen jamaiquino Walter Romney y en la República Dominicana en abril de 1984, con motivo de la aplicación en ese país caribeño de duras medidas económicas impuestas por el Fondo Monetario Internacional FMI. Para que apreciemos que lo sucedido en Caracas en febrero de 1989 no fue “espontaneo”, me refiero a lo señalado en “La Conspiración de los 12 Golpes” (pág. 140) en referencia a lo acontecido un quinquenio antes en la República Dominicana:

“En el caso de la República Dominicana, la inteligencia de ese país y la militar estadounidense habían recibido informes de que algo grave iba a pasar. Mas tarde supieron que habían desembarcado armas desde Cuba a bordo del barco SS Pushkin y que el motín espontaneo fue calculado para que coincidiera con la fecha del aniversario del desembarco de los marines en 1965 para evitar el golpe de estado apoyado por Castro.”                   

     Thays Peñalver nos reseña de seguido en su libro lo informado a Washington por el agregado militar norteamericano en Santo Domingo, el teniente coronel de la Infantería de Marina Dominik G. Nargele, con relación a lo sucedido durante los disturbios de abril de 1984 en esa isla caribeña, lo que guarda una evidente similitud con lo vivido en Caracas en febrero de 1989 y que llevaría a que el “Dominicanazo” se convirtiese, cinco años después, en el “Caracazo”:

“Llegado el 25 de abril de 1984, los motines comenzaron simultáneamente en lugares específicos, quemando llantas y propiedades (autobuses) en Santo Domingo y sus alrededores. Luego motorizados armados ingresaron a los centros comerciales usando sus armas y violentando las puertas, invitando a la gente a tomar televisores, computadoras e incluso hasta joyas y ropa…luego los motorizados desaparecieron mientras la voracidad de la gente destruía todo a su paso. Cuando la policía llegaba, arrestaba a esos de los que habla Castro (hombres, mujeres, adolescentes y gente sencilla del pueblo) porque todo estaba concebido para que quedara en la mente que todos había sido espontaneo.” (3)                          

     Después del “Caracazo”, Carlos Andrés Pérez continuaría aplicando sus políticas “neoliberales” y “fondomonetaristas” - según el léxico de la izquierda - logrando iniciar la recuperación de Venezuela del caos económico y financiero en el que la había sumido el anterior gobierno de Jaime Lusinchi, obteniendo grandes éxitos y avances a tal punto que el reconocido economista mexicano Jesús Silva-Herzog Flores declaró que entre 1989 y 1992 Venezuela alcanzó un crecimiento del PIB cercano a los 9 puntos porcentuales, acompañado de un decrecimiento en los precios al consumidor en el mismo periodo de casi 50%. Sin embargo, el presidente Pérez no supo armonizar la aplicación de su plan de recuperación económica con las negativas realidades sociales que afectaban a la población, la cual evidenció un rechazo a la implementación del llamado “paquetazo” desde la entrada en vigor de la primera de sus medidas, la que se materializó con el incremento del costo de la gasolina en Bs. 0,25 por litro, aplicado sin tomar en cuenta la tenencia de dinero efectivo de las familias y sin contar con un programa gradual de ajustes del precio del transporte público. Estos errores en la aplicación del programa de ajustes económicos llevaron, como nos dice el ex ministro de finanzas de Hugo Chávez Tobías Nobrega, a activar “… la resistencia política natural que surge por la miopía de los agentes económicos en la evaluación de los costos y beneficios del proceso de apertura.” (4)  Lamentablemente para Carlos Andrés Pérez “…la resistencia política natural…” invocada por Tobías Nobrega no solo provino de los sectores de izquierda, sino también de su propio partido Acción Democrática, el cual le negaría el necesario apoyo político, llegando al extremo de permitir su enjuiciamiento por malversación de fondos públicos, lo que llevaría a su destitución de la presidencia de la República en 1993. La situación de incertidumbre generada a partir del “Caracazo” creó las condiciones propicias para nuevos episodios de inestabilidad política y social que fueron aprovechados por los elementos procastristas infiltrados en las Fuerzas Armadas, lo que llevó a las tentativas de golpe militar en febrero y noviembre de 1992.

     Las intentonas golpistas ejecutadas por militares de orientación castristas contra el régimen constitucional venezolano tuvo su primera manifestación el 26 de octubre de 1988 cuando un pelotón de tanquetas “Dragon” del Batallón Motorizado “Ayala” acantonado en Caracas se dividió en dos columnas - una se dirigió hacia el Ministerio del Interior y la segunda hacia la residencia presidencial ”La Viñeta” en Fuerte Tiuna - con la intención de hacer preso al entonces presidente encargado, el ministro del interior Simón Alberto Consalvi, aprovechando que el entonces presidente Jaime Lusinchi se encontraba de visita oficial en Uruguay. Esta intentona golpista que fue encabeza por el mayor José Domingo Soler Zambrano, entonces segundo al mando del “Batallón Ayala” - el jefe de esa unidad blindada y el entonces comandante del ejército el general José María Troconis Peraza, se encontraban ese día “casualmente” fuera de Caracas - estaba apoyada por un grupo de conspiradores militares conocidos como “Los Comacates” (comandantes, mayores, capitanes y tenientes), entre los cuales se encontraba el entonces mayor Hugo Chávez Frías, quien para entonces prestaba servicio en el Palacio Blanco como ayudante del general Arnoldo Rodríguez Ochoa, integrante del Consejo Nacional de La Defensa. La intentona fracasó gracias a la intervención oportuna del entonces ministro de la defensa general Ítalo del Valle Aliegro, oficial de probado carácter institucional, siendo arrestados el mayor Soler Zambrano y los capitanes al mando de las columnas motorizadas.

Hugo Chávez y otros oficiales, de quienes se sospechaba estaban involucrados en el intento sedicioso, fueron investigados pero serian protegidos por oficiales generales de las Fuerzas Armadas, entre los cuales se mencionan a los generales Herminio Fuenmayor y Ramon Santeliz Ruiz. Después del fracaso de la intentona golpista en 1988, Chávez y otros oficiales sediciosos, como Francisco Arias Cárdenas, Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta y Miguel Ortiz Contreras, fueron ascendidos en 1991 a tenientes coroneles y colocados en unidades estratégicas con capacidad de fuego por los mandos cómplices dentro de las Fuerzas Armadas. La estrategia castrista de apoderarse de Venezuela seguía su imparable curso siniestro.

                                                           EL 4F Y EL 27N

     Los venezolanos despertamos el 4 de febrero de 1992 confrontados por la sangrienta realidad de un golpe militar - originalmente planeado para el 15 de diciembre de 1991- ejecutado traicioneramente por hombres que habían sido colocados en posiciones de comando por oficiales generales quienes pretendían servirse de estos en beneficio de sus propios intereses. En este laberinto conspirativo también figuraban elementos civiles de la extrema izquierda, concretamente el guerrillero castrista Gabriel Puerta Aponte y su organización Bandera Roja, Alí Rodríguez Araque y Pablo Medina de la Causa R, quienes, como sabemos, fueron dejados de lado por los militares sediciosos que evidentemente no obedecían a generales conjurados o a civiles facinerosos sino a intereses foráneos, como lamentablemente comprobaríamos con la entrega de Venezuela a Cuba. El golpe aunque comenzó mal pues la pretensión de capturar al presidente Pérez en el Aeropuerto “Simon Bolívar” en el Estado Vargas a su regreso de Davos, Suiza, sería delatada, se desarrollaría según lo planeado por los conspiradores, quienes lograron sus objetivos sin mayor derramamiento de sangre en las plazas claves de Maracaibo, Aragua y Valencia. Sin embargo, los responsables de las vitales acciones en Caracas, Hugo Chávez - alias “José María”- y Joel Acosta Chirinos, no lograron la misión de capturar al presidente Pérez y tomar el Palacio de Miraflores, gracias la decidida reacción de la policía política DISIP y de la Guardia Nacional, así como al factor suerte que evitó que el presidente fuese apresado en la Casona o en Miraflores. En todo caso, Hugo Chávez, quien disponía de 600 hombres acantonados en el Museo Militar, ubicado a escasos metros del Palacio de Gobierno, le falló a sus compañeros al rendirse sin disparar un tiro. La vida de Chávez seria salvada por la intervención del general Ramon Santeliz quien desobedecería la orden presidencial de llevarlo a Miraflores de donde, sin dudas, no habría salido vivo. Es irónico que Chávez logró superar la ignominia de su derrota gracias a su natural histrionismo desplegado durante su famoso mensaje del “por ahora” transmitido en vivo gracias a la complicidad del vicealmirante Elías Daniels Hernández, entonces Inspector General de la Fuerza Armada y quien cumpliría funciones en el gobierno de Hugo Chávez a partir de 1999.

     El fracaso de la intentona golpista sería un duro contratiempo para Fidel Castro quien, abandonado por Rusia - la URSS había desaparecido formalmente el 21 de diciembre 1991- y sin contar con apoyo material externo motivado a la disolución del CAME, laorganización de cooperación económica formada en torno a la URSS por diversos países de Europa del Este que incluía a Cuba, Viet Nam y otros países africanos de tendencia pro soviética, había decretado en Cuba en agosto de 1990 el llamado “Periodo Especial en Tiempo de Paz” que concluiría en el año 2000 como consecuencia de la llegada de Hugo Chávez al poder. Durante ese decenio Cuba vio reducido su PIB en 38 puntos y Castro afrontó en diciembre de 1994 las primeras serias manifestaciones pública contra su gobierno. La hambruna que afectó al pueblo cubano durante ese espantoso “Periodo Especial” fue la causa que desató una terrible epidemia sobrevenida por carencia de vitamina B-12 en la dieta de los cubanos, que, según la Organización Mundial de la Salud, afectó la visión de más de 50,000 cubanos en el periodo 1991 - 1993 y que fue diagnosticada como “Neuropatía Óptica cubana” por el eminente neuro-oftalmólogo venezolano Rafael Muci-Mendoza. En una memorable carta como respuesta dirigida al entonces embajador de Cuba en Venezuela, el Dr. Rafael Muci-Mendoza atribuyó el origen de la epidemia “a la miseria y hambre” que sufría el pueblo cubano por causa del “Periodo Especial”. Para concluir la referencia a este oscuro capítulo de nuestra historia, viene al caso señalar que el primer mensaje de apoyo que recibió el presidente Pérez, una vez derrotada la intentona golpista, provino precisamente de Fidel Castro, quien pretendió distanciarse de los fracasados golpistas, quizás con la esperanza de poder encontrar el tan necesitado apoyo económico en la magnanimidad de Carlos Andrés Pérez.  

     El 27 de noviembre de 1992 se reeditaría la acción golpista con la continuación “de la maniobra de secuestro del presidente(5) que había fracasado en febrero de ese año.  Esta nueva intentona la ejecutarían actores distintos a los del 4 de febrero, pues la sedición se originaria bajo el liderazgo de oficiales de la Armada venezolana - los almirantes Luis Cabrera Aguirre, Hernán Gruber Odreman y el capitán de navío y jefe de las Fuerzas Especiales de la Armada Miguel Rodríguez Chacín - y por elementos de la Fuerza Aérea, con la participación del general Francisco Visconti, quien admitió, como antes señalé, haber recibido orientación de los servicios de inteligencia cubanos durante su estadía en la Isla. Igualmente participó activamente en ese frustrado golpe un viejo conocido y discípulo de William Izarra, el coronel Luis Reyes Reyes, así como elementos civiles de las bandas de “Bandera Roja” de Gabriel Puerta Aponte y de “Tercer Camino” de Douglas Bravo, ambos viejos cuadros guerrilleros comunistas de los años 60’s. De estas organizaciones subversivas salieron aquellos sujetos - uno de ellos el de la famosa “chemis” rosada - quienes intentaron transmitir por Venezolana de Televisión VTV el video que Chávez grabó en prisión en sustitución del grabado por los cabecillas de la intentona, todo con el propósito de mantener la imagen de Chávez como el líder indiscutido de la insurgencia popular. La lucha seria cruenta, con bombardeos aéreos sobre el Palacio de Miraflores, la Base Aérea Francisco de Miranda en Caracas y la sede de la DISIP (policía política) ubicada en el Helicoide. Pero lo que más impactó a la opinión pública fue la toma del Canal del Estado “Venezolana de Televisión” donde los alzados, dirigidos por el entonces teniente Jesse Chacón Escamillo, darían rienda suelta a su sed de sangre asesinando a varios custodios civiles de la planta televisiva. Como premio a su cruento accionar, el teniente Jesse Chacón ocuparía importantes cargos en el gobierno chavista, incluyendo el ministerio del interior y es hoy embajador del régimen de Nicolas Maduro en Austria. Para las 3 de la tarde del 27 de noviembre los alzados se habían rendido, huyendo muchos de ellos - entre los cuales se encontraba el castrista cabecilla del golpe general Francisco Visconti - hacia el Perú donde fueron acogidos por el gobierno de Alberto Fujimori, quien, con esa acción, respondía en especie a la ruptura de relaciones diplomáticas con su gobierno ordenada por Carlos Andrés Pérez en respuesta a su autogolpe del 5 de abril de 1992, conocido como “El Fujimorazo”.        

     Aunque las intentonas golpistas fueron derrotadas por las fuerzas militares y policiales leales a la Republica, la persecución contra Carlos Andrés Pérez continuó, ahora en el escenario político. La conjunción de intereses bastardos de los partidos políticos - incluyendo Acción Democrática y COPEI - y de la sociedad civil representada por los mal llamados “Notables”, logró el enjuiciamiento del presidente Pérez y su consecuente destitución en 1993, designándose como presidente interino al historiador Ramon J. Velázquez, quien ocupó Miraflores hasta que Rafael Caldera fue juramentado como presidente el 2 febrero de 1994.

     Uno de los problemas heredado que enfrentó Rafael Caldera desde el primer día de su segunda presidencia fue la fuerte presión ejercida para la liberación de los militares detenidos por ambas intentonas golpista, quienes se encontraban sometidos a juicio militar. Ciertamente los mismos elementos civiles que habían conspirado contra el presidente Carlos Andrés Pérez hacían presión mediática para que se liberara a los sediciosos. En tal sentido se expresaría públicamente uno de aquellos quienes propiciaron la liberación de los militares golpistas, el autocalificado “humanista” Enrique Ochoa Antich, hermano del general Fernando Ochoa Antich quien fuera el ministro de la defensa durante la intentona de febrero de 1992 y ministro de relaciones exteriores al producirse el golpe de noviembre de ese mismo año. Enrique Ochoa Antich expresaría al respecto (6):

 “Se trataba, en verdad, de una demanda nacional que conceptuaba esa excarcelación, y, como correlativo presupuesto, la incorporación de los militares presos a la vida política nacional, como una condición de la paz que por naturaleza e historia los venezolanos valoramos, defendemos y resguardamos”.

     Años más tarde, Enrique Ochoa Antich lamentaría el error que él y muchos cometieron al exigir la liberación de los conspiradores y su incorporación a la actividad política, manifestando al respecto (7):

“Claro, viendo las cosas ahora en perspectiva, puedo decir autocríticamente que sin duda una democracia que se respete a sí misma no puede dejar sin sentencia y sin la inhabilitación política correspondiente a todo aquel militar felón que, incumpliendo su deber y su juramento, pretenda irrumpir con las armas en asuntos que corresponden exclusivamente a los civiles”.

     Si bien fue cierto que sobre el gobierno de Rafael Caldera el sector político y civil ejerció presión abogando por la liberación de los militares detenidos - “libres de polvo y paja” como coloquialmente se repetía - la coacción real emergía del sector militar que hacía presión para la liberación incondicional de los suyos. Como me comentó un alto funcionario del gobierno de entonces, Caldera, temeroso que se produjera un intento de golpe contra él - como le había sido aparentemente anunciado - decidió decretar el sobreseimiento de los indiciados en los juicios militares en curso - más no un indulto una vez producidas las respectivas condenas - permitiendo con ello que aquellos que habían atentado contra la Republica pudiesen participar sin impedimento alguno en las futuras contiendas políticas. Con ese desacertado accionar Rafael Caldera abrió el camino para el secuestro de la República por aquel que por más de 30 años había intentado sin éxito adueñarse de sus riquezas. Así, Hugo Chávez y el resto de los sediciosos saldrían de prisión en 1994, iniciándose a partir de entonces la cuenta regresiva para el comienzo de la destrucción de Venezuela.

     Ala salida de su cómoda reclusión en marzo de 1994, Chávez no contaba con mayor arrastre entre los venezolanos y parecía que su intento de emular a sus héroes in pectore Adolfo Hitler y Fidel Castro, quienes tambien habían salido de complacientes cárceles después de sus respectivos fallidos intentos golpistas - Hitler con su Putsch en Múnich en 1923 y Fidel Castro con el ataque al Cuartel Moncada 30 años después en 1953 - no rendiría los frutos deseados. Además, Fidel Castro había marcado distancia de él para no ser vinculados con alguien que le había fallado estrepitosamente y, además, demostrado falta de arrojo y valentía al rendirse sin disparar un tiro, algo que para Fidel Castro no resultaba digerible. Pero la suerte estaría otra vez con Hugo Chávez y seria nuevamente Rafael Caldera quien, sin pretenderlo, lo encaminaría hacia un inmerecido éxito.

En efecto, a principios de 1994 el presidente Caldera recibiría en el Palacio de Miraflores al líder anticastrista veterano de Playa Girón y presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, Jorge Mas Canosa. Para 1994, Mas Canosa era el dirigente más representativo del exilio cubano en Estados Unidos y ejercía gran influencia en el electoralmente importante estado de Florida, con real poder de lobby en Washington en lo que a la política norteamericana hacia Cuba se refería. Ante este “acto inamistoso” para con Cuba y su Revolución, Fidel decidió “devolver el golpe” invitando a Hugo Chávez a dar una conferencia en la Universidad de La Habana, invitación que fue cursada por el Historiador de la Ciudad de La Habana Eusebio Leal durante una visita de este a Caracas. El 14 de diciembre de 1994 Hugo Chávez arribaría a Capital cubana en compañía de su asistente personal Rafael Isea - golpista del 4 de febrero de 1992, futuro ministro de hacienda, gobernador del estado Aragua e informante de la Drug Enforcement Administration (DEA) de los Estados Unidos - en un vuelo comercial de la line aérea VIASA y recibiría la sorpresa que Fidel lo esperaba en plena pista del aeropuerto “José Martí”, como a todo un ilustre visitante. Durante la “Clase Magistral” que Hugo Chávez dictó en el Paraninfo de la Universidad de La Habana, Castro apreció que tenía ante él la solución de la terrible crisis que entonces afectaba a Cuba, la que llevaría en ese mismo mes de diciembre de 1994, a la primera seria manifestación pública contra la Revolución desde el Éxodo del Mariel acontecido en el mes de octubre de 1980, conocida como “El Maleconazo”. El hoy fallecido Historiador de La Habana, Eusebio Leal, manifestó sobre la visión profética de Castro con respecto a Chávez:

Fidel descubrió en Chávez a un diamante que alcanzaría las cotas más altas en el discurso político, revolucionario e internacionalista…Creo que el que lo vio todo con claridad, nitidez y visión, que alcanza el tiempo futuro, fue Fidel…” (8)

     La apreciación analítica de característica freudiana efectuada por Castro a Hugo Chávez durante su estadía en La Habana, seria confirmada por el propio Chávez cuando señaló, durante un recuento de su visita a Cuba a su regreso en diciembre de 1994, “…después de los primeros minutos me seguía impresionando la manera en que Fidel me examinaba” (9)  

     Apartir de entonces, comenzaría el proceso de captación psicológica y dependencia personal de Chávez hacia Fidel que eventualmente llevaría a la muerte del venezolano. Tan absoluta fue la dependencia de Hugo Chávez de Fidel Castro que Luis Miquilena, uno de los operadores políticos entonces más cercanos a Chávez, manifestaría en una entrevista concedida al periodista venezolano Diego Arroyo Gil el 24 de septiembre de 2013 con la condición de que se publicara después de su muerte, lo siguiente:

 “Fidel quebró a Chávez a punta de halagos. Fidel había descubierto la inmensa vanidad de Chávez, y se aprovechó de ella para sacarle la tajada del siglo. A partir de entonces, se dedicó, de una manera bellaca, a aprovecharse de Chávez. “Venezuela le ha dado más a Cuba que Rusia.”

      Desde ese momento, Fidel Castro dirigió los pasos de Chávez calculando correctamente, con vistas al desgaste y desprestigio de las organizaciones políticas venezolanas, que su pupilo podía llegar al poder en las elecciones por celebrarse en diciembre de 1998, contando con el apoyo de los grupos de izquierda obedientes a sus directrices y capitalizando el deseo manifiesto de los venezolanos de un cambio en el rumbo de su País. Así, Castro lograría lo que se le había escapado por más de 40 años: el control de Venezuela y sus riquezas, algo vital para el sostenimiento de su Revolución. La intervención directa de Cuba en el proceso electoral que vio el enfrentamiento entre Hugo Chávez y Henrique Salas Romer, quien había recibido el tardío apoyo de AD y COPEI, partidos que se deslastraron de sus respectivos candidatos, el octogenario Luis Alfaro Ucero y la reina de belleza Irene Sáez, nos la confirma el exministro de la defensa y de relaciones exteriores Fernando Ochoa Antich en un artículo publicado en el Diario El Nacional el 27 de agosto de 2017, en el que señaló:       

“Estoy seguro de que asesores cubanos y fuertes sumas de dinero provenientes del régimen fidelista fueron factores importantes en el triunfo electoral de Hugo Chávez.” (10)

     Esta aseveración del exministro Ochoa Antich quedó confirmada por la orden dada por Fidel a su operador de inteligencia exterior José Arbezú al momento de despedir a Chávez en el Aeropuerto “José Martí” en diciembre de 1994, cuando el Comandante en Jefe le ordenó a su subordinado de forma tajante “tenemos que apoyarlo”. (11)

     El 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez Frías seria electo presidente constitucional de Venezuela con 3.673.685 votos, equivalente al 33% del entonces universo electoral venezolano, iniciándose a partir de entonces el proceso indetenible de la destrucción de la República de Venezuela.

Fin primera parte.